Cuando mi vecino Eugenio enviudó quedó desolado; acababa de cumplir cuarenta y ocho años. Al verlo así, tan decaído, pasado un tiempo, todos, incluso sus dos hijas le animamos a salir y divertirse, pero él se resistía. Al fin lo convencimos, y empezó a salir. Conoció a otra mujer. Fue en un baile de Villafranca; Lucía, estaba divorciada y con un hijo.. En dos o tres meses ya estaban viviendo juntos.
Al hijo de Lucia, la idea de ver a su madre con un nuevo novio no le supuso ningún quebradero de cabeza. Cosa bien distinta fue la actitud de las hijas Eugenio, que se negaron en redondo a considerar a Lucia como algo sustancial en la vida de su padre.
Lucía y Eugenio llegaron a quererse de veras. Vivieron juntos, los dos y los hijos de ambos bajo, el mismo techo. Pero las relaciones se tornaron imposibles. Su hija mayor, testaruda e intransigente, le amenazó con todo tipo de chantajes y ultimátums, más o menos soterrados, si continuaba el idilio. Al final consiguió enrarecer la convivencia. Lucia y su hijo acabaron por abandonar el nuevo hogar dejando atrás escasos aunque maravillosos momentos de felicidad y mucha frustración.
A Eugenio la cosa le fue peor; por remordimientos y un insufrible complejo de culpa que le atenazó, transigió con los deseos de sus hijas. Hizo las paces con ellas a costa de su felicidad. Pero al cabo de un tiempo las hijas se emanciparon. La mayor, enfermera, se fue a Inglaterra a trabajar. La otra encontró pareja y se instaló en un pisito en Cáceres con su novio, con lo que Eugenio quedó más solo que la una. Además, sin ánimo de nuevas aventuras, se fue sumiendo paulatinamente en una notable melancolía.
Un día se despertó más resuelto que de costumbre y decidió ir en busca de Lucia. Cogió el coche y se presentó en su pueblo con la intención de pedirle perdón y suplicarle que volviera con él. No la encontró, unas vecinas le informaron que había estado enferma, pero ya recuperada se mudó a Don Benito al encontrar una nueva pareja. Así que Eugenio se refugió ensimismado en la soledad más absoluta, hasta el punto de coger una depresión de caballo.
A vuelto a salir dos años después de lo de Lucia. Hace unos días lo vi. Me contó que ha necesitado psicólogos. Está un poco mejor, aunque muy desmejorado físicamente. No creáis que sus hijas se han preocupado mucho de su salud, para nada..
Joaquín

precioso texto Joaquin.Me gusta mucho como escribes....bueno esta es una experiencia que la vida te da. No hagas caso de la gente ni si quiera tu familia...escucha tu corazón. Animo y adelante la vida esta llena de sorpresas.Un saludo
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