jueves, 16 de marzo de 2017

Mis rubias favoritas.



Amiga:
Mi impudenda desnudez la percibes a diario
en mis palabras.
Mi admiración por ti de sobra la conoces
por reiterativo.
A mi no me valen falsas vestimentas literarias
para adornar mis ansias de quererte,
y sólo con ropaje de sincera prosa me presento a ti.
Jamás permitiré que presencies la mustidez
de un hombre adulador y zalamero.
Mi alma, desnuda y nítida, aunque cubierta ya con pliegues
de piel ajada, está siempre abierta para ti..
--Joaquín--


El título que he buscado para este breve artículo no es más que una manera perversa de provocar. Lo que realmente busco es gente, mucha gente que resignada y armada hasta los dientes de paciencia haga un esfuerzo más y complete la lectura de esta simpleza, elaborada, por cierto, a desgana y casi sin razón de ser.
Con el curioso enunciado del artículo aludo a cierto informe que leí no hace mucho y que me sorprendió sobremanera. Decía éste que: “Un grupo de expertos pronostica que la raza nórdica está en vías de extinción.” ¡Así de crudo y así de impactante!. ¡Nos quedamos sin suecas! –exclamé por lo bajines-- Por supuesto, los sujetos del tipo David Beckham o Brad Pitt también desaparecen, pero éstos me importan menos por razones obvias.
Imagino a mis semejantes (los de pelo en pecho) haciendo piña con mi angustia ante tamaña desgracia. No concibo las playas españolas sin esas nórdicas, rubias-platino tostándose al sol que más calienta. Menos mal que siempre nos quedarán en la memoria (también en infinidad de fotos y películas) para recordarlas.
Por si esa desgracia se consumara guardaré a partir de ahora como oro en paño copias de esas películas tan sugestivas como: Picnic, La Dolce Vita, Vértigo, Niágara, etcétera, con sus magníficas y exuberantes rubias protagonistas. Por supuesto mientras aguanten impertérritos mis recuerdos no dejaré nunca de soñar con las: Kim Novak, Anita Ekberg, Grace Kelly o Verónica Lake; incluso con nuestra adorada Marilyn Monroe, por si acaso se cumplen tales maleficios.
A cuento de rubias y de razas, que de eso es lo que quería realmente hablar, os cuento un brevísimo apunte al respecto.
Hace un tiempo leí un interesante libro de un científico y genetista italiano muy famoso en el mundillo de la paleontología y afines, llamado Luigi Luca Cavalli. Éste viejo profesor era (murió el años pasado) una eminencia en lo tocante a razas, procedencia de éstas y su evolución.
Nos advierte el profesor de la diferencia que hay entre especie y raza. En la primera nos detalla lo que es una especie. Se trata --nos dice --de un conjunto de organismos capaces de entrecruzarse y reproducirse entre ellos, pero no con otras especies.
De raza nos cuenta que son grupos que se subdividen de una misma especie. Básicamente se aplica a los seres humanos. El termino raza está cayendo en desuso debido a la función peyorativa que le hemos ido dando. Ahora denominamos para lo mismo, etnia.
Apuesto lo que sea que todos creemos a pies juntillas que la principal diferencia entre nosotros, los humanos, es el color de la piel. ¡Pues no! Según piensa el profesor Cavalli, perderíamos hasta el último céntimo de la apuesta. Y es que, parece ser, otras diferencias son más determinantes que el ser blanco o negro. Por ejemplo, la forma de la cabeza (el tipo de cráneo) es una de ellas, o el tipo de sangre (grupo 0, A, B o AB) es otra, sin olvidar el factor RH, otra gran diferencia entre nosotros.
El primer hombre moderno, como tal, salió de África hace unos cien mil años (no crean que es mucho), y se fue repartiendo por todo el mundo. Entró en Asia por la península arábiga y, divididos en diferentes grupos, se fueron distribuyendo por todo el globo. Al último sitio en llegar (exceptuando la luna ¡claro!) fue a América (pasaron a través del estrecho de Bering en plena época de glaciación). De esto hará unos quince mil años. Para hacernos una idea, Europa la pisaron nuestros ancestros hace tan solo cincuenta mil años. ¡Vamos, antes de ayer, como aquel que dice!.. Y es que en términos evolutivos esa cifra es insignificante.
Por supuesto todos eran individuos de piel negra, que era la mejor manera de adaptarse al medio africano. Fueron estos evolucionando y adaptándose después cada grupo al lugar y clima a donde llegaron.
En Europa gracias a recientes estudios con el ADN sabemos perfectamente que cambiaron su fisionomía y color de piel no hace tanto, según expertos unos quince mil años. Y voy más lejos, está contrastado que los ojos azules y el pelo rubio se deben a una mutación que padecieron un par de individuos instalados a orillas del mar Negro. Luego, al ser éstas particularidades favorables y útiles para la supervivencia en un clima con poca luz y por preferencia sexual (eran más guapos) se hizo gen dominante, con lo que fácilmente lo fueron transmitiendo a sus sucesivos descendientes.
Ahora, con la globalización y mescolanza de razas las herederas de aquellos dos individuos de ojos azules y cabellos rubios se están extinguiendo (mi madre que era rubia y con los ojos azules ya lo hizo) y no alcanzo a imaginar siquiera qué solución buscar. Aunque a mí, ya os digo, siempre me quedará el archivo de Hollywood para recordarlas. Bueno, y las fotos de mi madre.
Aquí lo dejo..
Joaquín Yerga

martes, 14 de marzo de 2017

Invierno en Madrid.





En las profundidades del invierno aprendí finalmente que había en mi un verano invencible.
(Albert Camus)


Aun no estoy seguro que lo del cambio climático sea definitivo. Tampoco que la escasez de rigores invernales se deba a él; imagino que faltan datos generosos y prolongados para sentenciar semejante dilema. Pero sí es cierto que algo pasa con las estaciones climáticas pues a nada que hagamos memoria vemos que ya no son lo que eran.
Recuerdo que en otra época no me desagradaban ni los mas rigurosos de los inviernos, sería tal vez porque nunca los padecí de manera severa pues provengo de una tierra pródiga en benévolas temperaturas.
Y qué duda cabe que el tiempo y los años cambian las percepciones y los gustos de las personas.. A mí lo del clima me han trastocado las preferencias porque, incomprensiblemente, si siempre deseé los inviernos hoy en día me desdigo y me declaro incondicional del buen tiempo. De sabios es rectificar, decía aquel.
En mi juventud tenía una especial querencia por los ambientes y paisajes nórdicos. Me atraían sobremanera los prados verdes, las ciudades grises, asépticas, revestidas de elegancia y cierto toque romanticón que veía en muchas películas y documentales. Ése entorno frío y desangelado lo asociaba a esa Europa culta, rica, amante del orden y de la justicia.
Precisamente a esos países septentrionales, protestantes y calvinistas la mayoría de ellos y posiblemente por eso laboriosos y prósperos, los consideraba con envidia espejos donde mirarse. Ahora y aun admirando su prosperidad, de manera incomprensible deploro sus plomizos cielos y sus pertinaces lluvias.
Quizás, y aludiendo al dicho según el cual se desea más lo que no se tiene, como he padecido y/o disfrutado de largos y calurosos veranos a lo largo de buena parte de mi vida, pues ansiaba justo lo contrario, es decir, tiempo fresco y entornos sombríos.
También es posible que influyera en mi debilidad por las brumas nórdicas la locuacidad de los numerosos emigrantes que retornaban cada verano al pueblo y nos agasajaban con historias increíbles de bienestar y abundancia de las que disfrutaban allende los pirineos. O tal vez los entusiastas turistas que a veces se aventuraban atravesar la poco habitual “Ruta de la Plata”  camino de Sevilla,  y me sorprendían tan rubios ellos y ellas… Y tan modernos y desinhibidos, pero..
Pasados los años uno ya no es el mismo. He viajado, leído, mirado, padecido, o disfrutado otros parajes y ambientes; tantos que ahora puedo discernir y juzgar con conocimiento de causa. Tal vez por esto y por algunas otras razones resulta que me empiezan a gustar los veranos y con ellos lo meridional, al menos en materia climatológica.
Estoy empezando, aunque tarde, a apreciar las bondades del estío, y a sus largas y cálidas tardes. Y me solazan de manera insólita los apacibles paseos bajo las escasas sombras de las raquíticas arboledas urbanas. Tanto he debido cambiar en estos asuntos que incluso constato que buen tiempo y calidad de vida pueden ser sinónimos a tener muy en cuenta. Y es que...
Lo he pensado mejor, dejo el crudo invierno para gente seria, cumplidora, formal, educada. Abandono mis soñadas brumas para siempre porque, entiendo que son más propias de gentes circunspectas, responsables, solventes en carácter y costumbres. Y porque mejor aceptar lo que dispuso la evolución y sean ellos, los de piel albar y cabellos claros, mas adaptados, los que soporten las duras inclemencias atmosféricas, y...
Me vuelvo con mi gente, regreso en deseos a la tórrida canícula veraniega, a sudar la gota gorda y a las noches interminables de cerveza y calimocho en los pringosos veladores de antaño... Sí, definitivamente retorno a la improvisación y a la apatía sureña..
Y dejo para siempre mis sueños juveniles de los ambientes húmedos y sombríos porque, al fin y al cabo solo eran eso, sueños. Pues soñaba cuando veía Sherlock Holmes, lupa en mano rastrear pistas tras el asesino por alguna nebulosa y fría calle de Londres. Soñaba, también, imaginando a Emma Bobary haciendo el amor con León Dupuis dentro del carruaje, mientras éste a toda velocidad arañaba las heladas baldosas de la Plaza Vendome de Paris mitigando en lo posible con su ensordecedor ruido los gemidos de placer de la pareja. Y soñaba, por supuesto, mientras leía en mis libros favoritos cómo Poe, ebrio de vino rancio, menudeaba de taberna en taberna hasta caer exhausto en cualquier calle del desapacible y melancólico Boston.
En resumidas cuentas he llegado a tal grado de sensatez que en mis sueños y apetencias despido al invierno con efusión y doy la bienvenida a una nueva y esperanzadora primavera, precursora, sin duda, de un radiante verano.
Dicho queda…


                                                                                     Joaquín Yerga


domingo, 12 de marzo de 2017

Al final del camino...





Adiós, ríos; adiós, fuentes

adiós, arroyos pequeños;

adiós, vista de mis ojos:

no sé cuando nos veremos.


Tierra mía, tierra mía,

tierra donde me crié,

huertita que quiero tanto,

higueritas que planté.


Prados, ríos, arboledas,

pinares que mueve el viento,

pajaritos piadores,

casita de mi contento.


No me olvides queridita,

si muero de soledad,

tantas leguas mar adentro…

¡Mi casita!, ¡mi hogar!

(Rosalía de Castro)



El Camino de Santiago ha sido desde el siglo IX la excusa perfecta para que gente de diferentes países europeos hicieran sus penitencias religiosas, cumplieran a su término promesas previas o simplemente (como en los últimos años), consumaran una especie de terapia psicofísica en aras de un probado bienestar anímico.

Escribir de manera objetiva del apóstol Santiago, como es mi intención, no conlleva bajo ningún concepto menospreciar al Santo ni minusvalorar la salvífica pretensión de los peregrinos. Somos ya mayorcitos como individuos evolucionados como para entender lo que se ajusta a la pura realidad y lo que simplemente es un asunto de superstición o de fe. Y conste que todas son igualmente dignas de consideración y respeto.

Que los supuestos restos del apóstol Santiago que reposan en la cripta de la catedral de Compostela no sean los del Santo es algo más que verosímil. Miren: es cierto que si nos atenemos a la tradición medieval nos dice ésta que Santiago, después de haber predicado la nueva fe de Cristo en Francia y en Hispania, regresó a Judea donde fue martirizado por orden de Herodes Agripa. Sus restos fueron luego trasladados  por sus discípulos en una pequeña barca de piedra costeando el atlántico hasta llegar las Rías Altas gallegas y una vez allí y frente a la población Iria Flavia, fue enterrado en un lugar desconocido. Pasados los siglos la tumba fue descubierta por el famoso obispo Teodomiro. Y dio comienzo la tradición… Y los peregrinos se pusieron en marcha.

Sin embargo la Biblia nos cuenta otra historia. Nos dice que Santiago, apodado el Mayor o Jacobo de Zebedeo, fue uno de los discípulos privilegiados de Jesús. Estuvo presente en muchos de los actos que éste desarrolló en Judea y Galilea, incluso fue testigo de la última actuación de Jesús una vez resucitado. Y efectivamente, murió decapitado en Jerusalén por orden de Herodes Agripa en el año 42 d.c. Y nada más, ahí se acaba toda mención al futuro patrón de España.

Si nos circunscribimos a los hechos reales, que serán los válidos para los más juiciosos, podríamos decir que estamos ante unos de los más grandiosos y efectivos actos de propaganda de aquellos oscuros siglos. Vean, sino..

En el año 711 los musulmanes estaban bien exultantes con su nueva religión. Habían entrado en España por Gibraltar y apoderado de casi toda la península. Un siglo más tarde los poquitos cristianos que habían podido conservar su fe se estaban reagrupando y gestionaban un nuevo reino en el norte del país (Asturias y Galicia), pero necesitaban un revulsivo o estimulo que los unieran y les diera fuerzas para combatir a los moros que eran entonces muy poderosos. Y aquí entra en escena el despabilado obispo Teodomiro, que junto al rey de estos territorios Alfonso II, idearon la aparición de la tumba del Santiago. Se acordaron de él y aprovechando una antigua tradición fundaron el conocido, "Santiago y cierra España" que tan bien les funcionó. 

Mas tarde, y a medida que diferentes oleadas de moros procedentes de África entraban en la península y arrasaban todo a su paso, los cristianos tiraban de Santiago y lo ponían (espiritualmente) al frente de sus tropas. De ahí quedó lo de: "Santiago Matamoros", que aun reza en el escudo del apóstol allá en Compostela. Imaginen qué moral para los soldados, un apóstol de Cristo al frente del ejército cortando cabezas de infieles musulmanes a diestro y siniestro a base de mandobles con su santa espada

Al final del siglo X, muy cerquita del mítico y temido año 1000, surgió en la Córdoba califal un personaje temible, Almanzor. Era secretario del Califa y comenzó su meteórica carrera enamorando a la reina y posicionándose como su favorito. Al cornudo califa Alhaken II, lo mantuvo encerrado y entretenido en sus aposentos reales en otros menesteres. 

Almanzor hacía casi todos los años por primavera (había mejor tiempo) unas razzias o correrías por las zonas del norte y arrasaba literalmente todo lo que oliera a cristiano. Éstos le tenían verdadero pánico. Llegó a devastar Barcelona y Santiago de Compostela, entre otras. De esta última hizo bajar las enormes campanas de la catedral y se las llevó a hombros de cristianos hasta la mezquita de Córdoba (en ésta espantosa época el apóstol parece que no estuvo muy activo). Claro que siglos después el castellano Fernando III, hizo el camino inverso, trasladó las sufridas campanas desde Córdoba a Santiago a hombros de moros, lógicamente. 

Pasado el tiempo, en 1589 exactamente, el pirata inglés Francis Drake, puso sitio con sus naves a las costas de La Coruña, y amenazó con destruir la catedral de Santiago. El obispo de turno sacó las supuestas reliquias del Santo para preservarlas del ataque. Tan bien las guardó, el tío, que se murió el buen hombre sin decir a nadie su paradero. 

Ante el desasosiego de no saber donde estaban los supuestos huesos del santo y la disminución espantosa de peregrinos a Compostela, se decidió a finales del siglo XIX dar por buenos unos restos encontrados en el ábside. Hicieron venir de Roma a un delegado papal, quien con un simple vistazo aseguró que esos huesos eran los de Santiago. Ni que decir tiene que todo volvió a la normalidad, el Santo en la cripta, la ciudad Santa, y los peregrinos pateando en masa los polvorientos caminos jacobeos. 

Por cierto, apuesto que pocos saben que ése camino ya existía desde mucho antes de nacer el Santo. Lo utilizaban los antiguos celtas como medio para relacionarse entre sus diferentes tribus, incluso para buscar novia. Y es que por ejemplo, un individuo residente en la Aquitania francesa podía perfectamente transitar por ese camino hasta contactar con otra tribu celta de Asturias o Galicia en busca de su media naranja. Y no es broma..

Joaquin Yerga



 

viernes, 10 de marzo de 2017

Una cita a ciegas


La descubrí bailando en una sala de fiestas. Vestía vaqueros muy ajustados y una blusita blanca con ribetes bordados en las mangas. Nos gustamos nada mas vernos. Sin embargo los días con ella pasaban y apenas conseguía nada, a pesar de mi obsesión por tocarla, por poseerla. No se dejaba.. Yo suspiraba por decirle palabras de amor al oído, por conocerla a fondo, y que ella supiera de mi.. Pero no había manera.. No obstante un día, por fin, sucedió, aceptó mi proposición de salir el sábado siguiente. Incluso me sugirió pasar juntos el fin de semana. Os puedo asegurar sin exagerar que fue la semana más feliz de mi vida.

Dediqué los días previos al encuentro a mirar y reservar una habitación en un hotelito de moda, y una cena en su restaurante, para complacerla.. Ni por un momento dejé de pensar en qué ropa ponerme, con qué perfume embadurnarme y qué protector comprar que pudiera serme útil en ésas dos noches de lujuria que ya adivinaba. Aún esperaba ése viernes a última hora de la tarde asaltar los cielos del placer, cuando... 

Una llamada inesperada rompió de golpe mis fantasías. Al otro lado del auricular, Juan, su mejor amigo, me confesó un terrible secreto. Me dijo algo que nunca olvidaré y que trastocó mis entendederas y razón: ¡¡Paula, que así se hacía llamar la chica, era realmente Pablo, un chico!. Así de inverosímil y así de cruel me lo soltó, sin contemplaciones. No estaba dispuesto a que el engaño fuera más allá de lo razonable; lo hacía por ella y por mí—Me dijo muy serio.

Impactado por la confesión creí que se trataba de una broma cruel. En un principio me resistí a creerlo. Pasé horas bordeando la locura, ¡¡cómo podía pasarme esto a mi, dios mío!—Gritaba desesperado en mi habitación.. Luego poco a poco fui recobrando la cordura y la llamé... Tras unos minutos eternos, de silencios y sollozos, se disculpó con vehemencia y me suplicó un perdón a todas luces imperdonable, pero la perdoné.. 

Hace ya mucho tiempo de esto, incluso apacigüé pronto mi rencor. Os aseguro que era tal la pasión que sentía por ella que cegó mi razón. Paula (ella quiere llamarse así) tiene un tipazo de mujer increíble, toma hormonas para sus prominentes pechos y siempre lleva pantalones vaqueros. Su hermoso rostro debidamente acicalado, sus incalificables grandes ojos y su hermosa melena azabache, son perfectos para ser una mujer de bandera. El resto ni lo sé ni ya me importa; a estas alturas de la vida se me pasó el disgusto. Ahora somos grandes amigos; sin derecho a roce, claro..

Joaquín..





jueves, 9 de marzo de 2017

Un matrimonio bien avenido.

                                                                                           


Las personas ofenden antes al que aman que al que temen.

--Maquiavelo--


Isabel y Fernando: Tanto monta & Monta tanto, eso dice el lema principal del escudo de los Reyes Católicos. Personajes esenciales en nuestra historia como nación.

Fernando, llamado el católico, aunque no creáis que tuvo excesivo fervor cristiano éste aragonés de nacimiento. Era hijo del rey Juan II de Aragón y al morir éste heredó ése trono. Recuerden que el Reino de Aragón se componía de: Aragón (de habla castellana) y Cataluña, Valencia y Baleares (catalano-hablantes).

Isabel de Castilla tuvo en un principio más problemas que su futuro marido Fernando. Era la hermanastra del rey de Castilla, Enrique IV. Al morir, y no sin problemas, heredó el reino de Castilla; que en esos tiempos ya destacaba como el más poderoso reino de la península.

Por si alguien lo ignora, el permiso para que se pudiera celebrar la boda, (eran primos hermanos), lo consiguió ese personaje tan libertino y putero llamado Alejandro, entonces cardenal. Más tarde, cuando fue designado Papa con el nombre de Alejandro VI, él fue también el que les puso el apelativo de: Reyes Católicos, quizás porque él de católico tuvo poco.

De los Reyes Católicos no creo que hace falta contar mucho, pues todo el mundo conoce su importancia en nuestra historia. Decirles que acabaron con el poder de los nobles poniéndose de parte del pueblo. Que fueron ellos los que facilitaron el descubrimiento de América al aprovisionar de hombres y víveres a Colón. Y que ellos fueron, también, los que terminaron de expulsar a los últimos moros y judíos, y sobre todo, ¡hicieron España!.

Por cierto, y aprovechando la época y los personajes, quiero mencionar a uno muy importante. No fue político, sino poeta y ha pasado a la historia de nuestra lengua como el autor de la elegía más famosa de todos los tiempos. Es Jorge Manrique y fue un partidario convencido de  Isabel en su guerra contra la Beltraneja. 

Jorge Manrique murió desangrado por una ballesta que recibió en el asalto al castillo de Garci-Muñoz (Cuenca). Rebuscando en las alforjas de su cadáver se encontró la siguiente joya:

Coplas a la muerte de mi padre

Recuerde el alma dormida,

avive el seso y despierte,

contemplando

cómo se pasa la vida,

cómo se viene la muerte

tan callando;


cuán presto se va el placer,

cómo después, de acordado,

da dolor;

cómo, a nuestro parecer,

cualquiera tiempo pasado

fue mejor.


Y pues vemos lo presente

cómo en un punto se es ido

y acabado,

si juzgamos sabiamente,

daremos lo no venido

por pasado.


No se engañe nadie, no,

pensando que ha de durar

lo que espera,

más que duró lo que vio,

porque todo ha de pasar

por tal manera.


Nuestras vidas son los ríos

que van a dar en la mar

que es el morir;

allí van los señoríos

derechos a se acabar

y consumir;


allí los ríos caudales,

allí los otros, medianos

y más chicos,

allegados son iguales

los que viven por sus manos

y los ricos.


Este mundo es el camino

para el otro, que es morada

sin pesar;

mas cumple tener buen tino

para andar esta jornada

sin errar.


Partimos cuando nacemos,

andamos mientras vivimos,

y llegamos

al tiempo que fenecemos;

así que, cuando morimos,

descansamos.


Ved de cuán poco valor

son las cosas tras que andamos

y corremos,

que, en este mundo traidor,

aun primero que muramos,

las perdemos:


Decidme, la hermosura,

la gentil frescura y tez

de la cara,

el color y la blancura

cuando viene la vejez,

¿cuál se para?


Las mañas y ligereza

y la fuerza corporal

de juventud,

todo se torna graveza

cuando llega al arrabal

de senectud.


Los placeres y dulzores

de esta vida trabajada

que tenemos,

¿qué son sino corredores

y la muerte, la celada

en que caemos?


Ésos reyes poderosos

que vemos por escrituras

ya pasadas,

con casos tristes, llorosos,

fueron sus buenas venturas

trastornadas.


Así que no hay cosa fuerte,

que a papas y emperadores

y prelados,

así los trata la muerte

como a los pobres pastores

de ganados.


Tantos duques excelentes,

tantos marqueses y condes,

y barones

como vimos tan potentes,

di, Muerte, ¿dónde los escondes

y traspones?


Aquel, de buenos abrigo,

amado por virtuoso

de la gente,

el maestre don Rodrigo

Manrique, tan famoso

y tan valiente;


sus grandes hechos y claros

no cumple que los alabe,

pues los vieron,

ni los quiero hacer caros,

pues el mundo todo sabe

cuales fueron.


¡Qué amigo de sus amigos!

¡Qué señor para criados

y parientes!

¡Qué enemigo de enemigos!

¡Qué maestro de esforzados

y valientes!


¡Qué seso para discretos!

¡Qué gracia para donosos!

¡Qué razón!

¡Qué benigno a los sujetos,

y a los bravos y dañosos,

un león!


No dejó grandes tesoros,

ni alcanzó grandes riquezas

ni vajillas,

mas hizo guerra a los moros

ganando sus fortalezas

y sus villas.


Y en las lides que venció,

muchos moros y caballos

se perdieron,

y en este oficio ganó

las rentas y los vasallos

que le dieron.


Pues por su honra y estado,

en otros tiempos pasados,

¿cómo se hubo?:

Quedando desamparado,

con hermanos y criados

se sostuvo.


Estas sus viejas historias

que con su brazo pintó

en la juventud,

con otras nuevas victorias

ahora las renovó

en la senectud.


Por su gran habilidad,

por méritos y ancianía

bien gastada,

alcanzó la dignidad

de la gran caballería

de la Espada.


Y sus villas y sus tierras,

ocupadas de tiranos

las halló,

más por cercos y por guerras,

y por fuerza de sus manos

las cobró.


después de tanta hazaña

a que no puede bastar

cuenta cierta,

en la su villa de Ocaña

vino la Muerte a llamar

a su puerta. 


Hay más versos, pero paro aquí..




miércoles, 8 de marzo de 2017

La sombra de una duda





¡Oh, vida mía, vida mía!,

agonicé con tu agonía

y con tu muerte me morí.

De tal manera te quería,

que estar sin ti es estar sin mi.


Humilde, sin murmurar

¡oh muerte!, me he de inclinar

cuando tu golpe me venza;

¡pero déjame besar,

mientras expiro, su trenza!


¡La trenza que le corté

y que piadoso guardé

(impregnada todavía

del sudor de su agonía)

la tarde en que se me fue!


Deja que, muriendo, pueda

acariciar esa seda

en que vive aun su olor:

Es todo lo que me queda

de aquel infinito amor..

--Amado Nervo--



El coche era el de su mujer, no había dudas. Estuvo aparcado el pasado martes toda la tarde junto al domicilio de Marcial, su jefe. –Así de contundente se lo manifestó Tony a su mejor amigo Pedro al día siguiente, cuando se reunieron a comer en el restaurante habitual de ambos, en el centro de Almendralejo, después de haberse citado.

Desde el lugar donde observó el vehículo no se distinguía con exactitud la matricula pero, ¡para qué titubear! ¡Todo encajaba como las piezas de un macabro rompecabezas, para su desesperación!. --Estos detalles últimos que Tony manejaba de su mujer no se los comentó a su amigo, los consideró menos importantes.

Habían pasado ya un par de semanas desde que Tony se propuso mirar con detenimiento el comportamiento de su mujer. ¡Por Dios, había cambiado tanto!.--Pensaba-- Sobre todo estos últimos días. Es verdad que esta situación le desborda y se reconoce como muy celoso, pero esta vez la desconfianza ha ido demasiado lejos. Tan lejos como que ¡estaba espiando a su propia mujer!...

--¿Estas totalmentseguro de lo que me dices? --se extrañó su amigo revelando cierta ironía en la pregunta

--Es tal y como te lo cuento Pedro, créetelo, estoy angustiado -- exclamó Tony excitado

Ésta rocambolesca historia comenzó al notar un cambio brusco en la forma de actuar de Marta, su mujer. Sí, porque hacía últimamente cosas que antes ni se le ocurriría. Por ejemplo, jamás había rechazado sus caricias: todo había sido pasión y deseo en ella hasta el punto de ser excesivamente besucona y empalagosa. Pero estos días rezuma frialdad e indiferencia. Atando cabos y analizando los resultados llega a imaginarse cosas terribles ¿Por qué ese cambio? ¿Por qué se muestra a menudo despectiva cuando no ausente? Está claro que algo pasa con ella, algo ha sucedido en su vida para que en muy poco tiempo actuara de esa forma tan extraña.

--Tony, tienes que asegurarte bien de lo que haces; todo esto es muy raro. Conozco bien a tu mujer y no la creo capaz. --afirmó Pedro con seguridad, aunque no sin cierto sarcasmo.

Marta lleva la administración de una pequeña empresa de servicios, es muy querida y respetada por sus compañeros ¡y no digamos por su jefe!, pero eso es precisamente lo que más le desespera.

--Tú sabes que ella es muy puntual a la hora de llegar a casa; bien, pues últimamente viene llegando muy tarde. Me dice que hay mucho trabajo acumulado en la oficina y que Marcial le pide por favor que se quede un rato más; luego comen juntos. En fin, son muchas cosas Pedro, no sé qué pensar --continuó con sus temores, muy alterado. En casa el ambiente empieza a ser asfixiante, no hablamos y cuando lo hacemos me responde con monosílabos. Incluso éramos pesados, como tu bien sabes, con los mimos que nos dábamos. Ahora me ignora, siempre está agotada --remarcó Tony angustiado

- ¡Y qué me dices de su ropa! -- prosiguió pormenorizando

--¿Qué pasa con su ropa?... ¿No te estarás obsesionando Tony? --preguntó en plan malévolo y con cierto escepticismo Pedro

--¡No!, ¡Te lo juro! Ahora la veo más elegante, se pinta más y hasta yo diría que va provocativa. Hacía tiempo que no la veía con esa minifalda. -- replicó indignado y casi fuera de sí.

Puede que los celos de él provengan inevitablemente de la estupenda mujer que tiene, hermosa y muy simpática. Llevaban casados tres años, y todo había ido muy bien hasta ahora, con la salvedad de que hacía un tiempo que se habían propuesto tener un bebé y de momento no fue posible. Tal vez estuviera angustiada por eso. En fin, ya empezaba a dudar de todo.

--Déjame hablar con ella –argumentó su amigo. -- le diré que se sincere y me cuente qué os pasa, y de paso le comunicaré tu inquietud.

--De acuerdo Pedro, habla con ella. Éste sábado pásate por casa. Yo buscaré una excusa para salir y así habláis todo cuanto queráis.

Cuando Tony abrió la puerta del portal de su casa el sábado por la noche, después de haber estado algo más de dos horas y media vagando por el centro del pueblo, el nerviosismo y la ansiedad eran bien visibles en su aspecto y ademanes. Había llegado a un acuerdo con su amigo en proporcionarle una banal excusa a su mujer para estar fuera y así darle la oportunidad a Pedro de sonsacarle todos los secretos que pudiera.

No obstante la impaciencia le impidió esperar al ascensor. Subió las escaleras a toda prisa saltando los escalones de dos en dos hasta llegar al tercer piso, donde vivía. Abrió la puerta de par en par y entró directamente al comedor, olvidando incluso cerrarla. Allí estaban Pedro, y también su mujer.

--Tony, siéntate, y tranquilízate, por favor, tenemos que darte dos noticias para empezar, una buena y otra mala. --le espetó su amigo muy decidido, pero un poco burlón  --tú verás el orden que quieres conocerlas.

A todo esto, su mujer, elegantemente vestida como era habitual últimamente en ella, aparecía sentada en el sillón con las piernas cruzadas y la cara pálida, quizás de la emoción.

Un poco mosca y mirando indistintamente a ella, y a Pedro, no supo cómo catalogar la situación que contemplaba en esos momento. Al fin se decidió.

--Está bien Pedro, dime primero la buena, --le endilgó desazonado y cariacontecido.

--Tony, estabas totalmente equivocado en cuanto al coche rojo aparcado frente a la casa de su jefe, no era el de tu mujer. Coincidía  el modelo y el color, pero no la matricula. No te fijaste bien, es de un vecino del inmueble, por lo que olvídate del romance entre tu mujer y él.

--¿Y la mala?  -- soltó deprisa y con pánico temiéndose la respuesta

La mala para ti, pero buena para nosotros, es que tu mujer y yo nos entendemos. Quiero decir que somos amantes y pensamos casarnos en cuanto os divorcies; legalmente, claro  --le soltó Pedro de golpe mirando a la mujer de Tony con una sonrisa picarona de complicidad.

Estas fueron las últimas palabras que pudo escuchar el bueno de Tony. Estupefacto, con el rostro demudado y gesticulando palabras incomprensibles, fue retrocediendo poco a poco de espaldas hacia la puerta, (que con las prisas él mismo había dejado abierta) y con tan mala suerte que tropezando con uno de los maceteros del descansillo no pudo evitar caer precipitadamente por el hueco de la escalera, rompiendo de paso la barandilla de madera que la circundaba.

Su mujer, desesperada, y su amigo Pedro fueron corriendo detrás de él intentando explicarle, Fue inútil, sólo pudieron contemplar, abatidos, el cuerpo inerte de Tony al fondo de la escalera en medio un gran charco de sangre.

No hubo tiempo posible para decirle que todo era una broma. Llegaron tarde, demasiado tarde para aclararle que su mujer se estaba haciendo un tratamiento de fertilidad y que éste había dado sus frutos desde hacía unos días. Justos los mismos que Tony recelaba de ella.

También fue imposible confesarle que iba a ser padre. Justo ése día iban a darle la sorpresa, y a fe que se la dieron.

La esquela de su defunción apareció en el periódico HOY del lunes. Debajo del nombre y apellidos, y después de la fecha del óbito, esta leyenda.

Tu desconsolada esposa no te olvida

Siempre estarás en nuestros corazones. Tu amigo Pedro..

Por cierto, a los tres meses justos se celebró una boda...


Joaquin








martes, 7 de marzo de 2017

Sin pelos en la lengua




Y así como los pueblos sin dignidad son rebaños, los individuos sin ella son esclavos.
(J .Ingenieros)


Siempre he apoyado de manera contundente nuestra unidad como nación (aun lo hago pese a todo). Sé que unidos somos más grandes, y nos da más capacidad de defendemos ante cualquier ofensa o ataque de toda índole y condición, ya sea económica, cultural, social, o incluso militar, aunque reconozco que esto último pueda parecer impensable. Porque entiendo que los países pequeños, que en tiempos de paz y prosperidad son afortunados, sin embargo, en momentos de zozobra pueden ser ninguneados o engullidos por los más grandes.
Encuentro admisible que cualquier ciudadano pueda querer a su patria, porque es humano, natural y hasta inteligente, si me apuran. Todos lo hacen en el mundo con la suya propia. Y creo que hacerlo con el ánimo de mejorar o de competir con otras honestamente y sin menospreciar a nadie es justo y pertinente. De otra forma quedaríamos fuera de todo poder de decisión en el planeta. Y es que, nos guste o no así funciona la humanidad.
Desde siempre he tenido verdadera pasión por contemplar definitivamente una España grande y fuerte en el mundo, en donde la democracia más absoluta y el respeto por todos sea condición indispensable para ello. No miento si les digo que he sufrido verdadera envidia por los pocos países libres y prósperos que en el mundo han sido. Y que me muero de ganas de ver algún día al nuestro como paradigma del progreso y bienestar, aunque soy consciente de que aún estamos lejos de ello. Previamente debemos mejorar mucho en educación y cultura porque en esos menesteres aún nos queda bastante camino por andar.
Lamentablemente también les digo, (y no es mi intención deprimir a nadie) que estoy empezando a flaquear. Mis fuerzas en ese terreno están llegando a su fin, pues me temo que los enemigos de ese ideal de España que he anhelado siempre nos están ganando la batalla.
Hasta hace unos años teníamos a los adversarios controlados. Nosotros éramos muchos, con más razones y más unidos que hoy. Perfilábamos, todos los constitucionalistas, casi sin excepción, una mayoría aplastante. Los otros, sin embargo, eran los cuatros nacionalistas de siempre, exacerbados y violentos que todos conocíamos.
Pero hete aquí que gran parte de lo que éramos hace un par de lustros ha cambiado de manera concluyente. Apuesto lo que sea que la crisis y la corrupción ha trastocado nuestros ideales. Ahora una parte de nosotros mismos no estamos seguros qué queremos ser de mayor. Unos tal vez de manera inconsciente, pero otros deliberadamente y en aras de cumplimentar su propia revolución proletaria trasnochada, acceden sin pudor a las exigencias de los nacionalistas más rupturistas.
Estoy por asegurar que hoy en día, tristemente, nos batimos en retirada. Vamos camino, o bien de aceptar alguna independencia que otra, o bien de concebir una España confederal, mucho más autonomista y por lo tanto más desigual que la que tenemos. Que conste, y lo digo a modo de información, que a más poder a las autonomías más leyes propias tendrán y más injustos seremos pues los ricos los serán aún más. Permítanme advertirles de algunos próximos contratiempos: Que nadie se rasgue las vestiduras después, cuando comprueben estupefactos cómo merma el mercado único español y cómo cada región hará de su capa un sayo.
Mi pesimismo se agudiza aún más, y hasta llegar a perturbar mi capacidad de aguante, cuando compruebo y soporto, día sí y otro también, los insultos con los que los nacionalistas obsequian a nuestro pueblo. Son décadas ya de menosprecio a nuestros símbolos y costumbres. Y lo que es más importante, termina por socavar nuestra credibilidad de nuestra joven democracia.
Toda esta falta de consideración de los independentistas catalanes para con nuestras leyes, que nos dimos todos por cierto, incluidos ellos, no son más que una última gota en la inmensidad de ese océano de humillaciones a la que nos tienen sometidos los nacionalistas. Tal es así que nosotros mismos estamos asumiendo esa subestima, y eso es muy peligroso. Por eso entiendo que ha llegado la hora de replantearme seriamente si merece la pena seguir presumiendo de país grande y uniforme, cuando es solo apariencia. Hace ya tiempo que el nuestro es un reino de taifas, en donde cada uno presume de sus raquíticas diferencias con el vecino y donde apenas nos une cuatro cosas generales, entre ellas la liga de fútbol y el Corte Inglés, ahora también Mercadona. Incluso estamos a las puertas de ser el hazmerreír del mundo, cuando durante los grandes eventos que organizamos, desdeñamos nuestra bandera, pitamos nuestro himno o nos salen sarpullidos pudorosos ante la palabra España.
Reconozco que, precisamente ésta actitud es lo han perseguido siempre los independentistas y afines; que de tanto hartazgo nosotros mismos les facilitemos vía libre a sus pretensiones. Admito sin reparos que quizás tanta machacona insistencia les ha salido tan bien que al final hayan triunfado por nuestro supino aburrimiento Decía Ortega y Gasset que el problema catalán es insoluble y que había que acostumbrarse a vivir eternamente con él. Yo, y perdóneseme la osadía estoy en fase de contradecir a nuestro excelso filósofo, creo que ha llegado la hora de mandarlos directamente a la M.
Sé que toda esta diatriba no les va poner de mejor humor. Y estoy por asegurar que estos constantes desprecios a nuestras leyes y símbolos me han pillado hoy en horas bajas (discúlpenme por ello). Posiblemente mañana volveré a defender a nuestro país como un gran nación diversa y plural, pero no les garantizo hasta cuándo.
Dicho queda…


                                  Joaquín Yerga