Mi vida es un erial,
Flor que toco se deshoja;
que en mi camino fatal
alguien va sembrando el mal
para que yo lo recoja.
--Bécquer--
A una hija en su renacer
Te acostumbraste.. Te costó mucho, pero te acostumbraste. Después de años de vivir un infierno, de menosprecios, de mentiras, de medias verdades, de miedos y de soledades, te acostumbraste. Sí, te acostumbraste a ocupar toda la cama y a dormir las horas deseadas... Y a no dar explicaciones..
Te acostumbraste a hacer lo que te gusta sin que él te critique por todo. Y no cocinar los domingos, y a comer a media noche y a ver tus programas favoritos, y a cantar en voz alta y bailar por toda la casa sin que nadie te tache de loca.
Te acostumbraste a recibir llamadas a cada rato, y a contestar mensajes muy tarde. Y al olor del café por las mañanas, y a tardar en arreglarse para ir a dónde te dé la gana. Lo pasaste mal, muy mal, de sobra lo sé, hija, pero te acostumbraste.. Sí, te acostumbraste a ser tú misma: a tus cosas, a tu vida, a estar sola, a no esperar nada de nadie, a caminar por la vida con valores, con virtudes, con errores... a levantarse tras la caída... TE ACOSTUMBRASTE A QUERERTE...
Tu padre

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