viernes, 8 de septiembre de 2023

Una noticia de las que no esperas

                                                                                     


De manera inesperada me dio la noticia aquella noche. Estábamos dentro de mi coche, a las afueras del pueblo, hablando y fumando. En realidad hablaba yo; ella permanecía muy callada.

Joaquín, estoy embarazada—y me lo dijo de sopetón

Éramos muy jóvenes; yo aún no había hecho la Mili.. Fue un mazazo para mi, pero un mazazo de felicidad, jamás lo hubiera pensado. Comprendí entonces su apesadumbrado semblante toda la noche, que enseguida atribuí a la incertidumbre. Pero me repuse, le respondí con indisimulada alegría:

De acuerdo, cariño, tengamos el bebé, tengo un buen trabajo y unos ahorros. No te preocupes, te amo.

Pero ella se me puso a llorar

¿Qué te pasa?—le pregunté preocupado—podemos criarlo

Pero no me respondía, seguía llorando, incluso se enfadó conmigo. Necesitaba estar sola, me dijo. La llevé hasta la puerta de su casa, aparqué el coche por allí cerca y salí a la calle desconcertado. Paseé por calles solitarias, atravesé los callejones más sombríos y solitarios del pueblo, incluso lloré en algún oscuro rincón En el único bar que permanecía abierto pretendí ahogar mis penas en alcohol, pero sólo conseguí acrecentarlas. Terminé en ninguna parte, perdido física y emocionalmente. Recuerdo que llamé a un amigo: 

¿Dónde estás?—me preguntó

Le dije que sentado en un banco del parque; eran las tres de la madrugada. Vino a recogerme y me llevó a su casa. No supe de ella durante un mes. Un día me telefoneó. Me dijo que había tenido un aborto. Una mujer tiene derecho a elegir, estoy de acuerdo con eso, pero ella sabía de mis ganas de ser padre y de mi amor por ella.. Ese bebé tendría ahora treinta y nueve años. A veces me pregunto: ¿Se parecería a mí? ¿Acabaría su carrera?. Quizás leería ciencia ficción, o jugaría al ajedrez. Tal vez él me haría preguntas y yo inventaría respuestas. Dejé de hablar con ella. Aunque siguió enviándome mensajes a través de amigos comunes:

¡Por favor! ¡por favor, decidle a  Joaquín, que me llame!—les suplicaba

Como la amaba, finalmente respondí. La llamé. Y finalmente volvimos a estar juntos. Pero lo del niño, o no niño, fue un asunto insalvable, rompimos definitivamente. Bueno, ya os he dicho bastante. De todo esto hace ya mucho tiempo. Algún día os contaré el final inesperado de esta historia.. 

Joaquín








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