viernes, 10 de marzo de 2017

Una cita a ciegas


La descubrí bailando en una sala de fiestas. Vestía vaqueros muy ajustados y una blusita blanca con ribetes bordados en las mangas. Nos gustamos nada mas vernos. Sin embargo los días con ella pasaban y apenas conseguía nada, a pesar de mi obsesión por tocarla, por poseerla. No se dejaba.. Yo suspiraba por decirle palabras de amor al oído, por conocerla a fondo, y que ella supiera de mi.. Pero no había manera.. No obstante un día, por fin, sucedió, aceptó mi proposición de salir el sábado siguiente. Incluso me sugirió pasar juntos el fin de semana. Os puedo asegurar sin exagerar que fue la semana más feliz de mi vida.

Dediqué los días previos al encuentro a mirar y reservar una habitación en un hotelito de moda, y una cena en su restaurante, para complacerla.. Ni por un momento dejé de pensar en qué ropa ponerme, con qué perfume embadurnarme y qué protector comprar que pudiera serme útil en ésas dos noches de lujuria que ya adivinaba. Aún esperaba ése viernes a última hora de la tarde asaltar los cielos del placer, cuando... 

Una llamada inesperada rompió de golpe mis fantasías. Al otro lado del auricular, Juan, su mejor amigo, me confesó un terrible secreto. Me dijo algo que nunca olvidaré y que trastocó mis entendederas y razón: ¡¡Paula, que así se hacía llamar la chica, era realmente Pablo, un chico!. Así de inverosímil y así de cruel me lo soltó, sin contemplaciones. No estaba dispuesto a que el engaño fuera más allá de lo razonable; lo hacía por ella y por mí—Me dijo muy serio.

Impactado por la confesión creí que se trataba de una broma cruel. En un principio me resistí a creerlo. Pasé horas bordeando la locura, ¡¡cómo podía pasarme esto a mi, dios mío!—Gritaba desesperado en mi habitación.. Luego poco a poco fui recobrando la cordura y la llamé... Tras unos minutos eternos, de silencios y sollozos, se disculpó con vehemencia y me suplicó un perdón a todas luces imperdonable, pero la perdoné.. 

Hace ya mucho tiempo de esto, incluso apacigüé pronto mi rencor. Os aseguro que era tal la pasión que sentía por ella que cegó mi razón. Paula (ella quiere llamarse así) tiene un tipazo de mujer increíble, toma hormonas para sus prominentes pechos y siempre lleva pantalones vaqueros. Su hermoso rostro debidamente acicalado, sus incalificables grandes ojos y su hermosa melena azabache, son perfectos para ser una mujer de bandera. El resto ni lo sé ni ya me importa; a estas alturas de la vida se me pasó el disgusto. Ahora somos grandes amigos; sin derecho a roce, claro..

Joaquín..





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