Quedé abrumado por la noticia de lo de su padre. Anteayer me encontré con ella, su hija, cuando me lo dijo. Lo había pasado fatal, lógico. Se le notaba en su desmejorado aspecto.
—¡Vaya palo! No lo sabía. Lo siento—Apenas pude decirle
Con tristeza me explicó algún detalle:
—Créetelo, Joaquín, jamás pude entrever que esas horribles ideas rondaran por su cabeza. Pensé que lo conocía de sobra, era mi padre, pero me equivoqué, y todo porque nunca quiso molestar. Desde que se quedó viudo jamás pidió ayuda. Era muy cabezón, ya lo sabes
De sobra lo sabía, conocí mucho a su padre. Pero en ese instante no supe qué decirle. Todo me pilló tan de sopetón que no me salían las palabras. Desconsolada me siguió explicando:
—Lo que hubiera dado yo por haber compartido con él de manera más íntima sus últimos momentos. Ahora es tarde, lo sé, pero quiero que sepas que siempre estuvo cerca de mi pensamiento.
Se me había hecho un nudo en la garganta y no me salían las palabras, apenas pude balbucear:
—No tienes nada que justificarte. Sé muy bien lo que significaba para ti; muchas veces me lo decías.
—Gracias, Joaquín—me contestó—sé que me llevará mucho tiempo liberarme de la pena por no haber entendido su final, por no haber insistido, por no haberle preguntado. Ahora sólo espero que cuando se reúna con mi madre, allá arriba, le haga saber de mi sufrimiento y me eche un cable aquí abajo; ¡Dios sabe que lo necesito!..
Quedé impresionado.. Esa última frase le salió del alma. No pude evitar que mis ojos se humedecieran. Por cierto, su padre se suicidó al poco de saber por su médico que padecía Alzhéimer..
Joaquín

Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
Eliminar