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miércoles, 14 de agosto de 2019

Prepárense para cosas asombrosas..


Cuando hay en la tierra
tantos hombres que sufren
ser feliz da vergüenza.
Pero yo lo soy, casi sin querer.
¡Soy feliz, perdón!
Por el aire, por el mar, por la brisa,
por mi amor, por ¡qué se yo!
Porque la vida se ensancha
y es siempre diferente.
(Gabriel Celaya)


Les aseguro que conocer los hechos que quiero relatarles a continuación me supuso una sorpresa tal que me está haciendo reconsiderar mi actitud hacia la Biblia, que como saben es la base donde se sustenta las religiones cristiana y hebrea... Siempre creí, hasta ahora, que ésta era una simple recopilación de leyendas orales antiquísimas, cuentos chinos y medias verdades, sin embargo voy conociendo detalles últimamente que, como poco, me hacen reflexionar seriamente sobre ella y de la veracidad de su mensaje..
La cosa empieza cuando unos científicos liderados por el matemático de origen judío Eliyahu Ribs descubren (escrutando entre lineas del gran libro religioso de los cristianos), la existencia de un código secreto que nadie jamás llegó a conocer puesto que, entre otras razones, no se contaba con medios para ello.. Ahora les cuento..
El llamado, Pentateuco, (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio) son los cinco primeros libros del Antiguo Testamento.. Tienen la particularidad de que están escritos en hebreo y permanecen exactamente igual a como los concibieron sus autores hace 3.500 años, no se ha tocado ni una coma.. Son llamados la Torá por los judíos y es su armazón ideologico-religioso, pues bien, éste equipo de científicos bien pertrechados de herramientas informáticas de ultima generación han descubierto que la Biblia esconde secretos insospechados.. Buscando mil formas de encajar las 400.000 palabras que contienen los cinco libros han destapado en su interior imágenes insólitas. ¡Si, no deliro, imágenes en la Biblia!; Por ejemplo, el cáliz de la última cena, también llamado Santo Grial, la cabeza de un faraón egipcio, o una serpiente.. Y todas en el mismo contexto y salmo donde se habla de ellos..
Cada palabra del alfabeto hebreo equivale a un número; bueno, pues aplicando programas informáticos supersofisticados e interactuando entre letras y números han revelado cosas inauditas porque, no sólo aparecen imágenes camufladas entre los textos bíblicos, también profecías futuras que han ocurrido miles de años después de escribirse.. Es decir, auscultando de una manera especifica las Sagradas Escrituras estamos conociendo que, inexplicablemente los autores nos informaban de acontecimientos que iban a ocurrir muchos cientos de años después, algunos ya han ocurrido, el advenimiento de Hitler al poder en Alemania o la Segunda Guerra Mundial, sin ir más lejos..
Sé que todo esto no es nuevo, también con las profecías de Nostradamus, ése personaje tan carismático del siglo XVI ocurría algo parecido; muchos encontraban en sus palabras escritas augurios que se iban cumpliendo a lo largo de los siglos.. Las revelaciones de los pastorcillos de Fatima también han servido para adelantarnos sucesos como la caída del comunismo o la destrucción de las Torres Gemelas de Nueva York. No sé, quizás estas cosas sean más que nada ganas de buscar coincidencias, sin embargo las presuntas revelaciones de la Biblia va más allá de todo esto.. Porque...
¿Cómo es posible que los autores bíblicos de entonces supieran que sólo con medios informáticos y programas binarios podríamos descifrar sus mensajes tres milenios después? ¿Qué pretendían con ello? ¿Qué quieren advertirnos?. Conste que la cosa no ha hecho nada más que empezar.. Los mensajes y códigos secretos están ahí, avisándonos de acontecimientos futuros, algunos tal vez terroríficos. Sólo nos falta encontrar los programas adecuados para descifrarlos.. Mucha gente se ha puesto manos a la obra; prepárense porque dentro de poco sabremos de cosas que nos helarán el alma, sino al tiempo..
Joaquin Yerga

martes, 19 de diciembre de 2017

¿Conocéis a Jack?..



Amiga..
Comprendo tu amargura.
Pero deberías quejarte menos de tu suerte.
Tuviste oportunidades y no escogiste
precisamente la mejor. Así es la vida.
Puedes alegar que eras muy joven, que no sabías.
Eso es verdad.
Pero eso no te exime del duro precio a pagar.
Yo ya aboné el mio por tu desidia;
y fue caro, te lo aseguro..
--Joaquín--


Imagínense un barrio apartado del este de Londres a finales del siglo XIX. Hagan un esfuerzo más, figúrense también una sórdida calle cualquiera de ése mismo barrio. Tengan en cuenta que es una noche de invierno y una intensa niebla mezclada con el sucio humo de las calderas de carbón cubre toda la ciudad. Apenas se ve a dos metros y las tenues luces de las farolas de gas no consiguen proporcionar visibilidad a los escasos transeúntes que se atreven a pisar el resbaladizo empedrado de los sinuosos callejones.
De pronto el silbato de un policía atruena en el silencio de la noche.. Después, voces, ruidos de pisadas apresuradas y gente corriendo despavorida sin saber exactamente a donde ir ni para dónde tirar. Algunos se agolpan alrededor de un bulto tirado en el suelo en la esquina de una oscura plazuela. Poco a poco cada vez más gente van llegando, expectantes; todos quieren acercarse y mirar lo que, parece ser, el cadáver de una mujer.
A medida que la pequeña multitud se arremolina junto al cuerpo inerte de la mujer la curiosidad se va transformando en caras de horror y de espanto. Unos cuantos no pueden evitarlo y vomitan allí mismo ante el espeluznante espectáculo que contemplan sus ojos. Decenas de policías que han acudido a la llamada de su compañero acordonan la zona para evitar que sigan produciéndose escenas de pánico entre la gente. Un agente intenta tapar con mantas los restos esparcidos por el suelo de la mujer, pero antes muchos curiosos han podido ver, in situ, lo que jamás hubieran imaginado, ni tan siquiera soñado en sus más horripilantes pesadillas, la mujer con la cara desencajada y con una espantosa mueca de terror en la boca yacía totalmente descuartizada con el vientre abierto en canal y las tripas desparramadas sobre las mugrientas baldosas de la plaza.
Una escena como ésta que acabo de describir la vivieron los ciudadanos de Londres cinco veces (que se sepa) en el transcurso del otoño de 1888. Se trataba de los horripilantes asesinatos atribuidos a Jack “El Destripador”.
Según la policía de Scotland Yard que se encargó del caso fueron cinco las mujeres salvajemente asesinadas y descuartizadas por el misterioso criminal. Y todas ellas lo fueron de una manera atroz porque las despedazaba con una maestría de profesional. Todos los casos, por cierto, tuvieron lugar en el humilde barrio de Whitechapel, en aquella época poblado de obreros, mendigos y prostitutas, de hecho, todas las víctimas ejercían esta antigua profesión.
Estos crímenes escandalizaron a toda Inglaterra y fueron muchos los esfuerzos que se dedicaron a cazar al asesino, pero no hubo manera. Mira si fue especialmente llamativo que aun hoy se siguen editando montones de libros y rodando decenas de películas sobre el asunto.
La investigación que se hizo del asunto fue profunda y muchos los sospechosos. Quizás la hipótesis más creíble de todas las que sopesó la policía fue la participación en los hechos del príncipe Alberto Víctor, duque de Clarence (primogénito del príncipe de Gales). Muchos, incluida gran parte de la prensa, aseguraron que había cometido estos crímenes para tapar los escándalos de su disipada y escandalosa vida sexual.
Tiempo después y cerrado ya el caso han ido saliendo a la luz pública otros posibles sospechosos. Recientemente la famosa escritora Patricia Cornwell desveló que el candidato con más probabilidades a ser el asesino es el pintor alemán afincado en Londres en aquella época, Walter Richard Sickert, en cuyos cuadros incluía imágenes misóginas de ataques a mujeres. Se ha sabido también que éste fue incluido en la lista de sospechosos de la policía y descartado después no se sabe por qué. Hace un par de años leí su libro y os aseguro que no deja a nadie indiferente.
Se da la circunstancia de que el asesino dejó de actuar en noviembre de ése 1888. El día 9 apareció en la cama de un sucio apartamento de Whitechapel, el cadáver de Mary Jane Kelly, la última de sus víctimas, la había mutilado horriblemente. Todos sus órganos incluido el corazón y sus genitales aparecieron esparcidos sobre la cama. El asesino la había abierto en canal a través de una raja que iba del cuello al vientre; a partir de ahí nunca más se supo. 
No obstante la súbita desaparición de este asesino en serie ha dejado a la posteridad muchos interrogantes… ¿Por qué cesó de golpe sus horrendos crímenes? ¿Cambió de barrio o de ciudad y siguió con su ritual en otro sitio? ¿Volvió a su vida normal temeroso de que la policía lo encontrase? Quizás simplemente cumplió sus objetivos. Me temo que nunca lo sabremos.

Joaquin Yerga





jueves, 3 de marzo de 2016

Un asesino anda suelto

  
Somos engañados por la apariencia de la verdad.
Horacio


El presunto asesinato ocurrió sobre las 8.15 horas de la mañana. Alguien llamó a los 091 veinte minutos más tarde identificándose como vecina del inmueble donde ocurrieron los hechos. La informadora (según declaró al policía que le atendió) manifestó que había escuchado un ruido atronador seguido de una gran algarabía de objetos desparramándose por el suelo. Entremedias un grito seco y solitario de mujer, y después silencio, nada volvió a escucharse, mutismo total.
Cuando la policía llegó al lugar acompañada del portero de la finca, la puerta de entrada como se esperaba estaba cerrada. La abrieron con la llave maestra, y se temieron lo peor.
El pequeño pero acogedor apartamento apareció ante el grupo de homicidios sin signos aparentes de violencia. El vestíbulo estaba ordenado y limpio. Fue después, al atravesar el largo pasillo y abrir la puerta de entrada al salón cuando la vieron. La mujer, joven, de poco más de treinta años yacía tumbada en el suelo boca arriba y con una herida contusa en la cabeza por la que aun manaba sangre.
El salón a diferencia del resto de la casa presentaba un aspecto desolador. Una gran estantería blanca, o lo que quedaba de ella, aparecía volcada y con los objetos había contenido poco antes diseminados en el parquet. Justo al lado del cadáver destacaba un gran buda de bronce muy brillante impregnado con restos de sangre y cabellos que los policías atribuyeron desde un primer momento como el objeto contundente con el que se asestó el golpe a la infortunada mujer. Los dos veteranos policías presentes en las indagaciones y expertos en todo tipo de crímenes no pudieron evitar sufrir una fuerte impresión al contemplar el panorama, y con gestos de evidente indignación mascullaron sendos improperios.
Se hizo cargo del caso el inspector Arias, como jefe que era de la Brigada Criminal del distrito. Disponía de ocho agentes a su cargo y suficientes medios para investigar así como vía libre para hurgar donde fuese menester. Inmediatamente se trasladó al lugar de los hechos e hizo un exhaustivo análisis del asunto anotando en su libreta todos los datos por pequeños que fuesen, y que él creía oportunos.
Luis Arias era un policía al uso, meticuloso, serio e íntegro. Aunque utilizaba medios informáticos y era usuario de las redes sociales, seguía usando su libreta como en sus primeros años de oficio. Después de las primeras averiguaciones descubrió que la víctima, Marta, estaba recién divorciada y no tenía hijos. Su marido, sobre el que recayeron las primeras sospechas, después de la separación había alquilado un pequeño Loft a las afueras y trabajaba como free lance en una editorial especializada en literatura de terror y misterio. En el momento de la muerte, --declaró a un agente --estaba solo en casa, acababa de desayunar y se disponía a realizar unos trabajos por internet que le urgía a la empresa. No tenía testigos que avalara su coartada.
Además del ex-marido, --supo el inspector --que el entorno cercano a la víctima se reducía a unas cuantas personas; una  familia escasa de miembros y un par de amigas más o menos íntimas. Entre esas amigas, con Luisa, divorciada como ella compartía algunos ratos de ocio y diversión. Salían juntas un par de veces a la semana (viernes y sábados) y frecuentaban una discoteca de música latina del centro. Cenaban en algún restaurante próximo y poco más. Volvían a casa de madrugada y siempre en taxi.
Con la otra amiga, Pili, tenían gustos parecidos en lo cultural y social y hasta en lo político. Esta estaba casada pero a menudo quedaban por las tardes, tomaban algunas cañas y hablaban de lo divino y humano. Se llamaban mucho por teléfono. Ya eran muy amigas antes del divorcio.
Las dos amigas quedaron consternadas al enterarse de la tragedia y no parecían tener ningún motivo para desear algún mal a Marta. Aun así el inspector anotó que ambas tenían débiles coartadas pues declararon estar solas en casa a la hora de la muerte, por lo tanto no quedaron al margen de la investigación.
El presunto homicidio de Marta ocurrió un martes de un caluroso mes de Julio. Ella, según sus averiguaciones ya había desayunado y posiblemente ultimaba preparativos para acudir a su trabajo. Trabajaba como técnico especialista en un laboratorio de un polígono industrial no demasiado lejos de su domicilio. Según los datos recopilados hasta el momento salía de casa a las nueve de la mañana, bajaba al garaje, cogía su pequeño utilitario y solía llegar siempre puntual. El jefe de personal afirmó que fichaba a las diez en punto, que era, por cierto, su hora de entrada.
Marta no tenia familia directa en la ciudad, procedía de un pueblo de Jaén y allí vivía su hermano. El inspector ya había conseguido datos de la familia. Sus padres, fallecidos no hacía demasiado les habían dejado en herencia a ella y a su hermano una casa no muy grande y una finca con olivos centenarios, parece ser bastante valorada.
Según le contó su amiga Pili, la historia de Marta era similar a la de muchos jóvenes que recalan en la capital buscando oportunidades que no encuentran en sus pueblos. Ella llevaba aquí más de diez años. Al poco de llegar conoció a Juan, su ex (eran compañeros de trabajo) y el hecho de vivir sola en el piso que se engullía la mitad de su sueldo, aceleró su boda. Vivieron más o menos felices los primeros años pero la convivencia se fue deteriorando, posiblemente el tipo de trabajo de Juan (por aquel entonces era representante de su empresa editorial por la mitad norte de España) influyó. También la rutina –le manifestó Pili, --apenas se veían y se separaron de mutuo acuerdo. Ella se quedó el bonito apartamento, aunque aún pagaba parte de la hipoteca.
Cuando el inspector Arias se acercó al laboratorio donde había trabajado Marta, solicitó hablar con sus compañeras más habituales. Fueron tres las que le contaron su relación con ella. Por turnos cada una le fue comentando su parecer. El policía les preguntó que si la habían visto rara o si habían apreciado algún cambio últimamente en ella. Dedujo por sus respuestas que en general la habían notado un poco más inquieta de lo habitual y aunque ninguna de ellas era íntima de la víctima, todas coincidieron que era una buena chica, simpática y buena compañera. Sonia que era su colaboradora más estrecha, recordó que Marta le comentó la semana pasada que hoy mismo (el día del terrible episodio), saldría antes  porque había quedado con su ex marido para algún tema de papeleo relacionado con la hipoteca del apartamento. Todos estos nuevos datos le hicieron al inspector crear nuevas teorías y persistió en sus pesquisas sin condicionarse con nada y con nadie.
Esa misma noche del martes, (día de la muerte), habían pasado ya más de quince horas del suceso y seguía el calor sofocante. El inspector  Arias tenía demasiadas dudas y especulaba con muchas conjeturas. En su despacho, reclinado en su sillón y con un folio en blanco sobre la mesa fue anotando uno a uno sus ordenados apuntes.
Casi descartado el robo pues la cerradura no fue forzada y aparentemente no faltaba nada de valor, comenzó a conjeturar con el que para él era su principal sospechoso, Juan, el ex marido. No tenía éste coartada creíble, pero si una cita con ella hoy mismo… y lo había ocultado. Después, volvieron a interrogarlo y rectificó, declaró entonces que se veían de vez en cuando porque a pesar de la separación eran buenos amigos.
De las amigas intimas, Luisa y Pili, no tenían motivo aparente para asesinarla –pensó --pero por otra parte tampoco tenían testigos que corroboraran sus coartadas. Se negó a descartarlas como sospechosas.
Del hermano de MartaAndrés,  supo que estaba casado cuando habló con él a última hora de la tarde en el depósito de cadáveres. Parecía muy afectado, pero había averiguado que estaba pasando por dificultades económicas .A punto de ser desahuciado de su vivienda (ocultó este detalle) se mostró dispuesto a colaborar junto a su mujer (visiblemente nerviosa) en todo lo que fuese necesario con la policía.
De las compañeras de trabajo, nada importante que reseñar pues habían tenido buen rollo con ella y en el laboratorio todo el mundo la apreciaba.
Del informe que solicitó y que ya tenía en sus manos sobre la comunidad de vecinos tampoco extrajo nada concluyente. Según sus convecinos Marta era una chica normal que cumplía religiosamente todas las obligaciones relacionadas con la comunidad, eso sí, apenas la conocían solo hola y adiós, descortesía demasiado habitual en nuestros días --razonó.
Terminó con esto último el primer borrador del informe, lo guardó en el cajón y lo cerró con llave. Eran más de las once de la noche cuando abandonó su despacho. Conduciendo hacia su domicilio en las afueras de la urbe, pensó en las nuevas pistas que le proporcionarían el dossier de la autopsia que le habían prometido los del depósito a primera hora de mañana miércoles.
El timbre del teléfono le despertó bruscamente, miró el reloj del despertador y las manecillas le indicaron las siete y diez de la mañana, aún era pronto. Anoche tardó en dormirse dándole vueltas al asunto. Por si acaso y como siempre había puesto la alarma a las ocho en punto. Descolgó el auricular y la voz de García, su ayudante, visiblemente agitado le anunció que ya tenían el informe de la autopsia y…. ¡Al presunto culpable.!
Nada más llegar a la comisaria le dijeron que le estaban esperando. Abrió la puerta de su despacho y se encontró con el inspector jefe, el sargento y… (dedujo por haberle visto alguna vez) el teniente de alcalde del distrito. Por el aspecto distendido y jovial de la reunión presintió muy buenas noticias.
Unas cuantas horas después de ese mismo miércoles (día después de la muerte de Marta) el calor había remitido, ahora soplaba un poco de brisa que los sufridos ciudadanos de la capital agradecían. Esos mismos ciudadanos enojados veían cómo en el telediario de la televisión local pormenorizaban las noticias relacionada con la aparición del cadáver de una mujer en uno de los más elegantes distritos; un episodio más de la violencia que últimamente venia azotando a la ciudad.
Desde hacia unos meses los habitantes de la ciudad estaban conmocionados, muchos percibían cómo día a día se iba deteriorando la paz y convivencia. La metrópoli, antaño modelo de gestión y seguridad se estaba convirtiendo en peligrosa El alcalde, muy cuestionado, prometió mano dura con los delincuentes y había desplegado más policías en las calles, pero poca gente creía en estas reiteradas promesas incumplidas. Este presunto homicidio vino a incrementar la indignación y el escándalo.
Todo el mundo estaba en ascuas pendientes de este último caso, uno más de los ocurridos en este año y deseaban que la policía detuviera de manera inminente a los culpables. Los periódicos matutinos y los diferentes medios informativos habían abierto con argumentos sensacionalistas sobre el trágico suceso y contribuían al cabreo general.
Estaba ya anocheciendo cuando la cadena de televisión con mayor audiencia de la zona interrumpió bruscamente su programación y pasó a informar sobre el acontecimiento. Bajo un gran epígrafe intermitente de: “últimas noticias”. un reportero de la cadena micrófono en mano y en las mismas puertas del edificio donde ocurrieron los hechos el día anterior entrevistaba al que parecía ser un jefe de policía. Éste aclaraba con rotundidad que: ¡Lo que parecía un nuevo crimen de género o pura delincuencia común en realidad había sido un accidente casero!.
Marta, la víctima, había tenido mala suerte, explicaba el inspector Arias al periodista que le entrevistaba, fue a coger una agenda de la estantería que necesitaba para su trabajo, y ésta indebidamente sujeta a la pared le cayó encima. Una efigie de un gran buda fatalmente colocada en lo más alto le dio contundentemente en la cabeza. Ésta fue la causa de su trágica muerte.
Las autoridades, la policía y también la población respiraron, en parte, aliviados porque no se incrementara la larga lista de homicidios en la ciudad. Este incidente no rebosará la paciencia de los sufridos contribuyentes y el gobierno municipal tendrá más plazo para intentar atajar la ola de criminalidad sobrevenida.
El inspector Arias, satisfecho, terminó de comunicar al reportero todas las novedades del caso y se congratuló de la rapidez con que fue resuelto el asunto.
 
                                        Joaquín Yerga
                                         28/07/2013