sábado, 21 de enero de 2017

Te quiero, pero no podemos vivir juntos, le dijo

                                                                                   


Al llegar le dio un beso a los dos, a ella y al niño, como siempre al entrar en casa. pero ese día notó distante su mirada, esquivaba la suya. No sé, quizás fueran imaginaciones---pensó---estaba cansado eso es todo.

La cena fue frugal, con poco despacharon el asunto. Apenas dos palabras se cruzaron. Cosa rara porque ella es muy habladora. Le preguntó: 

---¿Te pasa algo?

Le contestó que nada, así de escueta, y eso le preocupó aún más. Además, vio que tenía prisa por llevar al niño a la cama. Lo había cogido de la mano, le hizo darle un beso de despedida y se perdió con el niño por el pasillo camino de su habitación. 

Al rato oyó sus pasos llegar. Él la esperaba inquieto en su sillón favorito, pero acababa de regresar del balcón de fumar un cigarrillo. Hacía tiempo que no tenía esa necesidad, pero ese día le apetecía, estaba nervioso. 

Apareció ella. Le vio la cara pálida. Cerró la puerta del comedor y muy seria le invitó a escucharla, lo que hizo que el pánico se apoderara de él por momentos. De golpe un montón de ideas absurdas bulleron por su cabeza. Hizo un esfuerzo por serenarse y consiguió calmar un poco la mente, pero no pudo evitar imaginar cosas raras..

--Alberto, tengo que decirte algo muy importante----le dijo tajante

Se lo temía, sus peores pronósticos se estaban cumpliendo. Ella cogió una silla y se sentó frente a él, y prosiguió con el mismo tono de voz:

--Te quiero mucho, ya lo sabes, pero no podemos seguir viviendo juntos. Siento en el alma la faena que voy a haceros a ti y al niño, pero no puedo seguir así----le soltó de golpe

---¡Seguir cómo!----balbuceó él

--Andrés, mi compañero de baile en el Centro de Día, se ha enamorado de mi y ha decidido venirse a vivir conmigo---le dijo muy seria---Hace meses que me lo pide y se lo voy a permitir--concluyó

A Alberto se le cayó el alma al suelo. Se levantó del sillón, cogió el paquete de cigarrillos y sacó uno; lo encendió allí mismo. Después, como un zombi, anonadado, entró en su habitación e intentó preparar un par de maletas con lo más necesario.

Mientras seleccionaba su ropa apareció ella. Había terminado de recoger la mesa y, con las mangas de la blusa aún remangadas, se apoyó en el quicio de la puerta y exclamó:

--Albertohijo, no hace falta que te vayas tan pronto de mi casa.. Además a tu hijo le seguiré recogiendo yo del colegio.

Insensible a la última frase dicha por su madre y temiendo el fin del chollo vivido en estos seis últimos años, desde que se divorció de su mujer, mi sobrino Alberto dejó de meter ropa en la maleta, pero le soltó a su madre, mohíno, un par de reproches.

Repuesto ya del golpe bajo, poco después le prometió abandonar la casa en un par de semanas e irse a la suya. ¡Ya me diréis, con treinta y siete años que tiene el menda y con un hijo de cuatro, no le quedará más remedio que volver a empezar en su propia casa! ¡¡Y sin su madre!!.  

Por cierto, su madre es mi hermana

Joaquín



                                                         


jueves, 19 de enero de 2017

Un viaje muy especial






Puedes tener el universo, mientras yo tenga a Italia.
G.Verdi


Deploro provocar envidia pero les informo que cumplí uno de mis deseos más codiciados. Bien es verdad que tuve que esperar mucho tiempo, tal vez demasiado, pero, como dice el refrán... "Más vale tarde"...
Viajé por Italia (mi sueño) poco más de una semana y, a fuerza de ser sincero con ése tiempo tan escaso no se puede ver todo lo mínimamente estipulado que habría que ver, pero, algo es algo.
Lo de conocer Italia ha sido durante mucho tiempo una necesidad y, casi, obligación que cualquier ilustrado ciudadano europeo debía hacer, por lo menos una vez en su vida. Italia era la meta artística suprema (en pintura, arquitectura, música etc.) que toda persona instruida debía realizar para su formación académica, incluso como satisfacción personal para contemplar "in situ" lo más bello que el ser humano ha sido capaz de crear.
Italia lo tiene todo en cuanto a obras de arte hechas por los hombres. Que me perdonen mis compatriotas, pero si no fuera por el empeño que pone el Astro Rey en favorecer nuestro suelo patrio con su brillo, y la delicadeza de la madre naturaleza en agraciarnos con unas maravillosas playas (que no la tienen ellos) nos ganaban por goleada en visitantes, turistas o viajeros, que no son lo mismo.
Estoy seguro que a poca gente voy a sorprender con lo que cuente en este articulo, pues muchos de los que lo lean habrán tenido la suerte ya de montar en góndola en Venecia, haberse quedado pasmado ante el "Coliseo" en Roma, o maravillado frente la fachada de mármol azul de la iglesia de "Santa María del Fiore", en Florencia. Por cierto, recuerdo para el que lo sepa, y prevengo para el que lo desconozca, de ésa enfermedad neurológica relacionada con la ansiedad llamada: "Síndrome de Stendhal". Se le llamó así por padecerla éste escritor francés del siglo XIX, y que se manifiesta con visibles mareos, marcado nerviosismo y hasta depresión, pos-visita a los diferentes centros de arte. El individuo que lo padece se siente abrumado ante tanta compilación de maravillas.
A éste excelente novelista y filosofo, autor entre otras de la novela "La cartuja de Palma", se le declaró esta enfermedad después de visitar algunas de las ciudades italianas y sus museos, sobre todo Florencia. No pudo el buen hombre aguantar sereno y consciente semejante despliegue de prodigios artísticos que veían sus ojos. Y no es para menos, pues se debería dosificar la cantidad de ellas que podemos admitir en un espacio razonable de tiempo, si no, corremos el peligro de colapsar. Modestamente, y a  pesar de los pocos días disponibles, me pude permitir el lujo de conocer gran parte de lo más granado e interesante  de ese afortunado país.
Comencé mi ambicionada visita por una de sus grandes y estupendas islas, Cerdeña. Allí viajé a la zona nororiental, a la llamada "Costa Esmeralda", ahora tan de moda por sus playas casi vírgenes. Han transformado sus antaño pequeños puertos pesqueros en atraques de lujosos yates propiedad de elegantes magnates de las finanzas y de la farándula. Aludo especialmente a esto último porque pude contemplar, fondeado en un bonito puerto el "barquito” del actor Leonardo Di Caprio que por allí holgaba en esos días,y no rodando, precisamente, la segunda parte de "Titánic".
En Cerdeña aun subsiste una pequeña zona de habla catalana. No hay que olvidar que durante una época, los Almogávares, (una especie de milicia catalana), sometieron a ésta isla. Y es que, las sombras de Pujol, y ahora de Puigdemont son alargadas, a pesar de lo canijo de su complexión física. De Cerdeña pasé a Nápoles, magnifica ciudad, antaño española y ahora un poco depauperada por mor de la mafia, y de sus pintorescos habitantes.
La bahía de Nápoles es espectacular y congrega en sus orillas cosas tan bellas como la llamada "Costa Amalfitana" y la pequeña isla de Capri (retiro del emperador Tiberio, y testigo de sus colosales orgías con imberbes de toda edad y condición). O Pompeya, la ciudad romana aparentemente destruida por el Vesubio y ahora resucitada de sus cenizas. Ha quedado toda ella como prueba fidedigna de la manera de vivir de los romanos de la época.
A unos doscientos kms. al norte de Nápoles está Roma, la ciudad eterna. Puedo empezar a contar sus excelencias y no acabar nunca. Y si es cierto aquello de que: “todos los caminos conducen a Roma” a mí me llevaron, y me dejé llevar gustosamente pues entraba en la capital del imperio; la ciudad, posiblemente, con la historia más larga y apasionante del mundo.
A decir verdad no soy digno de contar las magnificencias de esta hermosa ciudad porque solo estuve dos días en ella. Aun así lo que vi, tan deprisa, fue sencillamente grandioso. Me dejé caer por el foro (la ciudad antigua). Desde aquí se gestionaba gran parte del mundo conocido, y hasta aquí llegaban los cargamentos con las más variadas mercancías de todo tipo. Este género procedía, sin duda, del saqueo de todo el imperio para que a los ciudadanos romanos no les faltase nunca su pan y circo.
Contemplé, también, de la capital republicana e imperial joyas como… "El Coliseo", "el Panteón" de Agripa, o el "Arco de Trajano". Y de la Roma medieval no dejé de ver: la "Plaza de España", con su esplendorosa escalinata o la "Fontana de Treví". Y recordé allí mismo, emocionado, a Anita Ekberg, emergiendo de sus aguas y exhibiendo  su exuberante cuerpo  mientras  un  sorprendido Marcello Mastroianni con los ojos como platos la avistaba a lo lejos, en la escena más famosa de… "La Dolce Vita".
Previo a abandonar, pesaroso, Roma me pasé por el Vaticano, y como no pude saludar al Papa Francisco, me consolé fascinado con la Capilla Sixtina y con el resto de las joyas artísticas que allí albergan. Antes de pasar a Francia hicimos parada y fonda en la que es, para muchos, la más hermosa ciudad del mundo, Florencia. Y no voy a ser yo precisamente quien les contradiga.
Entrar directamente en la "Piazza del Duomo" de Florencia, como hice yo impaciente, es como colarse repentinamente en un cuento de hadas. Se queda uno apabullado, y se entiende perfectamente el síndrome que antes comenté. Divisar allá, en las alturas de la catedral de Santa María, la cúpula diseñada por Brunelleschi, tan idealizada, tan leída su historia, y tantas veces vista en fotos, es para sentenciar ¡Hasta aquí he llegado! ¡Ya me puedo volver! ¡Lo he visto todo!. No obstante continué paseando por esta increíble ciudad y, seguí soñando despierto con el resto de sus tesoros.
Terminé mi viaje a la Toscana nada menos que en la "Plaza de los Milagros", de Pisa.  Inmejorable marco con su catedral cristiana y la famosa torre inclinada ¡Por un momento pensé en la posibilidad de estar soñando.!  Para describir como se merece la belleza de este conjunto monumental habría que tener el talento poético de un Petrarca o la habilidad descriptiva de  Dante Alighieri, si no, mejor mirar y callar.
Unas horas después, abrumado, y a punto de manifestárseme el tan reiterado síndrome, entré en Francia.  Pero eso es harina de otro costal y hoy la cosa no da para más.
Dicho queda…
                                             Joaquín Yerga
                                             


miércoles, 18 de enero de 2017

¡Qué nos pasa a los españoles!





Las autonomías han creado 17 nuevos centralismos y en pocos años, el estado español puede limitarse a administrar el Museo del Prado.
F. Vázquez
 
¿Alguien duda que los españoles somos uno de los pueblos mas singulares y exclusivos de Europa? Yo no, porque miren... Cuando queremos hacer las cosas bien las hacemos de maravilla, pero si lo que pretendemos es fastidiar el cotarro, para eso también somos únicos.
Si fuésemos un pueblo unido en lo cultural otro gallo nos cantaría, porque creo que es ahí donde radican nuestras desgracias. Al haber pequeñas diferencias idiomáticas y folclóricas, aprovechamos estás para presumir y dividir en la creencia de ser diferentes o superiores al vecino. Esto se intentó solucionar cuando se redactó la constitución del 78, en donde dividimos al país en 17 mini-estados. Sin embargo llevamos ya cuarenta años de ese invento y la cosa no solo no ha mejorado, sino que están mucho peor, ahí tenemos el ejemplo de Cataluña.
Apuesto que si preguntáramos ahora a los españoles qué le parece esto de las autonomías y que si están de acuerdo con el poder que han adquirido, seguro que una mayoría suculenta nos diría que no, que son un refugio de cientos de políticos despabilados que se lo llevan crudo.
La idea de hacer de España un estado autonómico o semifederal se hizo precisamente para contentar un poco a todos, después de consentir de que Cataluña y el País Vasco tuviesen una amplia autonomía. Es verdad que éstas dos díscolas regiones lo venían reclamando desde mucho tiempo atrás y posiblemente era inevitable hacerlo, pero la solución final de hacer lo mismo con el resto, incluso creando algunas que jamás lo pidieron fue un error garrafal del que nunca nos arrepentiremos lo suficiente.
Pensemos: ¿Qué pinta regiones como la Rioja, con menos habitantes que Móstoles, pero con ínfulas de país?: Con su gobierno completito, y sus ministros correspondientes, y con un  parlamento cuajado de senadores etc.etc. A estos dispendios añádasele coches oficiales, bedeles, ayudantes y miles de carguillos más. He puesto el ejemplo de la Rioja por ser de las más pequeñas, pero el resto tampoco se quedan atrás.
Hay países (a los que algunos recurren como ejemplo) con estructura federal como nuestras autonomías, pero lo son por tradición histórica. Por ejemplo Alemania, en donde sus distintas regiones ya eran ducados o principados independientes en épocas recientes. O los Estados Unidos, que se formaron en estados precisamente porque el origen de sus primeros colonos era de una determinada zona, o les unía un mismo credo religioso. Sin embargo nosotros: ¿Qué diferencia histórica, lingüística o cultural, si me apuran, había entre Murcia y Extremadura? O ¿entre Asturias y Castilla la Mancha?. En paisaje y naturaleza no digo que no, pero sus habitantes teníamos todos la misma procedencia, la misma religión, la misma historia, y la misma etnia.
Posiblemente la solución hubiese sido seguir con nuestras regiones de toda la vida, excepto Cataluña y el País Vasco, teniendo éstas algo más de autonomía. Seguro que se hubiesen conformado pues en el fondo lo que les priva a ésta gente es ser diferentes al resto. Y es que según los datos actuales, seguimos teniendo las mismas desigualdades entre regiones de siempre, incluso en algunos aspectos más si cabe. 
En un país centralizado al estilo Francia, con una agencia tributaria única que recaudara todo los impuestos, y después, según criterios serios y acreditados se repartiera de manera progresiva y según necesidades, disminuiríamos las diferencias. De paso quitaríamos  poder a politiquillos regionales de tres al cuarto que inciden en un patriotismo regional sin fundamento, y que hurga en las exiguas diferencias que tenemos con el único fin de mantener ellos su cargo y el abultado sueldo. Ganaríamos todos porque al menos dejaríamos de odiarnos los unos a los otros.
 Con estos miniestados que tenemos, tan parecidos a los reinos de taifas medievales, hemos conseguido agravar nuestras diferencias. Ahora un aragonés no quiere saber nada de un madrileño, por nombrar algunos; la educación que reciben sobre historia y geografía son totalmente distintas... Apenas hay nada en común. Si no fuera por la tele, la liga de futbol, o El Corte Ingles, ahora también Mercadona, ni sabríamos de nosotros mismos.
Creo que visto lo visto y con los años de diseño autonómico que llevamos a  nuestras espaldas, vamos camino de dispersarnos más si cabe. También de aumentar las diferencias culturales, sin olvidar por ejemplo, la sanidad o la educación. A más autonomía mayor desigualdad. Ésta es una regla que se cumple impepinablemente, porque los mandatarios regionales con tal de distanciarse del vecino no dejan en su empeño de sacar leyes propias a tutiplén.
Recapacitemos, ¿Merece la pena que hayamos de pensar dos veces ponernos enfermos en otra comunidad porque es un engorro tremendo hacer las gestiones pertinentes? O sin ir más lejos, que no podamos optar a plaza de funcionario en regiones con idioma propio. Y que conste que en la ideología de izquierdas está como algo básico los sistemas políticos centralizados. Bueno, en toda la izquierda menos en la española, que beben los vientos por los nacionalismos periféricos, sean del color que sean, incluso racistas y xenófobos.
Dicho queda….


                                                                                          Joaquín Yerga
                                                                                            18/01/2017


lunes, 16 de enero de 2017

El extraño romance con la madre de su yerno


Cuando mi única hija se casó y se marchó de casa, nos quedamos su madre y yo solos, apesadumbrados y con el síndrome del nido vacío subido. Nos costó dios y ayuda volver a la rutina. Gracias a que con mis consuegros hicimos buenas migas desde un principio. Más que buenas, veréis...

Leonor, la madre de mi yerno, es decir, mi consuegra, era una mujer todavía joven y de muy buen ver. A sus cuarenta y cinco años de entonces (cuando la conocí) aún se cuidaba lo suficiente para estar atractiva. Hasta tal punto nos compenetramos todos que, entre sábados de cenas y visitas de cortesía acabamos los dos, Leonor y yo, haciendo lo que nunca debimos haber empezado, ¡enrollados!.. 

No hizo falta que ella se esmerara demasiado en ser simpática, y hasta descarada conmigo para que realzara mi depauperada moral de aquellos años, acumulaba ya un tiempo de baja autoestima. Así que, el interés de Leonor por mi, hizo sino subir mi ego por las nubes.

El romance secreto duró poco, apenas cinco meses, pero a mi me sirvió para que, una vez terminado, hundirme más que de lo que estaba al principio, pues si bien me elevó temporalmente la moral, aparecieron después los remordimientos. 

El lugar de la coyunda era un pequeño hotel de un pueblo vecino. Dos tardes a la semana la recogía en secreto y hacíamos el amor como posesos. Luego volvía a dejarla en las cercanías de su casa.  A nadie teníamos que dar cuenta de nuestra ausencia; yo tengo las tardes libres y ella mil excusas que dar a su marido. Y así se convertí en un mentiroso compulsivo con mi mujer..

Pero el “affaire” consuegro-sexual terminó un día, y lo hizo bruscamente y de la peor manera posible. Una tarde al salir del hotel tropecé de lleno con mi yerno, no sé por qué, pero pasó justo por allí. Íbamos agarrados de la mano, ella (su madre) y yo. El momento y la escena fue inenarrable. Os dejo al albedrío de vuestra imaginación el papelón de los tres.

Diez años después de aquella peculiar aventura continuamos aparentemente sin novedad. Mi matrimonio va "viento en popa" al igual que el de mis consuegros, con la única salvedad, eso sí: las miradas furtivas que nos dirigimos (las ya pocas veces que nos reunimos) algunos miembros de esta gran familia en que nos habíamos convertido. Sólo una circunstancia temo, que el majadero de mi yerno se vaya de la lengua en un momento de arrebato. Si dependiera sólo de él ya lo habría hecho, para colgarse unas medallas con su mujer, es decir, mi hija. Pero también se trata de su madre, y eso es la salvaguardia de su silencio.

Por cierto, Leonor es un nombre ficticio. Lo hago para no dar pistas..

Joaquín







        


domingo, 15 de enero de 2017

A propósito de los españoles.






En los momentos de crisis, solo la imaginación importa más que el conocimiento.
A. Einstein


Los tópicos están ahí para ser rechazados, aunque es obvio que cuando nacieron algo de verosimilitud había en ellos. Lo cierto es que es muy difícil ignorarlos del todo. Einstein sentenció una vez “Es más fácil desintegrar un átomo que deshacer un prejuicio Ésta última palabra yo la sustituiría por la de tópico.
Un ejemplo y en un terreno fácil ¿Qué idea tenemos los españoles de cómo somos? Para los de mi generación los tópicos son ya ideas fijas y no hay quien los modifique un ápice, apuesto que todos creemos conocernos. Afortunadamente con la mini globalización nacional que se lleva produciendo desde hace cuatro décadas, esto está cambiando aceleradamente. O en muchos casos desapareciendo, sobre todo entre los más jóvenes. 
No hay duda que la movilidad y las nuevas tecnologías están contribuyendo de manera palmaria a la uniformidad de los españoles. No olvidemos que la mayoría de las diferencias entre las distintas regiones de nuestro país se debieron en parte a la incomunicación de sus habitantes por la difícil orografía. Yo anhelo a que no lleguemos tarde a esta homogeneidad de gustos, acentos o costumbres de todos nuestros compatriotas. Por nuestro bien y visto lo visto, es mejor ser todos parecidos, que luego siempre hay quien aprovecha pequeñas diferencias para sentirse distinto, cuando no superior.
Todos creemos conocer la psicología o las singularidades de, por ejemplo los andaluces, o de los catalanes. Y por qué no, también de los gallegos, en fin… de la gente en general que poblamos esta tierra nuestra. Y pensamos a pies juntillas que todos sus habitantes son tal y como los definen los tópicos. Además, y para nuestra desgracia, la mayoría de estos son peyorativos y hacemos hincapié en sus detalles más ofensivos. Éstas prácticas, tan tradicionales en nuestra historia reciente, contribuyen en parte a la disgregación de un sentimiento nacional que debería ser común, y hace encogerse y refugiarse aun más en sus feudos regionales a sus habitantes.
Es común oír decir a políticos, sociólogos o expertos de todo pelaje que la diversidad es muy buena y por lo tanto en España tenemos una suerte loca, porque al ser un país tan diverso, rico en lenguas y culturas lo hacemos por ello muy interesante y acogedor. Yo, y permítaseme la licencia, no puedo estar más en desacuerdo con esta teoría. Pienso que, precisamente debido a esta diversidad  estamos como estamos. Llevamos sin gozar de un país justo, unido y democrático, en el que todos nos sintamos a gusto, toda la eternidad.
No creo que haya en el mundo, y sobre todo en Europa, ningún país del tamaño del nuestro con tanta diversidad sobre cualquier aspecto que queramos analizar.
En naturaleza y clima, tenemos gran parte de los muchos que se dan en la tierra. Desde desiertos (el único de Europa) hasta paisajes con verdes perpetuos y lluvia moderadamente repartidas todo el año. En fauna, la más variada del continente, incluyendo, muchas especies  endémicas. Pero es en paisanaje donde pulverizamos récords por nuestras disparidades culturales y lingüísticas.
Profundizando en lo de las diferencias. Quede constancia que étnicamente somos todos muy parecidos. La multitud de estudios hechos al respecto así nos lo indican. Procedemos  de una masa elaborada a base de mezclar dos ingredientes básicos, ADN celta e ibero, aderezados éstos con unas gotas de sangre árabe y judía; algo de picante germana y todo muy agitado y revuelto (debido a la gran transferencia de población durante la reconquista) nos da como resultado final, el potingue latino, muy común en el sur de Europa. Ahora más si cabe, pues según un sesudo estudio reciente, los vascos son tan celtibéricos como los de Socuéllamos. Aludo a ellos porque de siempre se ha creído  que eran el único pueblo preibérico de la península. Según ellos, es decir los vascos de ocho apellidos, eran poco menos que el pueblo elegido de la biblia ¡Qué pena! Ahora resulta que son primos hermanos de los de Villarejo de Salvanés, por nombrar algunos.
En esto del terruño y la simbología que acompaña, a menudo pecamos de cursilería cuando no de ridiculez. Por ejemplo, cuando insistimos ante algún evento deportivo airear la bandera autonómica si el vencedor de la prueba en cuestión es paisano nuestro, obviando la nacional, o compartiéndola con esta. Ya imagino la perplejidad de los diferentes dirigentes europeos haciendo cábalas sobre cómo dirigirse a él… ¿Cómo español? ¿Cómo catalán, vasco o valenciano?. Aunque lo que seguro pensarán es que estamos locos de remate.
Y, es que los españoles (los que nos sintamos) somos así. Y qué razón llevaba el eslogan aquel de Spain in different.. para tantas cosas. Yo, abogo porque no lo sea tanto. A los hechos me remito, ahí está lo de Cataluña de tanto incidir en querer ser diferentes.


                                   Joaquín Yerga
                                    21/09/2015



viernes, 13 de enero de 2017

Así fue mí primer amor..

                                                                                      



Desde que la conocí siempre temí algo así, aunque en el fondo nunca pensé que fuera a ocurrir lo que tristemente sucedió después. Así lo pensaba, puesto que al fin y al cabo permanecimos juntos muchos años; y por mi parte juro que nunca quise acabar esa bonita historia; mi mejor historia.

Tanto la quise que aún hoy, después de muchos años sin su compañía, la recuerdo con melancolía. Ha pasado mucho de aquello, es cierto, y quizás por eso puedo analizar con frialdad las causas de la ruptura, aunque no niego que todavía la extraño un montón y me asaltan dudas cuando pienso en los porqués de nuestra separación.

Tal vez fui demasiado condescendiente con ella, acepté ingenuamente sus caprichos y su egoísmo, a veces insufrible. Os confieso que por ella me obligué a prescindir de muchas de las cosas que más deseaba en la vida.  Por ella dejé amigos íntimos y otros de toda índole y condición, cuando precisamente más falta me hacían. Ignoré, también por ella, proposiciones de convivencias cuanto menos morbosas y apetecibles con mujeres  interesantes y bellas, y a todas rechacé. Por amarla, incluso abandoné a mis seres queridos que todo lo dieron por mí, a pesar de ser ellos los que más me quisieron. 

Algunos de mi íntimos la llegaron a conocer, y fueron éstos precisamente los que con mayor insistencia me advirtieron que no bajara la guardia, que no era oro todo lo que relucía. Obstinados me reiteraban que con el tiempo y cuando la conociera de verdad posiblemente llegara a decepcionarme. Eso nunca pasó, luché con denuedo contra viento y marea, y planteé mi defensa con ardor, convencido como estaba de mi amor por ella. Bajo ningún concepto permití injerencias de ningún tipo en nuestra relación.

Aun recuerdo con detalle la primera vez que la vi. Fue un amor a primera vista. Al terminar mis escasos estudios, pero con un oficio medio aprendido, me vine a Madrid buscando un futuro más ilusionante. Aquí la encontré, y os puedo asegurar que jamás llegué a sentir por nadie lo que después, al conocerla a fondo, experimenté con ella..

Pasé junto a ella periodos deliciosos cuajados de calma y quietud. Tantos instantes de paz y sosiego viví, que dudé al terminar con ella, volver a gozarlos alguna vez. Pero, como todo en la vida nuestro romance tuvo un final. Llegó el momento de la separación, y créanme los que lean esto, poco deseada por mí. Y es que, Sandra, mi novia de toda la vida, y desde el pueblo me envió un día el fatídico mensaje… 

--¡¡O me voy contigo a la capital a vivir juntos o te dejo plantado!!  Así de cruel e inapelable fue su desafío.

Ante esos amenazantes y tajantes términos y a pesar del cariño que profesaba a mi independencia, no me quedó otra que  abandonar a mí adorada ”Soledad.. ¡¡Oh soledad!! ése apetecible concepto! Tan real, y compañera fiel de tantos momentos extraordinarios y felices. ¡Cuánto te eché de menos a partir de entonces!...

Mi historia con ella terminó, y supuso el inicio de otra... Otra incierta y prolongada  etapa en mi vida que aun perdura, pero ya sin mi, Soledad.  A partir de ahí no me quedó otra que dejar de vivir solo y hacerlo en pareja. Sonia, y después los hijos, pusieron fin a mi libertad y la calma que tanto bien me hicieron.

Evoco ahora  con añoranza  a mi amada, Soledad.  Algo precioso que una vez poseí y que elementos extraños a lo nuestro forzaron nuestra separación. Dicen los que saben de esto que la soledad voluntaria es maravillosa y placentera; la mía, por deseada… fue inolvidable.

Joaquín



miércoles, 11 de enero de 2017

Querido padre...






         Esos tus cabellos blancos, bonitos,

ese hablar cansado, profundo

que me lee todo lo escrito

y me enseña tanto del mundo.

Esos pasos lentos de ahora

caminando siempre conmigo,

ya corrieron tanto en la vida.

Mi querido, mi viejo, mi amigo.

--Roberto Carlos--


Te fuiste sin alharacas, sin hacer ruido, casi sin molestar, pero dejaste un vacío tan grande que nunca fuimos capaces de llenar. Hoy, Día del Padre, quiero recordarte, como casi todos los días de mi vida y, aunque mis palabras suenen ya huecas y tardías, decirte que.. ¡¡Me hubiera gustado tanto poder hablar contigo!!.. Pero deseo recordarte de joven, en tu plenitud y no en tus últimos años, cuando la enfermedad causó estragos en tu cuerpo y en tu ánimo. 

Por eso quiero imaginarte fuerte y apuesto, como tú fuiste y a mi me contaron. ¡Ay, Dios!, esos recuerdos, caprichosos, me llevan de la mano y me aúpan a tus rodillas... y me hacen ser otra vez el niño más feliz del mundo..

Ya he cumplido mi sueño: alcanzar los años que tenías cuando me dejaste, y ahora, por fin, lo entiendo todo: tu cariño, tus desvelos, tus advertencias, tus consejos... Ya no me oyes, pero aún así quiero que sepas cuánto me duelen los abrazos que no pude darte, y cuánto te echo de menos y lo que daría por estar junto a ti, y pasear a tu lado y escuchar tus inquietudes... y que tú atendieras las mías. Te confesaría también, ahora que he vivido los años suficientes, mis momentos más tristes para llorar juntos, tú y yo. Y los menos malos, para reconfortar tu ánimo. Confidencias que jamás a nadie revelaré y que guardo sólo para ti...

Por cierto, papá, aquellas lágrimas que entonces te escatimé, brotan abundantes de mis ojos al recordarte, pero ya es muy tarde, demasiado tarde...

Joaquín

                                                                                     


     



lunes, 9 de enero de 2017

Lo que la verdad esconde

                                                                                       

Unas cuantas casas más arriba de la mía, en la misma calle donde nací, había una casa vacía; pero una fría mañana de invierno vi movimientos de gente que entraba y salía de ella y unos hombres fornidos que arrastraban unos desvencijados muebles hacia su interior. Supe de la llegada de nuevos inquilinos.
No tardé mucho en saber de ellas. Se trataba de una anciana enlutada y su hija, una chica con mal aspecto de poco más de treinta años. No sé, algo incalificable sobre ellas pasó de inmediato por mi cabeza de niño al verlas aquella primera vez, y poco a poco fui sabiendo de sus vidas.
La vieja nunca salía de casa; su hija lo hacía, pero muy de tarde en tarde y regresaba cuando el sol apenas se dejaba ver ya por el horizonte. Un día me enteré de que alguien había escuchado unos desgarradores sollozos procedentes del interior de la casa. Eso me conmocionó. Esa misma noche me escondí debajo de una de las ventanas y me quedé escuchando:  Aguanté un rato como pude, aunque el miedo me atenazaba; nada se oía. Sólo el maullido de algún gato callejero a lo lejos perturbaba la quietud de la noche. De repente percibí leves gemidos, nítidos y prolongados. Los atribuí a la anciana. Eran unos lamentos sobrecogedores, no muy altos, pero perfectamente perceptibles. Imaginé cosas horribles dentro. Aterrorizado eché a correr hasta mi casa. 
Al ver mi cara, pálida y descompuesta, mi madre me preguntó, alarmada, qué me pasaba. Sobresaltado y aún exhausto por la carrera le conté el motivo de mi turbación, y ella me contó la historia.
Fueron—según mi madre—unos sucesos espeluznantes. La vieja mujer y sus hijos vivían en un pequeño pueblo de Galicia. Allí ejercía de curandera sanando pequeñas dolencias a los habitantes del lugar. Una vez le llevaron a un niño con unas extrañas fiebres para que aliviara sus males, pero desgraciadamente no se pudo hacer nada y murió en sus manos. Posiblemente ella no tuvo nada que ver con el triste final, pero la gente de la comarca no lo entendió así. Todo el pueblo comenzó a odiarla y su fama de hechicera y bruja se extendió como un reguero de pólvora por toda la comarca.
Una noche—seguía contándome mi madre—mientras dormían ella y sus tres hijos, su casa se incendió sin saber cómo. El fuego fue espantoso, de la casa no quedó nada y sus dos hijos mayores murieron abrasados. Ella quedó desfigurada y tan solo su hija pequeña, traumatizada, salió ilesa. Se investigó a fondo por parte de las autoridades pero nada se descubrió, ni autores ni motivos, aunque todo el mundo lo sospechaba. A partir de aquello, con el escaso dinero que les quedaba y los pocos enseres que lograron reunir, se alejaron de aquel infierno. Y la vieja y su hija llegaron a mi pueblo. Apenas hablan con nadie—concluyó mi madre—no salen de casa y sobreviven recluidas como eremitas, desaliñadas y misteriosas.
Ésa noche y algunas después apenas pude dormir. La anciana murió unos meses más tarde, de pena, dijeron algunas vecinas. La hija acrecentó su soledad y cada vez salía menos de casa. Los sucios visillos de las ventanas permanecían siempre echados; supongo que tapando la cochambre que todos imaginábamos de su interior. A pesar de su juventud, la palidez de su rostro y las profundas arrugas que lo surcaban, estremecía a cualquiera que se fijara en ella.
Un tarde del otoño siguiente regresaba tarde a mi casa; mi calle aparecía más triste y solitaria que nunca. Iba absorto en mis pensamientos cuando, al pasar delante de la casa una extraña conversación, apenas audible, llegó a mis oídos. Aunque las piernas me temblaban de miedo me quedé parado junto a la puerta sin mover un solo músculo, como petrificado,. Instantes después volví a escuchar aquellos terribles lamentos.. Dios mío!, pensé, si la vieja había muerto. ¡¡Quiénes conversaban en voz baja!! ¡¡De quiénes era los llantos!!..
Cuando salí a la calle a la mañana siguiente, vi que unas vecinas cotilleaban apretujadas junto a la casa murmurando frases inteligibles que no llegué a comprender. Un coche fúnebre, aparcado delante de la casa comenzaba a rodar calle arriba, alejándose. Oí que camino del cementerio. A pesar de los oscuros cristales del furgón vislumbré la silueta de un ataúd; la chica iba dentro..
Joaquín







domingo, 8 de enero de 2017

Cómo no ser un tipo infeliz

                                                                                             



Hubo una vez un tipo en un pueblo de Pensilvania de tres mil habitantes que se sabía los nombres de pila de todos y cada uno de sus convecinos. Es más, cada vez que se encontraba con alguno de ellos por la calle le saludaba efusivamente por su nombre; jamás se equivocó. Por este motivo, este individuo llegó a ser un personaje muy querido y respetado en su comunidad. En realidad, lo que el tipo este de Pensilvania buscaba no era otra cosa que ser feliz aprovechando su buena memoria. 

Dale Carnegie, un psicólogo americano, escribió un libro hace ya mucho tiempo que fue en su día un bombazo, aún se vende como rosquillas "Cómo ser feliz e influir en las personas". En el libro, Carnegie nos apremia a atender a los demás, escucharlos, hacerlos sentir importantes, incluso perdonar sus ofensas, pecadillos o salidas de tono. A veces será agotador pero sus resultados son infalibles; habremos ganado amigos con toda seguridad..

A los que tengan la suerte de venir de fábrica con una simpatía arrolladora, les será más fácil tener amigos, no hará falta que se compren el libro, pero,  ¿y el resto?.. Bueno, yo lo compré hace ya mucho y no sé que decirles. Ahora voy a volver a releerlo, ando necesitado de amigos... 

Joaquín 




viernes, 6 de enero de 2017

Días infelices

                                                                                   


Decía Séneca que la mejor manera de vivir es hacerlo acorde con la naturaleza, aceptando sus designios. Es decir, afrontando impertérritos los avatares que el destino nos tiene reservados. Incluso, y sobre todo, la enfermedad y la muerte. Consideraba, también, nuestro filósofo de cabecera que la felicidad no hay que buscarla desesperadamente ni tomar atajos para llegar a ella.

El referente máximo de Séneca era la virtud. Él juzgaba que para ser feliz se requería básicamente: cariño a su familia, respeto a sus semejantes, equilibrio en los negocios y mesura en los vicios.

Por cierto, ¿influye el nivel de cultura del individuo en su felicidad? ¿Se es más feliz cuanto mayor grado de conocimientos se posea? ¿Justo lo contrario? Digo yo que cuanto más implicados estemos en las circunstancias y avatares mundanos que nos rodean y más amplio sea este círculo, mayor volumen de preocupación y de insatisfacción tendremos, lo que conlleva más motivos para ser infelices. Decía también Goethe, que la felicidad es cosa de plebeyos.

En resumidas cuentas, para muchos, ¿mientras más memos seamos más posibilidades tendremos de ser, bobaliconamente, felices? Por ahí van los tiros..

Joaquín




miércoles, 4 de enero de 2017

Comenzaba a olvidarla, pero me sonrió, y lo echó todo a perder



Cuando la otra tarde me encontré con mi amigo no parecía el mismo; un brillo especial iluminaban sus ojos. Me llamó la atención, pues suele ser un tipo más bien retraído. Por ir yo acompañado no se atrevió a adelantarme ninguna confidencia, pero me dio a entender (lo conocía bien) que tenía algo importante que contarme. Apenas pudo contener sus ganas de soltar prenda, pero aguantó, el tío. Quedamos en llamarnos por teléfono. 

He de deciros que hasta que me casé, mi amigo y yo fuimos inseparables. Él padeció un desamor que había destrozado sentimentalmente. Nos costó dios y ayuda sacarlo de aquel marasmo.. Desde entonces no había vuelto a enamorarse y andaba por ahí, con unos amigotes de flor en flor. Esa misma tarde, al poco de llegar a mi casa, recibí un wasap suyo en mi teléfono con la siguiente nota:

"Hola Joaquín, ayer me envió un correo Pepi y estoy que no vivo. No sé a quién contárselo ni qué tengo que hacer. Por favor, quedamos esta noche en la cafetería y te cuento. Te adelanto que he decidido volver con ella. Ya sabes que la tengo muy metida en mis entrañas. La he redactado un mensaje. Te envío copia para ver qué piensas tú. No hace falta decirte lo importante que tu opinión es para mí. Un abrazo"

Ni que decir tiene, abrí el archivo adjunto y leí el contenido. No me extrañó. Le dice que la perdona, que la necesita y le promete hacerla feliz.. Por la noche me reuní con él en la cafetería. Por supuesto me alegré que le dé otra oportunidad pues, a pesar de que Pepi le puso los cuernos, será siempre su gran amor. Brindamos por él y por ella hasta altas horas de la madrugada. Estaba exultante. Ya os contaré como va la cosa..

Es una historia real..

Joaquín









lunes, 2 de enero de 2017

Sobre la estupidez






Solo hay dos cosas infinitas; el universo y la estupidez humana, y no estoy seguro sobre el universo.
Albert Einstein


Imagino que nadie esperará de sus congéneres los humanos llegar algún día a la perfección absoluta en cuanto a sociabilidad, integridad o dignidad como personas... Yo desde luego no lo espero.
Supongo que todo el mundo será consciente de que a las personas, a pesar de los avances evolutivos de nuestra especie, aun nos quede un largo recorrido para alcanzar, no ya la excelencia, sino un grado importante de progreso como individuos especiales y exclusivos en el universo.
Tenía serias dudas sobre qué divagar ése día. Apenas había asuntos patrios significativos que mereciera la pena dedicarle unas horas, pero una vez más los incorregibles seres humanos con la realidad de nuestros actos superamos con creces la mas espantosa de la ficción y me vi obligado por las circunstancias a comentar algunas de las numerosas torpezas que cometemos los que pasamos por ser: la especie elegida. Vinieron estas insinuaciones a cuento del último atentado en una sala de fiestas de Estambúl, la Navidad del 2016, va hacer ahora aun año.
Hablaba sobre la estupidez porque, aun después de todo lo vivido por la humanidad y con la dilatada historia de conflictos terribles que llevamos a nuestras espaldas, todavía persistamos en amargarnos la existencia nosotros mismos.
Si cualquier pretexto para hacernos el mal de manera cruenta es estúpido, sea éste por drogas, nacionalismos o dinero y poder, lo es aún más, desconcertante incluso, los de tema religioso. Creo que todas las explicaciones sobre la inutilidad de estos fanatismos están ya dadas y no me apetece incidir en el desánimo que se abate sobre los mas civilizados por la supina ignorancia de estos individuos. Volvimos a lamentarlo este año en Londres o Barcelona.
Estambúl es una bonita y enorme ciudad de Turquía. Es la urbe más grande y poblada de éste país, aunque no es su capital. Quizás esté ya habitada por la considerable cifra de más de once millones de habitantes (tres veces más que Madrid)
La antigua Bizancio de los griegos, se convirtió después en la Constantinopla de los romanos por capricho el emperador, Constantino, el Grande, que la hizo capital del imperio en detrimento de Roma. Al estar situada en el lugar más privilegiado del Mediterráneo, justo en la estrecha puerta de entrada al mar Negro y perfectamente defendible entonces (sus murallas nunca fueron violentadas, a pesar del los numerosos asedios a la que fue sometida) prosperó rápidamente. Los turcos, ya islamizados, la tomaron en el año 1456 de nuestra era. Episodio por cierto, que supuso un mazazo enorme para la cristiandad. Esa fecha marca también el inicio de la Edad Moderna.
Turquía tuvo una época, con los sultanes, (el más conocido de ellos, Solimán el Magnífico) que fue una potencia militar y conquistadora; hablamos de los siglos XVII y hasta la  Primera Guerra Mundial. A punto estuvieron de conquistar Viena, el corazón de Europa. Después vino a menos y se llegó incluso a llamarla: Gigante con pies de barro, o el enfermo de Europa. En ésta guerra, sin duda fueron de los perdedores.
Kemal Ataturk (el apellido significa padre de los turcos) un impetuoso militar devolvió el prestigio a Turquía y al acabar la guerra hizo de ella un estado laico; algo increíble en un país musulmán. Prohibió el velo a las mujeres, retiró del estado todo signo de religiosidad y puso al ejército como garante de estas medidas. Así ha aguantado hasta ahora en el que el presidente actual, Erdogan, está dando pasos firmes hacia una islamización más severa.
Turquía, con casi setenta y cinco millones de habitantes está situada en una zona estratégica pero complicada. En la parte más oriental del país habitan los kurdos, de etnia diferente a los turcos aunque de igual religión. Estos quieren sin demora un estado propio, al igual que los vascos y catalanes nuestros. Y es que también están repartidos por varios países como: Siria, Iraq e Irán. Son el pueblo más grande y numeroso del mundo sin estado, casi cincuenta millones. Son palabras mayores, en comparación, los nuestros son cuatro gatos pedigüeños.
Los turcos con sus vecinos se llevan bastante mal. Con Siria a matar con el gobierno de Bashar Al-Asar. Éste es de la rama Chií y los turcos son de mayoría Suní. Con Iraq e Irán, ídem de lo mismo. Si miran hacia Europa, tampoco está la cosa a partir un piñón. Con los griegos mantienen una disputa feroz por la isla de Chipre (mitad griega y mitad turca) y en la Unión Europea, quieren entrar en ella con todos los derechos, pero ésta se resiste alegando motivos democráticos y de derechos humanos.
El sangriento atentado del año pasado lo cometió un tipo del llamado, Estado Islámico, pero otros los han perpetrado los kurdos, así que un futuro nada claro para la primera potencia de la zona. El terrorismo es un obstáculo demasiado grande, de momento, que amenaza el incipiente turismo de Estambúl. Y es una pena porque es una ciudad esplendorosa.
Dicho queda.
                                        Joaquín Yerga
                                              18/11/2017


domingo, 1 de enero de 2017

Dos horas para soñar







El cine no es un trozo de vida, sino un pedazo de pastel.
--Alfred Hitchcock--

Lo bueno del cine es que durante dos horas los problemas son de otros”. Extraña manera esta de definir lo que es el cine, según Pedro Ruiz. Pero no va muy mal descaminado este catalán ocurrente y no demasiado alto.
Alguien dijo también que el cine es una fábrica de sueños. He de confesarles que para mí la mejor. Si alguien pidiese mi opinión, yo pondría a ésta disciplina entre los inventos más sobresalientes jamás creado por el hombre. Si hoy tuviésemos que vivir sin él, después de haberlo saboreado, la vida se nos pondría muy cuesta arriba.
¿Quién ante cualquier acontecimiento personal suyo surgido en un momento dado no se ha visto reflejado en alguna película? Pocos podrán negar que durante un momento triste de algún penoso día de su existencia no se hayan sentido reconfortadas ante las escenas conmovedoras de, por ejemplo Qué bello es vivir, de Frank Capra.
El cine se hizo industria durante la Gran Depresión de 1929 por la gran demanda de sueños y quimeras que exigía el pueblo llano ante la falta de bienes y sustento. Los cines se llenaban de gente que mitigaban su desesperanza comiendo palomitas y engañándose así mismas durante una hora y media. Olvidaban, de paso, su oscuro presente. Ellas suspirando y compartiendo los anhelos de Escarlata O´hara en Lo que el viento se llevóY ellos sintiéndose cómplices imaginarios del héroe de la honestidad y aplomo varonil que encarnó a la perfección Rick (Humphrey Bogart) en Casablanca.
Los norteamericanos han sabido sacarle buena tajada a esta industria y han saneado una historia propia no tan prolífica ni tan amable como nos la han querido mostrar. Los dueños de las grandes corporaciones cinematográficas: Metro, Wagner, Paramount, Universal etc. con ayuda de las autoridades del momento han conseguido que cualquier ciudadano de cualquier país conozcamos al dedillo su exiguo pasado.
Miren si son listos estos yanquis que han logrado que personajes ficticios o reales con tan poca entidad como: Búfalo Bill, Al Capone o Billy el Niño, sean súper conocidos por todo el mundo, a pesar de tratarse de seres insignificantes en la historia real. También épocas o situaciones nos son tan familiares que parecieran hechos trascendentales en el devenir de la humanidad; la historia del oeste americano es un buen ejemplo de ello.
Para dar a conocer al mundo su facilona y oportunista colonización del oeste han materializado la mini-hazaña en ingente cantidad de películas del llamado, Western, que se han rodado: Solo ante el peligro La Diligencia son joyas que nadie debiera perderse. También para mostrarnos la complicada vida urbana de sus enormes y recién creadas ciudades se rodaron muchas de las películas del denominado, Cine Negro… La Jungla de asfalto El Halcón maltés, son dos filmes esenciales. 
Es obvio que Hollywood a tratado todos los temas habidos y por haber. Sin ir mas lejos ¿Qué me dicen del asunto religioso?. Ha hecho más el cine para el conocimiento de la biblia, con películas como…Los diez mandamientos, Ben Hur , Quó Vadis, que siglos de catecismos o misas. Estarán de acuerdo conmigo que gracias al celuloide le hemos puesto rostro y aspecto a: Moisés o a San Pablo, protagonistas de esas películas tan imprescindibles, y que volvemos, por cierto, a visualizar una y otra vez cada Semana Santa. Incluso a Barrabás, o al propio Jesucristo en otras muchas, del tipo… La pasión de Cristo La túnica sagrada.
Es evidente que para una mayoría de personas de casi todo el mundo el cine es un asunto fundamental. No se discute ni se rivaliza como en los deportes, pero forma parte de nuestras vidas. 
Una buena película puede tener la capacidad de alterar nuestra sensibilidad, permitiéndonos, incluso, salir de la sala empatizando con las desgracias ajenas Fuga de Alcatraz.. O  tristes y con los ojos hinchados, después de una llorera emotiva con La leyenda del indomable. Pero también eufóricos y felices con El golpe,  ¡y cómo no!, románticos y con ganas de besar a todo el mundo a la salida de Vacaciones en Roma  o  Grease… Sin embargo después de ver Esplendor en la hierba Memorias de África, acabamos con un regusto amargo difícil de digerir. Todo esto demuestra a la perfección el poder y magnetismo del cinematógrafo.
¿Quién no ha derramado alguna lágrima al terminar de ver Titanic?. ¿O maldiciendo a los nazis con La lista de Schindler? También desconsolados al finalizar La vida es Bella  Gran Torino.  Y no digamos melancólicos después de contemplar Los puentes de Madison cuando Robert Kincaid (Clint Eastwood) espera la decisión de su amada Francesca (Meryl Streep) bajo la persistente lluvia de Iowa.
Sabemos que la mayoría de las películas son versiones cinematográficas de libros anteriormente escritos, pero es evidente que estas historias han calado más en el imaginario y corazones de la gente en este tipo de formato, es decir, el cine. 
A mi sí me formularan la inevitable pregunta sobre.. ¿Qué tres cosas te llevarías a una isla desierta?. No dudaría ni un instante… Una colección de libros, otra de cintas en donde no faltaran El padrino, Casablanca Encadenados, y la tercera.., ummm, me la reservo para otro artículo.
                                      Joaquín