sábado, 5 de julio de 2014

Un lugar de cuyo nombre sí quiero acordarme.




No habrá sino recuerdos.
Oh tardes merecidas por la pena,
noches esperanzadas de mirarte,
campos de mi camino, firmamento
que estoy viendo y perdiendo...
Definitiva como un mármol
entristecerá tu ausencia otras tardes.
(Borges)


Venir al mundo en Extremadura quizás no haya sido lo mejor que me ha pasado en la vida; ni a mí ni a muchos compatriotas. Me tocó nacer en la región de España con la mayor probabilidad de emigrar por metro cuadrado. De hecho ya lo hicimos casi un millón de nosotros a lo largo de la segunda mitad del siglo XX. En la mayoría de los pueblos de la región se pudiera decir lo mismo; que no hay unidad familiar en la que alguno de sus miembros no habite en un lugar distinto al que ha nacido, y esto es mas triste de lo que pudiera parecer... 
Y es que no es un buen negocio dejar atrás: amores, sueños, vidas… tantas cosas; y volver a empezar lejos, en otra parte, en otra ciudad. Deambular por calles extrañas, buscar nuevos amigos, aclimatarse... no, no es fácil. Sin embargo los humanos tenemos una capacidad de adaptación sin limites, y los extremeños, en particular mas si cabe, porque allá donde “sentamos los reales” nos combinamos a la perfección con los naturales. Esto es así hasta el punto de que muchos no han regresado jamás a la tierra de sus ancestros. Aunque me temo que esto no es motivo, precisamente, ni de vanaglorias ni de orgullos.
La palabra (topónimo) Extremadura proviene del término “extremo del país”, es decir, parte final o fronteriza del Reino de León. Extremadura fue conquistada y poblada con gente del feudo leones cuando éste era, digamos, un territorio independiente. Castilla tuvo también, en Soria, su Extremadura por la parte oriental. Ya nos lo indica su escudo heráldico (Soria pura cabeza de la extrema dura).
Cuando los cristianos (leones y castellanos mayoritariamente), arrebatamos ésta tierra a los musulmanes durante los siglos XII y XIII, se hicieron cargo de ella las órdenes militares, y con ello comenzó el reparto tan desigual de la tierra. El privilegio que los reyes otorgaron a la ganadería y con ella a la Mesta y a la trashumancia en detrimento de la agricultura, contribuyó de forma notoria a la formación de grandes latifundios. Pasado el tiempo se agravó este problema con la confiscación de los bienes de la iglesia en el siglo XIX, por parte del gobierno, fueron las llamadas leyes de Mendizábal o desamortización. Estas enormes propiedades del clero, que se habían formado gracias a donaciones de particulares durante siglos se expropiaron (con la intención de recaudar dinero para financiar los costes de las Guerras Carlistas) y se vendieron al mejor postor. Qué duda cabe que los únicos que podían comprarlas y en considerables lotes eran los dueños de grandes fortunas. Así que en vez de arreglarse el asunto se mantuvo o incluso se agrandaron las enormes fincas.
Como es sabido, estos latifundios eran pocos productivos pues los dueños no necesitaban mucho para vivir bien. Muchos de ellos residían en Madrid y pertenecían a la rancia aristocracia. Otros eran burgueses enriquecidos por nuevos negocios. Con este pésimo reparto de las tierras se fomentó las dos clases sociales típicas del sur hispano, y tan dispares, por cierto; los dueños de las fincas, (señoritos terratenientes), una exigua y poderosa minoría, y los jornaleros, inmensa, pobre y analfabeta mayoría.
Otros de los motivos que impidió a esta tierra desarrollarse fue la escasez de grandes ciudades y la consiguiente falta de clase media burguesa. De todos es conocido que éstas son los motores de desarrollo y progreso del mundo occidental.
Hasta principios del siglo XX la población de la región se mantuvo, incluso seguía creciendo. España era un país básicamente agrícola y ganadero y todo el sur era más fértil. Pero a finales del XIX entró fuerte la tardía revolución industrial, basada principalmente en el hierro y el acero del norte (gracias al descubrimiento de minas de hierro en la zona) y el textil en Cataluña, (favorecido por los severos aranceles que los patrones catalanes exigían al gobierno central). Ello hizo que estas regiones necesitaran mano de obra, por otra parte mejor remunerada. Y comenzó la despoblación del suroeste ante la desidia de los gobiernos de turno.
El franquismo no aportó nada al desarrollo de la región. Más bien al contrario, durante estos años se produjo el mayor éxodo hacia las regiones antes mencionadas y a Madrid. Solo una pequeña aportación con el llamado “Plan Badajoz” asentó a parte de la población en los nuevos pueblos creados en el valle del Guadiana. Aun viven de los regadíos mucha gente en estas feraces tierras.
Soy de los que piensan que el porvenir de Extremadura está por llegar, pero todavía faltan décadas para ello. Ahora el panorama no es muy halagüeño precisamente. Con una tasa de paro de las mayores de España y a la cola en todos los niveles de bienestar y desarrollo que se midan, no me imagino por donde vendrá su despegue. Quizás el turismo puede ser una de las patas en las que se asiente este desarrollo. Tenemos una tierra casi virgen, precisamente gracias al subdesarrollo que hemos padecido; con dos grandes ríos que la atraviesan de este a oeste, lo que nos ofrece múltiples posibilidades en este terreno. La cercanía con Portugal (Extremadura está a mitad de camino entre la zona mas rica de Portugal y Madrid) también puede ser otro motor que impulse las inversiones.
Entre los años cincuenta y setenta salieron de la región camino de otras latitudes, más de 800.000 extremeños, es decir la mitad de su población, eso es una barbaridad. Ahora viven aquí poco más de un millón de habitantes. Quiero dar un dato que me parece interesante, si sumamos a los residentes actuales los que nos fuimos y sus descendientes, darían un censo de casi tres millones, con lo que sería una de las regiones más pobladas de España. Por aportar otro dato significativo, la ciudad con más extremeños de España, no es Badajoz capital (con 170.000 habitantes), es Madrid donde residimos más de un cuarto de millón. En Cataluña otro tanto.
En la mayoría de las llamadas ciudades dormitorios (aunque ya tienen vida propia) que circunvalan Madrid o Barcelona, hay más extremeños o descendientes de éstos que en cualquier población de la región, por muy grande que sea (si exceptuamos Mérida y las dos capitales provinciales) Véase Móstoles, Alcorcón, Fuenlabrada, Hospitalet, Cornellá etc.
Actualmente los extremeños que salen de allí son pocos y por desgracia para la región suelen ser jóvenes universitarios muy preparados que buscan oportunidades en grandes zonas metropolitanas (Madrid y Sevilla básicamente) cuando no en otras partes del mundo, y esto merma en parte el progreso. A mí, como a cientos de miles de extremeños que estamos fuera, cualquier avance o igualdad con otras zonas mas ricas ya me llega tarde pues hemos rehecho nuestras vidas fuera. Aunque eso sí, siempre será nuestra tierra y nos alegraremos infinitamente que Extremadura deje de ser sinónimo de atraso y emigración.
Dicho queda...
                                                                       Joaquín Yerga
                                                            


martes, 1 de julio de 2014

Bipartidismo




Aunque el bipartidismo hoy en día no esté precisamente de moda creo que a nosotros no nos viene mal. España no es como Italia donde la política va por un lado y la economía por otro, de hecho aquí llevan décadas en desgobierno y sin embargo el país sigue creciendo y aun situado entre los siete países más ricos del mundo en PIB.  Aquí, en nuestro país necesitamos estabilidad gubernamental  y si es posible mayorías absolutas, lo digo así de rotundo.
  Puede sonar mal  pero a los hechos me remito. De los cuarenta años que llevamos de democracia  y en los que tanto hemos prosperado, una gran parte de ellos han sido con mayorías  parlamentarias, bien del Psoe o del PP. Creo que con esta composición de las cámaras se pueden aprobar leyes que siempre estarán redactadas con buena intención, en provecho de la mayoría de los españoles y sin necesidad de componendas con minorías nacionalistas insolidarias o partidillos de ideología extrema o peregrina.
  Es verdad que en los últimos años los dos partidos mayoritarios  con posibilidad de gobernar han defraudado a gran parte de los ciudadanos, se ha cometido muchos abusos y una pequeña proporción de políticos de estos dos partidos están imputados o directamente condenados por malversación de caudales públicos o por financiación ilegal, pero eso ha sido posible por dos grandes realidades: una, las dos décadas de vacas gordas en donde todo valía (en todos los estamentos de la sociedad, no solo en el plano político) y dos, estos partidos llevan gobernando cuarenta años entre los dos, en la administración central, autonomías y ayuntamientos, por lo tanto son los únicos que tienen poder y con ello posibilidad de delinquir. Está claro y el tiempo lo demostrará que todo el que toque moqueta  es susceptible de ser corrompido sea de cualquier ideología o partido político, esta anomalía se da en las personas no en las instituciones.
    En la mayoría de países desarrollados y estables del mundo predomina las dos consabidas y naturales tendencias de carácter político-social;  derecha e izquierda o lo que es lo mismo conservadores  y progresistas. Agrupados así diluyen radicalismos peligrosos en ambas partes, absorben y centralizan a los extremos.
    El partido conservador en España (PP) aglutina a todo el espectro de la derecha, desde el liberalismo más individualista hasta los neonazis, pasando por los cristianodemócratas, nostálgicos de la dictadura, monárquicos etc. sin olvidar algunos republicanos suaves. Estos son partidarios de la mas estricta aplicación de las leyes anti delincuencia, del orden, de la propiedad privada, de minimizar el estado,(porque así habría menos gasto y se pagarían menos impuestos). Habría que tener en cuenta que los posibles votantes de esta ideología serian los más pudientes: empresarios, ejecutivos, emprendedores, clase media etc., es decir los que más tienen que perder pues poseen más patrimonio y mejores sueldos, también son los más activos, creativos y los que más arriesgan.
   En el terreno religioso, los católicos más fervientes, por otra parte mayoría en España, junto con los menos practicantes, encuentran en la derecha su ideario más afín, se incluye entre los primeros los antiabotistas, precisamente por cuestión confesional. También han sido siempre, por lo menos a priori, los más patrióticos, defensores de una nación única, central  y con el castellano como principal idioma .Todo esto es real, pero hay otros españoles que están surgiendo y cada vez son más numerosos, que votarían a un centro derecha con veleidades proabortistas, aconfesional y federalista.
   En el Psoe , el otro gran partido, la otra pata del bipartidismo reúne en su seno solo a parte de la izquierda, se pudiera decir que los moderados, partidarios de la propiedad privada pero con un estado grande mas redistribuidor de la riqueza. Encontraría su fuente de simpatizantes entre los jóvenes, en sectores rurales del sur y en los medios urbanos menos acomodados, ávidos de incentivos de todo tipo.
    El gran problema que se encuentra actualmente esta parte de la izquierda moderada es la pérdida de sus ideales ancestrales. Una vez derruido el muro de Berlín y mostrado al mundo occidental, incluidos nostálgicos socialistas, el panorama tan desolador que había en los antiguos países comunistas, se acabó de golpe con la utopía, sostenida durante siglos, de un mundo justo en donde todos los ciudadanos sean iguales, sin ricos ni pobres. Estos países por cierto, solo lo habitaban gente pobre y sin derechos.
    Una vez demostrado que el menos malo de los posibles sistemas de gobierno, el capitalista democrático, donde la propiedad privada es el motor que moderniza y hace progresar al mundo, no hay argumentos de peso que mueva masas de votantes, como antaño, a favor de las doctrinas mas de izquierdas o totalitarias.
    La izquierda por tanto, perdida la batalla de la economía, ha tenido que buscar nuevas metas para ilusionar a su gente entre las que encontramos: la ecología, los derechos humanos en el mundo, la igualdad de sexo etc. todas muy loables pero también algunas muy equivocadas, sobre todo en España, como son por ejemplo la indefinición, por no decir en muchos casos el apoyo incomprensible a nacionalismos periféricos, egoístas y  racistas y la consiguiente aptitud absurda y vergonzante a todo lo español, esto ha hecho que muchos no sepan dónde está su sitio.
    La otra izquierda, más radical, curiosamente casi desaparecida en la mayoría de países desarrollados, aquí en España, aprovechándose de la crisis y de que nunca han gobernado, con lo pueden jugar con pólvora del rey, está en auge, incluso nutriéndose de los desencantados del socialismo moderado con lo que la pata izquierda del bipartidismo está quebrada y eso no es bueno para los intereses del país.
    A mi entender, después de todo lo que ha pasado y aprendida la lección, al igual que en el resto de países importantes, en el bipartidismo esta el futuro. Con unos partidos políticos reagrupados en dos grandes bloques: conservadores y progresistas, pero honestos, transparentes y con ideas claras.
  La delgada línea que separa estas dos ideologías debe ser mínima porque el mundo moderno no da para mas; en todas partes de occidente  son proclives a un capitalismo moderado y democrático, con respeto a los derechos humanos, estado laico, leyes justas e igualitarias y seguridad jurídica para mercadear en este mundo globalizado.
  La consabida cita de que los extremos se tocan, nos da una idea de lo nefasto que seria para la unidad de España y para un desarrollo sostenible de nuestro país, el que algún día nos encontremos con un mapa político compuesto de multitud de partidillos radicales sin posibilidad de pactos, ofreciendo cada uno el oro y el moro  y haciéndolo ingobernable, seria pasto de nacionalismos periféricos, de tendencias bananeras o demagogos antediluvianos. El retroceso seria considerable,  ¡que dios nos coja confesados si eso ocurre!

                                                                                                                 Joaquín Yerga
                                                                                                                         01/07/2014


lunes, 23 de junio de 2014

Con el corazón en la mano.






            La vida es muy traicionera, y cada uno se las ingenia 
            como puede para mantener a raya el  horror, la tristeza y la soledad. 
            Yo lo hago con mis libros"
           ( A. Pérez Reverte)


Hace unos años, alguien, un buen amigo para más señas, me sugirió crear un blog y exponer en él lo que se me ocurriera, fotos, relatos, impresiones etc. creo que acerté al seguir su consejo. Hoy a  ratos, cuando dispongo de tiempo suficiente cuelgo en esta, especie de Diario en la red, naderías que se me ocurren y otras pinceladas menudas de mi pensamiento.
A los que nos gusta escribir y todo lo relacionado nos ilusiona encontrar lectores que se entretengan con nuestros escritos. Creo que en el fondo subyace en nosotros un deseo de contar cosas que hemos aprendido, leído o simplemente vivido, y que de otra forma no hallaríamos gente dispuesta a escucharnos. Con este novedoso medio de llegar a ellos, tan fácil de realizar y de propagar, hemos ganado muchísimo en rapidez y comodidad. Es muy sencillo ahora llegar a amigotes y allegados, basta con solo pinchar el ratón y ya se encarga facebook o twiter de poner al alcance de éstos señales de nuestra distorsionada y calenturienta imaginación.
Antes del descomunal desarrollo de Internet la única manera de influir en posibles lectores era a través de los periódicos o revistas en la sección de cartas al director. Aficionado como he sido siempre a exponer opiniones políticas o sociales del momento, utilicé a menudo ese sistema para hacer llegar mis impresiones a cierto público. Hoy agradezco la expansión de este invento de las redes sociales y su enorme utilidad.
Tímido hasta la exageración aun a mis cincuenta y ocho, todavía me ruborizo bajo algún contratiempo verbal o situación aparentemente enojosa ante mis contertulios. Cuando me veo en la necesidad de hablar en público todavía me azoro inexplicablemente y necesito un esfuerzo extra de serenidad y aplomo para hacer llegar a la gente mis verdaderas intenciones. Todo esto se diluye en la escritura. Aquí, ante mi absoluta y estricta soledad soy más autentico y verdadero. En este formato razono con más serenidad y sosiego, porque las ideas a nada que uno se esfuerce acuden, aunque a veces se hagan de rogar. También los recuerdos, a pedazos, retornan de la evanescente nada, se hacen visibles y se hilvanan hasta completar algún relato fantástico o aburrido articulo político.
De todo, lo que más me motiva a escribir y contar lo que siento, en comparación con otras formas de expresión, es la falta de condicionamiento ambiental. Y es que uno escoge los temas a desarrollar a su gusto. A veces, predispuesto a la reflexión me apetece evocar épocas pasadas. Otras intento imitar a mi manera alguna novela famosa de algún escritor eterno, (sin mucho éxito por cierto) con algún relato corto manifiestamente mejorable...Y las más de las veces  reflexiono sobre nuestro país, su historia y sus gentes, que por otra parte es mi gran pasión.
Otra gran ventaja de escribir y perpetuar lo que se me ocurre es que queda constancia eterna del escrito y sus circunstancias. Todo lo que se apunte sobre un folio o quede reflejado en la etérea pantalla de un ordenador  se convierte en imperecedero. Las palabras habladas se las lleva el viento o las acalla el silencio... son efímeras, en cambio  las impresas son inmortales. También tengo la posibilidad de repasar después, transcurrido el tiempo, mi trayectoria personal. Y puedo valorar, por tanto, mis opiniones vertidas anteriormente si fuese menester. En cualquier caso juzgar si fueron acertadas o por el contrario arrepentirme de haberlas escrito.
Por supuesto soy consciente de mis limitaciones, no pretendo emular a Cervantes, ni a nuestro insigne Lope de Vega a estas alturas, ¡Dios me libre! Tan solo relatar, a mi manera, pequeñas historias inventadas u opiniones de carácter político o social. ¡Aah!  Y contar con gente que me lea ¡claro!
Joaquín Yerga
09/12/2017


martes, 17 de junio de 2014

Felipe VI

Esta semana, el jueves 19 de junio, hacemos rey al príncipe Felipe. Digo hacemos porque es el pueblo a través de sus representantes, diputados y senadores lo que tienen la potestad de hacerlo en nuestro nombre.
Puede parecer anacrónico a estas alturas del siglo XXI que aquí en España sigamos coronando reyes aún y más después de la penosa historia que nos ha legado la monarquía en el pasado, es verdad pero ha cambiado mucho el cuento.
Para empezar el sistema que nos dimos los españoles para gobernarnos fue una Monarquía parlamentaria como todos sabemos(o casi todos porque de todo hay), es decir los poderes del rey aún con título de jefe del estado, son muy escasos, se limita simplemente a representar al país en actos oficiales y algunas zarandajas más. Hasta los discursos con que nos obsequia en navidad y en otros eventos son revisados antes por el gobierno de turno. Conviene recordarlo para que no haya malentendidos entre los numerosos nuevos simpatizantes republicanos que se han apuntado al carro ahora que, el rey reina pero no gobierna.
Exceptuando la manera de elegir al monarca, (no se somete a votación cada cuatro años como el presidente de una hipotética república) no hay nada en cuanto a democracia, libertades, gobiernos, leyes, constituciones etc. que no se pueda hacer con este tipo de monarquía y si con  un sistema republicano.
Por buscar algún pero al ya abdicado rey Juan Carlos, este fue nombrado o impuesto, según lo queramos ver por Franco, pero su hijo Felipe va a ser refrendado, como he señalado antes por el pueblo.
Hay gente, mucha es verdad, que opina que ellos no han votado esta constitución y por lo tanto no está legitimada al cien por cien,  pero habría que recordar que casi ningún país somete su carta magna a votación cada generación. La norteamericana lleva intacta más de doscientos años, la francesa algo parecido al igual que la inglesa, que no está ni escrita etc.
Esta constitución nuestra, la que dice cómo hemos de gobernarnos, la votamos una mayoría inmensa de ciudadanos, entre ellos el que escribe, no es infalible ni déspota, nos da seguridad jurídica para que podamos prosperar y convivir en paz entre nosotros y es a su vez de las más progresista que existen en el mundo. Es tan sabia y está también redactada que nos ofrece la oportunidad de cambiarla en todo lo que queramos. Podemos reformarla para pasar a una España federal, aunque muchos de los que están a favor de esta no sabrían exactamente qué es; tenemos la potestad de cambiar artículos y darnos una república presidencialista al modo francés o americano, incluso si nos empeñamos, trocar leyes para que catalanes y vascos tengan sus referéndums legales y puedan irse de España libremente y quedarnos huérfanos el resto, los mas pobres (algunos partidos de izquierdas que abogan por esto último  tendrían que explicarles luego al minúsculo pueblo que quedemos las consecuencias reales de tal desaguisado, después, una vez independizados, que vayan a pedirles solidaridad a los partidos hermanos( ERC, Iniciativa per Cataluña etc.) de esas díscolas regiones que las risas de estos últimos se oirán en Pernambuco , Brasil , ahora que estamos con el mundial de fútbol) .Todo lo anterior podemos hacerlo, no es inamovible, pero se necesitan dos tercios de representación para conseguirlo, como es lógico por otra parte, porque de lo contrario estaríamos expuesto a cambios bruscos y aventureros a cada mayoría simple de turno.
De todas formas si algún partido político o alianza de partidos pretende hacer cambios en esta ley de leyes,  solo tiene que indicar en su programa lo que quiere hacer y esperar que le voten, si tiene la suerte de sacar mas de 245 diputados está hecho.
A mi humilde parecer hemos de esperar a que pase la crisis económica que hemos sufrido y aun padecemos  durante demasiados años ya y que ha sido la responsable en parte de estos vendavales  pseudo-revolucionarios que soplan últimamente. Debemos estar sereno como país para abordar con seguridad y seriedad los problemas más importantes que se nos están presentando, que son por este orden: la integridad territorial, el paro descomunal, corrupción política y  luego la forma de estado, federal o autonómico. En último lugar estaría el dilema monarquía o república pues con cualquiera de los dos sistemas se pueden solucionar los anteriores.
 Creo que al nuevo rey debemos darle un margen de confianza, es una persona muy preparada y nos puede representar muy bien en el mundo. En tiempos de zozobra mejor no hacer mudanzas, reza el dicho y ahora con la que está cayendo no es el momento idóneo para cambios estructurales.
Es verdad que a Juan Carlos se le ha criticado, muchas veces con razón. El comportamiento nada ejemplar de su hija y su yerno le ha salpicado, así como la cacería inadecuada en momentos muy inoportunos pero reconozcamos su papel en estos cuarenta años de paz y democracia que nos hemos dado. España se ha modernizado como nunca y, quién lo iba a decir  hace esos años, que estaríamos, a pesar de los problemas últimos, en la élite mundial de países desarrollados.
A este nuevo monarca que se nos corona el jueves hay que hacerle, por lo menos, un contrato temporal imaginario de tres o cuatro años y luego si nos conviene a todos, convertirlo en indefinido si la empresa (España) tiene beneficios(prosperidad,igualdad y convivencia). A mi modesto entender, en un principio tiene todas las de ganar: elegido por el pueblo (a través de nuestros representantes), está limpio de corruptelas, casado con una plebeya y por supuesto muy preparado para el cargo, qué más se puede pedir.


                                                                                                                                        Joaquín Yerga

                                                                                                                                       17/06/2014

sábado, 14 de junio de 2014

Mi cine

                               Lo bueno del cine es que durante dos horas los problemas son de otros
                                                                                                                          (P. Ruiz)



Lo mío con el cine viene de lejos, no sólo como mero espectador, también como buen aficionado a todo lo concerniente a este maravilloso mundo del entretenimiento llamado séptimo arte.
Siempre he pensado que los que rondamos al menos los cincuenta o mas y hemos nacido en un pueblo o ciudad que haya tenido salas de cine durante nuestra niñez, tenemos un plus extra, fascinante en los recuerdos y esencial más tarde en las aficiones.
En mi pueblo llegó a haber hasta tres salas de cine, dos de verano y una de invierno que hacia las delicias de la mayoría de la gente. No entiendo mi niñez y luego juventud sin la película infantil  tolerada para todos los públicos del domingo por la tarde.
Cuando la televisión señoreó los salones de muchas casas a mediados de los sesenta un poco de magia e inocencia comenzamos a perder los de nuestra generación. Era un ritual, añorado ahora, entrar en las vetustas instalaciones y ocupar las incomodas butacas de madera. Antes de eso se pasaba por la antesala, contemplábamos los grandes carteles donde se anunciaban de futuras proyecciones  y comprábamos  las consabidas pipas o avellanas en el cutre mini bar, luego, después del alboroto inicial, el silencio más absoluto al visualizar en la gran pantalla los primeros nombres de los protagonistas de la película.
Los filmes que solían reproducir más a menudo eran los de aventuras y del oeste serie B en la sesión de tarde, en la última, ya por la noche, hubo épocas y modas.
 Muchas de las películas que reponen ahora en cadenas de televisión más particulares recuerdo haberlas visto en aquel periodo, especialmente las de producción española con los eternos protagonistas Alfredo Landa, López Vázquez o Concha Velasco etc. Durante la transición, a mediados  y finales de los setenta como novedad se impuso el destape en todos los sentidos, no solo en el sexual también en lo político y social. Películas como La trastienda, con el muy comentado desnudo de Maria J.Cantudo , el primero en España o Cría cuervos de Carlos Saura, llenaron los cines durante semanas, cosa inédita en muchos años en el pueblo.
A  finales del ochenta y uno, (recordado por golpe de estado del 23F), llegué a Madrid y tuve que adaptarme a la vida agitada y variada  de la capital, ya traía conmigo inoculado el germen  de mi afición al cine y supuso una gran alegría el nuevo panorama cinematográfico que se me presentaba ante mi depauperado estado de ánimo inicial.
Pasar por la Gran Vía o por la calle Fuencarral y contemplar los enormes carteles instalados en las fachadas de los numerosos cines que entonces albergaban, era una delicia para mis asombrados ojos. Salas como Imperial, Palacio de la música, Azul, Roxi, Coliseum, Callao etc. jalonaban estas dos calles; más de veinticinco llegó a haber entre estas dos importantes arterias de la capital, hoy apenas alcanzan la media docena entre ambas. Películas como En el estanque dorado, de las últimas que protagonizó Henry Fonda, Volver a empezar de mi admirado José Luis Garci, E.T. del rey midas de los productores  S. Spielberg y hasta Acorralado protagonizada por un atribulado Sylvester Stallone, se anunciaban de manera gigantesca en las fachadas de los cines.
Durante los dos o tres años siguientes de mi llegada a Madrid pude deleitarme con infinidad de películas de estreno, posiblemente no hubiera sala que no frecuenté alguna vez, a pesar de que no fue época fructífera  en buenas producciones.
Es verdad que primero fue el proyectil de la televisión la que impactó de lleno en la diana hasta entonces hegemónica del cine, luego apareció el DVD y los sugerentes y numerosos videoclubs en donde nos recreábamos contemplando y eligiendo películas clasificadas por géneros y hoy en día tenemos a nuestro alcance infinidad de artilugios sofisticadísimos que nos permiten ver en 3D  y otras opciones  las películas de manera nítida y casi real en nuestra propia casa, todo esto ha mermado la viabilidad de las grandes salas de cine de antaño y con ello se ha terminado una etapa de nuestra vida que ya no volverá.
La  parte positiva de la innovación en la cinematografía y otros medios audiovisuales, entre ellos internet, es la posibilidad de tener a nuestro alcance todo tipo de filmes, series o documentales a tiro de USB y embelesarse apaciblemente en nuestro sillón preferido contemplando entre sorbos de una fría caña de cerveza nuestra peli preferida.
No me cuesta reconocer mis apetencias por el cine negro americano y mis reticencias a menudo de manera infundada a todo lo nuevo que viene de Hollywood. A mi manera de ver,  por supuesto muy subjetiva, es insuperable el cine de los años cuarenta y cincuenta. Cintas como Casablanca, Gilda o Perdición de esas décadas, pero también algunas más tardías como  El padrino, en sus dos primeras partes, El apartamento o Psicosis me siguen apasionando a pesar de las muchas veces que las he visto, siempre encuentro en ellas algo nuevo que merezca la pena volver a verlas.
Actores y actrices tan conocidos y admirados del tipo de Cary Grant, James Steward, Humphrey Bogart, Gregory Peck  o Katherine Hepburn con los que vivimos  o convivimos aventuras, comedias o dramas  que ya pertenecen a nuestra propia historia personal o directores, a los que nunca estaremos suficientemente agradecidos por los buenos momentos que nos han regalado gracias a su inteligencia o profesionalidad como Hitchcock, Billy Wilder, John Ford o George Cukor.
En todo este apasionante mundo que ha ocupado y ocupa gran parte de mi  existencia, también hay lugar para los grandes de España en este querido ámbito, con películas inolvidables como El pisito, El verdugo, Viridiana o El viaje a ninguna parte de F.Fernán Gómez, cintas de culto, premiadas y reconocidas en festivales de cine de toda Europa. No me avergüenzo en recocer por supuesto el tiempo que he dedicado en visualizar también filmes españoles de los sesenta y setenta del, peyorativamente etiquetado como Landismo o los protagonizados por uno de los mejores actores españoles de todos los  tiempos, José Luis López Vázquez, incluso las de Paco Martínez Soria. Aunque muchas de estas películas reconozco son muy malas,  a veces solo por recordar y comprender la manera de vivir de los españoles de esa época , los coches de esos años o las calles del Madrid de los setenta merece la pena verlas.
El cine español contemporáneo merece mención aparte, debe ser no lo dudo, por mi manera de ser un poco sentimentaloide por lo que le doy más valor a lo pasado que al dudoso presente y no le doy mucho crédito a lo producido últimamente, salvo honrosas excepciones como lo de Amenábar o alguna cosa  de Almodóvar.
A mi modesto entender y haciendo mías  unas recomendaciones de Garci, el cine con mayúsculas es cosa del pasado y debería exhibirse en los museos como el Del Prado, a lo venidero que le llamen otra cosa.
                                                                                              Joaquín Yerga

                                                                                              14/06/2014

martes, 10 de junio de 2014

La jungla de asfalto





Allá donde se cruzan los caminos, donde el mar no se puede concebir, donde regresa siempre el fugitivo, pongamos que hablo de Madrid.
Joaquín Sabina

La ciudad de Madrid no debería ser la capital de España, ¡que va!. La población que reunía todas las condiciones para serlo era Lisboa, pero un capricho de Felipe, no el sexto sino el segundo, así lo quiso.
A bote pronto sin mucho cavilar se me ocurre pensar que pocas capitales del mundo están situadas en el interior del país al que representan. La mayoría están en la costa y las excepciones lo son por estar ubicadas sobre algún entorno natural significativo, por ejemplo: Paris a la orilla de un gran rio e importante vía de comunicación, Moscú, en el centro de la Rusia europea con el Moscova de fondo. También Varsovia está en el centro de Polonia, pero con sus encantos reflejados sobre el espejo del caudaloso Vístula.
En los países de reciente creación, sobretodo sin son extensos y con diversidad manifiesta, han emplazado a sus nuevas capitales en zonas estudiadas minuciosamente ex -profeso. Estados Unidos fue el primero en hacerse una nueva capital, Washington, en el centro de lo que era el país entonces, a orillas del Potomac. Se le puso el nombre del padre de la independencia americana. El sitio elegido no fue casual, a mitad de camino entre los estados del norte industriosos y más desarrollados y los del sur, agrícolas y proclives a la esclavitud.
También en el siglo pasado, Canadá cuando iba tomando conciencia e importancia como país fundaron su nueva capital en una zona equidistante de las dos partes en las que estaba dividido, la anglófona (Ontario) y la francófona (Québec). Fue un acierto porque a pesar de los aires independentistas de la parte francesa, respetan todos muy mucho a su capital…Ottawa.
En el cono sur, con Australia y Brasil pasó algo parecido. En el primero crearon Canberra (con n) a igual distancia de las dos ciudades rivales más importantes del país, Sídney y Melbourne. Y en Brasil hace no demasiado tiempo y en un altiplano cerca de la selva del amazonas, se puso la primera piedra de, Brasilia, casi en el centro de éste gran país suramericano. A todas estas ciudades les costó bastante tiempo crecer y ser creíbles como tales, pero al final lo han conseguido. Hoy son importantes urbes mundiales, y capitales de sus grandes y poderosos estados.
Aquí en Madrid no pasó nada de eso. Solo dos razones de peso se me ocurren para que fuera elegida como nuestra capital. La primera y más importante es su situación geográfica, en el centro mismo de la península. Aunque también lo está Toledo, más populosa en aquellos tiempos. Y además ya fue capital de aquella España con los visigodos.
La segunda razón que encuentro es que además de su céntrica ubicación está situada a escasos kilómetros del montañoso sistema central y eso le proporcionaba buenos aires y abundante agua. Sin embargo argumentos en contra para erigirse en corte además de villa hay docenas de ellos. Por aquí no discurre ningún gran río como en los alrededores de las otras ciudades antes mencionadas, solo el raquítico Manzanaresaprendiz de rio como dijo alguien alguna vez, se digna pasar casi avergonzado por su escaso caudal por la periferia.
Tampoco tenemos puerto de mar, tan importante ahora pero más en la época de su designación como capital del reino. La masa de agua salada significativa más cercana está a casi cuatrocientos kilómetros de distancia. Por otra parte el terreno donde está asentada la ciudad no es especialmente fértil, más bien al contrario, un secarral rayano a menudo con la improductividad. Lisboa, pero también Barcelona o Sevilla estaban mejor situadas en la pugna por la capitalidad del incipiente gran imperio que se estaba formando.
Lisboa era ya una gran ciudad. A orillas del atlántico y sobre el magnífico estuario del Tajo presumía de ser capital del formidable imperio portugués, líder un siglo antes de los países patrocinadores de los grandes descubrimientos mundiales. De En Lisboa atracaban las carabelas cargadas con especias de todo tipo provenientes de América, África, o la India. Debemos recordar que Portugal la heredó Felipe II de su madre, y la incorporó al mayor imperio conocido entonces, el español.
Barcelona al final del siglo XVI, había perdido ya un poco el esplendor que tuvo ciento cincuenta años antes, pero seguía siendo una gran ciudad comercial, a pesar de que el Mediterráneo decaía a favor del Atlántico como zona de importancia mercantil después del descubrimiento de América.
¿Y Sevilla? Ésta era la candidata con más nominaciones para decantarse como capital. Ignoro por qué no llegó a serlo, pero durante los siglos  XVI, XVII,  y hasta principio del XVIII que cedió el poder a Cádiz, fue la ciudad más importante de España, y la más poblada. Ya en tiempos de los Reyes Católicos se le concedió el monopolio absoluto como punto de partida de los barcos que iban y venían a la América recién descubierta.
En Sevilla, único puerto fluvial del país, atracaban los barcos, entonces con limitado calado, y también salían a través del Guadalquivir rumbo al Atlántico. Sevilla era el centro de una región muy fértil. La niña bonita de las Españas. ¿Y…Madrid entonces? pues un poblachón manchego fundado por los árabes cuatrocientos años antes.
Madrid cogió fama como ciudad de cortesanos y vividores. Y más tarde de funcionarios y rentistas en contraposición con Barcelona y Bilbao que eran ciudades más industrializadas y productivas. Además éstas estaban pobladas de obreros y clase media más cercanas al modo de vida europeo. Madrid por el contrario siempre fue el paradigma de España, un país exótico, atrasado, amante de tradiciones ancestrales como los toros y las verbenas. Madrid era, también, el lugar de la corte y de la abundante cohorte de arribistas y aprovechados que ello conllevaba.
Afortunadamente todo eso ha cambiado y gracias, entre otras mejoras, a la red de comunicaciones de tipo radial que hace siglos se creó y que en los últimos años se modernizó, hemos prosperado más que nadie. Hoy Madrid y su región es la primera de España en todos los índices de desarrollo: humano, social y económico.
Nuestra capital es el centro de la banca, las finanzas y los servicios, y a pesar de la crisis que hemos padecido sigue siendo la tercera o cuarta aglomeración urbana en población y en importancia económica de Europa. Madrid es el principal centro logístico de España. Destino turístico, in crescendo, sobre todo en ocio, espectáculos y de cualquier tipo de manifestación artística (también de otros tipos de manifestaciones por cierto).
Ahora que la otra gran ciudad del país, Barcelona, reniega de su condición de española y pretende ser la capital de otro artificialmente creado, tendremos que mimar a la gran urbe que nos queda. La única ciudad millonaria en habitantes, y la única, por cierto, digna de contar en el competido contexto mundial.
Barcelona hasta la muerte de Franco era la ciudad hispana más cosmopolita, la más desarrollada en todos los sentidos, y por ende la más europea. Curiosamente era la cuna del castellano. Aquí venían estudiantes a aprenderlo y a empaparse de lo hispano. En Barcelona estudió Vargas-LlosaGarcía Márquez, o Cortázar. En algunas de sus bien diseñadas calles del ensanche residían las oficinas centrales de las mejores editoriales del país. Aun siguen ahí gran parte de ellas para asombro del personal, aunque gran parte de sus habitantes y sus autoridades renieguen de la lengua de Cervantes.
Desde la transición y con todo el poder cedido a las regiones, Barcelona ya no es lo que fue. Madrid ha tomado el relevo, a pesar de las pésimas condiciones naturales de donde se ubica. Como español lamento profundamente la deserción de Barcelona y eso que estaba, incluso, dispuesto a compartir la capitalidad del estado con ella. Hubiera sido hermoso y muy próspero la competitividad entre ambas. Pero hay que rendirse a los hechos; nos queda tan solo esperar acontecimientos. Mientras algo ocurra, disfrutemos de nuestra capital que es bien grande y diversa.
Dicho queda…
                       Joaquín
                                      


martes, 3 de junio de 2014

Elecciones Europeas


La política es el arte de obtener el dinero de los ricos y el voto de los pobres con el pretexto de proteger a los unos de los otros.
                    ( Anónimo)
                        


Conocido los resultados de estas últimas elecciones y pasada ya la gran sorpresa inicial por la nueva composición del parlamento es la hora de los análisis.
   Por una parte el Partido Popular ha sufrido una merma muy importante de votos, hasta cierto punto se esperaba y se comprende después de dos años de ajustes debido a la crisis, casi siempre se castiga al partido que está en el poder, pasa en casi todos los países en este tipo de elecciones; en Francia, por ejemplo el partido que gobierna solo ha obtenido el 14% de los sufragios.
   Al Psoe todavía le han ido peor las cosas, se ve a leguas que aun no se ha recuperado del efecto Zapatero y la gestión que de la crisis hizo los dos últimos años de mandato. En este tiempo que llevamos de legislatura sus propuestas no han sido creíbles y no ha podido como oposición levantar la voz en casi ninguno de los temas importantes a debate, sobre todo en los asuntos económicos, realmente lo han tenido difícil después de la situación en que quedó el país y la posterior debacle en las últimas elecciones generales.
  Lo de Izquierda Unida ya lo decían las encuestas de manera reiterada, iba a subir y así ha sido; de todas las maneras este partido ha tenido a lo largo de nuestra reciente historia democrática  un techo electoral, ahora con el descontento general masivo y las pocas expectativas del Psoe se esperaba un incremento importante, lo ha tenido pero menos del anunciado. No hay que olvidar que este partido está dentro del sistema y aunque despotrique de ciertas medidas y normas actuales ellos también gobiernan de alguna manera y teniendo en cuenta que el castigo ha sido en general para partidos clásicos y establecidos pues ellos, afectados, tampoco han recibido el voto del descontento masivo que se esperaba.
   UP y D en su línea actual, ha incrementado sus buenos resultados anteriores pero tampoco ha desbordado las expectativas. Este partido recoge algunos despechados votos de socialistas y conservadores pero a mi juicio no creo que crezca mucho mas, es una organización pequeña muy dependiente de su carismática líder Rosa Diez .Es verdad que en algunos asuntos trascendentales como es la unidad de España, es el único del espectro de la izquierda que nítidamente está a favor de la indisoluble unidad del país, el resto no sabe si es de izquierda o no estar a favor de la consulta catalana para la independencia y eso genera dudas en muchos progresistas que sin duda simpatizan con este partido.
   El verdadero tsunami de estas elecciones ha sido el millón doscientos mil papeletas a favor del nuevo partido de ¿ultra izquierda ¿ Podemos .Está claro que ha recogido las simpatías de muchos colectivos.  A mi entender los ha votado jóvenes rebeldes y utópicos avezados usuarios de las nuevas tecnologías; cabreados por la situación política en la creencia de que la mayoría de políticos son corruptos y gente de izquierda que ha huido del Psoe porque piensan que esta organización tampoco va a resolver los graves problemas que tenemos, pues ya han gobernado y sus dirigentes actuales son tan culpables de la crisis como la derecha.
  A Grosso modo esto es lo que tenemos sobre la mesa. Bien es verdad que estos comicios son especiales y la gente se permite, a sabiendas, el gustazo de votar un poco excentricidades porque piensan, a mi entender equivocadamente, que estas elecciones al  parlamento europeo tienen poca o nula importancia para nuestro quehacer cotidiano patrio.
    En mi modesta forma de ver las cosas  y respetando a la gente que ha votado a este nuevo partido, una cosa es predicar y otra dar trigo. Es verdad que hemos tenido muchos políticos que han robado de manera descarada y ya deberían estar a la sombra, pero no todos y siendo esto como es, una lacra para nuestra democracia no es en absoluto la causa de los seis millones de parados y la crisis que nos atenaza. No sé cuanto supondrá el montante total del desfalco de políticos  y de la cúpula dirigente de las cajas de ahorros quebradas, pero ni por asomo llegará al diez por ciento de, por ejemplo, los 90000 millones de euros de déficit del año 2010, es decir de lo que se gastó más que se ingresó, eso y otras torpezas trajeron este drama.
   Hemos tenido y ahora lo recuerdan los medios con la abdicación del rey, cuarenta años de prosperidad como nunca ha habido en nuestro país y eso se lo debemos principalmente al Psoe y en menor medida a la antigua UCD y también al Partido Popular. El partido comunista puso también su parte al canalizar y democratizar los votos más radicales. Estos años de democracia, con sus sombras, son los mejores de nuestra historia, una historia convulsa y en la que siempre hemos estado a la greña, unos con otros. Con los partidos tradicionales y constitucionalistas nos hemos colocado a nivel de los mejores países del mundo así que no conviene hacer experimentos con partidos revolucionarios que no sabemos dónde nos llevarían.
   Si algún día una coalición de estos partidos, muchos de ellos anti sistema, llegara al poder, que dios nos coja confesados. Si en ese hipotético gobierno llegaran a poner en práctica lo que anuncian y que está en sus programas electorales habría una estampida de empresas tal con su paro correspondiente que lo de ahora seria de risa. Las pensiones y el resto de pagos del estado, a mi parecer por supuesto, se pondrían en riesgo antes de lo que imaginamos. Vivimos en un mundo capitalista nos guste o no y las mejores naciones del mundo tienen este sistema, que es el más prospero de la tierra por cierto, e imagino que no verían con buenos ojos un régimen revolucionario como el de Venezuela, que parece ser es el modelo de algún partido de esta hipotética coalición, también admiran a los gobiernos de otras naciones latinoamericanas como Bolivia, Nicaragua, Ecuador o Argentina.
   Venezuela está al borde del colapso, es un sistema bananero sin apenas libertades y con una pobreza galopante, faltan productos en las tiendas y eso sí, está a punto de la igualdad social, todos pobres… pero iguales. Los otros países antes mencionados no tienen comparación con el nuestro, por desgracia para ellos allí si hay desigualdad y pobreza extrema y repartir los beneficios de la riqueza natural que poseen es muy comprensible, aunque deberían hacerlo sin populismo barato y sin salirse del sistema económico mundial establecido.
   Lo de Argentina es un ejemplo penoso a no imitar. En este país hubo una época de gran corrupción que generó un descontento general con los políticos al uso y se decantaron por un populismo barato y chabacano que pregonaba lo que los ciudadanos querían oír, repartos y prebendas para todos  y pocas obligaciones en la creencia de que sus recursos eran inagotables. Se endeudaron hasta las cejas y ahora llevan décadas sin levantar cabeza. Entre las magnificas ideas que proponían políticos de todo pelaje, revolucionarios, militares etc. hubo una que ahora está en el programa electoral de Podemos, no pagar la deuda. Por si sirve de algo contarlo, Argentina es un magnifico país, ubérrimo en recursos naturales, entre ellos gas y petróleo, enorme extensión de terreno y relativamente poco poblado pero debido a políticas populistas y bananeras está sumido en la inseguridad y mediocridad, una nación que figuró entre las mejores del mundo hace cincuenta años.
    Los experimentos, como decía Corcuera, hay que hacerlos en casa y con gaseosa. Garantizar la libertad, igualdad y prosperidad, a pesar de la que está cayendo, de la mayoría españoles es una cosa demasiado seria e importante como para dejarla en manos de utópicos radicales.
                                                                                                                        Joaquín Yerga

                                                                                                                              03/06/2014

sábado, 17 de mayo de 2014

Pasa el tiempo

                                                                   Amar la lectura es trocar horas de hastío por horas de  
                                                                    inefable y deliciosa compañía” (.John F. Kenedy)
                                                             

 

Esta tarde, buscando unas copias de antiguas declaraciones de la renta con la intención de cumplir en este 2014 con nuestro ministro de hacienda el Sr.Montoro, encontré antiguas revistas y algunos libros de juventud que aún conservo en un armario casi olvidado. Por cierto,  entre el papeleo, periódicos antiguos y viejas publicaciones, todavía guardo recortes  publicitarios de los partidos políticos que se presentaron a las primeras elecciones posfranquistas.
       Por continuar con asunto relacionado, no soy de escribir diarios pero si de guardar y conservar  casi todos los libros y revistas que he comprado y leído a lo largo de mi vida.
        Y es que a mí esto de leer me viene de lejos. Realmente no sé porqué ni cuando cogemos ese hábito tan interesante y tan útil. Ya desde bien pequeño disfrutaba muchísimo con los primeros libros básicos temáticos de la escuela.
       Me acuerdo especialmente del libro gordo y único que tenían mis hermanas mayores  y que era el que le acompañaba todos los cursos, en realidad eran tres, me estoy refiriendo a la Enciclopedia  Álvarez de Primer, Segundo y Tercer grado. Me los sabía de memoria, aun los recuerdo con cierta nostalgia, luego ya vinieron los nuevos tiempos y entraron los libros especializados en cada materia de Anaya, Everest y alguno más.
       Todos los años a mitad de septiembre comenzaba el ritual, adquiría los libros, los hojeaba impacientemente y los forraba con papel común sin estridencias, luego junto con el plumier, la goma de borrar Milan y los lápices de colores de seis o doce unidades, casi siempre de la marca Alpino, los guardaba en la cartera impaciente porque comenzara el curso; esto para mí era transcendental.
      En estos albores de mi niñez ya eran evidentes mis gustos por los temas académicos, así que  no era de extrañar que después y acorde con la época (años sesenta) vinieran los tebeos, el Capitán Trueno, El Jabato etc. Infinidad de ellos me leí y cambié por otros ya usados como muchos de los jóvenes de entonces, la escasez de recursos hacía que el intercambio de cuentos  fuese habitual y así siempre teníamos a nuestro alcance ejemplares inéditos. Mas tarde, al ir entrando en la pubertad, cambié los comics, que dirían ahora, por las novelas de pequeño formato: del oeste, bélicas o de terror que estaban de moda, incluso no me recato al recordar las de Corín Tellado que aunque en menor cantidad, también pasaron por mis manos. De estas novelas (la inmensa mayoría de la añorada editorial Bruguera de Barcelona), las del oeste fueron mis preferidas: M. Lafuente Estefanía, Keith Luger o Silver Kane eran los autores de más éxito. Los amantes cincuentones de este género me comprenderían perfectamente.
       De estas primeras lecturas iniciáticas pasé con entusiasmo a otro tipo de libros  ya con más enjundia. Coincidió esos años con lo que en política se le ha llamado La Transición, se puso de moda la política y vinieron las primeras elecciones generales con sus largas y bulliciosas campañas electorales. A los de mi generación, en esos años, imbuidos como estábamos con la historia de España según la versión franquista nos sorprendió conocer  la otra, la del bando republicano y ardí en deseos de conocer la verdadera historia de nuestro país y leí con fruición temas relacionados con la guerra civil, la implantación de la republica y sus consecuencias. Esta fiebre me duró un quinquenio.
      Luego, durante la siguiente década mis preferencias se decantaron por lecturas políticas y periodísticas intercaladas estas por novelas de autores contemporáneos tan conocidos como Umberto Eco, Stephen  King etc. o de escritores más inofensivos o placenteros  Agatha Christie o Conan Doyle  entre ellos. Hubo también una larga temporada en la que fui lector asiduo de periódicos y revistas. Todo el tiempo que estuvo en vigor el Diario 16 y más tarde El País me empapé de sus lecturas políticas y divulgativas, fueron muy amenas y provechosas.
      Ahora y durante los últimos veinte años he diversificado mis apetencias en este terreno. Actualmente  internet y los libros electrónicos nos han facilitado extraordinariamente esta afición a los pertinaces lectores como yo. Los periódicos, a pesar de que sigo comprando los de papel los fines de semana, tengo a golpe de ratón infinidad de ellos de manera gratuita y de todas las tendencias. De los libros, que decir de las nuevas tecnologías, más de mil, clasificados en caprichosos temas atesoro en mi ebook; imaginemos que ilimitado placer para los habituales.
       Resumiendo, de lo expuesto en estas líneas llego a la conclusión de  mi suerte por este hobby y  agradezco al azar o al destino el me haya proporcionado este afán por conocer a través de libros y afines.

                                                                                                                        Joaquín Yerga

                                                                                                                       17/05/2014

martes, 6 de mayo de 2014

Una vida saludable


                                                             El que quisiere tener salud en el cuerpo,
                                            procure tenerla en el alma.
                                                                                                     Quevedo

                                                              

Hace ya unos años que  empecé a mirar más y mejor mi salud.  Jamás me habían interesado esos temas, de hecho en cuarenta años apenas un par de veces o tres visité al médico; una pequeña bronquitis y una otitis provocada por una larga exposición al agua durante unas vacaciones de verano fueron  las dos últimas ocasiones.
      Imagino que lo que me ha pasado a mi le sucederá a otros muchos. Ya sabemos que  cuando somos jóvenes y estamos plenos de salud no nos preocupa lo más mínimo el asunto, nos creemos invencibles y pensamos que nunca llegará el día de padecer enfermedades importantes, eso lo vemos como de otra galaxia, creemos  que son problemas que afectan sólo a la gente mayor, evidentemente no es así, hay que cuidarse razonablemente, siempre.
     A mis cuarenta comencé  a cuidarme, cosa que nunca hice antes como ya he señalado. Recuerdo la impertinencia que me soltó una vez el representante de una empresa que fabricaba cajas de cartón cuando le dije la edad que tenía en ese momento a una pregunta suya.
     -¡¡Pues te ha tratado muy mal la vida para tener esa edad!!  -me dijo. De alguna manera eso me impactó. A partir de ese día me propuse quererme más, no era de recibo envejecer antes de tiempo.
       Dicen los expertos en el asunto, que el estrés es de lo más nocivo si anhelamos  una vida razonablemente longeva  y me temo que yo he llevado en mis dos últimas décadas, por acotar mis recuerdos, una existencia más bien ajetreada debido a inevitables cuestiones laborales (siempre he “padecido” trabajos estresantes), así que toca ahora preservarse y recuperar el tiempo perdido… la salud perdida mejor dicho. Realmente más que salud, aunque quizás también, son los signos externos que delatan que esta sea aceptable o inadecuada  para la edad  que se tiene, por ejemplo la pérdida del pelo  o mas arrugas de las debidas en ciertas partes del cuello o de la cara. En el primer caso es lo que con mas inquina se ha cebado conmigo el ingrato paso del tiempo y no me resigno a aceptarlo, máxime con el orgullo que he aireado siempre mi tupida cabellera durante mi mocedad; ya estoy pesando hacer algo al respecto.
     Lamentablemente y como sucede a muchos, soy de buen yantar y eso es un inconveniente porque al mínimo descuido aparece la tripa y se me desboca el colesterol, además de otros indeseados excesos.  Gracias a que dejé de fumar hace ya unos cuantos años y al moderado deporte que practico, me mantengo más o menos en forma, pero no deja de ser una lata, sobre todo para los que hacemos esto último como una obligación y no con gusto.
      Es verdad que además de todo ese esfuerzo hace falta algo más; lo básico, como es público y notorio,  restringir  la comida y ahí reconozco que tengo suerte porque como de todo, no soy  demasiado exigente  para esto, tampoco peco de glotonería. Admito que por comer comería cualquier cosa, sobretodo las que más agrada al  paladar pero que engordan más de la cuenta, así que  intento escoger los más saludables aunque de vez en cuando baje la guardia y me dé algún gustazo.
     Quien me lo iba a decir a mí, yo que siempre he sido despreocupado para todo lo relacionado con la salud; tener que  mirar ahora que alimento contiene omega3  para abusar de él y cual no se puede ingerir por llevar grasas saturadas. Yo que llegué a fumar hasta dos paquetes diarios. Del alcohol no he abusado demasiado pero mis cervezas y mi copita de coñac no me han faltado nunca. En la  pitanza ni por asomo tuve piedad ni compasión por la moderación. En cuanto a los niveles metabólicos, hasta hace una década fueron perfectos desconocidos para mí, nunca supe de ellos.
      Tengo algún pariente muy cercano que se niega hacerse revisiones médicas aludiendo peregrinas razones, yo ya pasé ese periodo. Ahora, sin abusar, paso por el ambulatorio cada par de años y me someto al consabido tormento médico. Ahora si procuro tener en cuenta  los altibajos caprichosos de los niveles de azúcar y colesterol y seguir las buenas recomendaciones de los galenos, que nunca vienen mal; hay que ir con los tiempos, no queda otra.
      Con todo esto que acabo de contar pudiera parecer que padezco algún tipo de obsesión por mi salud y nada más lejos, simplemente sin mucho esfuerzo procuro llevar una vida ordenada, sin demasiado excesos y comiendo más o menos de manera sana, completado eso si con algo de deporte; en lo demás igual que siempre, es decir vida casi monacal.
      Por otra parte está la salud emocional, ahora tan de moda. Es más importante de lo que creemos pues en sus manos; mejor dicho en sus neuronas, dejamos asuntos tan vitales como el equilibrio personal  y la felicidad, además la parte física depende en gran medida de aquella, por lo tanto para estar pleno en el asunto que nos ocupa en esta reflexión hay que estar óptimo en ambas. A mí siempre me han interesado las cuestiones vinculadas con ese gran desconocido que es nuestro cerebro y ahora que tengo más tiempo libre intento aprender y practicar temas relacionados.
      Ahora que nos invade estudios de todo tipo, también sobre el funcionamiento de nuestro cerebro, quiero hacer un pequeño resumen y sintetizarlo con  un par de consejos que procuro seguir, aunque posiblemente no lo consiga, estos son:
      -Conócete a ti mismo, esta  actitud ya la descubrieron  los antiguos griegos y es muy importante para el desarrollo de la vida del individuo. El que consiga conocerse sufrirá bastante menos y actuará de la manera más correcta en la búsqueda de su bienestar que por otra parte es lo que todos deseamos.
      -Ojo con el estrés, está demostrado que con él, el cuerpo físico y mental está a mas revoluciones de las debidas y el desgaste es mucho mayor, por lo tanto si se quiere vivir más y mejor hay que hacerlo más despacio, vivir el aquí y ahora y si se puede, disfrutar con lo que tenemos a mano, que no  suelen ser grandes cosas, yo estoy en ello.

                                                                                                                                                 Joaquín Yerga

                                                                                                                                                   06/05/2014