Decía Woody Allen que le gustaría reencarnarse en los dedos de la mano del actor Warren Beauty (por las pieles femeninas que ha tocado, el menda, a lo largo de su vida). A mi, sin embargo, no me importaría volver a nacer, pero como Gary Cooper..
Gary Cooper era el tipo ideal, el hombre diez, bello como un dios pagano. Medía, el pavo, 1,90 metros, esbelto y parsimonioso, y con una elegancia nunca premeditada, casi como de héroe a la fuerza.. La sonrisa de este tipo diez era de mandíbula apretada y hoyuelos pícaros que iluminaban su rostro y esmaltaba de jovialidad sus azulísimos ojos. Sonreirá socarronamente, dejando escapar la hilaridad por una sola comisura, como si el pudor le impidiera asomar la exacta arquitectura de sus dientes.. Y era a la vez rudo y caballeresco, aristocrático y viril..
Así que, considerando el número de mujeres que lo conocieron, lo amaron, se acostaron con él y nunca lo olvidaron, podríamos arriesgarnos a decir que, no Brad Pitt ni George Clooney, ni nuestro Antonio Banderas, sino Gary Cooper, el famoso y guapete actor de Hollywood, fue ése ansiado “hombre perfecto”.. El tío tenía todo
Y lo siento por las más melindrosas, pero atendiendo a la parte morbosa de la vida de Gary Cooper, diré que sólo se casó una vez, pero se le cuentan cientos, sí, cientos de amantes, la mayoría de ellas de sólo una o dos noches.. todas querían acostarse con él; esto lo dijo la mismísima Ingrid Bergman..
Por cierto, encima se rumoreaba (según sus compañeras de profesión, que algo sabían del asunto) de los enormes atributos sexuales del mocito. ¡Claro, viniendo así de fábrica!.. con buena picha bien se jode, que decíamos en mi pueblo para los suertudos.. 😏😏 😏


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