Me doblaba en años pero, ¡claro!, supone esto que ella cumplía los treinta y pocos. Justo la edad en la que una mujer exhibe su máximo esplendor físico. Sobre todo ante los impertinentes ojos de un mozalbete de 15 años, como era mi caso entonces. Cuando os cuente lo que os voy a contar, pensaréis de mi que soy un tipo procaz. Y no os faltará razón pero, qué podría hacer yo ¡dios mío! si, por ejemplo, aparecía por casa con falda corta y se sentaba en el umbral sin yuxtaponer debidamente sus bonitas piernas, dejando entrever sus blancos y obscenos muslos. ¡¡Cómo coño con esos mimbres carnales no estar en un sinvivir constante si la tenía de vecina!!.
Pero acabó la historia, como todas, aunque esta regular.. Un día, alentado por mi madre, acudí a su casa a ayudarle a pintar las paredes de una habitación; al terminar, ambos sudorosos, recuerdo que me dijo:
—Joaquín, ¿Quieres una Pepsi mientras me ducho?..
Ufffff, me puse en guardia, aunque ya estaba a cien.. El caso es que, de manera indiscreta o indiferente a mis lúbricos pensamientos, dejó la puerta abierta y, ¡Ay, Dios! mis hormonas, granujas ellas, me indujeron mirar aquel bello horizonte. He de deciros que ese horizonte no alcanzaba mas allá de la sonrosada tez de sus esplendorosas nalgas y gran parte de su excitante vello púbico..
Desde el interior del baño, desnuda como su madre la trajo al mundo, ella me miró. Yo la miré.. El resto me lo callo para no suscitar pasiones innecesarias. Solo os confesaré mi satisfacción por haber traspasado la frontera del sexo con la ternura infinita de una señora experimentada.. A partir de ese día cambió de actitud. Ya apareció menos por casa.
Aquel verano pasó y llegaron otros y no se repitió la carnal aventura. Yo permanecía ojo avizor esperando cualquier señal que me permitiera dar rienda suelta a mis instintos más primarios. Ésta nunca más llegó y mí ansiada segunda experiencia sexual quedó inédita hasta más tarde, en otras circunstancias y con otras mujeres.😜😜😜
Joaquín

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