¡Yo lo que tengo, amigo, es un profundo
deseo de dormir!... ¿Sabes?: el sueño
es un estado de divinidad.
El que duerme es un Dios...
Despiertos vemos todos lo mismo:
vemos la tierra, el agua, el aire, el fuego,
las criaturas efímeras... dormidos
cada uno está en su mundo:
hermético, cerrado a ajenos ojos,
a ajenas almas; cada mente hila
su propio ensueño (o su verdad: ¡quién sabe!)
--Amado Nervo--
Subíamos los dos por Gran Vía dirección a Callao, era tarde y el
día agonizaba. La hermosa avenida hervía de coches y transeúntes
que iban y venían sin rumbo aparente. De vez en cuando debíamos
rodear, para no tropezar con ellos, algún mendigo que dormía
plácidamente entre cartones en mitad de la acera.
Pasado el cruce con la calle Montera, justo en la Red de San Luis,
contemplamos estupefactos a uno de esos mendigos tapado con mantas y
cartones, y rodeado de tres carritos de la compra atestados de
cachivaches inútiles. Con todos sus aperos, el tipo ocupaba más de
media acera. Alucinados, todos contemplábamos la surrealista escena,
yo el primero. Mi acompañante me miró y exclamó sorprendida:
--¿Cómo es posible, Joaquín, con las miles de personas que pasamos
por aquí a diario y estos pobres durmiendo entre la multitud sin
inmutarse?--
Sin dejar de posar la vista en aquel extraño panorama mientras
saltábamos a la calzada para no pisarlo, le respondí..
--Ya lo ves, son gente que se sienten más seguras aquí que en
cualquier rincón apartado. La mayoría son extranjeros y con
problemas mentales. Por cierto, cada vez hay más mujeres--
--Entiendo que no tengan nada y estén en la calle, pero ¿En mitad
de la acera y cargados con muebles viejos, colchones y demás trastos
inútiles?---me dijo mostrando extrañeza--
--Bueno, los hay con el Síndrome de Diógenes, como
éste---le dije señalándole al indigente que acabábamos de
sortear---ésa manía que tienen algunos de acaparar cosas. Por
cierto, ¿tú sabes quién fue Diógenes?---le pregunté--
--Algo he leído. Creo que era griego, ¿no?---quiso saber ella,
respondiéndome con otra pregunta--
--Sí, y aunque te parezca mentira fue un importante filósofo de la
antigüedad---le dije---una vez llegó al ágora (plaza pública)
de Atenas con un farol en la mano a plena luz del día.. La
gente, asombrada, le preguntaba; ¿Qué haces?, ¿Qué buscas?. Y el
respondía: “busco a un hombre honesto”. Esto lo decía
convencido de que no lo encontraría, pues según su parecer todos
estaban degenerados por la civilización y el progreso--
Mientras andábamos le miré la cara y la vi muy interesada por lo
que le contaba, así que volví a la carga:
--Y no te escandalices por lo que te diga---le advertí---pero
Diógenes pretendía vivir como los animales en cuanto a posesión de
bienes materiales, ropas y demás pertenencias, y como tal se
comportaba; es decir, hacía sus necesidades en plena calle, se
masturbaba si fuese menester delante de todos, o abogaba por el
incesto como forma natural de relaciones sexuales--
--Ufffff qué guarro, ¿no?---me respondió mi amiga asqueada---pero,
¿qué tiene que ver éste tipo con lo de acumular cosas?---se
extrañó--
--Pues sí tiene que ver---le repliqué---él mantenía una teoría
de vida un tanto peculiar. Según su punto de vista tendríamos que
vivir tal y como la naturaleza nos indica, o sea, nada de
condicionamientos sociales ni lujos superfluos, sólo concedía
importancia a la Ley Natural. Todo lo que no fuera natural lo
criticaba con dureza: las vanidades, la abundancia, la familia, etc.
etc. Insistía una y otra vez en que la verdadera riqueza del hombre
está en su alma y no en su casa--
--Hombre, Joaquín, visto así, no tenía tan malas ideas, el
tipo---me confesó mi amiga complaciente--
--Y además predicó con el ejemplo---le dije yo---rechazó su casa y
comodidades y se dispuso a vivir en un tonel de por vida. Vagaba por
las calles de Atenas intentando convencer a la gente de las
bondades de sus teorías. Lo hacia desnudo y descalzo porque entendía
que habría que hacerlo exactamente igual que los animales. Él
pensaba que la civilización había llegado demasiado lejos en
sofisticación y soberbia y se debería volver a vivir como en los
albores de la creación. ¡Ya ves!, ¡si nos viera ahora!---concluí
con sorna--
--Jajaja ¡Uy, si nos viera ahora, se moría del disgusto!---se
carcajeó ella--
--Pues sí, pero, en el fondo, este hombre era un
provocador---insistí---y, mira si era retorcido, que tenía la
costumbre de entrar al teatro cuando había terminado la función y
todo el mundo salía, porque así entorpecía dando codazos a los
asistentes. En fin, ¡no me digas que no era un tipo curioso
jajaja!---me reí con ganas---
Según llegamos a Callao, tan llena de gente que a duras penas
podíamos abrirnos camino, aún vimos a un par de indigentes más,
refugiados de la inclemencia del tiempo bajo cartones y mantas. La
multitud los rodeaba y los miraba sin parar de andar como si fueran
extraterrestres. Pero nosotros hacíamos lo mismo..
Joaquín
Camino de Callao
Un mendigo pidiendo en Gran Via, pero en este caso sin colchones ni cartones