El estío..
Y en el árido
ambiente se dilata
la esencia de la
flor de los tomillos,
y lento el rio su
caudal desata
entre mimbres y
juncos amarillos.
Y si al cubrir sus
círculos de plata
con sus plumeros
blandos y sencillos
la caña dócil la
corriente roza,
trémula el agua
de placer solloza.
Del valle en tanto
en la pendiente orilla
manso cordero del
calor sosiega.
Se oyen los cantos
de la alegre trilla;
suenan los ecos de
la tarda siega;
ardiente el sol en
el espacio brilla;
y el cielo azul su
majestad despliega,
y duermen a la
sombra los pastores
y se abrasan de
sed los segadores.
Presta sombra a la
rústica majada
la noble encina
que a la edad resiste.
En su copa de
frutos coronada
la vid de verde
majestad se viste.
A su pie la
doncella enamorada
canta de amor,
pero su canto es triste;
que, en el
profundo afán que la devora,
amores canta
porque celos llora.
--José Selgas,
(siglo XIX)--
Reunida por segunda
vez en una semana la Asamblea de sabios judíos (Sanedrín) se
disponían, pues, a debatir el asunto que les traían tan
preocupados. Todos los miembros estaban ya debidamente informados de
los entresijos del caso, que no era otro que: <Qué hacer con
ése impostor procedente de Galilea y que dice ser El Mesías.>
Comenzada la sesión,
el Sumo Sacerdote ordenó guardar silencio a todos,
e inmediatamente un mutismo total embargó la sala de reunión. Con
la cara descompuesta por la rabia y con voz contundente fue
informando de los antecedentes y fechorías cometidas por el falso
profeta.
Habló después del
punto de vista del prefecto romano de la provincia, Poncio
Pilato, que parecía no querer inmiscuirse demasiado en el
tema aludiendo no ser el asunto de competencia romana.
Mientras escuchaban
al Sumo Sacerdote, por las cabezas de los ancianos consejeros judíos
pasaba una y otra vez la bochornosa imagen de ése hombre que se
decía “Hijo de Dios”, ¡qué disparate!, arrastrando a
masas de gente por las ciudades de la región.
Acabada la reunión y
después de un intenso debate se acordó por unanimidad dar muerte al
impostor. A pesar de que el Sumo Sacerdote había propuesto
la lapidación (muerte a pedradas) como mejor manera
de hacerlo por ser costumbre judía muy arraigada, se determinó que
ése embustero peligroso fuese ejecutado a la costumbre romana , es
decir, crucificado...
Esto de arriba es una
recreación que me he inventado. Trata sobre cómo pudo haber sido el
debate que sostuvieron los mandatarios judíos para desembarazarse
de Jesucristo. Os aseguro que tuvo que ser algo
muy parecido.
¿Os imagináis que
en vez de morir crucificado lo hubieran sentenciado
a morir a la manera judía, es decir lapidado?. ¿Sí,
que en vez de subir hasta el Gólgota (Calvario) y morir allí
en la cruz, hubieran colocado a Jesús sobre una pared y el pueblo,
analfabeto y bruto, le hubieran arrojado piedras hasta matarlo? Pues
todo hubiera sido muy distinto ¿no les parece?. Entonces no hubiera
habido cruces ni los curas harían la señal de la cruz, tan
recurrente; tampoco nos tendríamos que persignar esperamos el trueno
de la tormenta después de caer el rayo..
Sí Jesucristo
hubiera muerto lapidado en vez de crucificado, no habría Semana
Santa, o por lo menos no como la conocemos hoy, ni Calvario,
con lo que en Fuente de Cantos nuestro querido
barrio y calle con este nombre se llamaría de otra manera. Es más,
incluso no sé si habría iglesias ni catedrales pues casi todas
ellas están diseñadas con la cruz de base.
Si Jesús no
hubiera muerto en la cruz, no se me ocurre cómo hubieran llevado su
cuerpo, destrozado por las pedradas, al sepulcro y luego haber
resucitado. No tendría la cicatriz de la herida en el costado que le
hizo el centurión y que luego, una vez resucitado, mostró a los
incrédulos apóstoles, sino que todo su cuerpo estaría mallugado..
Claro, que entonces
cuál seria el símbolo del cristianismo, ¿una piedra?
¿El muro donde se apoyaría y caería exhausto por las heridas? En
fin, pensadlo..
¡Y
todo por una casualidad!. ¡A punto estuvo de morir lapidado!..
Joaquín