domingo, 24 de septiembre de 2023

La señal que espero

                                                                                   



 —¿Crees en Dios, Joaquín?—me preguntó alguien una vez

—¡Oh, sí!—exclamé yo—creo en Dios, pero a mi manera. Me gustaría creer más, estar seguro de que existe. Sería maravilloso saber que me espera allí, en ese idílico lugar que llamamos Cielo.

—Bueno, pero en esto o se cree o no se cree, no hay medias tintas—respondió mi interlocutor.

—Cierto, pero, permíteme que tenga dudas—le dije—creo en Dios por tradición, por costumbre, y hasta por temor, pero creería con los brazos abiertos si este me hiciera una señal clara de su existencia.

—¿Deliras?—se extrañó—cómo te va hacer una señal. ¿A ti solo? jajaja

—Sí sí, ríete—insistí—no quiero hacerte renegar de tus ideas, pero, ¿por qué Dios tan poderoso y omnipotente como es, no se deja ver en un lugar público para que todos lo veamos y no tengamos que especular sobre si existe o no existe?..

—Pues precisamente eso es la fe, Joaquín, creer sin ver—alegó mi contertulio

—¿Y qué necesidad tiene Dios en andar así?—reiteré—¿y por qué manda a su hijo a nacer y morir en un lugar apartado del mundo y que a todos nos cueste siglos saber que ha existido?. ¡Demonios, pero si con sólo una rotunda señal suya todo el mundo creeríamos a pies juntillas!

—¡Vaya! conociéndote, no sé cómo se me ocurriría hacerte esa pregunta jajaja. Ahora me dejas también en la duda.

—¿Sabes una cosa?—le dije pensando zanjar la cuestión—envidio a los muy creyentes. Me encantaría ser un uno de ellos. Sí, estar convencido de la existencia de Dios; comprendería entonces que mi vida tendría mucho más sentido. De hecho, espero retomar algún día la fe que tuve de niño. A algo me tendré que agarrar cuando ya no me quede nada, ni siquiera las ganas de vivir, ¿no?..

Joaquín




 


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