martes, 22 de mayo de 2018

Una mirada diferente




Me dejaste tirado

en la estacada de tus besos.

Me quedé con las ganas de saber

de tus sueños más profundos.

En vano aguardé las caricias

de amor que un día prometiste.

Te fuiste y te llevaste contigo la luz

de mis ojos. Con ella lustraba

los colores de mi universo.

Con tu ausencia perdí el pretexto

del que me servía para burlar

la angustia de mis madrugadas..

--Joaquín--



Hace ya un tiempo, en un lugar determinado del Mediterráneo vivían unos tipos a los que les dio por pensar cosas raras. Sí, pensaban, por ejemplo, qué habría más allá de las estrellas, del Sol, de la Luna, o qué sentido tenían sus vidas ¡ya ven!..

Ya imagino yo a algunos de ellos, sobre todo los más inquietos y curiosos, tumbados sobre alguna colina o ladera de cualquier montaña de la zona contemplando el firmamento tan limpio de polución entonces y haciéndose mil preguntas, y casi todas sin respuestas convincentes, como es lógico..

Entre esos tipos curiosos pioneros del saber estaban: Hesiodo (considerado el padre de la literatura griega) Tales (el primer filósofo conocido), la poetisa Safo de Lesbos, dueña de una especie de academia en la que educaba a la hijas de familias adineradas, y de las que acababa enamorándose, o Pitagóras, el genio de las matemáticas. 

Y un poco más tarde Platón o Aristóteles. Todos estos tíos pusieron la primera piedra del conocimiento. Luego otros individuos y otras civilizaciones han seguido su estela hasta llegar a lo que somos ahora, mucho más sabios, supongo...

Algunos habrá, no obstante, que duden si ha merecido la pena haber llegado tan lejos en esto del progreso; no lo ven claro. Yo apuesto que sí porque, si bien es verdad que hemos alterado la sostenibilidad de la naturaleza con nuestros excesos, no es menos cierto que hemos mejorado el bienestar de la gente. 

Pero incluso en aquellos lejanos años y en aquella tierra tan ávida de avances y progresos, hubo algunos que preferían no correr tanto en estos menesteres desarrollistas y abogaron firmemente por mantener el estatus natural y vida sencilla que había permanecido hasta entonces en el espíritu de la gente. El poeta Horacio fue uno de ellos.. Esto le contaba a la bella Leucónoe.



No preguntes, Leucónoe, para cuándo

fiaron los dioses tu muerte o la mía,

ni atiendas a las cábalas de Oriente:

sacrilegio es saber, mejor es aceptar lo que viniere.

Sé sabia: filtra el vino,

y ataja una larga esperanza, porque duramos poco.

Mientras hablamos,

huye el tiempo celoso.

Goza el instante, no te fíes del mañana.


En fin; ustedes deciden.

Joaquín Yerga









sábado, 19 de mayo de 2018

El casoplón de Pablo Iglesias







“Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todos todo el tiempo”.
Lincoln



“Quien a hierro mata a hierro muere”, dice un duro pero certero refrán castellano. No sé si lo del chalet se llevará por delante políticamente al bueno de Pablo Iglesias pero apuesto que lo dejará mal herido.
Es verdad que otro refrán nos dice: “Hombre refranero hombre puñetero”, castigando severamente a los que sobrepasamos esa jerga, pero  aun a riesgo de serlo, no me resisto a recordar otro de nuestro mismo acervo cultural: “La confianza mató al gato”. Y es esto lo que a la postre se va a llevar por delante la carrera política de nuestro insigne Pablito, “El incorruptible”, inflexible inquisidor de corruptos y martillo de herejes burgueses y capitalistas.
Sin duda, Pablo Iglesias y otros políticos emergentes, venidos todos de complacientes facultades universitarias, antaño rebeldes sin causas, pero con la suerte de tropezarse con una etapa de crisis y corruptelas que les vino que ni a huevo para medrar en política, una vez pisado el hall enmoquetado del poder e instalado ya en esa vorágine de la abundancia, con sueldos astronómicos, de lameculos, aduladores, pelotas y otras prebendas, han olvidado rápido las estrecheces de la gente y sus precarios medios de vida, tal es así  que les quieren hacer creer que comprar un chalet de más de medio millón de euros está al alcance de todos.
Evidentemente todo apunta a que el exceso de confianza ha embrutecido las entendederas de Pablo, porque me consta que tonto no es. Un tipo con esa cuidada demagogia capaz de llevarse al huerto a millones de españoles que aunque desesperados confiaron y apostaron por sus trasnochadas ideas, no puede ser un memo.
Miro ahora con cierto estupor cómo en España cundió el pánico pues a punto estuvimos, por culpa de crisis y las corruptelas, de que estos tíos alcanzaran el poder y con sus políticas filocomunistas venezolanas nos llevaran al garete de la indigencia.  Menos mal que con esta cierta recuperación económica y el empecinamiento de la justicia por enchironar a chorizos, todo se haya quedado en lo que pudiéramos llamar, un mal sueño.
Pero no sólo estas fallidas circunstancias descritas han hecho desinflar el globo de sus expectativas, ellos mismos con sus incongruencias han hecho ver al resto de la gente sus irresponsabilidades y falta de credibilidad para gobernar un país como el nuestro. Aún no les ha hecho falta tocar poder y tienen ya repleta las alforjas de porquerías.
¿Con qué autoridad puede criticar Ramón Espinar, secretario general de Madrid, beneficiario de un pisito en Alcobendas porque su padre era amigo personal del alcalde y luego lo vende (especular) ganándose unos buenos dividendos? ¿Con qué contundencia puede explayarse Pablo Echenique, secretario de organización de Podemos, cuando habla de precariedad laboral cuando él tuvo durante mucho tiempo a una sirvienta sin declarar?
Y ahora lo de Pablo Iglesias e Irene Montero, máximos dirigentes del partido, y su ocurrencia con el casoplón de Galapagar. No hace falta que les diga la cantidad de bromas que les han obsequiados los medios y las redes sociales, todos las hemos visto, sólo recordarles lo pronto que sucumbimos al lujo y al poder, sin excepciones, incluso los más inquisidores y (en apariencia) incorruptibles.
No obstante y tal y como él dijo recientemente de Cristina Cifuentes, no debería dimitir por la hipocresía de decir una cosa y hacer otra, al comprarse ése chalet en una de las mejores zonas residenciales de Madrid, no; debería dimitir por intentar destruir el país para conseguir sus fines; debería dimitir por aliarse con los independentistas de cualquier color, incluso racistas, y darles alas con su apoyo, con tal de sacar tajada política, y debería dimitir por engañar a sabiendas a tanta gente que confiados en su entrenada verborrea y promesas del “todo gratis”, confiaron y les votaron en la creencia de su rectitud y bonhomía, cuando estoy seguro de que él mismo es consciente de que llegar a ponerse en práctica esas políticas anunciadas supondría la ruina personal y nacional de los españoles.
Dicho queda…
                                                                     Joaquín Yerga
                                                                    19/05/2018
                                                                      


jueves, 17 de mayo de 2018

La bella y la bestia





La belleza no mira, sólo es mirada
(Einstein)

Estos son los hechos y éste el lugar:
Corría el año 79 y era ya finales de verano. Jesucristo hacía ya más de cuarenta años que había muerto crucificado en la cruz por los romanos, allá en Jerusalén. Gobernaba entonces el Imperio, con mano de hierro, el bueno de Vespasiano, el que mandó construir el Coliseo de Roma.
Desde hacía unas semanas los habitantes de la ciudad de Pompeya, una bella y próspera ciudad a unos 230 kilómetros al sur de Roma, venían observando sin excesiva preocupación una enorme fumarola de polvo, cenizas y humo negro que salía del volcán Vesubio (bestia) buscando los confines del cielo, pero no le dieron mayor importancia, ya otras veces había sucedido. Pero lo que no se imaginaban, siquiera, que esta vez era diferente.... De repente esa calurosa mañana del 24 de agosto una espantosa explosión retumbó en la montaña destruyendo y sepultando por completo todo lo que había a su alrededor, incluyendo por supuesto a la ciudad, que desapareció literalmente del mapa.
Exactamente 1937 años después de aquello pasaba yo por allí, y ...
Navegábamos rumbo al sur bordeando la costa suroeste italiana (Mar Tirreno) aquél tórrido verano. Una vez pasada de largo Roma y su comarca, “el Lacio”, entramos de lleno en la espectacular región de la “Campania”. Desde la popa del barco y oteando, extasiado, el encanto del cercano litoral, salpicado aquí y allá de hermosas ciudades que embellecen el horizonte; de pronto se nos aparece a lo lejos la brumosa silueta de Nápoles, plácidamente extendida en el centro de su bahía; pocas hay en el mundo tan bonitas, doy fe de ello.
Nápoles para el que no lo sepa tiene a sus espaldas una historia apabullante, a veces grandiosa a veces desconcertante. La fundaron unos cuantos griegos que huyendo de la masificación demográfica de su país buscaban nuevas tierras donde asentarse. Y no cabe duda que aquí la encontraron, y muy buena por cierto. La llamaron Neápolis (nueva ciudad) y junto con otras de los alrededores se les conocía en la antigüedad como “La Magna Grecia”, el titulo lo dice todo. De cultura griega durante siglos, aquí nacieron o residieron grandes filósofos, matemáticos y sabios de la antigüedad.
La bahía que circunda Nápoles, como dije antes, es maravillosa por sus vistas. A lo largo de sus verdes y escarpadas costas se asientan un número infinito de poblaciones a cual más espectacular y que hoy en día hacen las delicias de turistas y viajeros. Positano, Sorrento, Amalfi o Ravello, por decir algunas de sus más famosas, aunque sin duda, la más elitista y conocida es la isla de Capri, a poco más de una hora en barco de Nápoles y destino turístico imprescindible para viajeros exquisitos y adinerados.
Justo al sur de la gran capital de la Campania y a pocos kilómetros de ella está la renacida, Pompeya, la ciudad junto a su hermana ( por cercanía) Heculano, que destruyó el volcán Vesubio el año 79. Es cierto que ahora todo está masificado de turistas y aconsejo no visitarla en el estío, como yo hice, si no quieren apreturas, pero no dejen de hacerlo porque tendrán ante sus asombrados ojos la ciudad romana mejor conservada, es más, yo diría que casi intacta de aquellos históricos tiempos.
Pompeya era una de las ciudades más prósperas del Imperio Romano. Se calcula que rondaría los treinta mil habitantes, y disfrutaba como otras de la zona del bienestar y seguridad de los primeros años del Imperio, de la llamada “Pax Romana” que impuso el emperador Augusto, y que fue la mejor época de Roma. Visitando sus bien delineadas calles y bellas plazas nos damos cuenta del buen vivir del que disfrutaban los pompeyanos. Entrando en algunas casas, muy bien conservadas, nos damos cuenta que apenas nada tenía que envidiar a las nuestras actuales.
Pompeya le debía su riqueza a la fértil tierra donde está asentada. El puerto, hoy y debido a las corrientes de lava del volcán que lo han taponado, está tierra adentro e inservible, pero sus restos nos dan una idea de la importancia que tuvo en su época.
El Vesubio ha entrado en erupción muchas veces. Se tiene constancia que ya desde el año 6.000 a.c. está lanzando humo al espacio y lava al valle. La explosión del año 79 fue, sin duda, de las más aparatosas y pilló a sus habitantes desprevenidos. Algunos lograron huir pero otros quedaron inertes bajo la gran capa de cenizas que los envolvió y sepultó. Luego han habido otras erupciones como la del año 1631 que fue especialmente mortal; la última data de 1944. Pero a pesar de su peligrosidad y antecedentes más de una treintena de ciudades circundan el terrible volcán y un millón de personas viven en sus alrededores sin miedo a sus consecuencias.
De Pompeya nada más se supo después del zambombazo del año 79, hasta que mil quinientos años después haciendo un canal de riego empezó a dar señales. Llevan siglos escavando y sacando a la luz la hermosura que fue la ciudad pero aún queda mucho por descubrir. Por cierto, cuando reventó la montaña estaban en elecciones, muchas pinturas en las paredes así lo atestiguan.
Dicho queda…

                                                                    Joaquín Yerga

miércoles, 16 de mayo de 2018

Si el Papa Francisco supiera...






El modo de dar una vez en el clavo es dar cien veces en la herradura.
Unamuno


Acordémonos lo que supuso la venida del año 2000 para mucha gente. Algunos, convencidos, llegaron a creer que su advenimiento provocaría un caos infernal, que el mundo acabaría de manera violenta porque algún cataclismo arrasaría con todo lo inimaginable, y pueblos y ciudades desaparecerían del mapa de un plumazo, pero se impuso el sentido común en la mayoría de la gente y casi nada alteró la llegada del nuevo milenio. Bueno, sí, ahora recuerdo que algo apareció que trastocó nuestras vidas, el euro, pero nada más, y nada menos...
Pues imaginemos por un momento lo que significó la entrada del terrible año 1000 en aquel periodo oscuro medieval. Y pensemos que entonces el miedo, la superstición, la brujería y la más absoluta miseria y analfabetismo era lo habitual en la inmensa mayoría de esa sociedad
La ciencia en aquellos tiempos tan sombríos no iba más allá de la astrología y superchería. La medicina todo lo resolvía practicando dolorosas sangrías a los pacientes a través de sanguijuelas o cortes en el cuerpo en la creencia de que todos los males y enfermedades eran causados por exceso de sangre o coagulación de la misma. La religión, por el contrario, impregnaba toda la existencia de los individuos y formaba parte absolutamente del día a día de la gente, no en vano Dios estaba siempre presente en sus decisiones y comportamientos.
La menguada élite social informada (porque la inmensa mayoría era pobre y analfabeta) esperaba aterrada ver aparecer el primer milenio. Además se dio una serie de circunstancias que no ayudaban, precisamente, a la calma y naturalidad del devenir cotidiano. Sin ir más lejos los musulmanes, aun poderosos, amenazaban a los reinos cristianos, y sobre todo, la peste asolaba campos y ciudades extendiendo su guadaña purulenta de muerte y desolación por toda Europa.
La Iglesia atravesaba una crisis tan profunda de corrupción y decadencia que el mismo San Pedro Damián se lamentaba de los muchos obispos que vivían con mujeres. El concilio de Absburgo decretó en el año 952 que las concubinas de los curas debían ser azotadas y rapadas al cero, incluso el Papa Benedicto VIII, legisló que los hijos de los sacerdotes fueran esclavizados.
En Europa la orden religiosa de Cluny, que tenia la sede en esa ciudad del centro de Francia, llegó a tener más de quinientos monasterios repartidos por todo el continente. Miren si llegó a tener importancia que su Abad era tan influyente y poderoso como el mismo Papa de Roma. Precisamente ésa orden religiosa revolucionó todo el rito cristiano hasta el punto que el modelo arquitectónico de su sede en Francia se extendió por toda Europa y fue el origen del estilo Románico.
Pasado el año 1000 y con él los miedos y temores, la iglesia cristiana continuaba de capa caída. El Papado era un caos tan absoluto que llegó a dividirse en dos; por una parte el Papa de Roma que se creía el legitimo y por la otra se creó un nuevo Vaticano, una nueva sede, ahora en Avigñon (sur de Francia) que no se sentía, por cierto, menos legitimado que el anterior. El cisma duró unos cuarenta años y a estos pontífices los denominó la historia Antipapas; el último fue precisamente el español Benedicto XIII, apodado el “Papa Luna”.
Benedicto XIII fue un personaje curioso, su verdadero nombre fue, Pedro de Luna, y era valenciano aunque de origen aragonés. Cuentan las crónicas que fue un tipo pequeño, enclenque, pero con un carácter tenaz y endiablado. Cuando estaba a punto de arreglarse la penosa división del Papado y por mayoría de cardenales se nombró a Martín V como único Papa verdadero y con sede definitiva en Roma, el empecinado e incorregible Benedicto XIII se negó en redondo a abandonar el cargo. Las autoridades eclesiásticas emitieron ordenes de detenerlo inmediatamente pero el tío se refugió en su castillo de Peñiscola (Castellón) al que pertrechó como un bunker inexpugnable y se defendió como gato panza arriba. Ahí permaneció junto a sus escasos seguidores hasta su muerte. Miren si la fama de su obstinación y tozudez llegó tan lejos que la expresión “Mantenerse en sus trece” proviene del número trece (XIII) de su apelativo papal Benedicto XIII, y ya ha llovido.
Por cierto, si tienen ocasión de veranear por esa zona de la costa de Castellón (Costa del Azahar) Benicasim, Benicarló y sobre todo el bello pueblo de Peñiscola, no dejen de visitar el famoso castillo/fortaleza de ése, Antipapa testarudo y obstinado que fue Benedicto XIII, el “Papa Luna”, saldrán encantados de él.
Dicho queda…
                                                                           Joaquín Yerga
                                                                          16/05/2018

martes, 15 de mayo de 2018

Aquel verano, tan azul.






Cuanto más oscura es la noche, más brillantes son las estrellas.


Hace dos días se nos fue el gran Antonio Mercero, director y guionista de cine que fue y de series televisivas inolvidables para todos nosotros. Llevaba enfermo, el hombre, desde hacía unos cuantos años; le habían diagnosticado de esa enfermedad traicionera y denigrante para los que la padecen llamada Alzheimer.
Decía el que fue secretario general del Psoe y jefe de la oposición durante muchos años, Rubalcaba, que en España enterramos muy bien; aludía a que después de muerto cualquier personaje nos cae tan simpático que olvidamos sus momentos débiles y solo nos fijamos en lo positivo, pero me temo que con Antonio Mercero no solo lo hemos enterrado mal, es que ni tan siquiera lo hemos velado antes.
Llevamos (los de aquellas añoradas generaciones de los sesenta y setenta) una temporada “regular” en cuanto a personajes entrañables desaparecidos; lo hizo Forges, el gran humorista; se nos fue, también, el inefable José María Íñigo y ahora le ha tocado el turno a Mercero. Aunque de todos, creo, quizás éste último tuvo peor suerte, su larga y penosa enfermedad le arrebató más de una década de vida personal. Y a nosotros nos privó de un montón de series y películas que a buen seguro hubieran hecho las delicias de todos.
Mercero y algunos otros como él, posiblemente no merezcan el reconocimiento intelectual de autores y artistas como Pablo Neruda, Hitchcock, Einstein o el mismo Cervantes, seguro que no; no sé exactamente dónde tiene que llegar el talento o la sabiduría de una persona para ésa consideración, pero si lo midiéramos por la felicidad dispensada a tantos millones de españoles durante tanto tiempo estoy seguro que merecería más de un premio Nobel.
La noticia de la muerte de Antonio Mercero, un guipuzcoano campechano y gran conocedor de la idiosincrasia española, lamentablemente ha pasado, casi, desapercibida para muchos, tal vez los años que llevaba inactivo ha contribuido a ello; sabido es que los españoles olvidamos pronto y bien. Murió anteayer, en Madrid, a los 82 años, pero sepan las nuevas generaciones que hubo momentos y épocas en las que fue un personaje esencial en la televisión y el cine en España, o lo que es lo mismo, en nuestras vidas.
¿Quién no recuerda con nostalgia las peripecias cotidianas de los vecinos de aquel pueblo de Castilla “Puebla Nueva del Rey Sancho” a principios de los setenta de la serie “Crónicas de un pueblo”? ¡Cuántas horas y cuánta gente frente al televisor!. ¿Y qué me dicen de “Verano Azul”, la serie, posiblemente, más repuesta y querida de la tele, cuando a ésta la seguían, nada menos, que 25 millones de españoles? Sin duda nos marcó a toda una generación. Año tras año la volvemos a ver, y pareciera, salvando las distancias tecnológicas, rodada anteayer por sus frescura y actualidad. ¿O la que hizo para la cadena privada Antena 3, tan seguida y tan apreciada por millones de televidentes “Farmacia de Guardia”? Era tan soberbia la identificación que llegamos a sentir con los diferentes personajes de la serie que entraban en nuestras casas con tal confianza y familiaridad que parecían vecinos nuestros de toda la vida.
Pero no solo series estupendas y entrañables dirigió el gran Antonio Mercero, también películas muy buenas, como la muy premiada “La cabina”, “La guerra de papá” “Espérame en el cielo” o ¿Y tú quién eres? Donde ya presagiaba su incipiente enfermedad. Cuenta José Luis Garci, (era muy amigo suyo) que fue a visitarlo una vez cuando ya la enfermedad había hecho estragos en su mente, y al verlo le dijo: “No sé quien eres pero recuerdo que te he querido mucho”.
Algunos hemos llegado a una edad en la que día si y otro también desaparecen ilustres personajes de nuestras vidas que lo fueron todo en otros tiempos. Tipos entrañables que ya solo existirán en el cada vez más repleto baúl de nuestros recuerdos. Con Antonio Mercero se va, también, un buen trozo de nuestra añorada y dorada juventud. Descansa en paz Antonio, a nosotros nos seguirás fascinando con tus veranos, tan azules.


                                                                   Joaquín Yerga
                                                                  15/05/218



domingo, 13 de mayo de 2018

La "crema" catalana





Los españoles son “pijos” e “inmundicia” solo saben expoliar.
El castellano avanza rápido, voraz, lo inunda todo. Lo simple y vulgar empantana nuestro mundo catalán corrompiéndolo.
(Quim Torra, próximo e inminente president de la generalidad catalana)




Al fin se han decidido, después de marear la perdiz durante cuatro meses los independentistas catalanes van a elegir para president de la Generalidad a un ultra nacionalista de nombre y apellido muy de la tierra Quim Torra, y que a partir de ahora, estoy seguro, lo vamos a tener bien presente en nuestras oraciones.
Después de una cierta calma chicha no pensemos que los “indepes” se iban a dar por vencidos, ni mucho menos, estos tíos una vez visto el revuelo generado, no solo aquí, sino también allende nuestras fronteras volverán a la carga aunque con otros procedimientos.
Ya me imagino la situación; perdido el primer combate reagruparán fuerzas y estudiarán nuevas estrategias de ataque, es decir nos seguirán dando el “coñazo”, con perdón. De momento ése impás de espera apenas les ha servido de poca cosa, más bien al contrario, desde las últimas elecciones autonómicas en las que obtuvieron mayoría absoluta, casi cuatro mil empresas se han ido de allí, y lo que es peor, el desprestigio de la región y de Barcelona en particular en medios socio-culturales y empresariales europeos ha sido enorme. Pero han echado toda la carne en el asador y no van a dar marcha atrás ¡Vamos, que nadie espere que estos tíos iban a reconsiderar su actitud y pedir perdón por los daños causados!
Según opinan todos los analistas políticos este “menda” que van a nombrar como president, es un títere de Puigdemont, un palanganero del prófugo de Berlín que se resiste como gato panza arriba a dejar de seguir manejando los hilos del cotarro porque es consciente que en cuanto lo deje pasa al olvido más ignominioso. De todas maneras para encontrar a un “pavo” como el futuro “molt honorable” Quim Torra no hace falta romperse mucho la cabeza buscando, cualquier energúmeno supremacista que pase por allí y que más despotrique de los españoles es susceptible de ser nombrado presidente de la generalidad catalana.
Pero, vayan atándose los machos, sin duda nos esperan días de gloria con éste exaltado. No confíen en grandes entendimientos ni palabras de concordia, sino todo lo contrario, declaraciones salidas de tono, exabruptos, desprecios y tonterías infinitas. Lo raro es que teniendo más a mano al pájaro que encarna a la perfección esas, digamos cualidades, como es el ínclito Rufián, no lo hayan propuesto para el cargo ¡Claro! que juega en su contra el hecho de que éste proviene de Jaén.
Por mi parte mantengo la misma teoría al respecto de siempre. Esta gente y sus compinches vascos suman unos tres millones mal-contados de individuos todo lo independentistas que se quiera, pero nosotros somos más de cuarenta y dos, así que despotriquen que ya les queda.
Podrán llorar, tirarse de los pelos, airear a los cuatro vientos sus grandes diferencias culturales con nosotros, hacer el pino, incluso despreciarnos, pero ni una concesión más. Después de haberle dado de todo, una constitución a su medida, prebendas, trasferencias políticas que ya las quieran los países más federales del mundo etc. nos han traicionado, vilipendiado, engañado y hasta dividido, por lo tanto nada útil y provechoso podemos esperar de ellos siendo generosos y magnánimos como ya lo fuimos.
Ni un paso atrás, ahora que hemos descubierto sin rubor ni complejo un articulo (el 155) que nos daba pavor usarlo por las graves consecuencias que nos acarrearía, debemos estar alerta y al mínimo desacato mano dura, no queda otra.
Dicho queda…
                                                                    Joaquín Yerga
                                                                    13/05/2018



viernes, 11 de mayo de 2018

La ciudad más hermosa




       


          Desde la azotea de Triana se ve Sevilla,
larga, tendida, llana, abierta, malva toda y oro
como una mujer rubia, que sueña despierta
en su alma, que es su cuerpo. 
(J.R. Jiménez)


A nadie sorprendería si escribo alto y claro en esta página que gozamos de un país bien hermoso para visitar, porque es público y notorio. Y no solo eso, sino que tenemos ésa bicoca a tiro de piedra de todos porque, a cualquier lugar podemos desplazarnos en poco más de tres horas dependiendo del sitio donde vivamos, bien a través de una magnifica red de autovías, o bien con la Alta Velocidad ferroviaria. En cualquier caso, al final de alguna de ésas autovías si enfilamos rumbo al sur, nos espera con los brazos abiertos de su simpatía Sevilla; la ciudad que con solo decir su nombre nos evoca la más alta seducción.
Y es que hace tan solo unas semanas se difundió la noticia de que la capital andaluza había sido elegida como “La primera ciudad del mundo a visitar en este 2018” Y esto lo dice, nada menos, que la prestigiosa editorial de libros y guías de viajes “Lonely Planet” ¡Ahí es nada! Menudo puntazo para la ciudad, y no solo para ella, también para Andalucía y España entera…
¡Qué puedo decir de Sevilla que no sepamos todos!.. Yo por cercanía a mi pueblo presumo de conocerla, no en vano es raro el año que no la visite un par de veces, al menos. A Sevilla se llega sin necesidad de fatigarse mucho por diferentes y estupendos medios de locomoción, quizás el más conocido y eficiente sea el Ave; recordemos que la conecta con Madrid en poco más de dos horas y media.
Sevilla al estar asentada sobre una fértil tierra de labranza ya fue importante desde su fundación. Además la circunda un hermoso y caudaloso río que ya lo quisiéramos en otros lares, y que le ha proporcionado agua abundante y comunicación fluvial en otras épocas. Por cierto, el nombre por el que todos lo conocemos, Guadalquivir, se lo pusieron los árabes y significa simplemente “Rio Grande”. Acordémonos que los romanos le apellidaron de otra manera, y que ahora, dos mil años después, nos parece más castizo rio "Betis”. Y mira si es importante que el río le dio nombre a toda la Andalucía occidental “Bética” la provincia más apetecible de Roma.
Pero si los romanos fueron, casi, los pioneros en fundar ciudades en ésa zona, los árabes y entre ellos los Almohades, (tribu de fanáticos musulmanes procedentes del norte de África) se esmeraron en hermosear Sevilla (la Torre del Oro la edificaron ellos). Había cogido ésta ciudad ímpetu y grandeza una vez que la Córdoba califal entró en decadencia.
Cuando Fernando III “El Santo” conquistó la ciudad para los cristianos, sus monumentos religiosos (mezquitas, madrazas etc.) como era de esperar se convirtieron en iglesias, y entre ellas la gran mezquita y su minarete en Catedral, una de las joyas, por cierto, de la cristiandadDe todos los reyes medievales el que más le enamoró la ciudad fue, sin duda, Pedro I, llamado “El Cruel”. De su época proceden los hermosos Reales Alcázares y la llamada Casa de Pilatos.
Sevilla le debe, también, a los Reyes Católicos gran parte de su prestigio y poderío. Fueron estos los que le concedieron la exclusividad de ser aduana para todas las mercancías y pasaje que iban y venían del Nuevo Mundo (América). Allí se fundó, junto a la catedral, la Casa de Contratación (Archivo de Indias) en donde se registraba con pelos y señales todo lo se mercadeaba con aquel continente. Los barcos, de poco calado entonces (carabelas), bajaban por el Guadalquivir hasta el océano (Sanlúcar) y lo remontaban a su vuelta cargado hasta las trancas de oro y plata para caprichos y lujos de los reyezuelos que nos tocaba en suerte.
A partir del siglo XVIII se le quitó a la ciudad el monopolio de comerciar con América y los barcos ya no atracaban allí, lo hacían en Cádiz con mejor fondeadero. ¡Ay! y  Sevilla entró en una larga y melancólica decadencia que se prolongó hasta mitad del siglo XX.
Sin embargo, la Exposición Universal de 1929 inaugurada por Alfonso XIII, con la construcción de la hermosa Plaza de España y otros edificios la sacaron del letargo. Después tuvieron que ganar los socialistas las elecciones generales, y llegar al frente del partido y del gobierno dos sevillanos de pro, Felipe González y Alfonso Guerra y, al margen de enjuiciar su labor política que no corresponde hacerlo hoy, qué duda cabe que a ellos se le debe el principio de la extraordinaria recuperación de la ciudad como grande de España. Ellos y su magna Exposición Universal del 92 con sus grandes infraestructuras sentaron las bases de lo que ha venido después. Y ha venido mucho…
Ha venido, por ejemplo, una ciudad moderna, moderadamente industrial y muy de servicios, que amparados en sus populosas fiestas y el turismo foráneo masivo ha hecho que esa prestigiosa revista de la que hablaba al principio la eligiera como la mejor ciudad del mundo a visitar éste año, y os aseguro que han tenido "buen ojo". No obstante, al margen de sus magníficos monumentos, que son muchos y espectaculares y que todos conocemos al dedillo, está esa percepción intangible, inmaterial, que no se puede explicar fácilmente con palabras, como es el espíritu andaluz, y que Sevilla lo encarna a la perfección.
Sevilla es mucho más que sus joyas arquitectónicas, Sevilla es embeleso, pasión, sol, color, olor, fascinación, y sobre todo sus gentes. Aquel que la visite, patee sus calles, palpe su ambiente jaranero o interactúe con su gente, volverá a su tierra sin poder explicar ni describir a sus compatriotas qué ha visto en Sevilla que un irrefrenable impulso le induce a volver cuanto antes.
Dicho queda…
                                                                                         Joaquín Yerga

martes, 8 de mayo de 2018

La semilla del diablo





¡Yo sólo demando amores:
yo no te pregunto nada!
¿Buscas reposo y olvido?
Yo también. El mundo cansa.
Partiremos lejos, lejos
de la gente, a tierra extraña;
y cual las aves que anidan
en las torres solitarias,
confiaremos a la sombra
nuestro amor y nuestras ansias.

(Amado Nervo)

Tengo dudas razonables sobre si son falsas percepciones debido al bombardeo continuo de noticias o es que realmente ocurren más violaciones y crímenes horrendos últimamente en nuestro país. La paradoja es que si miramos las estadísticas apenas a cambiado el numero de homicidios y asesinatos desde hace unos veinte años.
Sea lo que fuere las violaciones en masa pertrechadas a chicas adolescentes solivianta una vez más a un país impactado por otras cuantas sin sentido. Que todos nos sintamos horrorizados por estos actos es síntoma de salud mental de una población que se resiste a contemplar impávidos estas barbaridades.
Tal vez sea igual el número de abusos y crímenes, aunque apuesto que ha cambiado el “modus operandi” de los mismos, como dicen los expertos. A mí que no me digan, pero por más esfuerzo que pongo en recordar nunca antes había visto ni oído en los medios informativos los casos tan espeluznantes que vemos hoy en día.
¿Alguien recuerda en su juventud, allá por los sesenta o setenta, que un padre asesinara a sus dos pequeños para fastidiar a su madre que pedía el divorcio? ¿Que padre y madre conspiraran juntos y con alevosía para acabar con la vida de su hija adoptiva, previa sesión con tranquilizantes? ¿O incluso que hijos, como los ha habido, asesinen a sus padres por cuestiones de dinero?. En fin, montones de casos a cual más horrendo…
Imagino que de no existir hoy en día ningún periódico que se dedique en cuerpo y alma a informar sobre estos crímenes, como el desaparecido “El Caso”, se debe a los muchos programas televisivos que lo hacen por ellos. No hay más que quedarse en casa una mañana y sufrir unas cuantas horas de televisión para percatarse del excesivo tiempo que dedican a estos desgraciados sucesos.
De todas maneras y a fuerza de ir coexistiendo durante años con estos terribles crímenes estamos endureciendo nuestros corazones de tal forma que, para sobresaltarse de emoción cada vez necesitamos ir más allá en la crueldad de la fechoría. Hace tan solo unas décadas era impensable que unos adolescentes asesinaran a sangre fría a una amiga o compañera y después escondieran su cuerpo sin darle a sus afligidos padres la oportunidad de, al menos, enterrar su cuerpo y tener un lugar donde llorarla. Pues me temo que hasta éste cruel episodio se nos quedará corto en años venideros.
Es cierto, también, que las circunstancias han cambiado considerablemente, porque desde hace unos veinte años han entrado en nuestro país, alegremente y al albur de honrados trabajadores inmigrantes unos cuantos miles de gentuza provenientes de países “casi fallidos” que dedican sus vidas y su tiempo a delinquir y amargarnos la vida al resto. No me negarán que hasta la entrada de ésta gente la seguridad y tranquilidad era común en nuestros pueblos y ciudades. Con nada que recordemos cómo era España (en ése tema) en aquellos años previos a ésa entrada masiva debería entrarnos un ataque de melancolía.
¿Dónde quedan aquellos ladrones tradicionales que nos robaban la cartera en el metro y autobús pero con gracia, y aunque nos hacían la puñeta, jamás te rozaban siquiera? Me temo que era ese un país de cuento de hadas, que en estos asuntos, empezamos ya a echar de menos.
Si miráramos la historia del crimen en España hasta hace treinta años comprobaríamos que cualquier asesinato u homicidio que ocasionara más de dos victimas, o una pero rodeado de cierto halo de misterio, se convertía en asunto de portada durante años. No hay más que acodarse del crimen de la calle Fuencarral, en Madrid, o el de la calle Bordadores y algunos parecidos, que debido a lo inusual de estos casos entonces se convertían en comidilla para la historia, y hasta hacían películas de ellos. Hoy en día crímenes como esos, aquí en España, no dura como noticia un telediario.
Bien es verdad que detrás de muchos de estos terribles homicidios está la droga que antes no existía. Los delitos por estos asuntos supone ya más del 70% de todos los cometidos. Y no digamos de la población reclusa; hay hoy en España más de 64.000 presos y 98 cárceles. En los años sesenta había 25.000 y cuatro presidios mal contados. Juzguen ustedes…

cosasdeoaquinyerga@blogspot.com

domingo, 6 de mayo de 2018

Crónica de una muerte anunciada






Mientras más grandes sean tus pruebas, más grandes serán tus victorias
           Anónimo


¡Hurra! estamos de suerte, ETA, esa banda terrorista y sanguinaria nos perdona la vida. Anteayer en un lugar cualquiera del sur de Francia y ante la presencia de los partidos nacionalistas vascos y navarros y con la participación estelar de los "ínclitos" de Podemos, escenificaron la patochada de una entrega de armas y su disolución como organización. ¡Ahí es nada! como si el conflicto, que llaman ellos, fuese una lucha entre iguales.
Hace ya tiempo que ETA está derrotada, y lo hicimos nosotros, los demócratas, con nuestra fortaleza y capacidad de aguante, auxiliados, por supuesto, por nuestras mejores armas que no son otras que la policía y los jueces.
Ahora, ya casi olvidados por los españoles, ese siniestro mundo abertzale con sus partidos y organizaciones, puesto que no pudieron exhibir ninguna victoria quieren sacar tajada de su derrota.
Sé que la memoria colectiva es frágil y enseguida la pasamos a mejor vida, quizás mejor así pues esa actitud nos permite vivir sin rencor constante que seria muy perjudicial para nuestra estabilidad emocional, sin embargo esta gente han dejado demasiados damnificados por el camino, casi novecientos asesinados y miles de heridos, sin contar el daño anímico a tanta gente, y es por ellos por lo que debemos tener presente siempre su dolor.
Anda enfrascados, (ése mundo) en dulcificar su pasado de terror, pero nosotros no lo podemos permitir, debemos enseñar a las generaciones venideras que lo ocurrido en esa terrible etapa no fue una guerra entre dos bandos, sino unos asesinos que mataban y unos mártires inocentes que ofrecían sus desnudas vidas.
No niego que los prefiero así, disueltos y desaparecidos para siempre, pero que no pidan la comprensión que nunca tuvieron ellos con sus victimas, que no pidan que pasemos página de sus crueles asesinatos. Ellos que hagan lo que les apetezca, nosotros a lo nuestro, a juzgarles y a castigarles con la ley en la mano.
Si de una cosa podemos estar orgullos los españoles es de haber derrotado democráticamente a una organización que lo tenia todo a su favor para amedrentarnos, el vil apoyo de una parte de su sociedad, un país limítrofe que les servia de refugio y cobertura para sus fechorías, y una opinión publica europea equivocada que comprendía sus masacres en la creencia de que eran simplemente antifranquistas.
Que desaparezcan, sí, porque además de entender que no han conseguido nada con sus infamias, el pueblo español los ignora, y ese es el peor de los castigos.
Afortunadamente llegamos a superar con éxito esa negra etapa de nuestra historia reciente y eso debe fortalecernos como pueblo. Y lo hicimos soportando la crueldad de una banda bien pertrechada y sin sobrepasar el cauce de la legalidad. No obstante, otra batalla se nos presenta, ésta aparentemente incruenta, es decir sin bombas lapas ni asesinatos pero con un arma muy poderosa para sus fines, la mentira y la coacción, me estoy refiriendo a Cataluña, pero si salimos airosos de aquella, dura y espantosa, lo haremos, también, de esta, estoy completamente seguro.
Dicho queda…


                                Joaquin Yerga
                                06/05/2018



sábado, 5 de mayo de 2018

Réquiem por José María Íñigo





Ninguna distancia será capaz de separar nuestros sentimientos.


Hay una conocida frase, no muy rigurosa ni filosófica, por cierto, pero muy común en el acervo del pueblo llano. Es fácil verla en azulejos de algunos bares y restaurantes de las zonas típicas de las ciudades. Dice así: “Hoy es un día maravilloso, veras como viene alguien y lo jode”
Hoy prometía ser un día estupendo, un día soleado de esta primavera como las de antes, fresca, lluviosa y muy apetecible, pero al igual que el desasosiego y temor que desprende la mencionada frase, ha llegado la fatalidad y nos ha jodido, no solo el día, sino una parte entrañable de nuestras vidas; ésa fatalidad llegó en forma de noticia, muy triste por cierto, la muerte de José María Íñigo.
Apuesto lo que sea que pocos españoles desconocen a éste bilbaino, (aunque madrileño de adopción y muy español) gruñón, un poco cascarrabias y simpático que tantas horas de entretenimiento nos ha dado a lo largo de su carrera. A los que ya atesoramos más de cinco décadas de vida, José María Íñigo forma parte de ellas, pues eramos muy jóvenes cuando él era ya todo un personaje televisivo. Acuérdense de ese mítico programa “Estudio Abierto” o de aquel otro, como “Directisimo” y la cantidad de famosos del mundo entero que se expusieron a sus mordaces preguntas ¿Quién no recuerda la noche aquella en la que España entera se afanaba por doblar cucharas y parar relojes mientras seguían las instrucciones de aquel farsante de Uri Geller? ¿Y de las inolvidables retransmisiones anuales del Festival de Eurovision? Aunque ya años antes había participado en muchos y exitosos programas de una televisión que, todavía en pañales, pero que ya empezaba a dar sus primeros pasos.
A Íñigo la tele no le trato muy bien, precisamente. Después, una vez pasada la moda y su momento se olvidó de él, a pesar de lo mucho que hizo, junto a otros cuantos como Lazaróv o Chicho Ibáñez Serrador para hacerla grande y merecedora de la atención de grandes masas de espectadores. Pero él supo nadar a contracorriente, y recuperó su fama y prestigio, bien merecidas, sin duda. Pocos como él pueden presumir de haber estado más de cincuenta años en el candelero de la fama y de la más absoluta consideración
En lo poco o mucho que pude entrever de su personalidad y carácter, siempre me pareció un tipo decente, franco y valiente que nunca se amedrentó ante las insolencias y descaro de los cientos de personajillos y mindundis que a menudo pasaban, sin pena ni gloria, por sus muchos programas y colaboraciones.
Últimamente lo escuchaba en un programa matinal de Radio Nacional que emiten los fines de semana, y fue ahí precisamente donde descubrí a ese Íñigo estoico y valiente del que hablaba. Con él se fue y para siempre un autentico archivo humano de la Televisión española. No había personajes importantes a escala mundial que él no hubiera entrevistado, lo sabia todo.
Hoy para muchos es un día triste porque se nos ha ido una persona esencial de nuestros recuerdos televisivos, unos recuerdos que son y serán siempre parte eterna e inmortal de nuestras vidas.
Yo lo apreciaba especialmente por su franqueza, su carácter indolente y porque sé que con él se nos va, también, una etapa entrañable de nuestra pasada historia que nunca volverá.
--Podría pedirte, Íñigo, que nos vayas preparando un programa de entrevistas, "en el más allá", con personajes extraordinarios del pasado que seguro andarán por ahí, para nuestro regocijo en la hora final, pero no busco una lágrima fácil, solo desearte: Descansa en paz, Íñigo, nosotros, mientras tanto, intentaremos sobrellevar tu ausencia--


                                           Joaquin Yerga
                                           05/05/2018

viernes, 4 de mayo de 2018

El jardín de las delicias





Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera
(Pablo Neruda)


Reconozco que ni entiendo ni me apasiona el tema, pero sé de su importancia en nuestras vidas. El otro día me di una vuelta por el Jardín Botánico de Madrid, (aunque ya había estado otras veces) me llamó la atención, y fue la excusa para volver, una magna exposición y siembra de tulipanes, que aprovechando la época y el buen escaparate que es el jardín, habían organizado los promotores y que auguraba, por cierto, ser muy atractiva, y lo fue efectivamente. No obstante era ya fin de temporada y no exhibían éstos precisamente su máximo esplendor.
El Jardín botánico de Madrid es uno de los mejores del mundo; ya lo era desde que lo creó Carlos III allá por el siglo XVIII. Por él han pasado importantes científicos en la materia, el más conocido Antonio José de Cavanilles, considerado el mejor naturalista español de todos los tiempos. Él fue el que le dio prestigio y el que lo convirtió, para orgullo nuestro, en el primero de Europa.
El parque, para el que no lo conozca o no sepa de él, es una maravilla, un remanso de paz dentro de la gran urbe; un oasis de verdor, armonía y pura naturaleza en medio de la caótica algarabía de la ciudad. El hecho de estar entre Cibeles y Atocha, justo en el centro del casco urbano le da, más si cabe, un valor excepcional.
Si lo comparamos con las 140 hectáreas del Retiro (140 campos de fútbol como dicen ahora) por supuesto, apenas le hace sombra, pero son 10 hectáreas de superficie arbolada y decenas de bucólicas veredas flanqueadas de innumerables especies de plantas naturales y exóticas provenientes de cualquier lugar remoto del planeta, y que hacen las delicias del paseante.
El Jardín pertenece al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y ha sido desde siempre un campo de pruebas y experimentos botánicos, así como lugar de aclimataciones de flora foránea en el duro clima mesetario madrileño. Ya durante los siglos XVIII y sobre todo el XIX, se realizaron expediciones costeadas por los reyes de turno en busca de flores y plantas desconocidas allende el océano para uso y disfrute de los interesados.
Hay (yo vi algunos) soberbios arboles de cientos de años de antigüedad. Ninguno supera, por supuesto, al famoso y longevo ciprés mejicano “Ahuehuete” del Retiro, que ya sirvió de apoyo para a artillería de Napoleón cuando la Guerra de la Independencia, pero se conservan estupendos ejemplares de secuoyas californianas, pinos llorones del Himalaya, olmos de Cáucaso o cedros negros de China, por decir algunos. Pero no solo de arboles presume éste exuberante Jardín de las Delicias, posee, también, miles de plantas endémicas del mundo, abundantes semilleros de incalculable valor científico, exclusivos herbarios y las más diversas especies de flores.
Por cierto, y aprovechando el asunto de la botánica tan desconocida para mi, ¿Alguien sabe la importancia que tuvo para esta hermosa ciencia un sueco llamado, Carlos Linneo. Por si alguno lo desconoce: éste hombre es el verdadero padre de la ecología. Recogió, estudió y catalogó todas las plantas conocidas en su época (siglo XVIII) y las clasificó por especies, familias y grupos. Jamás nadie se le había ocurrido tal proeza, escribió varios y rigurosos libros científicos sobre el asunto y desde entonces facilitó el estudio y conocimiento de todos los seres vivos. Si hoy sabemos de qué especie o a qué familia pertenece un animal o una planta por desconocida que sea se lo debemos a él. Llegó a coleccionar más de 14.000 plantas diferentes, 4.000 tipos de insectos, 3.000 cartas y mas de 1.500 libros sobre el tema. Toda esta inmensa colección se la compró a sus herederos un inglés “bien despabilado” Con ella y el prestigioso nombre del autor, fundó la Linnean Society of london, germen de la famosa Royal Society, tan vital para los futuros descubrimientos científicos.
Carl Von Linneo, que ese era su verdadero nombre, es uno de los considerados Padres de la Ciencia, junto a Newton, Darwin y Einstein, precursores de todo que lo vino después. Si los seres humanos hemos llegado a este punto de progreso y sabiduría, en gran parte se lo debemos a ellos.
Al salir del parque una rara y apacible sensación de armonía y serenidad embarga al visitante, tal vez por eso me crea en el deber de aconsejarles que imiten mi experiencia a los que aun no la hayan experimentado, les aseguro que repiten.
Dicho queda…
     Joaquín

miércoles, 2 de mayo de 2018

Un paseo por las afueras



El mundo es un libro y aquellos que no viajan solo leen un pagina.
(San Agustin)

Tenemos la suerte los españoles de disfrutar de un país bien hermoso y variado. Y ya saben lo dice la frasecita de marras: “En la variedad está el gusto”. Hablo de variedad porque no me negarán la diversidad de nuestra patria en tan escasa extensión de terreno.. Miren, partiendo del centro de la península que es Madrid (motivo principal por lo que Felipe, no es sexto, sino el segundo la designó capital del reino) podemos pasar si nos apetece de un paisaje duro, estepario, si nos alejamos hasta poco más de trescientos kilómetros, a otro de entorno muy diferente, con temperaturas suaves y suelo verdes perpetuos, si lo hacemos hacia el norte y le echamos un poco más de gasolina a nuestro auto.
Es más si somos caprichosos nos gusta el sol y chamuscarnos en playas inacabables de fina arena, tan solo tendremos que virar el rumbo y salir en dirección este de la capital. En poco más de esos mismos trescientos kilómetros de antes pasamos de las inmensas llanuras cerealistas de Castilla, (umbrías en los rígidos inviernos y resecas en las canículas veraniegas) al paraíso del turista, que no es otro que el soñado y suave mediterráneo y sus kilómetros de paseos marítimos atestados de souvenirs y jolgorio asegurado.
Conste que he puesto solo un par de ejemplos de rutas, las hay de todo tipo y perspectivas, sin ir más lejos, nuestras ciudades, muchas de ellas patrimonio de la humanidad. Qué decir, por ejemplo, de las castellanas. No me negarán las grandes diferencias en cuanto a diseño, construcción o historias de las del resto del país, y no es por desdeñar a ninguna, faltaría más, simplemente cito las singularidades.
Castilla fue, como todos sabemos, el origen y la cuna de España. En ella está nuestra historia y ahí debemos buscar nuestro ADN si precisamos saber de nuestra genealogía. Ésta región esta salpicada aquí y allá de ciudades que han copado en el pasado todo lo nuestro y que han sabido, para regocijo de propios y extraños, conservarlo intacto en gran medida; si no lean: Toledo, Burgos, Segovia, Zamora etc..
Salamanca, una que nadie debe perderse de visitar. Salamanca es genuinamente castellana y como tal acapara todos los adjetivos que los viajeros suelen endosarle, y que no la desmerecen ni mucho menos, es decir, es sobria, seria, culta, cuidada, moderna y a la vez clásica, y por cierto, con una historia y personajes vinculados a ella inconmesurable.
Llegar a Salamanca, como a cualquier capital de provincia de nuestro país, es relativamente fácil. Pocas quedan ya que no esté conectada, o bien por autovía o a través del AVE. ¡Quién lo diría hace cuatro décadas, cuando adentrarse por las carreteras de España era un suplicio!!
Salamanca es una ciudad de tamaño medio (200.000 habitantes en su zona metropolitana) habitable, cómoda y se la patea uno en un día bien aprovechado, si no queremos profundizar en su muchos matices históricos y culturales ¡claro! Y es que con una pequeña guía que nos facilite el transito peatonal por ella se puede acceder en poco tiempo a sus muchos y esplendidos monumentos.
Que yo recuerde pocas ciudades europeas poseen dos catedrales, pues Salamanca las tiene y ambas muy dignas. La vieja el siglo XII, más pequeña pero muy interesante precisamente por su antigüedad y la nueva del siglo XV, enorme mole y soberbia torre. Pero quizás lo más visitado y por lo que hace que Salamanca sea más conocida es su magnifica Plaza Mayor, diseñada y construida un siglo después de la madrileña. Por supuesto posee la ciudad infinidad de iglesias, conventos y edificios civiles con la antigüedad y la arquitectura suficientes como para recrearse horas en ellos.
Salamanca, pocos lo dudarán, está fuertemente asociada a su universidad. Es una de las más antiguas de España y de las más prestigiosas. No hay personaje histórico de la cultura, de la docencia o de la literatura española que no haya estado vinculado de alguna manera con ella. Por allí han pasado desde Nebrija (el que hizo nuestra primera gramática castellana), Hernán Cortes, Cristóbal Colón, Fernando de Rojas (el de la Celestina) Cervantes, Fray Luis de León, Santa Teresa, Unamuno etc. etc. Y no digamos la cantidad de obras de nuestra literatura que han ambientado sus relatos en esta ciudad.
En fin, no lo duden, si tienen tiempo cualquier fin de semana, sin mucho equipaje, cojan  el coche y aventurense a través de las magnificas autovías por nuestra ancha Castilla, y hagan parada y fonda en cualquiera de las muchas ciudades patrimonio de la humanidad. Dedíquenle al menos un día, les garantizo que regresaran encantados.
Dicho queda..


                            Joaquin Yerga
                            02/05/2018