Cuando en la Revolución rusa de 1917 acabaron imponiéndose en el país los comunistas más exacerbados, comandados por Lenin, una de las primeras medidas que tomaron fue hacerle un juicio, ¡pásmaos!, nada menos que a Dios, al que culpaban de todos los males de la humanidad..
Pues aunque os cueste creerlo se celebró la vista ante un Tribunal Popular presidido por el comisario de instrucción pública, el camarada Anatoly Lunacharsky. ¿Sabéis cual fue el veredicto final? ¡Exacto, habéis acertado! Fue declarado culpable y condenado a la pena máxima. Pena que se ejecutaría al amanecer del día siguiente.
Y efectivamente, a la mañana siguiente, al alba, una compañía de oficiales dispararon una salva de fusilería enfocando las armas al cielo. Eso sí, no tengo datos para creer si fue un juicio justo y si algún jurista se atrevió a ejercer de abogado defensor. Porque, claro, según estaba el patio en esas primeras jornadas de la Revolución, dudo que nadie se atreviera a defenderlo..😏😏😏
Joaquín

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