sábado, 20 de octubre de 2018

Un minuto de silencio, por favor..

                                                                                       


Entró en su habitación; allí estaba su mujer, en su lecho yacía, ausente, ensimismada en sus pensamientos irracionales. Ha llegado la hora—pensó— Se acercó a la cama y se puso a su lado. Cogió de la mesilla el frasco con arsénico que había preparado hacía días y lo abrió. Es curioso, después de tanto llorar todavía le quedaban lágrimas, y eso le sorprendió. Con cuidado le abrió la boca y le dio de beber una buena porción del veneno; la abrazó fuerte y le dio un beso, su último beso.. Luego se tumbó a su lado y le cogió la mano. Bebió él el resto del liquido mortal y se dejó llevar.. Todo había terminado...

Se fue de este mundo con tristeza, pero firme y decidido. Sólo un pequeño remordimiento ensombreció su ánimo, sus hijos, ¿qué pensarían de todo esto?. Esperaba de todo corazón que llegaran a comprender, porque ya no tenía fuerzas para seguir. Una carta dejó para ellos. Nada tenía que reprocharles; habían hecho todo lo posible. Le habían ayudado, y sufrido también, viendo a su madre en estas condiciones. Pero sólo en sus manos estaba la decisión final; él era el responsable de los dos. Sí, también de ella, porque desde el día que lo supo, desde aquel fatídico día en el que le diagnosticaron el maldito Alzheimer, se prometió así mismo ligar su vida a la de ella; y eso lo iba cumplir a rajatabla, y sería lo último que hiciera en la vida.. Lo que pensaran el resto de la gente le importaba un bledo. Habría de todo, algunos comprenderán, otros le tildarán de loco; allá ellos. 

Quizás a la mañana siguiente, en los periódicos o en la tele, aparecería la noticia: “Un nuevo crimen machista sacude la ciudad. Un anciano perturbado mata a su mujer y luego se suicida". Y de nuevo los funcionarios guardarían un minuto de silencio en la escalinata del Ayuntamiento. Y algunos pensarían: ¡Otro salvaje que ha matado a su mujer! Y volverían a sus casas satisfechos por su minuto solidario... 

Mientras esperaba la muerte, extraños pensamientos acudieron a su mente. Deliraba, se veía como en sueños, levitando por paisajes insólitos.. Pero no estaba solo, de la mano lleva a su mujer, el amor de su vida

Joaquín








viernes, 19 de octubre de 2018

¡Qué tiempos aquellos!...






He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer. No he sido
feliz. Que los glaciales del olvido
me arrastren y me pierdan, despiadados.

Mis padres me engendraron para el juego
arriesgado y hermoso de la vida,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz...
(Borges)



Miren que anécdota más curiosa que demuestra lo grandes que fuimos los españoles una vez en la historia, y que ya no lo volveremos a ser, me temo. Estaba de embajador en la Santa Sede, (que era una de las principales por no decir la que más de todas) el insigne Enrique de Guzmán, conde de Olivares. A éste hombre le tocó ejercer durante tres papados consecutivos. Uno de ellos fue con Sixto V, un Papa agrio y muy pro-francés. Resulta que el embajador tenia una campanilla con la que llamaba a sus criados, pero en aquella época, parece ser, eso era un privilegio en poder solo de cardenales y de alguna que otra alta autoridad eclesiástica. Estos, con la anuencia del embajador francés, se quejaron al Papa, que prohibió tajantemente al español volver a usarla. Y, ¿saben que hizo nuestro conde de Olivares?, pues ni corto ni perezoso cada vez que tenia que reunir a su criados mandaba disparar dos cañonazos. Ante semejante estruendo en las apacibles noches veraniegas de la ciudad de Roma, dos días tardó el Papa en darle permiso para que siguiera usando la campanilla..¡Así eramos!...
No exagero ni un pelín si afirmo que los españoles hemos tenido un pasado asombroso de poder y dominio durante algunas determinadas épocas de la historia. Sin ir más lejos, al igual que ahora son los Estados Unidos de América los que parten el bacalao en el mundo, antes lo fue Inglaterra y en el futuro todo apunta que lo será China, a los españoles nos tocó ser líderes, sobre todo, entre la segunda mitad del siglo XVI y la primera del XVII. Fue ésa etapa, como se suele decir, nuestro minuto de gloria en la historia.. ¡Y qué poco aprendimos de ella!..
Para que se hagan una idea de nuestra supremacía en el mundo conocido de entonces, sepan que el idioma castellano era el más admirado y demandado por las diferentes cancillerías europeas; de hecho se usaba como lengua franca, es decir, como ahora lo es el inglés. Nuestro ejercito, aunque en esos tiempos estaba compuesto por mercenarios centroeuropeos, era temido y respetado. Los llamados Tercios Españoles aplastaban cualquier intento de rebelión en los innumerables territorios y regiones europeas que nos pertenecían, y fueron muchas. Por cierto, al mando de esos admirados Tercios siempre había jefes españoles; jefes que, por desgracia, muy pocos compatriotas conocen.
Una manera palpable de comprobar nuestro poder lo exhibían los embajadores españoles en los diferentes países, incluido el Vaticano, que entonces tenía un poder omnímodo. Recuerden que los Papas eran infalibles, bastaba una indicación suya para que reyes y poderosos sintieran canguelo ante cualquier insinuación o reproche. Pero, fijensé qué confianza en nuestro poderío militar, y firmeza ante los soberbios y arrogantes lideres mundiales tenían nuestros representantes políticos que, por ejemplo, otro embajador español pidió audiencia al Papa Gregorio XIV para tratar unos asuntos. Éste Papa, un tipo desabrido y vanidoso, apenas le prestaba atención a lo que nuestro diplomático le decía; perdía el tiempo manoseando un raro gatito de angora. El embajador, D. Francisco de Alava, irritado por la descortesía del Sumo Pontífice, cogió al gato con determinación y lo tiró al suelo. El Papa, cabreado, le arrojó una campanilla de oro macizo que tenia sobre la mesa; entonces D. Francisco con aplomo y sin inmutarse demasiado se la devolvió después de haberla besado, diciéndole: Algún día ésta campanilla tendrá que pregonar nuestra fama en el mundo” E inmediatamente abandonó la audiencia. Dicen que el Papa, pasmado, ante tal osadía, soltó por lo bajines: ¡No se puede negar que éste hombre los tiene bien puestos!...
¡Claro! que entonces teníamos de rey un tal Felipe, pero no el Sexto, sino el Segundo... ¡Evidentemente eran otros tiempos!... Porque, miren otra pequeña anécdota... el Papa que sucedió al anterior se encolerizó sobremanera cuando, leyendo una carta enviada por Felipe II, replicó a nuestro embajador allí presente: ¿Pero es que vais a saber más de teología que nosotros? Y se marchó de la sala dando un portazo. El embajador sereno y flemático, amenazó a los cardenales allí presentes con meterlos debajo de un ladrillo si se le ocurriera hablar mal del rey y de España. Esa prestancia y sacada de pecho sólo podíamos hacerla entonces. Hoy en día cualquier mindundi se mea encima de nosotros y decimos que está lloviendo, si no miren a esos energúmenos jueces y políticos belgas y alemanes que son capaces de juzgar la calidad de nuestra democracia para no entregarnos a los golpistas catalanes... ¡Claro! que si nosotros mismos los tratamos como reyes aquí en nuestras cárceles, ¡Cómo demonios nos van a respetar fuera!!
Dicho queda...
                                                                              Joaquín Yerga
                                                                               19/10/2018

jueves, 18 de octubre de 2018

Qué aspecto tendríamos si...



Pude amar esta noche con piedad infinita,
pude amar al primero que acertara a llegar.
Nadie llega. Están solos los floridos senderos.
La caricia perdida, rodará, pues, rodará...
(Alfonsina Storni)

Cuando se dio la voz de alarma ya era tarde, oleadas de extraños barcos con fantasmagóricas cabezas de dragones en sus proas, y abarrotados cada uno de ellos con cuarenta o cincuentas vociferantes y fieros vikingos iban entrado a tropel en la bocana del puerto de Sevilla. Los almuacines de las decenas mezquitas de la ciudad llamaban a arrebato, a voz en grito, a los sevillanos a defenderla con uñas y dientes. En Palacio, el emir Abderramán II convocó de inmediato a sus consejeros y ministros para organizar a toda pastilla la resistencia.
Asustados por lo que veían sus ojos pero atrevidos y valientes; hombres, ancianos y niños acudían raudos con palos, lanzas, flechas o cuchillos al puerto a defender la ciudad. Por los todos rincones, plazas y callejuelas, verdaderas riadas de campesinos, tenderos y comerciantes, y hasta mendigos, aterrados de pánico, se disponían a morir luchando antes que permitir que esos salvajes del norte, esos tipos barbudos, corpulentos, feroces, se apoderaran de la ciudad y asesinaran a sus familias.
Fue una batalla cruel, a muerte. Después de siete días de luchas, de martirios de muchos inocentes... de sangre, por fin los atroces normandos se replegaban y huían. Naves vikingas aun humeantes se hundían bajo las aguas del río, pero algunas consiguieron recomponerse y, atestadas de guerreros maltrechos, enfilaron aguas abajo, rumbo al Atlántico... La ciudad se salvó...
Así Imagino el desolador panorama que se encontrarían los sufridos sevillanos un día cualquiera del año del señor del, 844. Una mañana fresca de octubre de ese angustioso año, algunos madrugadores viandantes contemplarían atónitos cómo unos centenares de naves vikingas remontaban el Guadalquivir camino del mismo centro de la ciudad con la macabra intención de tomarla pero...Si nos remontamos varios siglos atrás de estos episodios resulta que... 
Los primeros tipos que avistaron el sur de Suecia le pusieron de nombre Skane, se ignora el porqué de ese apelativo, el caso es que se quedó para siempre. Con el paso del tiempo y la llegada de los romanos a media Europa el nombre de Skane se latinizó y pasó a denominarse Escania pero, no solo a ésa parte, sino a toda la zona, es decir, a Escandinavia entera. Ahora la ocupan cuatro países, Suecia, Noruega, Dinamarca y Finlandia, aunque ésta última sus moradores tienen otro origen.
Pasado los siglos y llegada la Edad Media parece ser que el clima tuvo una etapa de inusual benignidad, hizo más calor del habitual, a veces pasa, también lo contrario. El caso es que las mujeres nórdicas, quizás debido a la profusión de buenas cosechas, se pusieron a parir como conejas, y sus pequeños vástagos morían menos que antes. Y llegó el día en que, con tal exceso de pequeños y pequeñas rubitas y rubitos de ojos claros y piel tan blanca, hubo más superpoblación de lo que ésa tierra y ésa sociedad podía mantener. Y se pusieron en camino...
Visto el panorama urgía buscar nuevas tierras donde asentar el excedente de población, así que organizaron expediciones compuestas por centenares de barcos cada una, y se lanzaron rumbo al Sur en busca de botín y de tierras. Ellos se llamaban así mismos vikingos, el resto de los europeos de entonces, normandos.
Los que moraban en lo que ahora es Suecia bajaron por la ruta más oriental. Atravesaron Rusia, Polonia etc y llegaron hasta las mismas puertas de Constantinopla, allí los pararon los bizantinos que entonces estaban fuertes, pero por el camino saquearon todo lo que les pillaba a mano; eso sí, fundaron, entre otras, Kiev y Moscú, que fue el origen de Rusia.
Por la parte occidental, es decir, los futuros noruegos y daneses, estos cogieron la ruta del Atlántico y se cebaron con Inglaterra y con Francia. Estos tíos llegaban a la costa, generalmente la desembocadura de algún rio, lo navegaban a contracorriente y se metían hasta el interior de los territorios... Imaginen cómo se las gastaban, entraban a saco en las ciudades, siempre desprevenidas, y la carnicerías que organizaban era de espanto, no quedaba títere con cabeza. Las iglesias las arrasaban; se llevaban hasta el último cáliz y, no digamos de cualquier casa o palacio asaltable.
En Inglaterra, como les pillaba más cerca, acabaron estableciéndose allí de manera estable, de tal forma y cantidad de gente que, hoy en día la base étnica de los ingleses en gran parte es de sangre viikinga. ¡Así son de rubios y coloraos ellos!...
En Francia atacaron en la desembocadura del Sena con tal fiereza que el rey francés tuvo que pactar con ellos y cederles una parte de tierra. Hoy en día ésa zona es la región de Normandía (tierra de hombres del norte), una prospera región al noroeste de nuestro país vecino. Por cierto, es famosa, además de por otras muchas cosas, porque sus habitantes son más rubios y proliferan más los ojos azules que en otros lugares del país.
¿Y en España? Pues nosotros nos libramos por los pelos, aunque hay constancia de varios saqueos terribles en tres o cuatro lugares. En Galicia, en tiempos del rey Ramiro I (año 840) aparecieron por La Coruña y desvalijaron varias iglesias, menos mal que el rey pudo organizar un contraofensiva y echarlos, hundió más de setenta naves vikingas. Pero parece ser que no les hicieron mucha pupa porque el resto bajaron por la costa y arrasaron Lisboa primero, y después remontaron el Guadalquivir hasta llegar al mismo centro de Sevilla.
Fueron siete días de pillaje, asesinatos y despendole. A Sevilla, cuando acabó la cosa, no la reconocía ni sus propios habitantes. De la Gran Mezquita (entonces estaba la ciudad en manos de los árabes) quedó tan sólo las cuatro paredes; eso da una idea del desastre. Al final pudieron echarlos pero las pasaron canutas.
Otra expedición vikinga entró por el Mediterráneo, remontó el Ebro y saquearon Zaragoza y Pamplona. Menos mal que en España encontraron mucha resistencia, porque si no, hubieran entrado tantos vikingos que hoy en día seríamos más parecidos a los ingleses, rubios y coloraos, y menos de aspecto gitanillo pícaro, que tenemos hoy, y tampoco es eso...
Dicho queda...
                                                                       Joaquin Yerga
                                                                       18/10/2018

martes, 16 de octubre de 2018

El andaluz más seductor...

                                                                                   




Amor callado que jamás se queja;
amor que, en la discreta madrugada,
sólo acierta a poner junto a tu reja,
la ilusión de una estrofa perfumada.
(M. A. Peguero)


En fin, estábamos solos, y ella en la cama, más bonita que nunca. Nos miramos de nuevo a los ojos, nos acercamos y llegué a darle un beso en la frente. Se incomodó o fingió incomodarse y me rechazó.
Ella me hace ver que adormece y me obliga a no mirarla. De repente se incorpora, la miro y me mira a su vez con ojos cariñosos y provocativos que me hizo levantar del sillón, y diciéndola te amo, me eché sobre ella, y la besé y la estruje y la mordí, como si tuviese el diablo en el cuerpo. Y ella no se resistió, sino que me estrechó en sus brazos, y unió y apretó su boca a la mía, y me mordió la lengua y el pescuezo, y me besó mil veces lo ojos, y me acarició y enredó el pelo con sus lindas manos; y me quería poner los besos en el alma, según lo intima y estrechamente que me los ponía dentro de la boca, y nos respiramos el aliento, sorbiendo para dentro muy unidos, como si quisiéramos confundirnos y unimismarnos. Fue una locura de amor que duró hasta la madrugada.
Tu amigo, Juan

No quiero continuar con ésta historia para no poner a nadie los dientes largos. No son los diálogos de la película 50 Sombras de Grey ni de otra cualquiera novela erótica, aunque lo pareciera. Son los pormenores de una noche de pasión y entrega que el diplomático y erudito español Juan de Valera pasó con la actriz francesa Madeleine Brohan, en San Petersburgo, y que le cuenta por carta a un intimo amigo suyo.
Apuesto lo que sea que pocos lo conocen. No fue un escritor de éxito como otros, aunque tiene algunas novelas bastante buenas y ensayos apetecibles de leer. Fue un andaluz “salao” donde los haya; liberal, moderado, tolerante. Quizás si les menciono su obra más famosa algunos lo recuerden, “Juanita la Larga” una novela costumbrista que recrea el ambiente andaluz del pueblo de Cabra, en Córdoba, lugar de nacimiento del autor.
Pero el motivo de escribir sobre Juan de Valera, como imagino habréis sospechado, no es por su pericia como escritor, novelista o como diplomático, que también lo fue, ¡Qué va! sino por su vida personal, sobre todo la amorosa, que fue la repera. Sí, porque no sé que les daba éste playboy del siglo XIX a las mujeres que las traía de calle. Se le cuentan a Juanito, que así le llamaban en su pueblo, infinidad de amantes de toda índole profesional y de nacimiento, sino, mirad...
Con tan sólo veinticuatro años fue destinado como agregado sin sueldo a la embajada de Nápoles, y como los buenos marineros que dejan un amor en cada puerto, nada más llegar allí dejó su impronta seductora; se enamoró, y enamoró hasta las trancas a una mujer mayor que él y con fama de buena intelectual, Lucía Palladi, conocida como “La muerta” por la palidez de su rostro. Ésta fue, quizás, su verdadero amor. Ambos llegaron a sentir autentica pasión el uno por el otro, pero la diferencia de edad hizo que se rompiera el amor.
Poco mas tarde llegó a París con el cargo de secretario de la embajada, ya con sueldo, y como no podía ser menos hay constancia de que cameló a no pocas francesitas de alto copete. Con veintisiete años le vemos ya en Brasil, en el consulado de Sao Paulo, conquistando a una hermosa baronesa muy experimentada, por cierto, en asuntos carnales y con cualidades especialmente orales. Esto lo conocemos por sus cartas escritas con todo lujo de detalle a su amigo Estébanez Calderón, escritor como él.
Y lo enviaron después a la embajada de Rusia, que entonces estaba en San Petersburgo, y allí también la lio parda con algunas valquirias nórdicas. Valera ya rebasa los treinta pero el tío sigue incólume en apetitos sexuales, tanto es así que allí en Rusia enamora locamente a la actriz francesa Madeleine Brohan, (él la llama Magdalena) la protagonista de los diálogos de arriba.
En 1867, es decir, con 43 años, se ve envuelto en un enredo propio de vodevil con cuatro posibles candidatas a casarse con él a la vez, Rafaelita, Magda, Carmela y una de París. Ruega a un amigo que haga correr la voz de que es un perdido, un golfo, para así librarse de las cuatro; parece ser que lo consiguió. 
A finales de ése año se casa con Dolores Delavat, hija de su antiguo jefe. Con ella tiene tres hijos, pero el matrimonio no funciona. En unas cartas muy amargas que le escribe a un amigo le dice: “Hace años que Dolores no quiere ser mi mujer, pero se pone furiosa si alguna no me halla tan viejo y tan averiado  como me ve ella”
Pero el tío sigue en sus trece. En 1885 con sesenta ya cumplidos llega a Washington como ministro plenipotenciario (actual embajador) y enamora locamente, nada menos, que a la hija del Secretario de Estado norteamericano, Katherine Bayard una bella joven que pretende casarse con él. Pero Valera no quiere comprometerse, ella es demasiado joven. En enero recibe la noticia de que le trasladan a Bruselas... Tres días más tarde, ella, que lo quiere tanto, se suicida por amor...
No me negaran las bellas hechuras labiales de nuestro escritor y diplomático andaluz. Y eso que sólo os he enumerado algunas de sus amantes. Ya retirado en Madrid, y casi ciego, organizaba tertulias en su casa de la calle Santo Domingo a la que acudían escritores como, Menéndez Pelayo, Pérez de Ayala o los hermanos Álvarez Quintero, entre otros...
Murió en Madrid a los 81 años, pero se fue bien despachado. Está enterrado en su Cabra natal. 
.
    Joaquín Yerga
                                                                           




lunes, 15 de octubre de 2018

De todos los hermanos fue a elegir al más golfo




Porque es áspera y fea,

porque todas sus ramas son grises,

yo le tengo piedad a la higuera.

En mi quinta hay cien árboles bellos,

ciruelos redondos, limoneros rectos

y naranjos de brotes lustrosos.

En las primaveras,

todos ellos se cubren de flores

en torno a la higuera.

Y la pobre parece tan triste

con sus gajos torcidos, que nunca

de apretados capullos se viste...

Por eso,

cada vez que paso a su lado,

digo procurando

hacer dulce y alegre mi acento:

Es la higuera el más bello

de todos los árboles del huerto”

Y tal vez, a la noche,

cuando el viento abanique su copa,

embriagada de gozo a él le cuente;

¡Hoy a mi me dijeron hermosa!

--Juana de Ibarbourou--

 

Había una vez hace mucho mucho tiempo una princesa joven y bella, Cristina era su nombre. Pero los que fueron a buscarla desde un lugar muy lejano para casarla con uno de los suyos no sabían cómo era; jamás la habían visto. Estos venían de un remoto país llamado España. Se trataba de una comitiva real enviada por el rey de Castilla, Alfonso X, el Sabio. 

Cristina vivía en Noruega, ese lugar frío e inhóspito del norte de Europa, y la buscaban porque pretendían desposarla con uno de los siete hijos del rey Alfonso.

--¡Oh, qué guapa es!--dijeron al verla por primera vez--¡qué rubia y qué ojos azules atesora la moza!

El padre de Cristina, el rey de Noruega, se extrañó de que, ni su hija ni él aún no supieran de cuál de los siete hijos iba a ser la esposa, pero consintió ceder a su hija con la esperanza de que algún día fuera reina de Castilla, y con todo el dolor de su corazón, el rey se despidió con lágrimas del cortejo en el que iba su hija camino de Castilla, un país muy lejano del que apenas había oído hablar siquiera.

Ya en Castilla, a la princesa le correspondía elegir entre los siete hijos del rey. Y la princesa eligió, y eligió mal;  el infante Felipe fue el escogido, un niñato tarambana que estaba destinado a ser Arzobispo 

Felipe dejó la sotana y la mitra y se lanzó a por la guapa y rubia joven. Se casaron y fueron... no precisamente muy felices.. 

La chica murió tres años después, de melancolía. Tan lejos de su gente, tan duro el clima (muy diferente al suyo) y la mala vida que le dio el infante más golfo que le tocó en suerte, pudieron más que su juventud..

Cristina está sepultada en Covarrubias, un pueblo alejado entonces de la corte, porque así lo quiso su marido. A él lo enterraron no muy lejos de allí. 

No sabemos qué fue de su querido padre, tan lejos. Tal vez murió de pena por la suerte de su princesita... 

Desde hace ya una eternidad las jóvenes casaderas de ése pueblo de Burgos tienen la costumbre de depositar un ramo de flores en la tumba de la princesa prematuramente muerta, antes de pasar por la vicaría. Les trae suerte, aseguran.. la suerte que no tuvo Cristina..

Joaquín







sábado, 13 de octubre de 2018

El embajador estaba casado, pero la reina se enamoró de él a morir




Si en el mundo fue tan bella,

¿cómo será en esa estrella

dónde está?.

¡Cómo será!..


Si sus besos eran tales

en vida ¿cómo serán sus

besos espirituales?.

¡Qué delicias inmortales

no darán!

Sus labios inmateriales,

¡cómo besaran!

--Amado Nervo--


Cuando Antonio llegó a Suecia, como embajador, se instaló en un pequeño palacete y enseguida presentó sus credenciales a la reina Cristina.. Esta quedó prendada de él. Hasta tal punto fue así, que llegó a urdir planes para tener bien cerquita a nuestro guapo compatriota. Le hacía costosos regalos, le llamaba a menudo con excusas inverosímiles.. En fin..

Y, claro, Antonio acabó cayendo en sus brazos.. A ver quién es el guapo que se resiste a esos ojazos azules de la reina Cristina.. Se veían en secreto, y se amaron, ¡Oh, sí, se amaron mucho!.. Pero acabó por enterarse todo el mundo..

Fue la comidilla de la alta sociedad de entonces, sin duda. ¡Qué escándalo, el embajador español, casado, tiene un lio con la mismísima reina Cristina de Suecia! Por las cancillerías de Europa se hablaba del asunto. Por supuesto la noticia llegó a España, aunque se hizo la vista gorda, convenía...

El romance duró un lustro. No sabemos quién se cansó de quien, o se acabó el amor de tanto usarlo. El caso es que ella renunció al trono (dijeron que por culpa de él) recogió sus bártulos y se largó a Roma en una especie de exilio dorado. Por supuestísimo en la comitiva que le acompañaba camino de Roma iba su amante, Antonio...

El fin de esta bonita historia de amor terminó como todas, él por un lado y ella por otro. Cristina se quedó en Roma acumulando obras de arte y visitando iglesias. Murió a los 62 años y casi en la ruina... ¡Ella, que lo fue todo!.. D. Antonio Pimentel, nuestro embajador, para satisfacción de su señora esposa, supongo, se alejó de la “ciudad eterna” y fue nombrado nuevo embajador en París. Imagino que alguna que otra francesita caería rendida en sus brazos, ¡era tan guapo!.. ¡Uy, si lo hubierais visto!.

Por cierto, en el Museo del Prado podéis admirar un magnífico cuadro del pintor alemán Durero, se titula Adán y Eva, y precisamente se lo regaló la fogosa Reina Cristina a nuestro más guapo embajador de la historia, Antonio Pimentel de Prado...

Joaquín 

                                                                          

                                                          Cristina de Suecia, de mayor

                                                                              

                                                                  Antonio Pimentel
                                                                                  
                                                                                    
                               Adán y Eva, cuadro que Cristina regaló a Antonio Pimentel 
                                                                                        

                                                                     




jueves, 11 de octubre de 2018

¡Hagan juego, señores!...




Hace tiempo que no me interesa, que no me divierto con mi horóscopo. Pero me pasa, creo, como a muchos, que aun sabiendo que es pura patraña no dejo de echarle un vistazo si se me pone a tiro...
¿Qué impaciencia nos subyuga, pues, que no nos conformamos con nuestro presente? ¿Qué afán de anticiparnos a lo que vendrá aun temiendo saber no ser muy halagüeño?... Y es que queremos más, ansiamos conocer. Quizás en el fondo lo que esperamos no sea otra cosa que un golpe de suerte que resuelva todos nuestros problemas... Debe ser eso..
Para esa impaciencia de la que hablo tenemos a la quiromancia, en donde las líneas de la mano expresan la totalidad de la persona, o sea, su pasado, presente y su futuro.
O la llamada clarividencia, que es otra mancia. Se utilizan las famosas bolas de cristal, y para que el sortilegio sea efectivo la bola debe estar limpia como una patena. El adivino, o sacacuartos, como le queramos llamar, permanece embelesado mirando fijamente el cristal hasta que entra en trance; después según las imágenes más o menos definidas que perciba, así interpretará las respuestas a lo que le haya preguntado el cliente, también llamado, “primo” o “papanatas”.
Algunos videntes, o engañabobos, utilizan para engatusar espejos, y a éste entretenimiento le llama catoptromancia, que no es otra cosa que buscar las respuestas en las imágenes reflejadas en los cristales después de estar concentrado en la llama de una vela. ¡Claro, que después de estar mucho tiempo mirando ésa luz uno puede ver cualquier cosa!.
Y qué me decís de la piromancia, no confundir con los pirómanos, aunque por lo de piro (fuego) y “piraos”, no debe haber mucha diferencia. Estos adivinadores ven figuras abstractas en el fuego de, por ejemplo una chimenea. Según las formas y los colores que tengan estas figuras así será el futuro del usuario. Muy negro lo veo yo; lo digo por el humo..
Lo de echar las cartas del tarot está ya muy trillado ¿A quién no se las han echado alguna vez? A mi no desde luego; pánico le tengo a éstas cosas... Pues sepan que a estos jueguecitos le llaman cartomancia.
También tenemos (siguiendo con lo de las mancias) la hidromancia, o adivinación por medio del agua. Se suele utilizar el agua del rocío. Parece ser que interpretan el futuro mirando las ondas que hace el agua en un recipiente después de haber arrojado una piedra. ¡Ah! Y no se lo pierdan, tenemos hasta la llamada, ovomancia. Y me dirán, ¿En qué consiste ésta patochada? Pues, nada menos que en cascarse un huevo. ¡No se alarmen, puede ser uno de gallina!. El lila, o cliente, lleva un huevo al adivino, éste lo casca y según la disposición de la yema y la clara dependerá su suerte. 
De todas maneras el campo está abierto, ustedes eligen cuál les gusta más. Permítanme aconsejarles, no obstante, que se conformen sólo con el horóscopo, al menos es gratis...

Joaquín


miércoles, 10 de octubre de 2018

Algunos golfos con sotana...





Y una tarde cualquiera sentirás que me he ido

y un soplo de cenizas regará tu jardín

y aprenderás entonces, que el tiempo y el olvido

son las únicas cosas que no tienen fin.

--J. A. Buesa--



Tu eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia”.. Con éstas palabras textuales se dirigió Jesucristo a su apóstol favorito. Y Pedro, después de muerto su maestro y hasta su propia muerte siguió adelante con sus enseñanzas intentando llevar a cuanta más gente posible la “Buena Nueva”

Que San Pedro fuera considerado el primer Papa se decidió siglos después de su muerte; él ni se enteró de semejante privilegio. Pero, fíjense si ya ha llovido desde su muerte (acaecida en el año 65) hasta la actualidad, que ahora tenemos un Papa nacido en una tierra que en sus tiempos ni existía para la historia.

Si contamos desde San Pedro hasta el actual, Papa Francisco, se han ceñido la mitra vaticana nada menos que 296 Papas, es decir, una media de siete años por Papa; poco se puede hacer en tan poco tiempo, pero es lo que hay. Y evidentemente ha habido de todo...

Por ejemplo hubo Papas que fueron excelentes personas como Juan XXIII, (Siglo XX) un tipo vital, alegre y cercano, hizo mucho por la institución, Silvestre II, (siglo X) un buen intelectual, muy querido por todo el mundo, o Gregorio X (siglo XIII) fue el primero en ser elegido a puerta cerrada; se esmeró en unificar las distintas corrientes dogmáticas de la Iglesia.

Pero también han habido Papas infames, malvados. Sí, de estos ha estado sobrada la Iglesia. Sin ir más lejos ahí tenemos a Esteban VI (siglo IX) mandó exhumar a su antecesor por el odio que le tenia. Le hizo un juicio por traidor a la iglesia y despedazó su cuerpo para que no fuera enterrado. O a Sergio III (siglo X) que asesinó al anterior y colocó a su hijo ilegitimo como sucesor. Éste fue llamado en sus tiempos, el esclavo de todos los vicios..

¿Y qué me dicen de los viciosos del sexo? Pues que la lista es larga, por ejemplo, Juan XII (siglo X) más conocido como el Papa fornicador. Mantuvo relaciones con sus hermanas y violaba a peregrinas en la propia catedral; o Bonifacio VIII (siglo XIII) que tenía fama de pederasta; corrían anécdotas por Roma de cómo se lo montaba con una mujer y la hija de ésta al mismo tiempo. ¿Y Clemente VI (siglo XIV)? Pues que éste golfo era aficionado a prostitutas de medio pelo; menudas juergas se corría el "menda". Contrajo gonorrea por su gran afición al sexo de pago...

Les aseguro que no es mi intención recrearme con los abusadores del sexo, pero es que estos asuntos tienen más interés aunque sólo sea por el morbo que producen. Ahí van un par de ellos más o tres y con esto termino... Sixto IV (siglo XV) con cinco hijos; ilegítimos, uno de ellos de su propia hermana. O Inocencio VIII (Siglo XV) Éste tipo, ¡os lo aseguro! acabó con la decencia papal; engendró más de una docena de hijos con multitud de mujeres y para colofón de sus perversidades solicitó en su lecho de muerte que una joven ama de cría le amamantase... 

No obstante no sólo de sexo pecó el Vaticano, también de nepotismo. ¿Cuántos tíos se hicieron Papas gracias a la pasta aportada por sus ricas familias? Muchisimos. Hubo un tiempo en el que los que designaban a los Papas eran las pudientes familias romanas. Otros, sin embargo, las grandes monarquías europeas del momento como la francesa o la española.

Por cierto, y hablando de nuestro país, Papas españoles sólo han habido tres; el más conocido de ellos, Alejandro VI, el Papa Borgia, un putero redomado. Aunque siendo justos, con España se portó muy bien. 

Y también tuvimos, ¡cómo no! un Antipapa, (así se les llamó a los elegidos en Aviñon), el testarudo Benedicto XIII, también llamado Papa Luna. Miren si fue cabezón y obstinado el bandarra, que ya se habían puesto todos de acuerdo para acabar con la división y unificar las dos sedes papales nombrado un Papa de consenso, cuando el compadre se atrincheró en su castillo de Peñíscola diciendo a voz en grito que el Papa era él y que de allí no lo sacaban ni con agua hirviendo... De ahí viene lo de “Estar en sus trece”, por su número de orden, el XIII...

Pero conste que todo esto es agua pasada, cosas de otra época. Hace tiempo que los Papas se esmeran en hacer bien su trabajo y en dar ejemplo ellos mismos. Ahí tenemos al Papa Francisco, un tipo austero y firmemente empeñado en pedir perdón por los excesos antaño cometidos por la Iglesia. 

Y para que vean cómo ha cambiado el cuento: antes casi todos los Papas eran nacidos en Roma, después en toda Italia, más tarde se amplió a Europa, y ahora los tenemos ya de otros continentes. ¿Y el próximo? ¿Será africano? ¿Una mujer?... En fin, estaremos expectantes..

Joaquín Yerga




martes, 9 de octubre de 2018

¡Qué cabeza la mía!...




Amiga...
¡Tengo tanto que decirte, tanto que amarte!.
Pero sólo en el silencio de mi soledad me atrevo.
Si una fresca mañana de lluvia pudiéramos,
sentados en un café, tú y yo, frente a frente,
sabrías del amor como nunca te contaron.
Si una cálida tarde de verano
me hicieras un hueco en la arena, a tu lado, 
cuando en el cielo el Sol da paso a las estrellas, 
comprenderías por qué te quiero...
--Joaquín--

¡Y pensar que durante muchos siglos la gente común, y no tan común, creía que el cerebro humano era simplemente una cavidad vacía, un simple relleno del cráneo!. Perdonadme, pero no me resisto al chiste fácil.. Y es que algunos ya sabíamos hace tiempo que en muchas cabezas no había nada debajo de sus sombreros, sobre todo en las de ciertos políticos de ahora...
Los antiguos egipcios, incluso el gran Aristóteles, entendían, ¡ya ven que barbaridad!, que los pensamientos tenían lugar en el corazón. Imagino que de ahí viene el adjudicarle a éste trepidante órgano funciones románticas y amatorias. Aristóteles, que fue un genio para tantas cosas aquí metió la pata hasta el corvejón; él estaba convencido que el cerebro enfriaba la sangre y el corazón decidía nuestros pasos. Tuvo que ser Hipócrates, el gran médico griego de la antigüedad el que nos sacara de dudas.
Cuando por fin supimos de la función tan principal de nuestro cerebro hubo gente que pensaba que su actividad era debida a flujo de espíritus y que dentro de él había un hueco donde residía nuestra alma. Y no creáis, muchos se devanaron los sesos buscándola. Ésta idea persistió hasta bien entrada la Edad Media. Pero llegó el Renacimiento con sus nuevos aires más científicos que sobrenaturales y supimos la verdad...
Mirad: describir nuestro cerebro es describirnos a nosotros mismos, porque somos exclusivamente eso, cerebro. Pero estarán conmigo que pensar que todo esto se reduce a conexiones neuronales y a pura química orgánica es, cuanto menos, descorazonador.
¡Cómo imaginar, con lo complejos que somos, tan perfectos a veces tan malvados otras aunque siempre maravillosos, que en realidad debajo de nuestras cabezas sólo hay un par de kilos de masa encefálica repleta de un ensamblado de cables biológicos!. No me negaréis que es angustioso y deprimente. Mejor creer que ahí reside nuestra alma, como decían los antiguos, y que ella es lógica, invisible, razonable, perfecta, y que guía nuestros pasos... ¡Y dejemos lo de la masa encefálica y las conexiones neuronales para científicos y psiquiatras!...
En fin, poco más, sepan que un cerebro ocupa unos dos metros cuadrados aproximadamente si lo extendiéramos en el salón de nuestra casa, pero que al estar plegado entre los huesos craneales se contrae; de ahí ésas hendiduras y arrugas tan características. 

Joaquín Yerga


lunes, 8 de octubre de 2018

Dijo Dios: "Sea él, y se hizo la luz"...





Si Dios fuera una mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos,
sino que nos aguardaría en el zaguán de los infiernos,
con sus brazos no cerrados,
con su rosa no de plástico
y su amor no de ángeles.

¡Ay Dios mío, Dios mío!
si hasta siempre y desde siempre
fueras una mujer
qué lindo escándalo sería,
qué venturosa, esplendida, imposible,
prodigiosa blasfemia.
(M. Benedetti)


El joven Isaac aprovechó el fantástico día para darse una vuelta por los alrededores de la finca de su padrastro en las afueras de Wollsthorpe, al este Inglaterra. Desde que se vio obligado a volver de la universidad, en Cambridge, por culpa de la epidemia de peste que asolaba la ciudad, apenas había tenido tiempo de pensar, los estudios le ocupaba todo el tiempo.
Al atardecer, cansado de dar vueltas y más vueltas por los alrededores, decidió tumbarse debajo de un enorme manzano que encontró en su camino.. 
– Seguro que su sombra le ayudaría a descansar un rato – pensó..
Y tendido boca arriba al fresco del magnifico árbol, dormitaba soñoliento cuando, una manzana seca se desprendió de las alturas, empujada tal vez por el viento que empezaba a soplar, y fue a caer justo a su lado. Perplejo por el pequeño incidente se incorporó del suelo, y mirando atónito al cielo, lo descubrió... De repente todo cuadraba, todas sus antiguas ideas encajan a la perfección, porque... 
--¿Si la manzana caía al suelo atraída por el efecto de la gravedad, porqué no lo hacía la Luna, infinidad de veces más pesada?
Entusiasmado por sus nuevos hallazgos regresó a la casa y se puso a pensar en los efectos de la gravedad. Y llegó a la solución: a base de ecuaciones y experimentos descubrió la formula de la gravitación universal. Y averiguó porqué los objetos caen al suelo, y del porqué de las mareas, incluso porqué se suceden los días y las noches. Y....   

Lo del árbol y la manzana posiblemente sea una patraña, una leyenda que ha acompañado siempre al personaje y que no se ajusta a la verdad histórica, pero lo de abajo es real como la vida misma...
Contaban de él tantas cosas...Tantas anécdotas.. Unas serían ciertas, otras exageradas, incluso alguna inventada, pero el tipo en cuestión se merecía todas ellas y más, por su carácter..
Contaban, por ejemplo, que era tan despistado (exactamente igual que esa imagen que tenemos del científico loco y distraído) que una vez quiso experimentar cuánto tiempo  tardaría un huevo en cocer, pero en vez de meter el huevo en el agua introdujo su reloj de bolsillo mientras intentaba cronometrar los minutos con el huevo en la mano..
Y, seguimos con sus excentricidades; alumnos y compañeros suyos aseguraban que tenia un aspecto descuidado, desaliñado. No se peinaba y hasta olía mal pues a menudo se olvidada lavarse. Y no solo eso, se olvidaba hasta de lo más elemental, comer y dormir; una vez estuvo cuatro días sin hacerlo, imagínense...
Fue un tipo excepcional, un sabio del que gran parte de la comunidad científica lo califica como el mejor que ha existido nunca, hablo de Isaac Newton. Y, miren que empeño ponía en sus investigaciones (fueron muchas y variadas) que se llegó a pinchar su propio globo ocular para alterar momentáneamente la curvatura de su retina y constatar las variaciones que se producían en los colores de la luz. El resultado de éste y otros estudios fue el invento del telescopio reflector, base de los telescopios modernos.
Se quedó sin padre al poco de nacer y su madre se volvió a casar, y nada apuntaba, por cierto, que fuera destacar en nada, pero, amigo, se picó una vez con un compañero de clase en una disputa educativa y decidió superarle; se convirtió en el primero de la escuela.
Gracias a una beca pudo estudiar en el prestigioso Trinity College de Cambridge, y fíjense que actitud tenía el menda... Como le gustaba la astronomía se compró un libro y se dispuso a estudiarla, pero se dio cuenta que para eso hacía falta saber de trigonometria, y se compró un libro de esta materia para aprenderla; sin embargo, para conocer ésta hacía falta conocimientos de geometría, y se dispuso a estudiarla, con lo que pudo aprender las tres disciplinas....¡Eso se llama perseverancia, lo demás son tonterías!...
Pero éste genio tenia dos caras bien distintas una de otra. Todo lo que atesoraba de sabio lo tenía de ruin y mala persona. Cuentan sus biógrafos que tenia un punto de maldad y ambición desmesurado. Cuando, gracias a su sabiduría y descubrimientos, le ofrecieron algunos cargos de importancia, como el de Director de la Real Casa de la Moneda, aprovechó su poder para vengarse de algunos enemigos, incluso hizo llevar a la horca a presuntos falsificadores de monedas de manera cruel.
No obstante, su inteligencia excepcional tapó todas sus ruindades humanas. Gracias a él conocemos exactamente la posición de los astros, y sabemos el punto exacto donde se va a posar una nave en la Luna... Y tantas cosas... Murió en 1723 después de varias enfermedades consecutivas. Fue el primer gran científico enterrado en la Abadía de Westminster. Beltrand Russell, el gran filósofo inglés, llegó a decir que el hecho de su nacimiento, (lo hizo justo el mismo día que moría en Florencia Galileo Galilei, el otro gran sabio de su tiempo) le indujo a creer en la metempsicosis, es decir, en la transfiguración de las almas, y no exageraba...
Dicho queda...