Una mañana al abrir el ordenador encontré un mensaje de ella en Facebook pidiéndome amistad. Imaginaos mi impresión, ¡¡Dios mío, mi antiguo amor, la mujer que perdí y con la que tantos años había soñado la tenía a un clic de mi pantalla!!.. Creí morir de felicidad..
Le concedí inmediatamente la amistad ¡claro!. Al poco estábamos enviándonos mensajes. Y me metí en su página, y vi sus fotos, y leí la parte de su historia que ella quiso que se supiera. Una noche me llamó por teléfono; quedamos en vernos: "pasaba unos días en un pueblo cercano al mío y sintió la necesidad ineludible de verme"—Me dijo. Imaginaos mi nerviosismo ¿Estará igual de guapa?—Me preguntaba yo—¿la defraudaré? ¿habrá cambiado mucho?...
Nada de eso pasó. Creo que nos decepcionamos profundamente los dos. Debió ser que habíamos evolucionados o idealizado demasiado. A mi no me gustó su manera de hablar, ni de vestir, ni sus formas, ni sus temas de conversación. Supongo que a ella tampoco nada de lo mío. Eso sí, nos besamos con fruición al vernos e hicimos el amor en un hotel cercano y barato, pero sin ternura, sólo sexo. Luego nos prometimos volver a vernos, por cortesía. Jamás lo hicimos..
Desconcertado y con una rara sensación en mi ánimo volví a casa. A partir de ahí sufrí un cambio brutal en mi relación con el pasado; dejé de soñar con ella, de añorarla, ya no me importaba; quedé liberado de un fantasma que me había rondado por la cabeza demasiados años..
Joaquín

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