Aquella tarde la vi más alterada de lo normal, aunque no me extrañó, pues últimamente se venía comportando de una manera extraña. Me interesé por ella, claro, pero me dijo que posiblemente padeciera otra vez histeria femenina. Por eso no me asusté. Tiempo atrás sufrió de lo mismo y ya entonces me lo explicó:
—Joaquín, creo que es una enfermedad que padecemos las mujeres y se manifiesta con desfallecimientos, retención de líquidos, pesadez abdominal, espasmos musculares, respiración entrecortada, insomnio, pérdida del apetito, nerviosismo, irritabilidad, agresividad. O sea, justo lo que yo tengo.
—¿Y qué podemos hacer?—recuerdo que le pregunté preocupado
—Nada, llévame al médico. Seguro que tras un examen éste decida que padezco, pues eso, histeria femenina y me dé un masaje pélvico en el bajo vientre con el objetivo de conseguir un paroxismo pélvico..
Llegamos al ambulatorio y, después de realizar las gestiones administrativas de rigor, el médico nos hizo pasar a la consulta. Enseguida metió las manos debajo de su falda y la manoseó durante un buen rato.. Tras unos extraños gemidos, y hasta gritos, mi mujer se calmó. Yo quedé con la mosca tras la oreja, como es lógico. En cuanto llegamos a casa miré por Internet, y me consolé:
Leí que el tratamiento este del masaje pélvico se hizo muy popular hace ya un tiempo. Fueron tantas las mujeres que acudían al médico para someterse a él y quedaban tan relajadas, que tuvieron que inventar un aparato especial, el vibrador. También leí que no es más que una tontería, un desorden proveniente del puritanismo extremo y de una marcada represión sexual que impedía a las mujeres desahogarse, incluidas las casadas..
Por cierto, y si eso ya no se usa, ¿Por qué mi mujer, de vez en cuando, se excita y me pide que la lleve a su médico? No lo entiendo 😕😕😕
Joaquín


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