viernes, 24 de abril de 2020

Cuarenta grados de fiebre..




Amiga...
¡Ay, el tiempo!, Tan relativo, tan cambiante..
Despiadado tiempo que fugaz transita cuando te miro.
Efímero tiempo que vuela mientras te pienso.
Insoportable tiempo el que espero ansiando unos besos,
un.., te quiero, unas palabras tuyas de amor
que nunca llegan, por cierto..
--Joaquín--


Mirad que curioso, acabo de leer (ahora que todos estamos muy puestos con esto del coronavirus) que si nuestra temperatura corporal media en vez de ser de 36,5º grados centígrados, fuera de 37,5º, (un grado más) la capacidad de reproducción de los virus sería infinitamente menor; así como 200 veces. Es decir, que éste cabrón de virus que nos asola no tendría nada que hacer con nosotros..
Es vital el calor que acumulamos en el cuerpo para sobrevivir. La prueba está en que en cuanto dejamos de respirar y nos enfriamos (morimos) somos como un pastel  de dulce para infinidad de bichitos y bacterias de todo tipo. 
¡Pero saben qué!.. Parece ser que la fiebre aún no está del todo claro para nos sirve. Los expertos no se ponen de acuerdo. Lo lógico y recurrente es que pensemos que el aumento de la temperatura sea un aviso de que algo va mal en nuestro cuerpo y éste despliegue ese calor para combatir a los patógenos intrusos. Sin embargo, algunos creen que ésa subida de temperatura simplemente es un subproducto del esfuerzo que realiza el organismo para atacar la infección.. En fin..
Claro, que sabiendo que con más calor en el cuerpo estamos a salvo de virus y demás diminutas alimañas, podríamos preguntarnos por qué la naturaleza, que es tan sabia, no nos ha dotado de esa cualidad. Pero tiene fácil explicación (yo me acabo de enterar.): Si eleváramos la temperatura corporal tan solo dos grados, las necesidades de energía aumentarían un 20%. Se entiende entonces el porqué de esos 36,5º. Ésta temperatura que tenemos representa una razonable solución de compromiso entre utilidad y coste, como ocurre en todas las cosas..
A propósito del calor, éste se pierde siempre en la superficie, por lo que cuanto más superficie se tenga en relación con el volumen, más hay que esforzarse en mantenerse caliente. Eso significa que las criaturas pequeñas tienen que esforzarse más para mantenerse caliente. El corazón de un elefante late sólo 30 pulsaciones por minuto, el del ser humano 60. Pero, pásmense, el corazón de un ratón 600 veces por minuto lo hace; ahí es nada..
La contrapartida de ese frenético palpitar de los ratones supone que debe ingerir el 50% diario de su cuerpo para sobrevivir; los seres humanos sólo el 2% (un par de bocadillos) para satisfacer nuestras necesidades. ¡Y qué les parece!: Unos 1.600 millones de veces late nuestro corazón durante nuestra vida. Como para que alguna vez no falle..
Y digo yo, sabiendo que lo que nos hace estar todo el día comiendo es tener la sangre caliente para así poder estar activo a cualquier hora y en cualquier condición, nos podía haber dotado la naturaleza y la evolución de sangre fría como los reptiles. Y es que por término medio un mamífero de sangre caliente (como nosotros) consume diariamente unas 30 veces más que los de sangre fría, como los reptiles... Para que vean, comemos nosotros en un día tanto como un cocodrilo en un mes. Sí, créanselo..
Y parece mentira, pero siempre nos mantenemos exactamente en la misma temperatura, entre 36,5º y 38º. Dos grados más o dos grados menos nos supondría una catástrofe irreparable. Para evitarlo, el hipotálamo envía una señal al cuerpo para que sude si hay que enfriarse, o tiritar si debemos calentarnos, desviando así la sangre a los puntos más vulnerables..
En fin, ya sabemos algo más de nuestros cuerpo y el calor. Conste que yo me acabo de enterar..
Joaquín

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