jueves, 17 de diciembre de 2020

La intensidad de mi dolor

                                                                               


En 1971 se inventó una tabla (un poco cutre todo hay que decirlo) para calibrar el grado de dolor de un paciente. Este rudimentario método consistía en presentarle al enfermo setenta y ocho palabras (sinónimos) para que él mismo señale cuál de ellas se ajusta más a su dolor. Preguntaba el galeno al sufrido paciente: A ver, dime. cómo es tu dolor: ¿Soportable? ¿fastidioso? ¿molesto? ¿exasperante? ¿irritante? ¿lastimoso? ¿lacerante? ¿punzante? ¿temible? ¿insufrible? ¿espantoso? ¿intolerable?.. etcétera, etcétera, y así hasta setenta y ocho tipos diferentes. ¿Os imagináis al doliente cavilando qué adjetivo se ajusta más a su dolor?..😁😁😁

En fin, y es que el dolor físico resulta extraño. Sí, porque nada hay en nuestra vida tan necesario y a la vez peor recibido que el dolor. Representa una de las mayores preocupaciones y desconcierto de los seres humanos; también un reto médico. El dolor salva vidas, porque es una advertencia de que algo va mal en nuestro cuerpo. Lo malo es cuando el dolor persiste y se hace crónico sin ningún motivo aparente.

Joaquín.


No hay comentarios:

Publicar un comentario