Nos vimos de casualidad en la calle más comercial del pueblo.. Iba de la mano de su marido. A mi me acompañaba mi mujer. Era principios de julio y estábamos de vacaciones. Ella me llamó la atención:
—¡Hola Joaquín!, ¿No me conoces?..
Habían pasado más de veinticinco años, pero ¡Cómo no reconocer a la que fue el gran amor de mi vida, dios mío, cómo olvidarla!.. Nunca dejé de pensar en ella. Y ahora que la tenía junto a mi no sabía qué decirle ni como actuar. ¡Ay, si hubiésemos ido los dos solos otro gallo cantaría!.
Nos miramos. Se había convertido en una atractiva mujer madura, pero su semblante era el mismo; no pude evitar ponerme colorao. Acerqué mi cara a la de ella y la besé en la mejilla. Luego le dije una estupidez. Le mentí:
—¡Qué sorpresa, no te había reconocido!.
Lo nuestro había sido mucho más que una historia de amor. Nos conocimos muy jóvenes y estuvimos saliendo unos años. Años inolvidables que marcaron nuestras vidas. Pero circunstancias inesperadas nos hicieron separarnos, y nunca más nos volvimos a ver, hasta esa tarde. Infinidad de momentos maravillosos vividos juntos pasaron por mi mente en ese instante, como un huracán, unos tras otros: amores, pasiones, y huidas.. Sí, huidas; los dos tuvimos que rehacer nuestras vidas lejos, en otros lugares. Ella (eso lo supe más tarde) conoció a otro hombre y enseguida se casó con él. El desconsuelo de la ruptura conmigo la hizo apresurar los acontecimientos. Ahora vive en Madrid y tenido dos hijos. Sin embargo jamás me olvidó, lo sé.
Nos presentamos todos y, instancias de suya, entramos los cuatro en un bar de la zona a tomar unas cervezas. Allí hablamos de nuestras vidas y de nuestras cosas, aunque los dos ocultamos nuestro secreto; nada dijimos de nuestro antiguo noviazgo. A lo largo de la tarde hubo risas, recuerdos, y proyectos de futuro compartido, pero por su mente y por la mía rondaban ya sentimientos contrapuestos, morbo y esperanzas, renacidas esperanzas...
Precipitó ya la hora de la despedida. Llegaron los abrazos y los besos, y nos dimos los teléfonos con la intención de llamarnos pronto y mantener la amistad. No obstante un cruce de miradas cómplices, esclarecedoras, que sólo dos antiguos amantes podían descifrar, irrumpió sibilinamente en el cargado ambiente del bar... Un largo y latente amor dormido volvió a despertar.
Ya os contaré el resto...
Joaquín

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