jueves, 17 de noviembre de 2022

La única mujer a la que tuve que decirle que no

                                                                                       


Me pilló a solas fumando en la terraza, y se me declaró. Era una mujer guapa, aún a sus cincuenta que yo sabía que tenía. Me dijo que yo le caía bien, que le encantaba mi forma de bailar, y que, ¡imaginaos! "que si mi matrimonio funcionaba bien" ¡Así, tal cual!..

No tardé en desengañarla, ¡claro!, con delicadeza.. Incluso llegué a preocuparme por si la cosa llegaba a oídos de mi mujer, porque sé que no es frecuente; lo normal es que suceda al revés, que sea el hombre el que de ése atrevido paso. Conste que tuve mucha condescendiente con ella, le dije que lo nuestro no podía ser, que era guapísima y que me sentía muy halagado por su atención, pero que estaba enamorado de mi mujer. Se me echó a llorar, ¡Qué os parece!.. Me suplicó que la perdonara por su tontería, que esa noche había tomado dos copas de más. 

A partir de ese día no volvimos a hablar, a pesar de pertenecer al mismo grupo de amigos de baile. Eso sí, cada vez que bajaba su mirada al fijarme en ella, imaginaba su calvario interior. Unos meses después dejamos de vernos, pero nunca olvidé a aquella mujer (casada, por cierto), la única mujer en mi vida a la que tuve que decirle que no..

Sólo quería que lo supierais.. 

Joaquín 






                                





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