lunes, 11 de mayo de 2020

El amor en tiempos de cólera




Yo no creía en el amor. Hoy creo.
Creo, porque me hieren sus espinas.
Yo era ciego quizás..,y ahora veo..
Veo un sol que se me hunde, y mi deseo
le sigue entre las brumas vespertinas.
--Rubén Darío--

La definición más común de lo que es la felicidad aparecen en casi todos las enciclopedias. Sería la emoción que se produce en un ser humano cuando cree haber alcanzado una meta. Otras veces se dice que es una medida de bienestar percibida por un individuo y que influye en sus actitudes y comportamientos.
En cualquier caso no son estos los mejores momentos para alcanzar la felicidad, abrumados como estamos por los efectos del virus. Al menos la felicidad colectiva, aunque esto no quita para que personalmente muchos sigan siendo felices, a pesar de los pesares..
En el mundo occidental, sobre todo en el católico, me da la nariz que nunca ha estado bien visto ser felices. Pareciera que esto estaba reservado sólo para el Más Allá (cielo). Y que a éste paño de lágrimas que es el mundo habíamos venido nada más que a sufrir igual que Jesucristo.. Recuerden el montón de gente: monjes, frailes o santos que para ser buenos y alcanzar la gloria debían pasar hambre, deshacerse de todo bien material, y ¡hala!, a vivir por esos mundos de dios pidiendo limosnas y sufriendo calamidades. ¡Qué perra con la pobreza!..
Y miren, siempre lo he pensado, los herederos de ésta bonhomía, a la vez que amor a la pobreza, son ciertas ideologías muy arraigadas en nuestro país que suelen ver con mejores ojos a los pobres por el mero hecho de serlos, que a los ricos que triunfan. Pero bueno, esta es otra historia que hoy no toca..
Esto de ser felices, según el tiempo y la época se ha visto de forma distinta. El primero que se interesó en hablar de la felicidad fue Aristóteles, allá por siglo IV a.c. Para él, un tipo feliz era un individuo capaz de autorrealizarse. Su discípulo Platón estaba de acuerdo, pero pensaba además que la felicidad total estaba en otro mundo, después de la muerte. Él creía en la transmutación de las almas.
Para ser feliz hay que ser simplemente autosuficiente (material y sentimentalmente) decían los estoicos y los cínicos, (las dos filosofías imperantes en el mundo clásico). También en aquella época florecieron los epicúreos, que pensaban que para ser feliz bastaba experimentar el placer físico e intelectual y evitar en lo posible el sufrimiento. Decía Epicuro, su fundador, que las religiones y la política sólo traían al hombre desengaños y amarguras. Comprobarán que en esto hemos cambiado poco.
Hoy tenemos mas datos que antaño para definir qué es la felicidad. Y sabemos que depende de varios factores; entre ellos el biológico. Es decir, venir ya de fábrica predispuestos al optimismo. También sabemos que la felicidad no depende realmente de condiciones objetivas (ser más rico o más pobre, o incluso estar más o menos sano) sino la correlación entre las condiciones objetivas y las expectativas subjetivas de cada uno. O sea, las metas que nos pongamos.
Por cierto, hay otra manera de sentir felicidad, y es la que nos enseña algunas ciencias orientales como el budismo. Según su filosofía y siguiendo aquella máxima griega que decía “Conócete a ti mismo”, el budismo entiende que la felicidad es el resultado de un proceso que ocurre dentro de nosotros mismos.
La gente identifica felicidad con sensaciones placenteras, a la vez que infelicidad con cosas desagradables. Pero claro, las sensaciones agradables son efímeras y es un martirio estar constantemente buscándolas, porque cada vez necesitamos más y más y nunca estamos satisfechos.
Para solucionar esto último y llegar alcanzar la felicidad tenemos la meditación como paso para conocerse uno mismo. Meditando uno observa su cuerpo y mente de cerca y ve pasar por ella sensaciones agradables y desagradables continuamente, y se da cuenta lo inútil que es atraparlas. 
Si han meditado alguna vez habrán comprobado la cantidad de pensamientos de todo tipo que pasan por la cabeza en un momento.. Cuando la búsqueda se detiene, la mente se vuelve relajada, clara y satisfecha. Siguen surgiendo y pasando todo tipo de sensaciones (alegría, ira, aburrimiento, lujuria etc), es cierto, pero cuando uno deja de anhelar sensaciones concretas, estas se aceptan sencillamente por lo que son. Uno vive el momento presente en lugar de fantasear acerca de lo que pudo haber sido. La serenidad que resulta es tan profunda que los que pasan su vida en una búsqueda frenética de sensaciones agradables apenas pueden imaginarla.. En fin, sean felices..
Joaquín

Con pelos y señales..





Lloraba en mis brazos, vestida de negro;
se oía el latido de su corazón;
cubríale el cuello los rizos castaños
y toda temblaba de miedo y amor.
¿Quién tuvo la culpa? La noche callada..
Yo iba a despedirme. Cuando dije: Adiós,
ella, sollozando, se abrazó a mi pecho
bajo aquel ramaje de almendro en flor.
Velaron las nubes la pálida luna..
Después, tristemente, lloramos los dos.
--Rubén Darío--

Es curioso, y perdónenme por ser un poco indecoroso, el vello púbico (pelos en las partes íntimas) y el que se arremolina también en nuestras axilas, tan molestos y tan poco estéticos, sobre todo para la damas, tenían antaño una utilidad manifiesta; servían precisamente para retener el olor corporal. Si, porque sabemos que pocos lugares del cuerpo están libres de pelos. Apenas los labios, los pezones, los genitales y los reversos de pies y manos se ven rasurados por naturaleza.
Por lo general según hemos ido evolucionando hemos ido perdiendo pelo a marchas forzadas en casi todas partes del cuerpo menos en la cabeza y la barba en los hombres; en el resto la cosa va a menos. Y si persisten aún en el pubis y sobacos es simplemente para retener mejor las feromonas sexuales que emitimos para atraer a la pareja. ¡Ya lo ven!, justo lo que ahora queremos evitar camuflando "el cante" con toda clase de ungüentos, desodorantes y perfumes. Y es que nos hemos vuelto muy prácticos, ahora a la pareja intentamos atraerla con otras menudencias y en vez de sudor intenso y erótico utilizamos un porsche o una cena en un restaurante de moda; bueno, unas cuantas y bien repletas tarjetas de crédito también nos pudieran valer..
No sé quién los habrá contado, pero parecer ser que tenemos unos cinco millones de pelos (mal distribuidos) por término medio. Sólo en la cabeza hay más de un millón. El pelo no es otra cosa, sino un tipo de queratina parecida a la de las uñas y que por lo vemos últimamente, excepto en la cabeza de las mujeres, estamos dispuestos a deshacernos de él como sea...
Supongo que saben que esto de tener pelo nos viene por ser mamíferos, todos lo tienen. Cuando hace frío los músculos que rodean a los folículos pilosos se contraen en un proceso que se denomina horripilación (se acaban de enterar de dónde viene lo de horrible) y que no es otra cosa que ponérsele a uno la piel de gallina. Con este procedimiento se nos forma una ligera cámara de aire entre la piel y el cabello que nos ayuda a mantener mejor el calor corporal del frío exterior Bueno, en los humanos al tener ya menos pelo este proceso está en fase de extinción. Pero nada que preocuparse, lo hemos suplido con buenos abrigos de pieles..
Acabo de leer que que nuestro pelo tiene un ciclo de desarrollo con una fase de crecimiento y otra de reposo. En el caso de el vello facial se completa en cuatro semanas, pero en el cuero cabelludo (el que los tenga) puede durar hasta seis o siete años. Por otra parte el término medio de crecimiento de un cabello es de un milímetro al día, pero depende de algunas circunstancias, como la edad que tengamos y la salud.
Por cierto, ¿Sabían que cada uno de nosotros desarrollamos unos ocho metros de pelo durante una vida entera? Pues yo acabo de saberlo; siempre creí que era más. Sin embargo ningún mechón de pelo puede llegar a medir más de un metro de largo, y es que todo pelo se cae en un momento u otro. En fin , y yo con estos pelos..
Joaquín.



domingo, 10 de mayo de 2020

El precio a pagar por la perfección




Entretanto, al lado de mujer tan seductora
no podía dormir, siendo yo un santo
que duerme, cuando no ama, a cualquier hora.
Mil veces intenté quedar dormido,
mas fue inútil empeño
admiraba a la joven , y es sabido
que a mi la admiración me quita el sueño.
Yo estaba inquieto, y ella,
sin echar sobre mi mirada alguna,
abrió la ventanilla de su lado,
y como un ser prendado de la luna,
miró al cielo azulado,
preguntó, por hablar, qué hora sería,
y al ver correr una fugaz estrella,
--¡Ved, un alma que pasa! --me decía
--Campoamor--

Sabemos que los seres humanos estamos diseñados de manera inteligente, por Dios o por la Evolución, que cada cual escoja lo que más le convenga; el diseño más inteligente del universo dicen. Aunque algunos sospechan que esa perfección no es total y aluden a un par de defectillos. El más sonado es la angustia y el trabajoso acto de parir. Si, porque si todos los mamíferos como nosotros paren de maravilla sin apenas esfuerzo, en cambio nuestras mujeres sufren lo suyo para traernos al mundo.
En términos médicos se le llama desproporción cefalopévica, y significa que la cabeza del bebé es más grande que el canal del parto; así como 2,5 cmts. Éste es el precio que tuvimos que pagar por ponernos erguidos (al andar a dos patas se estrechó la pelvis) y por desarrollar este enorme cerebro que tenemos los humanos. La única ventaja que nos da la naturaleza es que en la cabeza del bebé aun no se han fusionado en una sola placa los huesos del cráneo y a base de estrecharse y retorcerse de manera inverosímil acaba saliendo. Por supuesto no sin unos dolores horribles..
En 1899 se publicó un libro de la doctora y reformadora social americana, Mary Wood-Allen. Se titulaba “Lo que debe saber la joven”. Entre otras muchas cosas aconsejaba a las mujeres, que Sí podían tener relaciones conyugales siempre que lo hicieran sin una pizca de deseo sexual. El libro gozó de mucha popularidad en su día..
Por la misma época de la publicación del libro de Mary Wood-Allen, los cirujanos desarrollaron un nuevo procedimiento llamado ooforectomía, que consistía en la extirpación quirúrgica de los ovarios. Durante una década fue la intervención favorita de mujeres acomodadas americanas y europeas, porque se suponía que era un buen método para evitar calambres menstruales, vómitos, dolores de cabeza y hasta tos crónica. Ya ven qué tontería.. No hará falta decirles que era un procedimiento inútil..
Todo esto viene a cuento para decirles lo que ha cambiado el cuento (y valga la redundancia) en cuanto a las mujeres, sus enfermedades y embarazos. Por ejemplo en relación a esto último; hasta principios de siglo no se creo la disciplina de la obstetricia para vigilar y proceder durante el embarazo de la mujer. El proceso de dar a luz era agónico y peligroso, pero se consideraba más o menos necesario. No en vano en la Biblia se le dice a la mujer aquello de: “parirás con dolor”..
Maternidad es sinónimos de eternidad”, así rezaba un dicho muy popular, puesto que no pocas mujeres morían al parir. Una de las infecciones que más mujeres mató fue le fiebre puerperal, o sepsis puerperal. Apareció por primera vez en Alemania en 1652 y desde allí se propagó por toda Europa. Surgía de repente, a menudo después de un parto normal, cuando la madre y el bebé estaban ya bastante bien. Inexplicablemente provocaba en sus víctimas fiebre y delirios produciéndole las más de las veces la muerte. En los brotes más virulentos hasta el 90% de ellas morían. Por ese motivo muchas pedían parir en casa y no en un hospital.
El primero que descubrió que la alta mortandad de las mujeres al parir era debido a la poca higiene de los médicos fue el instructor médico suizo Ignaz Semmelweis. En 1856 hizo un pequeño estudio sobre el asunto y sugirió a los médicos que atendían a las parturientas extremar la higiene en manos y objetos. No le hicieron mucho caso. Luego con los años incluso llegó luego a volverse loco. Perdió su trabajo, deambuló por las calles de Viena despotricando solo y acabó en un manicomio. Allí murió debido a los golpes que le daban los celadores.. Cuando Pasteur y Lister descubrieron por qué se producían los procesos infecciosos, entonces la ciencia se acordó del pobre Semmelweis y sus consejos. Se hubieran salvado miles de mujeres de haberle hecho caso... En fin..
Joaquín

sábado, 9 de mayo de 2020

Así pasa el tiempo..




Dichosos los que nunca se sintieron
huérfanos de amores y hambrientos de justicia,
los que jamás sufrieron tristeza en su infancia,
amargura en la adolescencia,
desesperación después y siempre.

Dichosos los que siempre pensaron en sí mismos,
los que nunca padecieron por los demás,
los que con todos se conformaron
incapaces de usar su propia razón.

Dichosos los que vivieron siempre
de espaldas a la belleza que hiere,
a la duda que destroza,
a la infidelidad que deforma.

Dichosos, -a veces los envidio-
aquellos que nunca salieron de su barrio,
de su ciudad pequeña,
de su mundo sencillo y fácil,
siquiera fuese el pensamiento;
los que nunca sufrieron cáncer en el alma.
--Pascual A. Beño--

¿Se imaginan una época, larga muy larga en la que casi todo estuviese prohibido? ¿Que casi todo fuera pecado?. Y del sexo ni os cuento.. Miren un ejemplo.. La masturbación estaba penada con treinta días a pan y agua. Y si pillaban a la mujer encima del hombre y no al revés, la condena subía a tres años. ¡Calculen qué penas les caerían a los que practican sugerentes posturitas hoy en día!.. Del sexo anal, es decir, la sodomía, mejor ponerse un tapón; doce añitos “de nada” en la trena para los interfectos, ¡casi nada!.. Bien, pues todo esto y más pasaba en la Edad Media.. Sigan, sigan leyendo...
A ver si recuerdan (de cuando el colegio) las principales etapas que han habido en la historia de la humanidad.. ¡Está bien, se lo pongo fácil!, Son cinco.. 
La Prehistoria que como su nombre indica comienza desde que los homínidos hicieron su aparición en la tierra hasta los primeros documentos escritos de los que se tiene constancia, que sería aprox. sobre el 3.500 a.c. y allá en Oriente Medio.. Esta etapa es la más larga de todas pues abarca unos 2,5 millones de años..
Luego viene la Edad Antigua que iría desde la aparición de la escritura (como hemos dicho antes) hasta las primeras invasiones de Europa por los pueblos bárbaros (llegados de Asia), y el final del Imperio Romano en el año 476 d.c.. Este periodo es apasionante, en él se incluyen las primeras civilizaciones, como la Sumeria, Mesopotamia, Egipto, Grecia o Roma, o la llegada de los Hunos de Atila ¡Ahí es nada!.. Aquí empezó el hombre a desarrollar su inteligencia y la cultura explosionó de mil maneras para hacernos los seres más inteligentes del Universo..
Con la invasión de los visigodos y otros pueblos bárbaros, de Francia, de Italia y de España en el 476, comienza la etapa que peor prensa ha tenido siempre, la Edad Media; duró hasta la caída (de manos de los turcos) de la ciudad cristiana de Constantinopla, y con ella todo el imperio bizantino, en 1453. A esta etapa también se le conoce como Edad Oscura, aunque cada vez se oyen más voces negando que fuese tan oscura como dicen..
Cuando cayó el Imperio Romano y los bárbaros invadieron Europa, casi se termina el comercio y las ciudades languidecieron.. Los caminos se hicieron intransitables por los bandidos, no había autoridad y por eso la esplendorosa civilización de los griegos y romanos desaparecieron.. Fueron unos 1.000 años de atraso económico, social y cultural..
En la Edad Media toda la vida de los hombres y mujeres giraba entorno a la religión cristiana y a Dios.. Ahora bien, un Sambenito que le han colgado a la Edad Media es la poca o nula higiene que había en calles y casas.. Y es que el baño era un lujo sólo al alcance de unos pocos. Incluso había ordenes religiosas que decían que el baño era una obstentación innecesaria, y hacían penitencia de abstinencia, ¡qué guarros! ¡Qué hedor desprenderían los tíos!...
La Edad Moderna empieza desde la caída de Constantinopla y termina al final de la Revolución Francesa, en 1789.. Aquí tenemos algo más de 300 años en donde la historia nos regala, entre otros: el descubrimiento de América, las grandes guerras de religión en Europa, los reyes absolutistas, y después la Ilustración, y hasta “el siglo de las luces”.. Es aquí donde se sientan las bases del humanismo y se deja a Dios como centro de atención. Ahora es el hombre mismo el que interesa, su vida, su felicidad...
Actualmente estamos inmersos en plena Edad Contemporánea, (ya llevamos 200 años en ella) un periodo extraordinario para lo bueno y para lo malo.. Hemos progresado como nunca en bienestar y libertad, pero también han habido las peores catástrofes que jamas haya conocido el ser humano, como son las dos guerras mundiales con sus decenas y decenas de millones de muertos.. Pero, también hemos ido a la Luna, inventado medicinas y métodos para curar miles de enfermedades antes mortales, nos desplazamos a velocidades de vértigo etcétera. El mundo lo hemos convertido en un pañuelo en donde no queda nada por descubrir, aunque eso no sea nada bueno.. Bueno, si, queda por descubrir una vacuna que acabe de una vez con este virus que nos asola y que nos retrotraído a aquella época más oscura, la Edad Media.. En fin..
Joaquin



viernes, 8 de mayo de 2020

Un breve apunte de la iniquidad humana..


Amiga..
Ay si yo te contara, ahora
que han pasado los años.
Si te hablara de mi tristeza,
de mis noches en vela.
Si te dijera las veces que,
angustiado, abordé a amigos
comunes para saber de ti,
para que volvieras conmigo,
degradando para ello mi dignidad
hasta límites inverosímiles,
comprenderías hasta donde soy
capaz de llegar por ti.
--Joaquín--


Mary Ann se puso su sobrero blanco con una cinta azul que compró el mes pasado en una tienda del centro y salió a la calle. El vestido gris con ribetes bordados un poco pasado de moda no le iba mucho a juego, pero aún así esperaba hacer buena noche. Y es que la de ayer no fue la mejor de los últimas semanas, desde luego.
Anochecía ya sobre Londres y la espesa niebla hacía que la oscuridad se adueñara de las solitarias calles del barrio de Whitechapel. Antes de situarse en su portal habitual, entre las calles Bay Street y Walford a esperar clientes, entró en el bar de Pickye a tomarse unas cervezas. Allí encontró a algunas amigas del oficio y tuvo que aguantar, como siempre, algunas pesadas bromas de los borrachos habituales. Cuando salió, ya un poco chispa por las cuatro pintas de cerveza que se pimpló, era muy tarde, demasiado tarde..
Habían pasado algo más de un par de horas y solo un tipo con una curda de aúpa había solicitado sus servicios. Tal vez serían ya las tres y pico de la madrugada, aunque todavía algún esquivo paseante ocultando su rostro bajo el sombrero osaba, con prisas, pasar por la acera de enfrente si mirar siquiera. A lo lejos oyó el ruido ensordecedor de los cascos de los caballos de algún carruaje que se acercaba.
--Llevaría a algún cliente rezagado a su domicilio --pensó Mary Ann
Sin embargo el elegante coche negro tirado por tres hermosos corceles azabaches asomó por la esquina y se acercó a ella. Sorprendida por lo inusual de la escena (habitualmente sus clientes suelen ser borrachos o noctámbulos solitarios que buscan desahogar su instintos sexuales en diez minutos por 20 chelines) se arrimó a la ventanilla del coche. Una voz áspera, casi ininteligible de un hombre, le animó a subir. Ella asintió y se introdujo dentro de la berlina,
--Por fin, la noche se arreglaba – suspiró para sus adentros mientras se sentaba frente al misterioso individuo.
Fue lo último que se supo de ella en vida. Sí, porque el resto de su historia ya fue después de muerta..
Esta escena sucedía el 31 de agosto de 1888, Mary Ann, una prostituta de 42 años y de mediana estofa fue la primera víctima de Jackel destripador”. Su cuerpo horriblemente mutilado fue descubierto a las 4,30 de la madrugada por un policía nocturno en una calle del barrio londinense de Whitechapel. Aparentemente la habían degollado de un tajo en el cuello, pero cuando acudió el medico forense certificó que le habían sacado literalmente las tripas, además de haberle asestado multitud de brechas por todo el cuerpo con un cuchillo extremadamente afilado.. ¡El infierno se había desatado!...
A Annie Chapman, regordeta de 46 años, se la encontró un policía a las 5,30 de la madrugada del 8 de septiembre sentada en la acera, no muy lejos de donde fue asesinada Mary Ann.. Cuando se acercó a ella el grito de horror se oyó en todo el barrio. Jack, le había sacado las tripas y se las había colocado encima de su hombro izquierdo. Y no sólo eso, su útero y vagina había sido extirpados. Curiosamente sus pertenencias (cepillo de diente, pañuelo, peine) estaban perfectamente bien colocadas frente al cadáver.
La noche del 29 de septiembre de ese mismo año, 1888, llovía a cantaros sobre Londres. Las patrullas que organizaban los vecinos y la policía para atrapar al Destripador y dar paz al barrio se habían retirado ya. Elizabeth Stride, apodada “La larga” había dicho en alguna ocasión a sus compañeras de calle que ella no tenía miedo.. A la 1,45 apareció asesinada en mitad de un callejón del mismo barrio de Whitechapel. Encontró su cuerpo aún caliente un vendedor ambulante que pasaba por la zona, y que truncó, por cierto, otra carnicería sangrienta de Jack. Sólo fue degollada.
Catherine Eddowes, no tenía por qué ser victima del destripador, pero tuvo la mala suerte de pasar por la zona la misma noche y justo después de la frustrada carnicería de Elizabeth. Jack, cabreado y fuera de sí porque no pudo consumar su festín diabólico con el cuerpo de Elizabeth, se encontró con la pobre Catherine de 46 años, que venia de estar con su amante, y se recreó con ella. Un joven policía acaba de pasar por el mismo sitio donde apareció su cuerpo y no apreció nada raro, pero al hacer una segunda ronda la vio. Fue sencillamente horripilante. A la pobre la había casi descuartizado. Estaba tirada en el suelo boca arriba con la ropa subida hasta el pecho y abierta en canal . La había rajado desde la vagina hasta el cuello y sacado las vísceras y las tripas. Colgadas estaban en su hombro izquierda, al igual que Annie Chapman.
El mes de octubre pasó más o menos tranquilo, no hubo sobresaltos. Las prostitutas habían vuelto a su trabajo por las calles del barrio, los carteristas sisaban lo que podían y la policía intensificaba su vigilancia día y noche buscando a un asesino del que apenas sabían nada. Mary Jane Kelly, una jovencisima prostituta de 25 años le debía dos libras a su casero. Así que esa noche, 8 octubre, debía hacer horas extras para complacerlo, pero nadie la vio salir..
A la mañana siguiente el casero envió al chico de los recados a la casa de Mary Jane a cobrar su deuda. Llamó el chico a la puerta, pero no abría nadie, Silencio absoluto. Le dio por mirar hacía el interior a través de un agujero en el cristal de la ventana y lo que vieron sus ojos jamás se le olvidaría.. Despavorido salió corriendo y llamó a su jefe. Entre los dos derribaron la puerta. Y allí estaba Mary Jane, tumbada en la cama en medio de un charco de sangre y horror..
El destripador no había tenido compasión con ella. La había degollado, cortado las orejas y la nariz. El estomago lo tenia abierto de par en par y los pechos seccionados. Los riñones, el hígado y trozos de piel aparecían esparcidos por la cama y el suelo. Los ojos los tenia abiertos y con una última mirada de terror que daba espanto. Ah, y una novedad, le habían sacado el corazón abriéndole el pecho y cortándole los vasos sanguíneos limpiamente. Esta destreza dio pie a pensar que Jack “el destripador” era poco menos que médico o cirujano..
Los de Jack “el destripador” han sido los asesinatos en serie más crueles de la historia contemporánea. Tan famosos son que los alumnos de criminología estudian sus pormenores punto por punto. Fue un caso inverosímil. El tío se explayó de manera sangrienta durante un intervalo de apenas dos meses con cinco mujeres de la calle y luego despareció sin dejar rastro. Las preguntas que se han hecho autoridades, jueces, periodistas, historiadores etc, durante más de cien años acerca del asunto son infinitas; las conjeturas sobre Jack ilimitadas, y de la cantidad de libros, cuentos, películas o series que han versionado ni os cuento...
Joaquín


miércoles, 6 de mayo de 2020

El doctor y su pócima..






Amiga...
En el oficio de amar mil
circunstancias acontecen.
Hay amores fatuos que portan
su caducidad por calles efímeras..
Los hay impetuosos, capaces
de abrasar sus ansias
en un corto intervalo de besos.
Y amores infinitos que perduran
su inmortalidad por los anales
de la desmemoria..
--Joaquin--


Un tipo cree haber inventado una pócima que le hará inmortal. Un día, al anochecer, se mete en su laboratorio particular (es médico) cierra bien la puerta con llave y armándose de valor se toma el inquietante brebaje. Sin duda es un hombre valiente; no le importan las consecuencias..
Al poco de bebérselo empieza a notar cambios bruscos en su cuerpo: el pelo le cambia, se le alborota; las cejas se arquean, los ojos achinan y un brillo feroz desprenden sus pupilas, ahora negras y profundas. La barba, áspera, le ha crecido como de tres o cuatro días, y pareciera haber encogido toda su figura. Lo que antes de la toma era un hombre atractivo, gallardo, guapo, se ha convertido en un tipejo tosco, zafio y con mirada asesina..
El tipo de antes de la toma se llama Jekyll, doctor Jekyll para más señas. y es un joven psiquiatra, serio y formal, y muy apreciado en la comunidad médica de Londres. Además tiene novia y piensa casarse más pronto que tarde. Sin embargo, el tipejo resultante después de beber la pócima es un ser despreciable, asesino, ladrón y tal vez un consumado violador nocturno; se hace llamar mister Hyde. Claro, que ése nombre se lo ha puesto el mismo doctor Jekyll. No olviden que son la misma persona; sólo que en un único cuerpo.
Después de varias noches tomando el brebaje el doctor Jekyll ya sabe qué hace su otro yo, mister Hyde. Sale éste por las noches saltando la verja de la casa como un salvaje y recorre las brumosas y fantasmales calles de Londres haciendo de las suyas. ¡Vete a saber qué tipo de depravaciones comete por ahí!.
Al filo de la madrugada, cuando los efectos de la extraña pócima dan síntomas de acabarse, mister Hyde regresa a la casa y de nuevo se convierte en el prudente y elegante doctor Jekyll, y prosigue con su vida recatada y burguesa en los ambientes sociales de los de su clase.. Y así durante mucho tiempo.. 

Sí, los días pasan, y sobre todo las noches, y el doctor Jekyll va dejando su alma en manos de mister Hyde. Cada vez más, éste se va imponiendo y apoderando de la aturdida mente del doctor. Por fin, Jekyll acaba convenciéndose de que no puede ya con mister Hyde. Se le ha descontrolado, puesto que se transforma una y otra vez en él, y ya sin necesidad de la pócima.

Atrapado entre su rectitud y el miedo a ser descubierto, el doctor Jekyll decide suicidarse y acabar con todo de una vez. Tal vez lo que buscaba, (demostrar la doble condición humana, las dos almas que todos llevamos dentro) lo encontró y no le gustó lo que vio; o sí..
El doctor Jekyll apolíneo, equilibrado, sensato, no es más que nosotros mismos cuando, para no desentonar en nuestra sociedad con las modas, con la gente, con los grupos de amigos etc. nos adherimos a ellos aún con sufrimiento y en contra de nuestras verdaderas ideas y voluntades. Mister Hyde feo, despeinado, grosero, deslenguado, incluso ladrón y asesino; sí, todo eso, pero libre al fin y al cabo. Curiosa, pero terrible metáfora de la naturaleza humana que todos solemos ejercer, en mayor o menor grado, claro.. En fin..
Joaquín



martes, 5 de mayo de 2020

Hoy igual que ayer...



Amiga..
Me enseñaste del amor cosas
que no conocía.
Me acostumbraste a pensar en ti.
Hiciste del mundo un Edén,
hermoso y vacío sólo para los dos.
Con tus besos escribías en
mis labios mensajes de amor eterno..
Hoy me consumo en las llamas
de tus promesas rotas..
--Joaquín--


El año 1888 se recordará siempre por muchas cosas, no hay más que mirar la efemérides. En España, por ejemplo, aquel año se fundó la UGT, se inauguró el primer congreso del Psoe, comenzó la exposición universal de Barcelona, y en otra escala menor, fue el año del conocido crimen de la calle Fuencarral de Madrid, tan famoso.
El crimen de la calle Fuencarral fue (yo diría que es todavía) el más célebre de todos los acaecidos en nuestro país, aunque no precisamente por su excesiva crueldad. Llenó miles de páginas de periódicos y se gastaron millones de horas de tertulias y debates no solo en Madrid, sino en toda España..
No sé si recuerdan el caso por haber oído o leído algo al respecto. Conste que se han hecho varias versiones en películas del asunto. Les voy a refrescar a memoria; se dio el día 2 de julio de ese año y en el piso segundo izquierda del portal 95 de la calle Fuencarral; en aquellos años una de las principales de la capital...
Luciana Borcino, conocida en el vecindario como la viuda de Vazquez-Varela, una adinerada gallega afincada en Madrid y muy dada a obras sociales, apareció muerta boca arriba y con unos trapos empapados en petroleo ardiendo en su ropa que empezaban a prenderse ya por todo su cuerpo. Los vecinos habían olido a quemado y llamaron enseguida a la policía. Cuando los agentes llegaron solo pudieron certificar su muerte y detener, acusada de homicidio, a Higuínia Balaguer, su sirvienta, que apareció semiinconsciente en una habitación contigua. Al poco se detuvo también al hijo de Luciana, José Vázquez-Varela, un joven mimado, golfo, tarambana y con tendencias a las juergas perpetuas.
En la declaración policial la sirvienta manifestó que el crimen lo había cometido el hijo de la víctima y que le dio dinero a ella para que limpiara todo y luego prendiera fuego al cadáver para borrar pistas. José negó todo los hechos y culpó directamente la criada..
Podía haber sido un crimen con la importancia justa, pero el asunto se politizó (más o menos como ahora). La sociedad estaba entonces muy dividida entre conservadores y liberales. Los primeros defendían la inocencia del hijo y los segundos la de la criada, alegando estos últimos que la iban a condenar por ser una trabajadora pobre y analfabeta.
La cosa se fue calentando y el pueblo se debatía a favor de unos y otros en tertulias, en las calles, en los cafés etc. Los periódicos de la época se forraban atiborrando páginas y páginas con investigaciones particulares. Todo se crispó de una manera incomprehensible. Para colmo se corrió la voz de que José Vázquez-Varela era un privilegiado durante su estancia en la Cárcel Modelo gracias a sobornos, mientras que Higuínia, la criada, no hacía más que llorar en su celda.
El 25 de marzo del año siguiente comienza el juicio. La multitud se agolpa a la entrada del tribunal de justicia y la policía se tiene que emplear a fondo para mantener el orden. A Higuínia la defiende nada menos que el abogado y expresidente de la República, D. Nicolás Salmerón, que se había prestado voluntario.
A lo largo de las duras y largas sesiones del juicio se fue dilucidando la cosa y los acusados “cantando la traviata”.. Ya en la tercera jornada, Higuínia confesó, inconsolable, que había matado a su señora porque ésta la había abroncado por romper un valioso jarrón, y que muy nerviosa y sin poder controlarse la mató a cuchilladas. En la cuarta jornada se demostró la relación sexual entre el hijo de la victima y ella. En la quinta jornada salió a colación una tal Dolores Avila (Lola la billetera) amiga y colaboradora de Higuínia.. Y siguió aclarándose el enredo..
El día 25 de mayo de 1889 se leyó el fallo definitivo del juicio: Se declará a Higuínia Balaguer, criada de la señora Vazquez-Varela, culpable de asesinato en primer grado y por robo (ese fue el verdadero motivo), y a su amiga Dolores Avila cómplice del mismo. Al hijo, José Vazquez-Varela como inocente, se le puso en libertad inmediatamente..
Higuinia fue ajusticiada con garrote vil ante más de 20.000 madrileños que asistieron a su ejecución en la Plaza Mayor. Su amiga Dolores, condenada a dieciocho años de reclusión mayor. Curiosamente las últimas palabras de Higuínia iban dirigidas a su amiga, y fue un grito angustioso y desesperado: ¡Dolores, catorce mil duros!.. Frase que nunca ha sido aclarada; nadie supo nunca qué quiso decir Higuínia al decirla con ese desgarro..
Aun así el fallo no dejó contentos a todos como es natural. Muchos creyeron ver en la sentencia un cierto rencor burgués contra una sirvienta por el mero hecho de ser trabajadora. Y ganas de exculpar a un señorito rico, vicioso y golfo.. En fin..
Por cierto, el tal José Vazquez-Varela se vio en vuelto años después en otra muerte en extrañas circunstancias. Una prostituta cayó desde un cuarto piso en la calle Montera. Fue condenado por ello a catorce años de prisión.. ¡Y es que los hay que no escarmientan!..
Joaquín

domingo, 3 de mayo de 2020

El baúl de los recuerdos..




Incluso alguna vez en la calle, 

o en cualquier paseo o lugar,

creo verte entre la multitud.

Y corro aturdido entre la gente

detrás de la silueta de una

desconocida creyendo que eres tú.

Luego, desengañado, me siento

en un banco mientras disuado

mi enfebrecida imaginación y tranquilizo,

a duras penas, mi desbocado corazón

--Joaquin--



El ujier usó una palanqueta y abrió la tapa, luego miró en el interior del baúl, ¡Dios santo!--exclamó--¡hay un cadáver dentro!. 

Todos corrieron como locos a ver el muerto.. Estupefactos llamaron enseguida a los guardias que custodian la estación. Se temieron lo peor ¡Un crimen!. 

Y es que...

El día 30 del último mes del año, como era costumbre en la Estación del Norte de Madrid, la compañía, Noroeste, que gestionaba trenes y la mercancía, subastaba los equipajes y objetos extraviados que durante todo el periodo reglamentario no habían sido reclamados por nadie. Ése año de 1920 fueron muchos

Unos de los objetos a subastar era un baúl de madera de pino, de un metro de largo por medio metro de ancho, herméticamente cerrado con un robusto candado de latón, y que llevaba en las dependencias de la estación casi un año.

Llegó la policía. El informe realizado al cadáver decía que: se trata de una mujer rubia de unos treinta años edad y que llevaba muerta al menos un año. Dentro del baúl aparecieron, además del cuerpo semi-descompuesto de la infortunada mujer, unos documentos muy esclarecedores, a primera vista. 

La noticia, como era de esperar, corrió como la pólvora de boca en boca por las frías calles del Madrid de aquel invierno. La gente se preguntaba: ¿Quién podría haber facturado el cadáver como un paquete más? ¡Qué cuajo!. ¿Habrá sido un crímen?.. En los documentos que acompañan al cadáver, según la prensa, aparece un tal Carlos Céspedes, domiciliado en Madrid. 

La policía da con el paradero de Carlos Céspedes y el juez ordena su detención inmediata. A él venía consignada la macabra mercancía. Fue la comidilla de esas gélidas navidades. Todo el mundo estaba expectante y deseoso de conocer noticias definitivas..

El día 1 de enero de 1921, ¡por fin!, en los periódicos de la mañana aparecieron las fotos y los textos sobre la resolución del caso, y el caso es que, ¡no había caso!. 

El señor Gonzalo Céspedes Ramírez era un abogado de 67 años que vivía en la calle Pontejos de Madrid. Declaró ante el juez que el cadáver descubierto en el baúl era de su hija Blanca, muerta en Filipinas en 1918, y que sus restos se habían exhumados un año más tarde con la intención de ser enterrados definitivamente en el cementerio de la Almudena de Madrid, ¡qué ocurrencia!.

La gente, morbosa, se quedó con ganas de más. Habían imaginado un truculento crimen y se encontraron con una simple traslación ilegal de restos humanos.

El caso quedó resuelto, pero algunos flecos quedaron en el más puro misterio.. ¿Por qué nadie reclamó el baúl de la estación?. ¿Por qué el padre tardó más de un año en recoger el cuerpo de su hija?. Todavía, cien años después de aquella historia, nadie ha sabido responder a esta pregunta..

Joaquín





sábado, 2 de mayo de 2020

A corazón abierto..



Amiga..
Lo que son las cosas.
Tú que en aquellos días,
andabas como loca
por mis besos,
vas ahora por la vida
diciendo a los amigos
que me dejaste.
Y yo que obviaba tu insistente
coquetería para enamorarme,
me veo ahora
sufriendo lo indecible
porque vuelvas a mi lado.
--Joaquín--


No somos conscientes de todo lo que le debemos a la gente que ha inventado, estudiado, investigado o se ha preocupado por mejorar nuestra salud hasta que no nos encontramos en una tesitura complicada. Entonces sí somos capaces de cualquier cosa sólo por salvar el pellejo. Y no lo digo sólo por lo del coronavirus, que también. Como locos estamos porque alguien invente algo que nos haga tranquilizar, aunque luego, cuando mejoremos, lo olvidemos rápidamente y volvamos a beber los vientos por Messi o Ronaldo, por decir algo frívolo..
Yo reconozco no haber estado nunca en grave peligro a causa de mi salud. Bueno, ni tan siquiera a medio peligro. Tal vez lo más cercano a rozar un moderado susto fue una pequeña operación de corazón a través de un catéter introducido por mis venas. Andaba el corazón desbocado y hubo que meterlo en vereda. No quiero ni imaginar que no hubiera existido un tal Werner Forssman, el médico alemán que fue el primero en ocurrírsele enmendar taquicardias a través de las venas y sin abrir el pecho.
En 1929, Forssman, sin tener la más remota idea de cómo podrían ser las consecuencias, se introdujo el solito un catéter por una arteria en el brazo y la fue empujando con precaución primero hacia el hombro y luego hacia el interior del pecho hasta que llegó al corazón. Se alegró de descubrir que este no se detenía cuando lo invadía un objeto extraño. Tuvo el tío la sangre fría de caminar con el cable metido en las venas hasta la sala de rayos X que estaba en otro pabellón del hospital y hacerse una radiografía en la que se veía perfectamente la punta del cable en el corazón. Éste fue el primero, y abríó camino, luego vinieron otros. La cantidad de vidas que han salvado, mejorado y aliviado no tiene nombre..
Y qué me dicen de John H. Gibbon, un tipo de la universidad de Pensilvania. En 1930 se metió un termómetro por el culo y tragó una sonda gástrica;  luego vertió agua helada por ella con el propósito de determinar su efecto en la temperatura interior del cuerpo. Su idea era inventar una máquina cardiopulmonar (baipás) que pudiera oxigenar la sangre para poder operar a corazón abierto. Después de infinidad de tragos de agua helada y con el culo para el arrastre, presentó al mundo su primera máquina. Hoy se ha perfeccionado un montón, pero él fue el primero..
Desde siempre el gran sueño de la medicina fue poder realizar un trasplante de corazón. Pero en la mayoría de países no se podía declarar a una persona oficialmente muerta mientras palpitara su corazón; por lo tanto se podía considerar incluso asesinato si alguien osaba tocarlo antes de que parara. Por supuesto hacía inviable el trasplante. Esto era así en casi todos los sitios excepto en Sudáfrica.
Y fue allí precisamente donde el doctor Christiaan Barnard, un cirujano que trabajaba en Ciudad del Cabo realizó en 1967 el famoso primer trasplante de corazón del mundo. Extrajo el corazón de una joven mortalmente herida en un accidente de trafico y se lo puso a un hombre de cincuenta y cuatro años. Sólo duro el pobre dieciocho días, pero fue el inicio. 

En el segundo trasplante que realizó el doctor Barnard ya aguantó el enfermo veinte meses. Por cierto, a raíz de estas proezas se hizo tan famoso que se le subió el éxito a la cabeza y se despendoló. Anduvo en amores con Sofia Loren o Gina Lollobrígida, anunció cremas para rejuvenecer de dudosa verosimilitud y curiosamente murió de un infarto en Chipre, mientras se lo pasaba en grande..
El descubrimiento definitivo para el éxito de los trasplantes se debió a un empleado de los laboratorios suizos Sandoz, H. P. Frey. Buscando un nuevo y potente antibiótico dio con uno que era muy flojo, sin embargo si era un excelente supresor. Acaba de descubrir la ciclosporina el remedio ideal para todos los trasplantes. Hacía que el cuerpo no rechazara los órganos intrusos trasplantados. Gracias a esto y otras innovaciones hoy en día se realizan en el mundo unos 5.000 trasplantes de corazón con un tiempo medio de supervivencia de quince años. El paciente trasplantado del corazón que más tiempo ha vivido fue el británico John McCafferty, murió en 2016 después de treinta y tres años con un corazón que no era el suyo. Y nosotros subiendo a los altares a Messi.. En fin..
Joaquin

viernes, 1 de mayo de 2020

El diablo en el cuerpo de una niña

                                                                                       



Aquel 17 de noviembre de 1965 andaba yo, Joaquín, jugando tan feliz a las canicas por las embarradas calles de mi pueblo. Sin embargo al otro lado del país, en Murcia, María del Carmen Martínez, una pobre niña de once meses de edad, moría en su camita rodeada de su afligida familia..

El médico de cabecera había diagnosticado una meningitis, muy común en aquella época, como causa posible de la muerte de la niña. Todos quedaron más o menos conformes. Los desconsolados padres enterraron a su hijita; la vida siguió su curso. No obstante, cinco días más tarde comenzó a sentirse mal Mariano, el hermano mayor de María del Carmen, de sólo 2 añitos. Murió también de manera fulminante..

El mismo médico que certificó la muerte de la niña aseguró que Mariano se había contagiado de la misma meningitis que acabó con la vida de su hermana. Los padres, abrumados por tanta muerte, lloraron al pequeño y lo sepultaron junto a ella. Fueron unos días terribles de dolor en la familia. 

Y la vida, inmisericorde a las circunstancias, continuaba su curso..

El día 14 de diciembre de ése mismo año (1965), mientras en mi pueblo yo hacía mis planes redactando ya mi abultada lista de juguetes a pedir a los Reyes Magos, en Murcia, en la misma casa y en la misma familia de antes, otro miembro infantil fallecía. Se trataba de Fuensanta, hermana mayor de los anteriores y de 4 añitos de edad. El mazazo fue terrible. Ya nadie creía lo de la meningitis. Las autoridades tomaron carta en el asunto. La policía y los médicos se pusieron a investigar. ¡Qué demonios estaba pasando ahí! ¡Qué extraño mal se está cebando con esta pobre gente!. ¡No es normal, tres niños muertos en apenas unos días!—murmuraba la gente


Sin tener pruebas de nada, sólo sospechas, el juez decidió internar a toda la familia (el matrimonio y los cuatro hijos supervivientes) en el Hospital Provincial. Les hicieron infinidad de preguntas y pusieron la casa patas arriba, y hasta indagaron en todo el vecindario esperando hallar algún indicio de intencionalidad en las muertes, pero nada sospechoso encontraron.

Pasó la nochebuena y la nochevieja de ese 1965. Después de haber cantado villancicos, tocado la pandereta por las casas vecinas y de zamparme docenas de polvorones, yo esperaba ansioso la llegada de los Reyes de Oriente. Ese año me sorprendieron con mi primer reloj de pulsera que les había pedido. No obstante allá, en aquella casa de Murcia, no estaban para Reyes; ni mucho menos.. Las autoridades de aquella ciudad enternecidas por las fiestas navideñas y mientras esperaban los análisis del laboratorio general de la policía de Madrid, habían decidido trasladar a su domicilio a aquella atribulada familia que ya habían perdido a tres de sus miembros más inocentes... ¡Pero la muerte volvió a la casa!. 

El 4 de enero le tocó el turno a Andrés, de 5 años; murió después de una noche de fuertes dolores estomacales. Había cenado pan con manteca y media naranja.. El terror y la confusión estaban servidos. ¡Dios mío, cuatro niños muertos en un intervalo de un mes!.. ¡Ya sólo quedaban tres de siete, y el matrimonio!—Se lamentaban consternados todo el mundo.

Igual que en los casos anteriores, se le hizo la autopsia al niño y se enviaron muestras a Madrid y, ¡por fin! llegaron los resultados ¡¡todos habían muerto envenenados!!.. ¡Qué maldad! ¡Quién podría haber hecho algo así! ¡Pobres criaturas! ¡Los padres! ¡Han sido ellos!—pensaban todos en el barrio, en toda la ciudad, en toda España. Se les detuvo y fueron enviados a un centro psiquiátrico. Mientras tanto seguían las pesquisas para averiguar el motivo de tan horribles crímenes. De los dos niños más pequeños que quedaban se hizo cargo la Junta Provincial de Menores. La mayor de todos, Piedad, de 12 años, quedó bajo la tutela del Tribunal de Menores. Ella fue la única testigo de todo. 

El invierno de aquel, ya 1966, avanzaba inexorable por el calendario de la vida y de la historia. Aquí en Fuente de Cantos, mi puebloyo soñaba con mi primera comunión, y como es lógico estaba a lo mío y totalmente ignorante de lo que pasaba a 700 kilómetros de allí, en el sureste del país, en Murcia, donde, ¡¡LA POLICÍA HABÍA DESCUBIERTO YA EL ARMA HOMICIDA DE LOS ASESINATOS DE LOS CUATRO NIÑOS DE LA FAMILIA MARTÍNEZ PÉREZ!! DDT y cianuro potásico mezclado con Cruz Verde, éste potente veneno había sido suministrado a los niños en la leche... Pero, ¿Quién? ¿Por qué, dios mío?...  

El 24 de marzo de 1966 ya verdeaban los campos y en el pueblo nos disponíamos a vivir la Semana Santa.. pero.. ¿Y en Murcia?, pues.. Los periódicos anunciaban a toda plana la resolución del caso de los niños asesinados. ¡¡LA HERMANA MAYOR, PIEDAD, DE SÓLO 12 AÑOS ES DETENIDA COMO AUTORA CONFESA DE LOS TERRÍBLES CRÍMENES".. Estos eran los titulares.

Los padres fueron puestos en libertad a pesar de que la niña pretendió inculparlos. Resulta que a Piedad le fastidiaba hacerse cargo de todos sus hermanitos mientras sus padres trabajaban. Le gustaba mucho los tebeos, y el trabajo con los niños la agobiaban. Aún en la inocencia de sus pocos años, tramó liquidarlos uno a uno. Fue diagnosticada de una psicopatía e internada en un psiquiátrico. Si todavía viviera, que es posible, Piedad tendrá ahora 71 años.. 

Cincuenta y tantos años después de todo aquello, yo, Joaquín, ya no soy aquel niño que se vestía de nazareno o disfrutaba como un enano con los Reyes Magos, ni mucho menos, si acaso me quedan los recuerdos, muy agradables eso sí..

Joaquín