lunes, 23 de marzo de 2020

Cosas del corazón




¡Señor! ¡Ya me he cansado de viajar!

¡Ya siento nostalgia, ya ansío descansar muy junto

de los míos!.. Todos rodearan mi asiento

para que les diga mis penas y mis triunfos;

y yo, a la manera del que recorriera

un álbum de cromos, contaré con gusto

las mil y una noche de mis aventuras

y acabaré en esta frase de infortunio:

¡He vivido poco! ¡Me he cansado mucho!

--J. Santos Chocano-- 



El tipo que más trabajó e investigó en todo lo relacionado con la presión de la sangre fue un tal Stephen Hales, un cura anglicano inglés. 

Stephen realizaba las pruebas con caballos viejos. Los inmovilizaba y unía un tubo de vidrio de casi tres metros de largo a la arteria carótida del animal mediante una cánula de cartón. Luego le rajaba la arteria y media la altura que alcanzaba el chorro de sangre en el tubo con cada latido del caballo moribundo

Llegó a sacrificar, Stephen tal número de animales, que tuvieron que llamarle la atención. Aunque luego fue galardonado por la ciencia..

Por cierto, antiguamente se creía que tener la presión sanguínea muy alta significaba un vigoroso flujo sanguíneo. Evidentemente estaban muy equivocados.

Joaquín


sábado, 21 de marzo de 2020

Historia de una ingratitud..




No pudo ser..
Tú que merecías la dorada vejez prometida
por tanto sudor derramado.
Tú que llegaste a la vida en un páramo sediento
y nos dejas ahora un vergel opulento,
qué mal salario te dimos, qué poco caso te hicimos.
Descansa en paz amigo, y perdona nuestra ingratitud.
Ojalá la tierra que te cobije ampare tus méritos.
Tus hijos, incomprensiblemente, te olvidaron..
--Joaquín--

Amigo, no sé cómo te llamas ni sé quién fuiste. Tampoco sé que hiciste, ni tu oficio ni aficiones. ¿Y sabes una cosa? No me importa. Sólo sé que eres un anciano solo y triste: tus arrugas te delatan, tu amargura nos acusa, tu soledad me conmueve..
No, a mi no me importa si fuiste generoso o vanidoso, si eras del Real o del Betis; si a un Don Juan imitabas o no te comiste una rosca en cuanto a amores; te repito, no me importa. Apenas me interesa si la casa es tuya o vives de alquiler, si tienes muchos ahorros en el banco o estás tieso como la mojama y no llegas a fin de mes. Posiblemente esto último sea lo más acertado de lo contrario algunos te rondarían como abejas a la miel, y no veo que vayan por ahí los tiros, precisamente..
Si, sólo sé que ya no puedes con tu alma, que no existes para la gente, que estás viejo y achacoso y nadie te hace maldito caso. Hace años que rebasaste los setenta y cinco, y unos cuantos ya que ella se fue, que te falta, pero que no la puedes olvidar ni un instante ¡Cuántas miradas, ya sin lágrimas en los ojos, a su foto en la mesilla..
¿Recuerdas? Se fue sin avisar, sin decirte cómo vivir.., sin darte siquiera las mínimas instrucciones para seguir.. Tú ni te imaginabas lo que te esperaba. Si ella te viera ahora tan triste, tan desmejorado, tan desaliñado, ¡según eras! Volvería a morirse del disgusto, y de pena..
Dime, ¿cuántas veces has pensado que no merece la pena seguir? Por que sé que aguantaste mientras tus fuerzas te permitían cuidarte, aún echándola de menos. Pero ahora ya no tienes energía ni ganas. Hace tiempo que le pides a Dios que te lleve con ella. No te lo reprocho apenas tienes otra cosa que hacer ni que pensar en este mundo..
Cuéntame: ¿Qué tiempo hace que no entra nadie en tu casa? ¿Quién fue la ultima visita? Ya ni te acuerdas. Quizás aquella vecina de toda la vida antes de que los hijos la llevaran al asilo. Sí, tal vez fuera ella...
Por cierto, ¿qué fue de tus hijos? Acuérdate que tienes dos. Tu pequeña Marí, casada con ese ingeniero y que ahora viven en el Canadá, y un nieto suyo de cuatro años y que aun no conoces, ni crees conocerás jamás. Y luego está Miguel, tu hijo mayor, el que vive en La Coruña, y al que hace ya cinco años que no ves. ¡Sí, lo sé, hace tiempo que estáis enfadados por cabezonerías!. Desde que se fue ella todo ha sido un desastre; te están haciendo pagar muy caro tu osadía de tener vida propia, pero..
Te repito, a mí no me importa tu pasado. Sólo sé que eres muy viejo que estás solo y cansado, y que te ahogas de melancolía.. La soledad está acabando contigo, compañero. Poco a poco te estás quedando en nada; esto se acaba... Mucho me temo, amigo, que serás uno más en lista de ancianos que mueren solos en su casas, abandonados. O quizás ese maldito virus que os ronda con mala uva termine por hacerte el favor que no te hace el destino.
Y cuando encuentren tu cuerpo, inerte, avisado tal vez por el nauseabundo olor que desprendas después de mucho tiempo, quizás algún vecino te recuerde y diga: 
--¡Ah, si, ése viejo huraño que siempre iba solo!.. 
Y posiblemente ni una reseña, ni una mísera nota aparecerá mañana en la prensa de tu triste muerte. Bueno, si, tal vez incrementes la enorme lista de viejos fallecidos por el virus en nuestros país.. Pero eso ya ni te importa..
Joaquín



Cuando vuelvan las golondrinas..




Amiga...
Yo contemplé campos abiertos.
Y admiré cielos inmensamente azules.
Y oí algarabía de niños en calles remotas.
Y hasta un sinfín de viejos vi, creo recordar,
posando sus doradas senectudes 
en los bancos del parque.
Si, créetelo, yo paseé por avenidas infinitas 
a la luz de la luna.
Incluso hice el amor a la orilla del mar..
¡O quizás lo soñé!..
--Joaquín--


Leí hace un par de días, no sé dónde, que podía uno mismo hacerse un test en casa para saber si estamos infectados por el coronavirus. Lo más efectivo para saberlo es lo que ya aconsejan los médicos, es decir, sufrir dolor de garganta, fiebre alta y sensación de ahogo. Aunque esto último debe ser cuando la cosa está ya avanzada. Bien, pues el test, del que advierto es como el remedio de la abuela, o sea que tampoco hay que hacerle mucho caso, consiste en coger aire abundante en el pecho, y si aguantamos más de veinte segundos sin respirar y sin sufrir ahogos insoportables es que, de momento, no tenemos afectados los pulmones; que como saben es donde primero ataca el virus.. No sé. Yo no me fío mucho de esto, pero el caso es que no paro de hacerlo. Debe ser la paranoia que tiene uno ya después de tantos días encerrado en casa.
Pero ya que estamos con los pulmones, que se han convertido, por cierto, en el órgano a batir por estos bichitos enanos, ¿Sabían que son un complejo de mucosas, fibras y tejidos que tiene unos 2 metros cuadrados de piel y 2.400 kilómetros de vías respiratorias? Otra cosa es que estén comprimidos en la caja torácica y parezcan más pequeños. En total, los pulmones de un adulto medio pesan 1,1 kilos, y ocupan mucho más espacio en nuestro pecho de lo que creemos.
Apuesto que tampoco han pensado que inspiramos y espiramos unas 20.000 veces al cabo del día; dormidos y despiertos, claro. Y ay de nosotros cuando no lo hagamos; mal asunto. Si contáramos lo de un año entero habremos respirado unas 7,5 millones de veces y filtrado 550 millones de litros de aire; ahí es nada.. 
Y miren qué cosa: dicen que un tipo que viva en una ciudad más o menos grande puede inhalar cada día 20.000 millones de partículas extrañas: polvo, humos de los coches, polen etcétera. Gran parte de ese material puede enfermarnos gravemente, pero por regla general no lo hace porque nuestro cuerpo es experto en desafiar a los intrusos. (hasta que llegó el coronavirus).. La mejor arma para eso es el estornudo, y si alguna espora se cuela queda atrapada en la mucosidad que recubre las fosas nasales o bloqueada por los bronquios..
A los humanos se nos da bastante mal contener la respiración; nos cuesta mucho. Nuestros pulmones pueden contener unos 6 litros de aire, pero sólo inspiramos cada vez que lo hacemos medio litro, lo que deja bastante margen de mejora. El récord de tiempo sin respirar lo tiene, curiosamente, un español, el catalán Alex Segura. Aguanta el tío 24 minutos. Batió la marca en 2016, en una piscina de Barcelona. Cuesta creer esa cantidad de tiempo sin respirar, es verdad. Sobre todo teniendo en cuenta que un tipo medio lo hace solo un minuto, no más. El truco está en que el récord lo batió respirando antes oxigeno puro y permaneciendo completamente inmóvil bajo el agua para no gastar energía.. No sé vosotros; hagan la prueba del test y saldrán de dudas. Yo aguanto poco más de un minuto, hasta hoy..
Y una cosa curiosa para terminar, ¿saben por qué nos sentimos tan incómodos al aguantar la respiración mucho tiempo? Pues aun que cueste creerlo no es la falta de oxigeno lo que nos agobia, sino la acumulación de dióxido de carbono. Enseguida damos un resoplido; el cuerpo aborrece tanto del CO2 que necesita expulsarlo ante de inhalar aire nuevo.. En fin..
Joaquín



viernes, 20 de marzo de 2020

Daños colaterales..



Amiga..
Comprendo tu amargura.
Pero deberías quejarte menos de tu suerte.
Tuviste oportunidades y no escogiste precisamente la mejor.
Así es la vida.
Puedes alegar que eras muy joven, que no sabías.
Eso es verdad.
Pero eso no te exime del duro precio a pagar.
Yo ya aboné el mio por tu desidia. Y fue caro, te lo aseguro..
--Joaquín--


Siendo la parte menos dolorosa de todo este maldito asunto, estoy seguro que, al igual que yo, ya han pensado en la cantidad de cosas que nos estamos perdiendo con el confinamiento casero. Me estaba acordando, ya que ayer fue el Día del Padre, de la enorme cantidad de festejos que NO vamos a catar este año. Sin ir más lejos, los cumpleaños, las onomásticas o los aniversarios, sin contar las fiestas generales como la Semana Santa. Porque tres semanas (que es lo que apunta la reclusión) dan para mucho..
Yo, por ejemplo, ya doy por perdido unos cuantos cumpleaños familiares y algún aniversario que otro. Claro, que también tiene algunas cosas buenas, como el no tener que rascarse el bolsillo para los regalos; ahora que las faltriqueras se van a quedar en los huesos. ¡Y pensar que un día como el de ayer de cualquier otro año estarían los restaurantes llenos a rebosar de familias enteras celebrando lo del padre, o las tiendas haciendo su agosto con los regalos!. En fin, ahora nos damos cuenta de cuán frágiles somos y de las cosas que verdaderamente importan de verdad. Quizás todo esto nos sirva para suavizar un poco soberbias y sacar mejor provecho de la vida.
Pero una cosa está clara, unos países con más acierto en la lucha contra esta lacra, como Corea o China y otros con menos, como Italia y España, el asunto es que todo el mundo está pringado en esto, y es la primera vez que ocurre en la historia del planeta. Lo que nos esta pasando lo podíamos catalogar como la Primera Pandemia Mundial. Es como la Primera Guerra Mundial, pero sin armas, sin bandos, con mascarilla y con un único y potente enemigo, el coronavirus, desplegado, por cierto, en múltiples divisiones aéreas y terrestres..
Ganaremos al virus porque hemos prosperado mucho y tenemos a miles de científicos del mundo entero dedicados en cuerpo y alma a combatirlo, pero va a dejar secuelas. Una buena: una complicidad inédita y necesaria entre todos los habitantes de este dolido mundo perjudicados por un mismo feroz enemigo. Y otra mala: un montón de muertos y una fragilidad manifiesta e inesperada de unos individuos que ya nos creíamos infalibles.
Y miren cómo en un santiamén cambia nuestro orden de prioridades. A medida que la cosa se va poniendo fea perdemos interés por cosas que antes nos parecían imprescindibles, por ejemplo el fútbol, la política, los hobbies y hasta el dinero. Sí, hasta el dinero. Apuesto que muchos hemos perdido alguno con el pepinazo de la bolsa. Bien, pues cualquier contratiempo en estas cosas por separado nos hubiera supuesto un gran disgusto hace una semana; sin embargo estos días ni nos importa. Sólo la salud y el bienestar de los nuestros merece nuestra exclusiva atención.. 
Lo dicho, esto es como una guerra total, un sálvese quién pueda y nada más; sólo cuenta sobrevivir.. Ya vendrá tiempos mejores..
Joaquín

miércoles, 18 de marzo de 2020

Miedo a salir a la calle

                                                                                   


25 de Marzo de 2020 (diez días después del confinamiento)

Grandes nubarrones cubrían el cielo cuando muy de mañana subí la persiana de mi ventana. Incluso una fina y pertinaz lluvia vi caer.  Mal presagio para dar el paso que tenía que dar. Mi ánimo decayó por momentos..

Un rato más tarde volví a asomarme a la ventana y comprobé, estupefacto, que por la calle desierta nadie transitaba por las aceras. Quizás algún automóvil esquivo y madrugador quebraba con su rugido mecánico el silencio fúnebre de la ciudad, y nada más, pero.. ¡¡no podía demorarlo por más tiempo!!—pensé—lo que tenía que hacer debía hacerlo sin más dilación.

Me vestí y me dispuse a salir. Cogí los guantes de látex que ya tenia preparado en la mesita de entrada, me tapé la boca con una mascarilla que había afanado cuando lo de la crisis del ébola, abrí la puerta de mi casa y salir al exterior ¡¡con dos cojones!!..

Con mucho cuidado, temiendo encontrar algún vecino inoportuno, bajé las escaleras del edificio y salí a la calle; el impacto fue brutal. Ni un alma en las aceras, ni un coche circulaba por la calzada; un silencio sepulcral envolvía la antaño ajetreada calle. Sólo al llegar a la puerta del garaje contemplé, sorprendido, a un solitario transeúnte bien pertrechado con guantes, mascarilla y gorro de plástico que me miraba, supongo que con compasión, por mi atrevimiento..

Saqué el coche con sumo cuidado para no tocar ningún pestillo de la puerta y al poco rato ya estaba aparcando en la explanada del Carrefour.. Os aseguro que hacer la compra en plena histeria por lo del coronavirus es demencial. Fijaos:

La gente transita por las orillas de los pasillos del hipermercado mirándote con mala leche, por si te arrimas más de la cuenta. La paranoia llega a un punto tal que, mientras estás cogiendo unas latas en conserva de su estante no entra nadie en ese pasillo hasta que tu no salgas. La escena es de pánico nuclear, créanme, jamás había visto tal diversidad de mascarillas, estrafalarias y de todos los colores. Hasta alguno menos previsor vi sudando la gota gorda por taparse cara y cabeza con bufanda de lana..

Harto de recorrer pasillos intentando no tropezar con nadie, me sorprendió ver a un valiente sin mascarilla ¡Aleluya!.. Lo miré con admiración y me envalentoné. ¡Yo no voy a ser menos!—exclamé para mis adentros—saqué pecho y llené el carro hasta arriba (incluido un par de paquetes de papel higiénico) para no volver en cuatro días, como poco.

Joaquín 

P. D. Así tal cual lo escribí en este blog, hace seis años, el 25 de marzo de 2020






martes, 17 de marzo de 2020

Desde mi trinchera..




Amiga..
Lo que es la vida; tú y yo que nos quisimos tanto,
disimulamos ahora en secreto nuestro pasado.
Nosotros, tan prudentes delante de la gente,
fuimos volcanes en erupción en otro tiempo.
¡Ay, si supieran las veces que amaneciste 
en mis brazos!
¡Si entendieran la necesidad que tenía 
de tus besos!
Pero aparentemos discreción. Qué saben ellos..
.. Joaquín--

Como suele pasar siempre (aunque ahora con fundadas razones) los españoles nos hemos convertido de la noche a la mañana en expertos virólogos. Ya todos lo sabemos todo de los dichosos bichitos estos. ¡Ojo, que a nadie se le ocurra dar algún consejo al vecino o pariente porque enseguida nos replicarían ellos con otro más reciente!..
Lo último que sabemos es que la cosa va más (pero a lo bestia) como ya pronosticaban algunos expertos. Esto es muy infeccioso y hagamos lo que hagamos lo pillamos. Decía el Premio Novel de Medicina Peter Medawar, que un virus es “una mala noticia envuelta en proteína”. Pero aunque no lo crean no todos los virus son tan dañinos como este tipejo enano que entró sin papeles en Europa y al que llamamos coronavirus; los hay más inofensivos..
Ahora que estamos infectados de aburrimiento, además de insalubridad, supongo que no pocos miramos e indagamos en las historias de estos bichos; más que nada por rabiosa actualidad y como medio de saber para curar y prevenir. Y miren lo he leído hoy, que tengo tiempo y ganas..
Los virus resultan un tanto extraños: no están del todo vivos pero tampoco están muertos. Fuera de las células vivas de nuestro cuerpo son simples objetos inertes. No comen, ni respiran, ni hacen prácticamente otra cosa. No tienen medio de locomoción. Para desplazarse no se propulsan por su cuenta: hacen autoestop. ¡Si, como lo oyen! Tenemos que pasar nosotros a recogerlos de las manijas de puertas, apretones de manos, o arrastrarlos a nuestro interior con el aire que respiramos. La mayor parte del tiempo están tan inertes como una mota de polvo. ¡Pero miren qué tíos! Métanlos en una célula viva y los verán florecer de manera exuberante y reproduciéndose tan furiosamente como si no hubiera un mañana!.
Los virus son pequeños pero matones. El virus del herpes, por ejemplo, infecta a todo bicho viviente, incluidas las ostras; lleva viviendo entre nosotros cientos de millones de años. Y fíjense si son renacuajos que si infláramos uno hasta el tamaño de una pelota de tenis, un ser humano a su misma escala debería ser de alto 800 kilómetros. De todas maneras, de los cientos de miles de clases diferentes de virus que existen, según estimaciones, sólo se conocen 580 especies que infectan a los mamíferos y de ellos saltan a los humanos unos 260, entre ellos el temido coronavirus de marras que lo hizo allá en la Cochinchina..
Uno de los virus más extraños es el del resfriado, pero parece ser que en esta leve enfermedad intervienen varios virus, entre ellos los famosos rinuvirus. Por cierto, si bien es verdad que se sufre más en invierno, esto seria sólo porque en esta época permanecemos más tiempo en lugares cerrados y estamos más expuestos a fugas y exhalaciones microbianas, no por otra cosa..
Y vean si son contagiosos los virus (por el tacto más que por otra cosa) que una vez hicieron una prueba en Inglaterra. --Esparcieron un poco de mocos infectados con virus en el pomo de la puerta de entrada a un edificio, y en cuatro horas aparecían ya en todas las puertas, manillas, escaleras e interior de los domicilios de todo el bloque--. Y es que los humanos nos tocamos la cara y la boca unas catorce veces cada hora. Ahora lo estamos comprobando con el coronabicho este..
En fin, paciencia, y aunque ya sabemos que mal de muchos no es consuelo de pocos, debemos ser conscientes de que igual que nosotros está medio mundo.. Y lo que te rondaré, morena..
Joaquín

lunes, 16 de marzo de 2020

Tercer día de arresto domiciliario




Y es que tu boca alegre me inspira un beso triste,

y en tus ojos cercanos veo un mirar ausente,

porque sé que algún día, lo mismo que viniste,

te me irás de los brazos, inesperadamente...

--J. A. Buesa--


Os digo una cosa: más de dos veces lo he pensado durante los tres días que llevo de arresto domiciliario, sobre todo al despertar: "¿No habré soñado y realmente si puedo ponerme los pantalones, calzarme mis zapatos e ir a por churros al bar de la esquina, como suelo hacer habitualmente?". 
Pero luego recapacito y me digo: 
"Pues no, Joaquín, no sueñas; anda levántate, lávate la cara sin mucho entusiasmo, puesto que pocos te van a ver, desayuna un par de tostadas y disponte a pasar otro día más entre estas cuatro paredes de tu casa".. Y entonces comprendo mi terrible realidad, que es la misma que la de cuarenta y siete millones de españoles..

Tres días, tres, llevo recluido, y de momento me voy apañando con algún trabajillo casero atrasado, unos cuantos paseos por el raquítico pasillo de la casa y la visualización de los cientos de memes que mandan los grupos del wassap; porque una cosa es cierta, las desgracias alimentan el ingenio de algunos que da gusto. 

Esta crisis del covid-19; éste acojone que tenemos todos, éste sin vivir de noticias constantes (a cual peor) con el número de infectados y de muertos, y éste cambio brusco de vida que estamos padeciendo los españoles, nos va a marcar de por vida. 

Lo bueno de esta desgraciada pandemia (por sacar algo positivo) es la sensación que tenemos de complicidad; de confraternidad en las desgracias y que une a todo el país. Hacen falta grandes calamidades o grandes satisfacciones deportivas para que sintamos de verdad que todos pertenecemos a la misma nación; una nación que a veces sorprende por lo grandiosa y otras decepciona por sus miserias..

Pero una cosa si está clara, estos días van a ser días de récords absolutos. Por ejemplo de polución; nunca han estado las ciudades más saludables que ahora; los accidentes de trafico y atropellos también se han reducido a la nada, las calles no conocerán ya más tanta limpieza y tanto vacío, y el consumo de enjuagues bucales bajará a su máxima expresión. Tened en cuenta que con el metro y medio de separación entre personas nadie va a percibir la halitosis de nadie.

Por el contrario, cuando acabe todo esto los abogados matrimonialistas se pondrán las botas con los divorcios, los psicólogos tendrán trabajo extra por el aumento de las depresiones y desvaríos, y los empleados del Inem, harán horas extras para gestionar a tanto parado. 

En fin, tiempo habrá de ir contando novedades; esto es lo que más nos va a sobrar, tiempo...

Joaquín





domingo, 15 de marzo de 2020

Impresiones desde la cárcel de mi casa..




Amiga...
Ahora que el tiempo ha pasado
y ya casi nos hemos olvidado,
no sabes cuánto me gustaría verte
de nuevo y hablar de aquello.
Daría cualquier cosa por tenerte
frente a frente, y que me contaras.
Fueran las que fueran tus razones
prometería entenderte.
Estoy seguro que por fin se aquietaría
mi alma con lo que me dijeras.
--Joaquín--


Para que vean que la historia se repite una y otra vez. Porque no crean que este confinamiento casero al que el dichoso coronavirus chino nos tiene sometido es nuevo; ni mucho menos; ya con otros microbios, virus y bacterias a lo largo del pasado ha sucedido. Una de las lecturas que nos muestra a la perfección que todo esto no es novedoso, es el famoso libro, el Decamerón.
El argumento del Decamerón es casi calcado a lo que está pasando estos días en España; la diferencia es el tipo de virus. Ahora es el chino, y el que cuenta el famoso libro era el de la peste negra o bubónica.
Al igual que ahora una plaga de peste procedente de China asolaba Europa. Los infectados se contaban por decenas de miles y los muertos igual porque apenas se libraba ni uno (debemos alegrarnos puesto que la mortandad del coronavirus nada tiene que ver con la de la peste aquella; ésta era infinitamente superior). Entonces (hablamos del siglo XIV) la epidemia de pestilencia, (nunca vista antes con esa virulencia) entró por Venecia y se extendió por Europa de manera fulminante; las ratas transportaban las miasmas de un lugar a otro.
Era 1348, y en Florencia.. La gente se infectaba de manera rápida y terrible. Los florentinos huían despavoridos de la ciudad quemando todo lo que encontraban a su paso para librarse de ella. Fue horrible, los muertos se hacinaban por las calles, nadie estaba libre de contaminarse.. En medio de esa Apocalipsis pestilenta un grupo de ciudadanos decidió refugiarse en una villa a las afueras de la ciudad para aislarse completamente del resto, hasta que pasara lo peor..
Si, siete mujeres, (amigas y conocidas) conversaban en la iglesia Santa Maria Novella sobre el riesgo de permanecer en la ciudad y acordaron irse juntas a una casa de campo en plena campiña florentina. Pero creyeron, y con razón, que mujeres solas no sería una buena idea, se exponían a cualquier cosa; así que le propusieron la idea a tres hombres conocidos de la ciudad que entraban en ese momento en el templo. Estos aceptaron enseguida y decidieron entre todos pasar los días de cuarentena en una villa de las afueras.
Como allí se aburrían soberanamente, decidieron contarse cuentos para mejor pasar el rato (Imagínense, sin tele, sin móviles y sin nada electrónico que le conectaran con el mundo). Tuvieron la curiosa idea de contar cada uno una historia cada día. Los temas serian diferentes y variados. Y hablaron del amor, del engaño, de erotismo, de tragedias, de la fortuna, de infidelidades, etc. etc.
Tres años después de la aventura, y pasada ya la peste, al escritor Giovanni Boccaccio se le ocurrió recopilar aquellos relatos en un solo libro y lo tituló, el Decamerón, (deca significa diez) por los diez días que permanecieron aquellos jóvenes en la casa. El libro está escrito en un precioso dialecto toscano y es una obra maestra de la literatura universal. Yo hace mucho tiempo que lo leí, (por lo erótico) era muy joven cuando lo hice y lo recomiendo. Son cien cuentos cortos; cien historias muy picaras llena de erotismo, burlas y bromas, que ahora, en estos días de tedio y preocupación por lo del coronavirus y recluidos en nuestras casas como ellos, viene que ni de perlas echarle un vistazo..
Joaquín



viernes, 13 de marzo de 2020

Del brazo de su enemigo..




Esta noche al oído me has dicho dos palabras
comunes. Dos palabras cansadas
de ser dichas. Palabras
que de viejas son nuevas.
Dos palabras tan dulces que la luna que andaba
filtrando entre las ramas
se detuvo en mi boca. Tan dulces dos palabras
que una hormiga pasea por mi cuello y no intento
moverme para echarla.
(Alfonsina Storni)


Nunca supo cómo sobrepasó sus férreos controles ni cómo llegó a poseerla sin su consentimiento. Recuerda vagamente que se abalanzó sobre su cuerpo desnudo en un momento de descuido y le inoculó su semen emponzoñado... Quedó exhausta, rendida, desconcertada, entregada; y una extraña sensación de dependencia, de sumisión hacia él se apoderó de su alma. Ya no fue la misma, ya no era ella; su sentir, sus razones, su existencia habían cambiado, ahora se debía a él, a sus caprichos, a sus manías... a su crueldad...
Esto de arriba es una recreación que me he inventado sobre cómo un virus ataca a una célula sana. Pero mucho me temo que con éste articulo piso terreno pantanoso pues no crean que entiendo mucho del tema. Lo que pasa es que acabo de leer un pequeño reportaje y lo tengo fresco en la cabeza. Mas si barruntan que va de tecnicismos se equivocan, es pura supervivencia.
Prometo serles breve y conciso, aunque les advierto que merece la pena echarle un vistazo, apuesto que salen fortalecidos. Y es que es un asunto de rabiosa actualidad con lo del coronavirus.. Claro que quizás me esté pasando de listo y ya lo conozcan mejor que yo.
¿Sabían que la palabra virus significa en latín nada menos que, veneno?. No desafinó mucho el que se lo puso, porque algunos virus son, sin duda, puro veneno para nuestra salud y vida.
Una de las conclusiones del reportaje es que estamos hoy, en relación con los virus, exactamente igual que estaban en el siglo XIX con las bacterias. Acuérdense, a finales del siglo pasado ya empezábamos a conocer a fondo las bacterias y sus consecuencias, y le pusimos remedio. Con tesón y trabajo y mucho estudio ideamos las vacunas y vencimos al tétanos, a la rabia, o a la temible tuberculosis que tantas vidas prematuras se llevó por delante.
Miren que cosas: A diferencia de las bacterias que se reproducen por sí solas, los virus, al carecer de una estructura nuclear similar a la de cualquier ser vivo, (son muy simples) necesitan de las células de otros para reproducirse. Pero curiosamente sí tienen código genético y un lugar para transportarlo, la cápside.
Lo que les voy a contar demuestra que no siempre los más grandes son los más fuertes. Fíjense con qué precisión trabajan los tíos. El proceso comienza cuando un virus entra en un ser vivo a través de sus líquidos humorales, como la sangre, esperma o saliva.. Una vez aquí elige las células para las que conoce el código de acceso, así por ejemplo el virus VIH elegirá las células del sistema defensivo o linfocitos, mientras que el de la hepatitis B irá directo a las células del hígado y se adhiere a su superficie por medio de los capsómetros. El temible coronavirus Covid-19 actual elije las células sanas del pulmón y las destruye; de ahí la posibilidad de una rápida neumonía.. No me negarán de su argucia...
Una vez que ha ocupado la célula le inyecta su alma nucleica y se hace con el mando. En éste periodo llamado de absorción el paciente no se entera aun. La pobre célula, desconcertada, deja a un lado las funciones para lo que existía y comienza a trabajar en la formación de nuevos virus; es el periodo de latencia o de incubación.... Y llega la fase de, maduración; el virus abandona la célula dejándola malherida y busca otra; el paciente está infectado, ya sufre...
¿Y de las defensas del cuerpo qué? Pues mientras se está produciendo la infección afluyen raudo millones de anticuerpos a rescatar la célula herida. Y vean qué portento de naturaleza tenemos; los anticuerpos que acuden a la llamada de la célula son específicos para combatir ése virus en concreto. Podemos tener más de un millón de anticuerpos diferentes. Y es que, parece ser, existe una memoria genética, un origen común de millones de años atrás entre las células y los virus.. ¡Qué cosa más extraordinaria!..
Si en ésa cruenta batalla entre los virus y nuestros anticuerpos ganasen estos últimos, ya nunca jamás el paciente volverá a padecer esa enfermedad. Recuerden aquella enfermera gallega que adquirió el virus del évola y que a punto estuvo de sucumbir, pues como lo superó, cosa muy poco habitual en ese tipo de virus, jamas volverá a tener évola. También, y esto nos ha pasado a todos, si hemos tenido sarampión o rubeola de niños nunca volveremos a padecerlos.
Sin embargo hay una excepción en todo esto, se trata de los virus del catarro y de la gripe, y ahora posiblemente del coronavirus, que repiten y repiten, pero tiene una explicación plausible, estos virus no son los mismos en cada proceso, por eso el cuerpo no los combate con vigor. Tan solo la vacuna es capaz de hacerle frente, aunque no con total eficacia, como sabemos..
De los virus, al no tener carga genética completa, los biólogos no los catalogan como a las bacterias o como cualquier ser vivo que si la tienen. Por eso la única forma de diferenciarlos es por su peligrosidad. Los hay altamente infecciosos como el mencionado évola o el coronavirus de marras; letales como el dengue o la fiebre amarilla; complicados como VIH o el herpes, o llevaderos como la gripe o el catarro.
De momento los virus representan, tras el descubrimiento de las vacunas para acabar con las bacterias, el mayor peligro biológico para la especie humana. Vamos camino de ganarles la batalla, pero el camino es largo y la paciencia poca...
Dicho queda...
Joaquín Yerga

¿Era esto el Apocalipsis?




Amiga..
Ahora que pasó el temporal de lo nuestro
y las aguas bajan ya calmadas,
me pregunto si quizás fuera mejor así.
Porque a ti te seducen las miradas indiscretas.
Y yo fui un iluso que pretendí que fueras
sólo para mi..
--Joaquín--


Es tan tremendo todo lo que está pasando con lo del coronavirus que va a marcar una época, se lo aseguro. Supongo que será (al menos para los españoles) como esas grandes catástrofes que nunca se olvidan. Habrá un antes y un después..
Dentro de unos años nos acordaremos de estos aciagos días igual que nos acordamos de los atentados del 11 de Marzo en Madrid. Incluso cuando nos pregunten en el futuro qué estábamos haciendo cuando lo de la epidemia, apuesto que todos lo recordaremos con pelos y señales..
Madrid está parado, vacío. Voy por las calles y pareciera que una bomba nuclear ha caído en mitad de la Castellana. La gente se refugia en sus casas, es un ambiente raro, inusual en una urbe que bulle escándalo y vocerío por doquier y a cualquier hora del día, incluso de la noche. Las noticias que nos llegan (y abruman) procedentes de los ámbitos médicos, sociales o gubernamentales, son contradictorias y se suceden a cada minuto; lo que hace que la gente se acojone por momentos.
Hablan de cerrar Madrid, que es el sitio donde más infectados hay con diferencia, pero ni saben cómo hacerlo ni se está seguro de que sea una medida efectiva. Las consecuencias de salud ya lo estamos viendo, unos 84 muertos van ya (la mayoría gente mayor y con patologías previas eso es verdad) y el miedo es libre.. Luego hay otra consecuencia también gravisima, aunque sus efectos los sufriremos a medio y largo plazo, me refiero a la económica..
La bolsa ha pegado un pepinazo tal que ha perdido casi la mitad de su valor. Y no crean que por que no tengan acciones no van a sufrir, cualquier fondo bancario que se tenga vale ya bastante menos que hace unas semanas. Además las graves perdidas que sufrirán las grandes y medianas empresas que cotizan en bolsa repercutirán muy negativamente en todos nosotros más pronto que tarde. Sin contar, claro está, el cierre parcial de los miles de negocios de ocio de la capital, como restaurantes, teatros, cines y demás espectáculos..
Y luego otra cosa, qué me dicen del trauma psíquico-social de la población, porque ya me dirán sin poder salir a bares, ni a bailes, ni a restaurantes estos próximos dos o tres fines de semana. Tampoco recomiendan pasear por calles y plazas concurridas, ni saludar, ni abrazar y menos besar, ¡qué va a ser de nosotros!.. Y los niños en casa, ¡Dios mío qué perspectiva! Seguro que se incrementan hasta los divorcios, sino al tiempo.. Yo me voy al pueblo, aunque quizás ya ni me dejen entrar por presunto apestado..
Supongo que en esta vida no todo iba a ser de color rosa. La mayoría de las generaciones que nos han precedido han sufrido en sus carnes guerras civiles, hambrunas, pestes, grandes terremotos o cualquier otra calamidad, y claro los de mi edad nada de eso hemos visto, y ya nos tocaba algo gordo. Sepan que desde que nací, y de eso hace ya casi seis décadas, jamás ningún sobresalto desmesurado que no fuera de carácter personal ha padecido mi corazón; si acaso asuntos como la muerte de Franco, el golpe de estado de Tejero, algunos atentados de la ETA o lo más reciente de Cataluña, y no son comparablesAsí que ya tocaba. Ojalá, sólo sea esto. Y esto, por cierto, no sea tan grave y duradero como algunos predicen.. En fin..
Joaquín



jueves, 12 de marzo de 2020

El precio de un ser humano..




Amiga..
Apenas sé cómo te fue la vida.
Me cuentan que no como tú esperabas.
Hace unos años me hubiera alegrado saberlo;
hoy lamento tu mala suerte...
Yo he ido por ahí, dando tumbos.
Quizás un poco perdido, eso es verdad,
pero lo voy superando.
Ahora más que nunca tiene sentido
aquello que te dije tantas veces:
Conmigo si hubieras sido feliz.
Te quería tanto que sólo a eso me iba a dedicar.
--Joaquín--


Les voy a contar una cosa que jamás habrán oído siquiera porque, no sólo de coronavirus vive el hombre, o si.. Miren: ¿Se imaginan cuánto costaría fabricar un ser humano ahora que muchos dejaremos de existir por culpa de este bichito?, ¡En el supuesto de que se pudiera fabricar, claro!.. Sepan que conocemos todos los componentes y la proporción de la que estamos hecho, sólo faltaría ensamblarlos..
Bien, pues resulta que al precio que están hoy en día estos componentes; cada uno de nosotros vendría a costar (a precio de mercado) unos 200.000 euros. Sí, más o menos como una vivienda en Madrid más bien modesta. Pero no sé si alegrarme por valer igual que un pisito; yo le echaba más..
Según los cálculos de los que saben de esto hacen falta unos 59 elementos para construir un ser humano, siendo el oxigeno el principal. El 61% de nosotros es puro oxigeno, un gas liviano e inodoro. Pero no volamos como un globo porque está mezclado con hidrógeno con una proporción de un 10% del total.. Os recuerdo que el oxigeno mezclado con hidrógeno es agua; y el agua es muy pesada. He ahí del porqué pesamos tanto. Es curioso que los dos elementos más ligeros de la naturaleza, el oxigeno y el hidrógeno, juntos pesen tanto. En cuanto al precio, deben saber que estos dos componentes valen muy poco, por apenas 60 euros los tenemos.
El tercer elemento más abundante en nuestro cuerpo es el carbono; unos 13 kg. necesitamos para un ser adulto. Y éste sí que cuesta, unos 50.000 euros valen esos kilos. Luego vienen una serie de materiales más baratos como el calcio, el fósforo o el potasio, aproximadamente 55.000 euros nos cobrarían por ellos si vamos a la tienda a comprarlos. El resto de ingredientes son muy caros, pero como la cantidad que necesitamos es ínfima, pues poco dinero habría que soltar. Por ejemplo, el torio, el estaño o el azufre..
De los 59 elementos de los que estamos hechos, 24 se conocen tradicionalmente como “elementos esenciales” puesto que no podríamos prescindir de ellos. Del resto, la mayoría son beneficiosos; aunque también tenemos algunos nocivos que los adquirimos del exterior, como el cadmio, que llega a nosotros a través de las plantas y es muy toxico. De otros elementos estamos sabiendo ahora la importancia que tienen. Sin ir más lejos, del selenio; tenemos muy pocos átomos de él, pero nos es imprescindible para controlar la hipertensión, artritis, anemia y algunos tipos de cáncer. En las nueces y en el pescado reside gran parte del selenio que ingerimos.
Lo dicho, si echamos cuenta del precio total de cada uno de los 59 elementos que necesitamos para hacer un hombre o una mujer completa, nos daría el montante que dijimos al principio, es decir un total de 200.000 euros. Bien, ya tenemos los elementos necesarios y la cantidad metidos en botes bien definidos, pero no hemos contado la mano de obra, ¿Dónde buscamos a alguien capaz de realizar la proeza de recomponer todo eso y hacer que se mueva y piense?. Lo siento, pero me temo que aún no existe.
Reconozcan conmigo que es increíble que esos cuantos elementos fríos e inertes se forme un ser humano: tan cálido, con esas carnes bamboleantes, con ojos que lo ven todo a su alrededor, con un corazón que bombea decenas de litros de sangre al día, y tan ágil como una gacela. Pero desengañémonos no hay nadie capaz de recomponer una persona, ni tan siquiera fabricar una célula, de momento..
Por cierto, miren qué maravilloso es el cuerpo humano; nuestros pulmones extendidos ocuparían una pista de tenis, el cerebro tres metros cuadrados, las vías respiratorias llegarían hasta Moscú y los vasos sanguíneos darían dos veces la vuelta a la tierra. Pero más increíble aún es el ADN; tenemos un metro empaquetado en cada célula. Si empalmáramos el ADN en una fina fibra se extendería mas de 15.000 millones de kilómetros, o sea más allá de Plutón.. Ahí es nada.. En fin, todo esto lo acabo de leer en una revista de ciencia..
Joaquín

miércoles, 11 de marzo de 2020

Cuando ruge la marabunta..




Amiga..
No soy digno de que te esfuerces en quererme.
Te quiero tanto que por nada del mundo
te obligaría a tomar decisiones que tú no quieras.
Sólo una palabra, un gesto tuyo me bastaría
para seguir intentando enamorarte;
o irme con la música a otra parte.
--Joaquín--


Créanme, nunca pensé que en España llegaríamos a ver lo que ayer presencié por primera vez. Supongo que el Apocalipsis empezará así el día en el que se deje caer por estos lares. Pasmado quedé al ver al Mercadona de mi barrio literalmente saqueado de mercancías. Interminables colas tempraneras de gente ansiosa y desesperada porque temían un desabastecimiento general de alimentos se agolpaban ante las puertas aun cerradas de éste súper de moda.. Ignoro si a estas alturas de la mañana de hoy aún persiste el asalto inmisericorde a las estanterías. Sepan que yo no pienso contribuir absolutamente nada a este espanto..
Conste que de momento somos los de Madrid y alrededores los que estamos inmersos en esta especie de hecatombe vírica y timorata, pero no canten victoria ni se crean más guapos que nadie, que más pronto que tarde esta pandemia de virus reales y miedos infundados se generalizará por todo el país, aunque en Madrid por ser una macro-aglomeración colosal de gente sea más difícil su control..
Parece mentira, pero sorprende cómo en un santiamén todo se ha vuelto horrible y excepcional. Ya no cuenta lo habitual y cotidiano: nuestras salidas, nuestras reuniones, nuestros bailes, nuestros paseos por los abarrotados centros comerciales de las afueras, nuestras cenas sabatinas. Ahora cualquiera es sospechoso de portar el virus; todos desconfiamos de todos y nadie se atreve a respirar cerca de nadie; créanse si les digo que lo veo en una película de ciencia ficción y pensaría que los guionistas exageraban..
Y yo que pensaba que estas cosas sólo se veían en la Venezuela de Maduro; que sólo allí y zonas parecidas era tercer mundo puro y duro y resulta que aquí mismo, en el centro y cogollo de España y dentro de la misma Europa, ha bastado una pequeña epidemia no más grave que la gripe común con su consabido peaje de muertos con patologías previas, para que todos nos volvamos locos. Miedo me da, porque si en esto, que no deja de ser un duro invierno de contagios y persistente gripe aunque desconocida, nos comportamos así, ¿qué será de nosotros si fuese algo mucho más mortal? ¿Nos comeríamos unos a otros? ¿Nos patearíamos por conseguir alimentos? ¿Nos mataríamos por quitarle algo de valor al prójimo? ¿Saquearíamos tiendas a lo bestia como hicieron en Nueva York la noche del gran apagón?.. En fin, pánico me da. Evidentemente aún tenemos dentro de nosotros mismos ese animal salvaje al que nunca domesticaremos del todo....
No se cómo evolucionará éste virus de marras en los próximos días y semanas, pero lo que sí está consiguiendo ya, además de los consabidos problemas sanitarios y de salud en algunos, es demostrarnos que los españoles somos tan gualdrapas e incívicos como siempre, y que a las primeras de cambio corremos como conejos ante cualquier situación un poco peliaguda. Menudo ejemplo damos al mundo.. Lo siento..
Joaquín