Paseaba aquel día por una calle del centro.. De repente se me acerca una chica y me pregunta por una dirección. Se la di, y se alejó satisfecha, y qué curioso, de espaldas la reconocí:
—¡Teresa!—Le
grité casi a voces—¿No sabes quién soy? ¿No me conoces?.
Giró la cabeza y, desconcertada, exclamó:
—Eres Joaquín,
¿no?. Perdona, no te había reconocido
Nos acercamos y nos dimos dos besos. Enseguida la interrogué:
—Sigues
igual que siempre ¿Qué haces por aquí?..
La mentía de manera descarada, había cambiado mucho.
—Tú
también estas casi igual, aunque con menos pelo—Me confesó
con una sonrisa que percibí triste
—Ha
pasado mucho tiempo ¿Ocho, diez años? ¿Sigues aún en la empresa?---Me interesé.
—Hace
un mes me despidieron—alegó—qué te parece, después de tanto
tiempo. Han pasado muchas cosas y no todas buenas precisamente. Pero,
bueno, es una historia larga de contar.
En
esa última frase noté cierta melancolía. Estábamos conversando
en mitad de la calle y, aunque no era la hora del mayor bullicio, ya
se estaba llenando de gente e impedíamos el trasiego normal de los
transeúntes. Así que me animé y le sugerí tomar unas
cervezas en una cafetería cercana y seguir
hablando.
—De
acuerdo, aunque no puedo parar mucho tiempo—me dijo apresurada—vengo a una gestoría que me han recomendado por aquí cerca y creo que cierran a
las nueve.
Miré
el reloj. Eran las siete y cuarto. La cogí suavemente por la cintura
y caminamos hacia arriba, en dirección a la cafetería. Durante
el trayecto me fui interesando por los antiguos compañeros de
trabajo. Me fue hablando de todos con cierta excitación hasta que le mencioné
a Carlos, el director comercial. Cambió el
semblante de su cara al oír su nombre. Una visible tristeza se
apoderó de sus aún hermosos ojos negros. Me miró pero no dijo
nada.
Carlos era
entonces un joven de unos treinta y pocos años, recién licenciado
en empresariales, pero con mucho don de gente, ambicioso y con un
futuro prometedor. Alto y bien parecido, era "vox populi" en
toda la empresa de cómo lo miraban las chicas y el éxito que
tenia con ellas. Después
de apreciar el cambio de expresión en el rostro de Teresa, intuí
algo sombrío entre ellos. No obstante seguimos andando y no quise
preguntarle más.
Llegamos
a la cafetería y conseguimos una mesa en un apartado rincón. Desde
allí contemplábamos la gente pasar por la acera pero,
con las puertas y ventanas cerradas para mantener el aire
acondicionado, tan solo un rumor lejano de voces llegaba a nuestros
oídos. Mientras
saboreábamos unas cervezas frías y por motu propio, ella recuperó
el asunto de Carlos:
—Joaquín no
estoy pasando un buen momento—reconoció—no he
hablado de esto de Carlos con nadie, ni si quiera
con mi madre, está delicada de salud. Pero, perdona, no quiero aburrirte.
Me
vino a la memoria que ella era hija única. Su padre murió en
aquellos tiempos que trabajamos juntos.
—Puedes contar conmigo para lo que
quieras—le dije—siempre me caíste bien. Acuérdate de las charlas tan
interesantes que teníamos durante las comidas.
Ella arrimó su silla un poco más a la mía y ya más tranquila me contó su historia, su triste historia..
—Joaquín, después
de irte tú de la tienda, al poco tiempo me enamoré
de Carlos, aunque creo que siempre lo estuve. Hemos
estado juntos más de cinco años, pero sin convivir en pareja. Él
está casado y tiene dos niños. Alquilamos un pequeño apartamento donde nos veíamos dos veces por semana.
Las
palabras le salían una tras otra de manera precipitada. No quise interrumpirla, sólo le pregunté:
—¿Y
qué os ha pasado?
—Me
ha dejado, se ha aburrido de mí—respondió dolida—y no sólo eso, sino que a
instancia suyas me echaron también del trabajo. Se ve que no quiere
problemas en la empresa, aunque todos saben allí de lo nuestro.
Según me iba contando, yo iba intuyendo una tragedia en ciernes. La vi muy afectada, pero la dejé proseguir:
—Mira Joaquín, estuve con él en lo bueno y en lo malo, aunque realmente para mí
siempre ha sido malo. Hemos estado viéndonos a escondidas, pero
él, parece ser, mintiéndome de manera descarada durante todos estos
años. Continuamente me prometía separarse de su mujer, cosa que no hizo. Reconozco que la culpa es mía, ya soy mayorcita
para saber lo que hago. Pero todo lo hice por amor, por quererle
demasiado. Al final, ya ves como ha acabado todo.
Terminó, sacó un pañuelo del bolso y se secó la comisura de los
ojos arrasados en lágrimas.
—No
sé qué decirte Teresa, lo siento mucho—le dije
solidarizándome con ella.
—Gracias, Joaquín,
ya lo sé, es la vida. He tenido la mala suerte de que se cruzara en
mi camino, y yo tonta de mí enamorarme como nunca lo había hecho
antes
Esto
último lo dijo con mucha amargura.
—A
pesar de todo—continuó—creo que no merezco lo que me ha
hecho. Y lo peor de todo es que aún le quiero. Hace un mes que no sé
nada de él, no quiere verme. Se busca excusas tontas para no hacerlo
y estoy desesperada.
Seguimos
hablando un buen rato hasta casi las ocho y cuarto. Me recordó que
tenía prisa pues le cerraban la gestoría a la que iba para tratar
cuestiones sobre su despido.. Antes
de irse me había contado con detalles todo sobre su relación
con Carlos, y también otros temas de la empresa.
Evidentemente estaba tocada, y muy enamorada aún. Reconozco
que me sorprendió su perniciosa atracción por él.
Al despedimos
nos abrazamos y noté como temblaba su cuerpo. Me quedé muy
preocupado. Se fue con los ojos húmedos y la mirada ausente. Nos
dimos el teléfono y prometí llamarla en un par de días.
Debido
a diversos problemas personales míos no volví a saber de ella hasta
bastantes días después... Una
mañana ojeando en Internet vi aparecer una nota publicitaria de la empresa donde trabajé con Teresa, y la
recordé de súbito, y su amargura. Sin pensarlo dos veces cogí el
móvil y la cartera donde aun guardaba la nota con su número de
teléfono y la llamé. Habían pasado casi dos semanas desde que
nos encontramos en aquella calle.
La contestación
de su madre me dejó helado. Teresa murió atropellada el
día 28 de julio pasada las diez de la noche en una importante avenida de la ciudad y, ¡Dios mío!---exclamé para mis adentros---¡¡Eso fue
justo el día que estuvimos juntos!!!...
Tardé
unos instantes en reponerme del shock. Cuando lo conseguí pude
escuchar el resto de las explicaciones de su afligida madre. Un coche
se la llevó por delante y se dio a la fuga. Atravesaba la avenida
por un lugar indebido. La muerte fue instantánea dijeron los de
protección civil...
Entre
sollozos, su madre me comentó que no se explicaba lo sucedido,
aunque sabía lo mal que lo estaba pasando su hija después
del despido. Yo
le hablé de mi encuentro con ella esa tarde y le conté toda nuestra
dilatada conversación, y su secreto. Los dos adivinamos los graves
motivos que alentaron su atropello. Pero no nos dijimos nada, sólo
un emotivo y esclarecedor silencio fue cómplice de nuestra certeza.
Joaquín..