domingo, 30 de septiembre de 2018

Algunas cosas que me quedaron por decirte...



Si tú me dices ¡ven! lo dejo todo...
No volveré siquiera la mirada
para mirar a la mujer amada...
Pero dímelo fuerte, de tal modo
que tu voz sea mi poderosa llamada.
(Amado Nervo)

Reunida por segunda vez en una semana la Asamblea de sabios judíos (Sanedrín) se disponían, pues, a debatir el asunto que les traían tan preocupados. Todos los miembros estaban ya debidamente informados de los entresijos del caso, que no era otro que: Qué hacer con ése impostor procedente de Galilea y que dice ser El Mesías.
Comenzada la sesión, el Sumo Sacerdote ordenó guardar silencio a todos los miembros; e inmediatamente un mutismo total embargó la sala de reunión. Indignado y con la cara descompuesta de rabia fue informando uno a uno los antecedentes y fechorías cometidas por el falso profeta, también del punto de vista del prefecto romano de la provincia, Poncio Pilato, que parecía no querer inmiscuirse demasiado en el tema aludiendo no ser de competencia romana. Sin sin duda, por las cabezas de los ancianos consejeros pasarían la bochornosa imagen de ése hombre, Hijo de Dios, según él, arrastrando masas de gente por las ciudades de la región.
Acabada la reunión y después de un intenso debate se acordó por unanimidad dar muerte al impostor. A pesar de que el Sumo Sacerdote había propuesto la lapidación como mejor manera de hacerlo, por ser costumbre judía muy arraigada, se determinó que ése embustero peligroso fuese ejecutado a la costumbre romana , es decir, crucificado...
Esto de arriba, imagino, sería la manera en que se desarrollaron aquellos hechos tan trascendentales de la muerte de Jesucristo. Apuesto lo que sea que si todo éste tinglado de emociones, creencias y enseñanzas (cristianismo) legado por Jesucristo a su muerte lo hubieran dejado en manos sólo de los apóstoles, y con ellos San Pedro, estoy seguro que no hubiera pasado de ser una secta más de las muchas que pululaban por el mundo judío, exactamente igual que los Esenios o los Fariseos, por decir algunas; incluso hubiera tenido los días contados... Pero amigo, llegó San Pablo, que con una visión de consejero delegado de una gran multinacional se propuso hacer del cristianismo la religión total. Él fue el que propuso convertir a todo el mundo, judíos y gentiles, y no solo a los primeros, como querían los apóstoles y tal vez San Pedro.
Los últimos serán los primeros”, ésta celebrada y famosa frase que pronunció Jesucristo se la aplicó bien el cristianismo, porque resulta que ellos mismos pasaron en tres siglos, de ser una religión prohibida, perseguida y atacados con saña sus miembros, a convertirse en la religión predominante, a estar “a partir un piñón” con el poder, e incluso, ser ellos los perseguidores e inquisidores de paganos.
El cristianismo empezó con Cristo, evidentemente, y de la nada como tantas grandes cosas que fueron luego trascendentales, sin embargo el que se haya convertido en la religión predominante en el mundo, a pesar de la poquita cosa que era (estaba circunscrita al mundo judío que eran “cuatro gatos”) se lo debemos a un tipo, también judío como Cristo pero que al vivir en Siria era a su vez ciudadano romano, y eso le daba ciertas prerrogativas; hablo de San Pablo, que fue el verdadero segundo padre del cristianismo.
La mejor herramienta que podía tener la nueva religión para prosperar y convencer a todo el mundo de la “Buena Nueva” era tener unos argumentos sólidos y bien definidos, y a partir de ahí comerse el mundo. ¿Y qué mejor arma que el mismo testimonio de Cristo recopilados en un mismo tomo? Es decir “El Nuevo Testamento”...
Pero como toda gran institución que crece muy deprisa, al cristianismo enseguida le salieron grandes problemas, a esto se le suele llamar “crisis de crecimiento”, le pasó también, (guardando las enormes distancias) al ínclito partido político “Podemos”.
La primera gran crisis les pasó al poco de nacer, sobre el siglo IV. Un obispo de Siria, Arrio, se empeñó en negar el carácter divino de Jesucristo, sólo aceptaba el humano. A esta corriente se le llamó Arrianismo. Tuvo muchos seguidores y tuvieron que condenarlo en el concilio de Nicea, aunque el asunto siguió por mucho tiempo. Hubo muchas más herejías, por supuesto...
Sobre el año 1000 aprox. las dos zonas en las que se dividía la civilización cristiana, Roma y Constantinopla, se tiraban los trastos a la cabeza por ver quién mandaba más. Al final hubo divorcio por mutuo acuerdo, ellos (los ortodoxos, que quiere decir, más o menos, los puros) se quedaron con sus Patriarcas en la zona oriental de Europa. Y nosotros nos quedamos con Roma y sus Papas.
Pero no quedó ahí la cosa, más adelante, pasados los siglos se produjo otra partición de la zona, digamos heterodoxa, (la nuestra). En 1517 el obispo alemán Martín Lutero clavó un panfleto en la puerta de la iglesia de su pueblo, Wittenberg, despotricando de la Iglesia Católica. A éste buen hombre le habían invitado a Roma, a ver la ciudad y de paso dar unas conferencias, pero al pasar por el Vaticano y ver aquel derroche de lujo, fiestas y desmadres de los cardenales, además de las indulgencias que se le daban a los ricos a cambio de dinero, se echó las manos a la cabeza y escandalizado promulgó sus famosas tesis, que fue el inicio del Protestantismo. Ni que decir tiene que media Europa se fue con él. Todo el norte, los más ricos y desarrollados se hicieron protestantes de la noche a la mañana, y nos quedamos a “dos velas” los del sur, más solos que la una con nuestro catolicismo, y con nuestros Papas, ¡claro!..
Y es que lo que nació como una nueva religión: grande, única, transversal, que ideara en su gran cabeza San Pablo, ha resultado ser una amalgama de creencias, todas parecidas pero diferentes. Porque miren... Si todos los cristianos creen en Jesucristo y tienen a la Biblia como la esencia y palabra de Dios, ¿Cómo es posible que subsistan ortodoxos, católicos, anglicanos, anabaptistas, evangelistas, congregacionistas, presbiterianos, metodistas, cuáqueros, adventistas del séptimo día, pentecontalistas, coptos, testigos de Jehová, amish, y un largo etcétera?... En fin, ya son ganas. Que Dios nos coja confesados, pero... eso sí, ¿En cuál de ellas lo hacemos?...
Que conste en acta...

cosasdejoaquinyerga@blogspot.com

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