En 1971 se inventó una tabla (un poco cutre todo hay que decirlo) para calibrar el grado de dolor de un paciente. Este rudimentario método consistía en presentarle al enfermo setenta y ocho palabras (sinónimos) para que él mismo señale cuál de ellas se ajusta más a su dolor. Preguntaba el galeno al sufrido paciente: A ver, dime. cómo es tu dolor: ¿Soportable? ¿fastidioso? ¿molesto? ¿exasperante? ¿irritante? ¿lastimoso? ¿lacerante? ¿punzante? ¿temible? ¿insufrible? ¿espantoso? ¿intolerable?.. etcétera, etcétera, y así hasta setenta y ocho tipos diferentes. ¿Os imagináis al doliente cavilando qué adjetivo se ajusta más a su dolor?..😁😁😁
En fin, y es que el dolor físico resulta extraño. Sí, porque nada hay en nuestra vida tan necesario y a la vez peor recibido que el dolor. Representa una de las mayores preocupaciones y desconcierto de los seres humanos; también un reto médico. El dolor salva vidas, porque es una advertencia de que algo va mal en nuestro cuerpo. Lo malo es cuando el dolor persiste y se hace crónico sin ningún motivo aparente.
Joaquín.

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