domingo, 26 de abril de 2020
Por la puerta de atrás..
sábado, 25 de abril de 2020
Mi vida en la terraza
Amiga...
Si alguna vez decides,
(quizás porque no te han ido bien las cosas)
decirme unas palabras;
quiero que sepas que sigo dispuesto.
Si consideras que lo vivido hasta ahora
no fue lo que pensabas
y estás desengañada, aturdida;
debo decirte que estoy en condiciones
de hacerme cargo del timón
de tu nave encallada.
Navegaremos por mares azules y diáfanos
plagados de amores y entregas.
Subidos a la proa de nuestros destinos
volverás a sentir serenidad en tu alma..
Juntos descubriremos un nuevo mundo.
Por él deambularemos sólo los dos.
Le llamaremos, Reencuentro..
--Joaquín--
La definición más común de lo que es la felicidad aparecen en casi todos los diccionarios. Sería: “la emoción que se produce en un ser humano cuando cree haber alcanzado una meta”. Otras veces se dice que es una medida de bienestar percibida por un individuo y que influye en sus actitudes y comportamientos.
En cualquier caso no deberían ser estos los mejores momentos para alcanzar la felicidad abrumados como estamos por los efectos del virus. Al menos la felicidad colectiva, aunque esto no quita para que personalmente muchos sigan siendo felices, a pesar de todo.
Eso pensaba yo, sin embargo, si uno se da una vueltecita por la ciudad (por las tardes cuando el sol declina y baja el tío a ras del horizonte) quién diría que vivimos en un estado de alarma, o de sitio, que apenas sé distinguir una cosa de otra. Os aseguro que yo que lo hago me pareciera más bien una especie de verbenas al aire libre pero en las terrazas, que un obligado y apesadumbrado recogimiento casero.
Sé que la gente tiene que divertirse, faltaría más, y que tantos días encerrados da para mucho, sobre todo los más jóvenes de la casa. Y debe ser, también, que a los españoles no hay quien nos encierren por mucho tiempo y especialmente que nos silencien. Supongo que han vuelto a aflorar aquellos genes dormidos de nuestros antepasados. Sí, de cuando la gente hacían sus vidas y sus ocios en las puertas de las casas sentadas al fresco de la noche (en los pueblos), o en las corralas madrileñas de antaño.
Al anochecer aprovecho (bordeando un poco la ley) y busco, no precisamente el más cercano cubo de basura donde depositar mi bolsa de desperdicios del día, y os aseguro que es una gozada ir viendo y oyendo las acaloradas discusiones entre vecinos, las músicas de toda índole y a todo volumen de los más jóvenes, las tertulias vociferantes y a distancia entre comadres, y todo desde las modestas terrazas de los suburbios.
Lo sé, no queda otra, algo hay que hacer. Yo soy de costumbre muy particular y me paso gran parte del día leyendo o escribiendo, pero entiendo a los que hacen la vida en la calle. Os aseguro que muchas veces lo había pensado, ¿qué será estos días de esos y esas que están todo el día de cháchara en las tiendas, en las aceras, en las plazas, en los bares? Y ahora, deambulando por el medio de la calle mientras encuentro el cubo de basura adecuado lo veo, ¡han sustituido todo eso por las terrazas!. Es curioso, hemos vaciado las calles y llenado terrazas y balcones..
Y es ya un ritual, las tres primeras cuartas partes del anodino día debe ser que hay tareas particulares que nos absorbe el tiempo más o menos entretenidos, pero amigo, llega el final de la tarde y ya se acumula el cansancio, la tensión y el aburrimiento y la gente necesita bullicio y exteriorizar sus cuitas, y empiezan las verbenas.. No sé hasta qué intempestivas horas duran las veladas y corrillos terraceros porque yo me meto dentro y ya no los oigo. Supongo que no muy tarde, puesto que el tiempo climatológico no ha acompañado, pero si esto dura y llegara el calor, entonces me temo noches toledanas..
No quepa duda que vivimos días históricos, y no precisamente para vanagloriarse de ellos. Quizás todo esto nos valga como un paréntesis en nuestras agitadas vidas; vidas que rulaban sin parar desde que nacimos y que ahora por primera vez echamos el freno, al menos por un par de meses.. A ver qué sacamos de esto; me refiero emocional, sentimental y socialmente, porque del resto de las cosas ya sabemos del batacazo..
Joaquín
viernes, 24 de abril de 2020
Cuarenta grados de fiebre..
Amiga...¡Ay, el tiempo!, Tan relativo, tan cambiante..Despiadado tiempo que fugaz transita cuando te miro.Efímero tiempo que vuela mientras te pienso.Insoportable tiempo el que espero ansiando unos besos,un.., te quiero, unas palabras tuyas de amorque nunca llegan, por cierto..--Joaquín--
Mirad que curioso, acabo de leer (ahora que todos estamos muy puestos con esto del coronavirus) que si nuestra temperatura corporal media en vez de ser de 36,5º grados centígrados, fuera de 37,5º, (un grado más) la capacidad de reproducción de los virus sería infinitamente menor; así como 200 veces. Es decir, que éste cabrón de virus que nos asola no tendría nada que hacer con nosotros..
Es vital el calor que acumulamos en el cuerpo para sobrevivir. La prueba está en que en cuanto dejamos de respirar y nos enfriamos (morimos) somos como un pastel de dulce para infinidad de bichitos y bacterias de todo tipo.
¡Pero saben qué!.. Parece ser que la fiebre aún no está del todo claro para nos sirve. Los expertos no se ponen de acuerdo. Lo lógico y recurrente es que pensemos que el aumento de la temperatura sea un aviso de que algo va mal en nuestro cuerpo y éste despliegue ese calor para combatir a los patógenos intrusos. Sin embargo, algunos creen que ésa subida de temperatura simplemente es un subproducto del esfuerzo que realiza el organismo para atacar la infección.. En fin..
Claro, que sabiendo que con más calor en el cuerpo estamos a salvo de virus y demás diminutas alimañas, podríamos preguntarnos por qué la naturaleza, que es tan sabia, no nos ha dotado de esa cualidad. Pero tiene fácil explicación (yo me acabo de enterar.): Si eleváramos la temperatura corporal tan solo dos grados, las necesidades de energía aumentarían un 20%. Se entiende entonces el porqué de esos 36,5º. Ésta temperatura que tenemos representa una razonable solución de compromiso entre utilidad y coste, como ocurre en todas las cosas..
A propósito del calor, éste se pierde siempre en la superficie, por lo que cuanto más superficie se tenga en relación con el volumen, más hay que esforzarse en mantenerse caliente. Eso significa que las criaturas pequeñas tienen que esforzarse más para mantenerse caliente. El corazón de un elefante late sólo 30 pulsaciones por minuto, el del ser humano 60. Pero, pásmense, el corazón de un ratón 600 veces por minuto lo hace; ahí es nada..
La contrapartida de ese frenético palpitar de los ratones supone que debe ingerir el 50% diario de su cuerpo para sobrevivir; los seres humanos sólo el 2% (un par de bocadillos) para satisfacer nuestras necesidades. ¡Y qué les parece!: Unos 1.600 millones de veces late nuestro corazón durante nuestra vida. Como para que alguna vez no falle..
Y digo yo, sabiendo que lo que nos hace estar todo el día comiendo es tener la sangre caliente para así poder estar activo a cualquier hora y en cualquier condición, nos podía haber dotado la naturaleza y la evolución de sangre fría como los reptiles. Y es que por término medio un mamífero de sangre caliente (como nosotros) consume diariamente unas 30 veces más que los de sangre fría, como los reptiles... Para que vean, comemos nosotros en un día tanto como un cocodrilo en un mes. Sí, créanselo..
Y parece mentira, pero siempre nos mantenemos exactamente en la misma temperatura, entre 36,5º y 38º. Dos grados más o dos grados menos nos supondría una catástrofe irreparable. Para evitarlo, el hipotálamo envía una señal al cuerpo para que sude si hay que enfriarse, o tiritar si debemos calentarnos, desviando así la sangre a los puntos más vulnerables..
En fin, ya sabemos algo más de nuestros cuerpo y el calor. Conste que yo me acabo de enterar..
Joaquín
jueves, 23 de abril de 2020
Sin lágrimas y en silencio..

Y me amas.. ¿Te imaginas?..
no me puedes herir.
miércoles, 22 de abril de 2020
Aquí el que no corre, vuela..
martes, 21 de abril de 2020
Cómo ahorrarse unos eurillos fácilmente
¿Queréis ahorraros unos euros? Muy bien, olvidaros del seguro de decesos (de muertos); donad el cuerpo a la ciencia.. Ellos se encargan de recogeros (una vez tieso) y arreglarlo todo, y gratis.. Sí sí, nunca faltan gente que dona su cuerpo para que lo desguacen. Claro, que este exceso de carne para estudio no siempre ha sido así de abundante y generoso. Mirad:
Hasta el Renacimiento estaba prohibido tajantemente diseccionar cadáveres. Leonardo Da Vinci lo hizo y puso en sus notas lo desagradable de la tarea. Vesalio, uno de los anatomistas más celebres, tuvo que robar cuerpos de asesinos ejecutados. O el mismo William Harvey, considerado uno de los padres de esta disciplina, estaba tan desesperado por encontrar sujetos que diseccionó a su propio padre y hermana.
Dicen los que han entrado en una sala de hacer autopsias, que no es muy agradable de ver. Bueno, eso más o menos nos lo imaginábamos todos, pero es que además he leído, (no visto) que un cuerpo humano exánime encima de una mesa de disección no es nada, sólo carne de tono apagado, tendones y órganos sin vida desprovisto de color... Cómo veis hoy estoy animado..
Una cosa os digo: después de escribir todo esto lo he pensado mejor.. Prefiero continuar con mi seguro de decesos y que me entierren como dios manda 😏😏😏
Joaquín
Joaquín
lunes, 20 de abril de 2020
A propósito del Síndrome de la Moncloa
¡Qué suerte la mía, apenas padezco males corrientes!. Sí, de acuerdo que sufro de jaquecas, de gastritis, tengo hernias, úlcera de duodeno, almorranas, reumas, y hasta hipertensión.. Es verdad todo esto y más, pero no tengo el Síndrome Antón-Babinski.
¡¡Ah, que no sabéis qué es el Síndrome Antón-Babinski!!, Terrible enfermedad. Los afectados por este mal se quedan ciegos, pero se niegan a creerlo. Es una ceguera cortical, los pobres simulan que pueden ver e intentan comportarse con normalidad a pesar de la evidencia de su enfermedad..
Creedme, los tullidos y baldaos como yo, los que solo sufrimos enfermedades corrientes seguimos con suerte, porque tampoco tenemos el Síndrome de Kluver-Bucy, una enfermedad rarísima. El enfermo de esta dolencia desarrolla un deseo irrefrenable de comer y fornicar para desesperación de sus seres queridos Es culpa de un defecto en la amígdala cerebral. En su ansia y desesperación se llegan a comer incluso objetos no alimenticios, cucharillas, mondadientes etc. etc.
Y no os digo nada del inquietante Delirio de Cotard A fe mía que no me gustaría padecerlo. Los aquejados con este trastorno mental creen estar muertos y sufriendo, por tanto, la putrefacción de sus órganos; o de no existir, y no hay manera de convencerlos de lo contrario..
En fin, ayer fue el día de las enfermedades raras (hay más de seis mil) y, perdonadme la reiteración, pero sus rarezas son extraordinarias y de todo tipo. Sería bueno pensar cuando desesperamos por asuntos que nos puedan parecer insoportables, la cantidad de gente que malviven en éste ingrato mundo cargando con enfermedades olvidadas e insoportables
Por cierto, ignoro si el Síndrome de la Moncloa, entra dentro de las enfermedades raras. Lo digo porque los inquilinos que la suelen okupar se niegan de salir a la calle, además de otras extravagancias.😂😂😂
Joaquín
domingo, 19 de abril de 2020
La muerte ya no es lo que era..
Amiga...
Mucho más tarde de todo aquello y de alguna manera, el judaísmo, el cristianismo o el Islam no se comprenden sin el culto a la muerte. ¿Pero saben qué? Eso está cambiando. Ahora pocos piensan ya en la muerte como algo divino, impuesto e inevitable. Los científicos actuales ven la muerte como un asunto técnico, fisiológico, algo que tendremos que superar y curar, como hacemos con la tuberculosis o con el cáncer..
sábado, 18 de abril de 2020
Crueldad intolerable
Así, verte de lejos, y no
decirte nada
ni con una sonrisa, ni con una mirada,
y que nunca
sospeches cuánto te quiero así.
Porque aunque nadie sabe lo que
a nadie le digo,
la noche entera es corta para soñar contigo
y
todo el día es poco para pensar en ti.
--José A. Buesa-
La lobotomía se puso de moda a mitad del siglo XX. Consiste en cortar las fibras nerviosas de la parte frontal del cerebro con un objeto punzante a través de la cavidad del ojo.
Walter J. Freeman, era un pseudo-psiquiatra norteamericano que vivió en la segunda mitad del siglo pasado (siglo XX). Aprendió hacer lobotomias a enfermos con distintas patologías mentales en una época en la que ésta barbaridad aún se creía beneficiosa. Fue tal su éxito que incluso recorría el país ciudad por ciudad practicando esa burrada.
Mucha gente con enfermos en sus familias de esquizofrenia, epilepsia, alcoholismo, o simplemente con fobias, acudían a éste tipo pidiéndole ayuda. Algunos pacientes eran extremadamente jóvenes.
El método de Freeman era sencillamente rápido y brutal. Dejaba al infeliz inconsciente con una descarga eléctrica; insertaba por la cuenca del ojo un picahielos domestico golpeándolo con un martillo, luego lo removía con ganas hasta cortar las conexiones. A veces lo hacía por un sólo ojo y otras por los dos. El caso es que el paciente en unas horas se iba a su casa; con los dos ojos amoratados, eso sí, y modorros para toda la vida, claro.. Llegó a practicar casi trescientas lobotomias de esa manera tan inhumana.
El tío era extremadamente informal en sus métodos. Operaba sin guantes ni mascarillas y solía ir vestido con ropa de calle. No dejaba cicatrices en los infortunados que se atrevían a dejarse operar. Casi todos dejaban de padecer sus epilepsias, ansiedades o rebeldías, pero los dejaba totalmente vacíos de mente, sin voluntad.
Por cierto, una chica a la que se lobotomizó fue Rosemary Kennedy, la hermana del Presidente, simplemente porque era una niña muy rebelde. Por supuesto quedó tonta para el resto de su vida..
En fin
Joaquín
viernes, 17 de abril de 2020
Cautivo en nuestros corazones...
jueves, 16 de abril de 2020
Mi mejor amigo..
Amiga...Proliferan por doquier promesas de amorno cumplidas;El viento de la indiferencialas empujan hacia los confinesdel olvido.Triste perspectiva para afligidosamantes.Ellos cargan con el hedonismoy la iniquidadde esta frívola sociedad..--Joaquín--
Apuesto lo que sea que (igual que yo) jamás han pensado por qué la espuma de una pastilla de jabón siempre es blanca. Lo mismo da el color que sea la pastilla: azul, roja, verde, da igual; la espuma que hace cuando la mojamos y nos frotamos las manos con ella siempre es blanca. Curioso, ¿no? Bueno, pues según el científico británico, James Le Fanu, (del que extraigo estos datos) esto sucede porque que el color de las cosas no es una realidad, sino una percepción del cerebro para distinguir y clarificar el mundo, nuestro mundo.. También las olas del mar al romper en la playa son eternamente blancas, aunque a éste lo veamos, azul, verdoso y hasta marrón si está sucio.
Cuesta creerlo, pero aunque tengamos la abrumadora impresión de que el verde de los arboles, el azul del cielo o la inmensa gama de colores de las flores fluyen a través de nuestros ojos como una ventana abierta, realmente las partículas que emiten son incoloras, las ondas de los sonidos silenciosas y las moléculas odorantes no tienen olor; simplemente son partículas subatómicas que fluyen por el espacio, y toda esa exuberante riqueza de colores, olores y sonidos se crea en nuestra cabeza. Sí, lo que vemos no es lo que es, sino lo que nuestro cerebro nos dice que es, y ambas cosas no son lo mismo, en absoluto.
Pero aún hay cosas de nuestro cerebro (muchas de ellas elementales) que a pesar de los adelantos científicos aún desconocemos. Por ejemplo, ¿qué es exactamente la conciencia? ¿O qué son en términos precisos nuestros pensamientos? Y eso que pensar constituye nuestro talento más vital y milagroso. Pues nada, no hay manera de saberlo. Podremos conocer la densidad y composición de una estrella que está a millones de años luz, pero esa cosita tan viscosa y pequeña que tenemos dentro del cráneo y que llamamos cerebro se nos resiste a su conocimiento.
Y miren qué cosas más extraordinarias; nuestros ojos, abiertos, envían 100.000 millones de señales al cerebro cada segundo. Pero eso sólo es el principio, apenas supone el 10% de la información que nos proporciona, del resto, como es reconocer rostros, interpretar peligros o analizar movimientos, se encargan otras partes del cerebro. Y es tan listo el menda que a veces nos engaña por nuestro propio bien. Por ejemplo, el sonido y la luz nos llegan a velocidades distintas (la luz es infinitamente más veloz que el sonido, lo podemos comprobar con el rayo y el trueno), bien, pues el tío es capaz de eliminar las enormes diferencias y hacer que todo, imagen y sonido, nos llegue a la vez. ¡Qué cosa tan maravillosa tenemos, y nosotros mal gastando sus cualidades las más de las veces con chorradas!..
Por cierto, a que no sabían que el almacenamiento de nuestra memoria es extrañamente peculiar e inconexo. La mente descompone cada recuerdo en sus partes integrantes, es decir lo desguaza en: nombres, caras, ubicaciones, contextos, cómo se percibe el tacto, el olor etc. etc. y envía dichas partes a lugares distintos; luego, cuando volvemos a necesitar el conjunto, las recupera y reagrupa. Un solo pensamiento o recuerdo fugaz puede movilizar a millones de neuronas dispersas por el cerebro. No es de extrañar, pues, que a veces confundamos los detalles. El resultado es que la memoria no es algo inmutable y fijo sino que la podemos alterar cada vez que recordamos. Y conste que también esto lo hace en beneficio nuestro; pretende dulcificar los recuerdos..
En fin, créanselo, somos unos portentos de la naturaleza moldeados a través de cientos de miles de años, y sepan que debajo de estos simples cabellos guardamos un tesoro escondido infinitamente más valioso y fantástico que todo el Universo..
Joaquin









