domingo, 9 de octubre de 2016

Donde el corazón nos lleve.




Patria es la tierra donde se ha sufrido,
patria es la tierra donde se ha soñado,
patria es la tierra donde se ha luchado,
patria es la tierra donde se ha amado.

Patria es la selva, el oscuro nido,
la cruz del cementerio abandonado.
Patria es el airón de la bandera
que ciñe con relámpagos de oro
el sol, como hermosa cabellera.

(L. Diaz)

Ayer tarde bajando por la Castellana observé los preparativos previos al desfile militar por lo del Día de la Hispanidad, a celebrar hoy, 12 de octubre. Y me acordé...
Sí, me acordé, aunque ya iba tarde, de aportar mi granito de arena y contribuir de paso a avivar la polémica sobre si debemos celebrar o no nuestra fiesta nacional. Sí, justamente ésta de hoy, y que denominamos por motivos obvios, de la Hispanidad.
Advierto que el día de autos no se prestaba especialmente a ello. Era ya muy tarde cuando me dispuse a escribir sobre el tema. Y era, por cierto, una noche fresca y desapacible más propia para melancolías. No obstante, si me demoro más se disiparía el último resuello del debate y entonces no habría lugar.
Por empezar por algo, y aunque esto lo sabemos todos, insisto en ello, creo que el franquismo hizo a España mucho daño en nuestras estructuras identitarias; bastante más de lo que creemos. Ya sabemos lo que supuso los más de cuarenta años de dictadura en todos los ámbitos de nuestras vidas; a los que la vivimos y padecimos directamente, pero también a los que sufren sus efectos retroactivos  ya en democracia. Me explico…
Franco dio un golpe de estado desmesuradamente cruento en victimas y exageradamente largo en el tiempo; duró tres largos años. Extraña forma de ésta de contar nuestra  guerra civil, dirán algunos. Durante los años de dictadura (demasiados) el régimen abusó de nuestros símbolos ancestrales y los hizo suyos. Se apoderaron sin pudor de la bandera, del himno, de nuestros héroes, en definitiva de nuestros sentimientos. Sin embargo, siendo consciente de todo lo anterior no debo ir más allá; todo pertenece al pasado. Hace ya setenta y cinco años que terminó nuestra guerra civil y más de cuarenta que murió Franco. La mitad de la población española ha nacido en democracia, por lo tanto es hora ya de recomponer nuestro armazón sentimental.
Al igual que con nuestros símbolos con las fiestas nacionales pasa algo parecido. El día de la hispanidad, o día de España, conmemoramos de alguna manera el descubrimiento de América por nuestros antepasados. Así fue y así pasó, es pura historia.
Cuando Colón pisó la isla que ahora es parte de la República Dominicana (La Española) corría, a punto de acabar ya, el siglo XV. Lo que hicieron y cómo se comportaron los españoles de entonces era propio de esos tiempos, nosotros, sus descendientes, ninguna culpa tenemos de los excesos cometidos por aquellos. Porque ahora, quinientos años después y doscientos desde que se independizaron de nosotros ni los exterminamos, ni mucho menos, como sugieren algunos. Ahora hablan nuestro idioma, gozamos de culturas similares y los acogemos con agrado cuando vienen a buscarse el sustento a nuestro país.
En América central y del sur hay países en donde la población autóctona o indígena son mayoría aplastante: Nicaragua, Ecuador, Paraguay, Bolivia etc. Hubo personajes españoles como Bartolomé de las Casas que defendieron con ahínco sus derechos. Algo inaudito en aquella época, por lo tanto, motivos para celebrar a pesar de los excesos, haylos, y muchos...
Hoy formamos una gran comunidad de países hispano-hablantes de más de 570 millones de personas, y aunque fuera solo por eso sería digno de elogiar y aplaudir. Por otra parte es inconcebible pensar ni por un momento que en países de la talla de: Inglaterra, Francia o incluso Estados Unidos, haya nacionales que no estén orgullosos de su historia, a pesar de los estragos que hicieron sus antepasados en muchas zonas del mundo. Porque miren…
Qué podemos decir de Inglaterra y las barbaridades que hicieron con los indios americanos. O en la india, África y en Oriente Medio, en donde dividían países como el que juega al monopoli. Y no se rasgan sus vestiduras, aún veneran  el “God save the Queen...”
¿Y los Franceses? con sus Napoleones y la invasión de media Europa. Y sus saqueos y sus fusilamientos famosos, así como sus desmanes en media África… Y ahí siguen, orgullosos de la “Grandeur  Francaise,” cantando enhiestos como un solo hombre, La Marsellesa.
¿Y los Norteamericanos y su exterminio de indios? ¿Y la segregación racial con los negros hasta antes de ayer.? Y que nadie les toque su forma de vivir, su bandera y su raquítica historia.
O los Alemanes, que estos sí que la liaron parda en las dos guerras mundiales con sus millones de muertos y su holocausto de judíos, Y ahí siguen, más unidos que nunca y apuesto que de puertas para dentro bien orgullosos de su patria y estirpe.
Y hasta los Italianos y su fecunda  historia. Ya desde tiempo de los romanos liquidaron pueblos y tribus enteras. Y más recientemente su nefasto comportamiento en Etiopía y en Libia. Y ahí están, más orgullosos que nosotros.  Y  que nadie les toque sus símbolos.
Los españoles debemos estar en un periodo involutivo, porque no se explica el comportamiento de muchos aborreciendo nuestro pasado. Nuestra historia fue la que fue y hay que, si no idolatrarla al menos respetarla y aceptarla, porque eran otros tiempos.
En la cuestión de los símbolos debemos llegar a un gran acuerdo para que todos estemos satisfechos y orgullosos con nuestro país y su historia. Y porque todo nuestro pasado a derivado, al final, en una España democrática, próspera y moderna a la que admiran, sin duda, más fuera que nosotros dentro. Esto no va de derechas o izquierdas, porque no es normal que en concentraciones de la primera ondeen banderas rojigualdas... y en la segunda la tricolor republicana… es de locos.
Que se sepa…
                                                                           Joaquín Yerga


jueves, 6 de octubre de 2016

Pasaba por aquí...

Atormentada piel de toro, turbia y homicida, cuna de Caín.  
(A.P.Reverte)

   Va a resultar que, el antiguo eslogan que nos definía en tiempos de Franco, y que decía aquello de…España, Una, Grande  y Libre, está  en trance de desaparecer por completo… No obstante, si nos fijamos bien, este lema no tiene porqué ser fascista.
  De las cuatros palabras  que contiene,  todas  ellas han estado  en vigor  hasta  fecha reciente…De estas  cuatro palabras del lema,  insisto, cualquier ideología podría apropiárselas, una a una,   sin que fuera contraproducente para  sus dogmas… Digo bien, podría…pero… me temo que no van por ahí las tendencias…no es políticamente correcto hacerlo hoy en día….hoy  todo  se inclina --como la ley del péndulo-- justo a lo contrario, a la disgregación, a deshacer lo construido… Y, es que, si no arrasamos con todo y volvemos a empezar  no estamos a gusto…nos aburrimos… A esto se le  llama Adanismo.
 De la primera palabra del lema… España, salvo que seamos  parte de los seis millones de extranjeros --perdón por la palabra-- residentes aquí, no debiéramos ofendernos,  pues españoles somos…. por cierto, llamaban  ya españoles,  a los que por aquí moraban  desde tiempos inmemoriales.
  Fueron los griegos, o tal vez  los fenicios, los que les dieron a toda nuestra  piel de toro --incluían al País Vasco y Cataluña, lamentablemente para estos--  el bonito nombre de Iberia….Curiosamente este apelativo  no procede como siempre se ha creído del caudaloso  y egoísta  rio Ebro --el que se niega  a dar una ínfima parte de su inmenso caudal  a los sedientos Turia  y Segura--, sino,  de un pequeño riachuelo de la provincia de Huelva antiguamente denominado Iberus…¡lo que son las cosas!
 Más tarde, varios siglos después…los romanos, tan prácticos ellos, nos denominaron Hispania,  y de ahí procede como es lógico España….Es decir,  el  depauperado --hoy en día-- nombre de español,  y del que  algunos  naturales le brotan sarpullidos  vergonzantes  nombrarse o sentirse como tal,  no  lo ha inventado ningún centralista de derechas recalcitrante, sino,  que lo hicieron gentes de fuera  hace la friolera de 3500 años.
 La segunda letra,  Una, nos lleva --si me apuran-- a ideología de izquierda pura y dura….Sino, pregunten a los revolucionarios franceses  de finales  del siglo XVIII qué  entendían ellos por una nación... la única, dirían...la francesa…. Un solo país y una sola nación,  centralizada en Paris,  y desde donde salían todas las normas a seguir. Los jacobinos --ahora serian los de Podemos-- eliminaron todas las antiguas regiones con ínfulas de grandeza o independencia y dividieron el  país en departamentos, todos parecidos en extensión y población…. También,  y según normas marxistas,  todo debería ser uniforme y redistributivo equitativamente…. Lenin y Stalin siguieron al pie de la letra esta consigna.
 Ahora, dicho y explicado lo anterior… ¿Porqué aquí en nuestro país, la palabra Una,  aplicada a una sola nación suena a fascistoide  en boca de algunos?… curioso cuanto menos…. Mucha gente debería  informarse al respecto.
 Qué decir del vocablo Grande…. a nadie le amarga un dulce, incluso, a los más exacerbados nacionalistas vascos y catalanes,  y próximamente valencianos y gallegos, darían un brazo por ser más grandes… ¿Me equivoco?...  Por lo tanto aceptamos que grande nos gustaría ser a todos…. Entonces... ¿porqué rasgarse las vestiduras?... ¿A qué hacer aspavientos  adversos a  que  España sea grande?...  De todas maneras, esto de ser medianamente grande --como somos ahora-- tiene los días contados…. En cuanto pasemos a ser, una especie de confederación, (ese es el camino que llevamos) entraremos  en el tiempo de  emular  a los reinos  de taifas musulmanes  medievales  y nos convertiremos en piezas fáciles de cazar en  todo tipo de agresiones… políticas, sociales o económicas…. Seremos (lo que quede de España) el  eslabón  más débil,  sino,  al tiempo…
 ¿Y del término  Libre?... No me negarán que,  debería ser una palabra  poco ambigua, pues lo es, y mucho….  La expresión Libertad está muy manoseada por gentes que no deberían hacerlo…. Sin ir más lejos, la usaron hasta  aburrir los etarras y los llamados aberzales cuando pedían constantemente libertad para Euskalerria, cuando los que estaban faltos de ella  eran precisamente los llamados constitucionalistas, a los que asesinaban en su nombre.
 Sin ir más lejos,  libertad o libre,  son  parte de los eslóganes más repetidos en las dictaduras de corte comunista. Por lo tanto quedamos que,  la palabra Libre la han usado  más los partidos de izquierdas que los de derechas… No deberíamos sentir congoja, en absoluto,  porque deseemos que España sea libre….  Sí,  libre de radicalismos, de odios revanchistas trasnochados; libres de ignorancia y de nuevos adanes que,  en su afán de deshacerlo todo y empezar de nuevo,  deshacen también nuestro  progreso y convivencia,  con la que también nos ha ido hasta ahora. En estos términos hay que usar la palabra  libertad, porque en asuntos de independencia o sometimiento a otros imperios ya no tiene sentido.
 En resumidas cuentas  he rescatado esta antigua consigna franquista,  tan aplaudida entonces por casi todos, y tan denostada ahora por muchos, porque  presiento  que,  de toda la frase,  a lo que quizás  hemos sido o cuantos menos deseado para nuestro país, ya no va a quedar nada o muy poco.
 Del concepto España --como dijo alguien una vez-- tan solo nos quedaremos,  con verdadero sentimiento  y con el copyright  de  la marca,  los castellanos, andaluces, y unas cuantas regiones más de habla castellana,  del resto, ni están ni se les esperan.
 Del conjunto UNA, habremos parido ocho diminutas naciones, a saber… España, Euskalerria --se incluye a Navarra--, Catalunya, Illes Balears, Galicia, País Valencíà  y Canarias,  y como estado asociado Asturies.
 De… GRANDE, pasaremos a ser insignificantes en todos los sentidos…. Quizás Cataluña,  sino en población,  si en riqueza social  y económica despunte del resto.
 De  la expresión  LIBRE, tal vez nos sobre libertad hasta para regalar….tanta  que,  posiblemente algunos  la vendan a cambio de economía…sobre todo aquellos que se han desgañitado a favor de la…libertad de los pueblos de España y del derecho a decidir,  o cuanto menos han dado su voto a los que eso predican…. Avisados quedan…
                                                                        Joaquín Yerga
                                                                          30/03/2016



martes, 4 de octubre de 2016

El precio de los sueños



Te mientes a ti mismo para ser feliz. No hay nada malo en ello, todos lo hacemos.
Anónimo

--¿Voy a morir, sargento?... --Preguntó Debby, angustiada...
--Si te dijera que vas a vivir cien años mas te mentiría --Así de sutil fue la respuesta del sargento Bannion (Glen Ford) a Debby Marsh (Gloria Granhame) mientras la sostenía, agonizante, en sus brazos… La herida, mortal por necesidad, se la hizo de un certero disparo en el corazón Vince Stone (Lee Marvin) lugarteniente del mafioso Lagana.
Estos diálogos pertenecen a la película Los sobornados del director austríaco Fritz Lang, y protagonizada principalmente por los actores antes mencionados. La cinta retrata las peripecias de una banda de mafiosos que atemorizan la armonía y decencia de la ciudad, sobornan, de (ahí el título) previamente para sus perversos fines a un par de jefes de policía, y algún que otro político. Al final el poli bueno, atrevido y valiente él, investiga por su cuenta sufriendo toda clase de incomprensión y penalidades; la cosa termina bien para los buenos.
La peli se rodó en 1953 en Hollywood, como no podía ser de otra manera, y en mi opinión es muy recomendable verla. Su magnífico director  pertenece, junto con otros muchos, al grupo de cineastas e intelectuales que tuvieron que exiliarse a los Estados Unidos cuando los nazis llegaron al poder en Alemania. Por supuesto eran muy críticos con las ideas y proceder de lo que se avecinaba en aquel siniestro régimen. Otros del mismo oficio y que le acompañaron al exilio fueron personajes de la talla de Ernst LubitshMurnauWillian WylerMichael CurtizGeorge CukorOtto Preminger, o el gran Billy Wilder, (del que dijo el bandarra de Trueba que, creía mas en él que en Dios, durante la entrega de su Oscar) y muchos más. Como podemos comprobar la flor y nata de los directores de cine mundial. También actores y actrices tuvieron que hacer la maleta ante el cariz que tomaba los acontecimientos, por ejemplo, Greta Garbo o Marlene Dietrich, entre otros…
Muchos, y no sin razón, opinan que la historia del cine americano, es decir el cine con mayúsculas, la hicieron los europeos, sino miren: además de los directores mencionados hay que sumar los que se fueron a Hollywood por motu propio, tales como: Hitchcock. Elia Kazán, Frank Capra etc.etc.
Hablando de todo un poco pero sin salir del género, con las buenas películas pasa como con cualquier trabajo elaborado con cierto arte o maestría, se las aprecia especialmente porque no todo lo que se rueda merece la pena. También es verdad que, en esto del cine influye mucho la parte subjetiva de cada uno, y es que para valorar la categoría de una película no vale solo la calidad de la misma, también pasado y vivencias propias.
Entiendo que actualmente en esto del cine con todos los adelantos habidos en informática y efectos especiales se valore más la imagen que los diálogos, sin embargo para los ya maduritos, los que procedemos de otros tiempos, la cosa cambia. Entonces la tecnología no permitía mantener atento al personal durante la hora y media de duración de la peli, máxime con las sombrías imágenes en blanco y negro, y es aquí donde los diálogos con sus frases más o menos impactantes suponían, al menos, la mitad de la valoración del largometraje.
Volviendo al filme de donde entresaqué la frasecita y sabiendo el morbo que suscita los entresijos de la vida personal de cualquiera, voy a cotillear un poco para darle un cierto regusto escabroso al tema. Sin ir más lejos, del elenco de protagonistas de la peli en cuestión tenemos que…
De Glenn Ford, que hace el papel del sargento Bannion, sabemos que a mitad de su vida se le subió un poco la fama a su bien proporcionada cabeza de galán y se volvió irritable por no decir insoportable. Vivió el bueno de Glenn hasta los noventa años y mojó (con perdón) todo lo que pudo y más. Se casó cuatro veces y tuvo infinidad de amantes de la talla de: Rita HayworthBrigitte Bardot (sí, esa, nuestra francesita protectora de animales), o la malograda protagonista del Mago de OzJudy Garland, madre por cierto de Liza Minnelli. Parece ser que el buen ojo en asuntos amatorios le funcionó mejor que su sentido común.
De la actriz protagonista, Gloria Grahame, podemos contar intimidades más suculentas y morbosas. Decirles, por ejemplo, que trabajó en unas cuantas buenas películas de cine negro, y es que por su aspecto (fue el prototipo de mujer fatal, fría, bella y distante) encajaba a la perfección en estos papeles.
Gloria se casó, también, cuatro veces, y es aquí donde la cosa se pone más interesante, su segundo marido fue Nicholas Ray, el famoso director de Rebelde sin causa, que  además de un excelente director de cine, era entre otras cosas, bisexual, alcohólico y dependiente de las anfetaminas. No le dio buena vida a Gloria, y ella se  vengó casándose con su hijo (el que tuvo de otro matrimonio anterior) y quedar embarazada de éste, con lo que tenemos que ella parió un hijo del padre y otro del hijo, espero no haberme liado.
Nicholas Ray se le empeoró mucho su salud física y mental a raíz de la muerte del actor (guaperas  y homosexual) James Dean, como todos sabemos protagonista de su película más famosa.
Gloria Grahame se le declaró a la pobre un cáncer de estómago (en esto no se salvan ni las estrellas de Hollywood)  y murió en Nueva York, muy joven aun, a los 57 años. A mí siempre me cayó muy bien…
       
       
                                         Joaquín Yerga


domingo, 2 de octubre de 2016

Las amistades peligrosas





No miente tan sólo aquel que habla en contra de lo que sabe, sino también aquel que habla en contra de lo que no sabe.
Nietzsche


Cuando Joseph Ignatie Guillotin propuso la guillotina en 1789, para desembarazarse de los enemigos de una manera más rápida, y aunque cueste creerlo más civilizada, fue el protagonista de un episodio muy encomiable.
Hasta entonces, los ricos (aristócratas) eran ejecutados separándoles la cabeza del resto del cuerpo de un tajo a través de un fuerte mandoble proporcionado por el verdugo con un sable. Sin embargo, la clase baja (el pueblo) eran ajusticiados de una manera tan ruin como la horca. Para igualar a todos en el trance del último suspiro dispusieron de la guillotina; un método, por otra parte, rápido, limpio y eficaz.
La Revolución francesa (que de eso hablo) como todas, se llevó a cabo gracias a los buenos oficios de algunos  nobles. Estaban estos fascinados por implantar en el país una cierta igualdad social que acabara con los enormes privilegios que tenían ciertas clases sociales como la monarquía, el clero y la aristocracia.
Aristócratas y burgueses eran los individuos más preparados de la sociedad. Solo ellos habían tenido la oportunidad de obtener la cultura adecuada, y algunos de ellos, precisamente, fueron los que arengaron al pueblo a sublevarse en contra de esos privilegios. Pero lo que nunca se imaginaron es que la revolución, como ocurre siempre, acabaría devorando a sus propios hijos.
En cualquier revuelta o sublevación los más exacerbados son los que acaban imponiéndose. EEspaña pasó durante nuestra infausta guerra civil en multitud de ocasiones. Invariablemente, los dialogantes y prudentes son sobrepasados por los más furibundos que enarbolan las ideas más fanáticas.
En la revolución francesa, los llamados girondinos (moderados) ¿Psoe?-- que fueron los padres de ella, terminaron muchos de ellos guillotinados acusados de traidores y enemigos del pueblo. La idea de estos era hacer de Francia un país más justo, con propuestas como: permitir una monarquía parlamentaria, dar poder a los partidos políticos, abogar por un reparto justo de impuestos, o quitarle poder del clero. Teniendo en cuenta de donde venían (monarquía absoluta) eran un logro espectacular. Sin embargo, para los extremistas (jacobinos) ¿Podemos? era esto pecata minuta… ellos lo querían todo.
En el último periodo de la revolución fueron cayendo (ejecutados por ellos mismos) primero los que la iniciaron (burguesía) luego los moderados y más tarde hasta muchos radicales. El ideólogo de la revuelta, Dantón, fue de los primeros en morir y el último, el más radical de todos, el terrible Robespierre (El Incorruptible)
Hay documentos que atestiguan que --por ejemplo-- el verdugo de la principal guillotina, situada en la Plaza de la Concordia (denominada después así por razones obvias) llamado Charles Henri Sansón, ejecutó a 2.918 personas de todo oficio y condición por orden del Comité de Salud Pública influenciado primero, y liderado después por el aristócrata Robespierre.. Por cierto, acabo de visitar esa plaza, considerada la más grande de Francia y es espectacular, recomiendo su visita.
Por las ensangrentadas manos de este verdugo pasaron: Luis XVI,  María Antonieta, los girondinos, Dantón, Lavoisier (científico y padre de la química francesa) Camille Desmoulins (el Errejón de la época) para terminar con el propio Robespierre ¿Pablo Iglesias?…Que nadie se ofenda por las extrapolaciones que hago, mi ánimo en absoluto está en agraviar a nadie y más con la guillotina de por medio. Simplemente explico cómo los más exaltados acaban imponiéndose. Además esto pasa en todas las ideologías y épocas.
Con las revueltas de los llamados Sans Culottes (el pueblo indignado) y sus asambleas callejeras, en donde todo se decidía a mano alzada, se permitieron muchas barbaridades, y no solo por las ejecuciones en masa de cualquier sospechoso de blandenguería, también con la pretensión de poner todo patas arriba… costumbres, hábitos y hasta el cambio de nombre de los meses del calendario… ¿Nos suena?..
La Revolución francesa terminó debido a sus propios excesos. Curiosamente después vino Napoleón, que se autoproclamó, emperador de los franceses y actuó como un verdadero dictador… ¡Claro! que las ideas de la revolución quedaron grabadas de manera perenne en las mentes, no solo de los franceses también de todos los europeos. Al hilo de Napoleón (que empezó como un simple revolucionario) el gran Beethoven, fascinado con él y sus ideas le compuso una sinfonía, La Heroica, pero en cuanto se enteró que se había hecho coronar así mismo emperador, montó en cólera y quitó la dedicatoria… ¡Menudo era el insigne sordo de Bonn!!
Hay que tener en cuenta que la situación del pueblo llano era lamentable en toda Europa. Los campesinos y el resto de la plebe carecían de cualquier tipo de justicia social. Con la Revolución, Francia y el resto de Europa después, se pusieron al día en lo social y en derechos humanos.
Francia, que había sido cuna de las monarquías más absolutas, se hizo republicana. El país ganó en modernidad, se abolieron las antiguas regiones con ínfulas independentistas y toda la vida política y económica se centralizó en Paris, su gran capital.
Esos nuevos aires revolucionarios, que ya soplaban desde hacia una década en los Estados Unidos, contagió a Europa, y de alguna manera somos lo que somos gracias a ella. Aunque, por supuesto, nada que ver con la situación actual. Hoy no necesitamos ningún tipo de revolución…Quizás, de haberla, suplico encarecidamente que sea cultural.
Muchos nobles aristócratas y burgueses acabaron ejecutados por el pueblo, un pueblo al que algunos de ellos soliviantó y arengó con la mejor intención del mundo para que consiguieran la libertad y dignidad que antes no tenían. Permítanme una moralejaaboguemos porque en Europa no repitamos ahora lo que entonces estuvo bien justificado. No abramos los brazos a revoluciones extemporáneas ajenas a nuestra civilización, cuando no hostiles.
Con la ingenuidad que exhiben algunos nos puede pasar como a los nuevos burgueses de la Revolución francesa, que esa renovación drástica que tanto ambicionamos pueda acabar ejecutando nuestra evolucionada, culta y libre civilización. 
Dicho queda…
                                          Joaquín Yerga
                                           13/04/2016


miércoles, 28 de septiembre de 2016

Pequeñas maldades







Dicen que la historia se repite, lo cierto es que sus lecciones no se aprovechan.
Camille Sée

Si miramos con detenimiento ciertas partes de nuestra historia, nos dice ésta que los españoles somos muy dados a deslealtades. Y conste que recurro a este apelativo por no aplicar otro más contundente. A lo largo del articulo nombraré a algún personaje especialmente ingrato con la tierra de sus antepasados.
También es cierto que la historia es una ciencia sobre la que no podemos afirmar que sea exacta porque, a pesar que lo que se diga en ella sea pasado, cada historiador la cuenta a su manera según sus principios e ideología. Y se supone que la escriben los ganadores pues, lamentablemente, a los perdedores nunca les dieron la oportunidad de contar su versión de los hechos.
Conocer la historia y sobre todo la nuestra, creo,debería ser una asignatura de obligado cumplimiento por todos y no un mero trámite educativo. Tendríamos que refrescarnos la memoria colectiva e invocar aquella sentencia que dice: “El país que no conoce su historia está condenado a repetirla,”. Y eso es atroz, porque nuestro pasado tiene episodios muy truculentos.
Nuestro país, España, ha tenido un pasado muy rico y variado en acontecimientos. Unos han sido buenos y fructíferos. Otros por el contrario pésimos. Y es que de todo ha habido como es natural tratándose de uno de los grandes países del mundo, con imperio incluido, durante varios siglos.
Nosotros empezamos a ser alguien en la historia a raíz de nuestro descubrimiento del Nuevo Mundo (América), llamada así curiosamente en honor a un italiano, Américo Vespucio, que fue de los primeros en escribir sobre ese gran continente. Incluso anteriormente ya contábamos algo en el mundo conocido; exactamente en tiempos del Imperio Romano. En esa lejana época nos tenían y apreciaban, por cierto, como una de las provincias más relevantes, Hispania.
Abundando sobre lo de América, no sé si muchos conocen el origen de los nombres de las naciones del sur de ese continente. Si no es así, en cuatro palabras se lo cuento.
Por ejemplo, de la Venezuela de Maduro. La nombraron así los españoles debido a las numerosas lagunas que había en algunas zonas del país. A muchos les recordaba a la Venecia italiana. Ahora y por desgracia, esos mismos verían: dictadorzuelos, penurias alimentarias, mucha represión y desiertos...económicos.
De Bolivia está más claro su origen, es una derivación de Bolívar, (Simón Bolívar). Fue un homenaje al más famoso líder de la independencia de la zona. Por cierto, hace un par de días visité la iglesia de S. José, en la calle Alcalá de Madrid y en su interior contemplé con curiosidad una placa conmemorativa en honor a la boda que allí celebraron aquél y una madrileña de pro….Después este sujeto nos traicionó sublevándose, junto con otros muchos criollos, (hijos y nietos de españoles como él) en contra de su madre patria. Como puede comprobar el resignado lector, nada nuevo bajo el sol, nos sigue pasando, solo que ahora mas cerca.
De Colombia obviamente no hay que esforzarse demasiado para comprender que se le puso ese nombre en honor a Cristóbal Colón. Al hilo del personaje, parece confirmarse la teoría de que este gran marino vino al mundo en Génova. Definitivamente era italiano y no portugués o catalán como han sugerido algunos, “eminentes independentistas”.
Otras naciones del cono sur americano, que durante más de tres siglos pertenecieron a España, les deben sus definiciones a los habitantes nativos que ocuparon sus distintos territorios, como son Chile, Perú etc… Esto en cuanto al nombre del país, si hablamos de sus capitales y ciudades, la inmensa mayoría de sus apelativos son transcripciones exactas de pueblos de España. Sin ir más lejos, ahí tenemos a: Córdoba, Barcelona, Valencia, Medellín, Mérida, Cartagena etc .todas ellas grandes ciudades americanas y homónimas de las españolas.
Si desde el sur de este gran continente remontamos el ecuador y pasamos hasta centroamérica, ídem de lo mismo, Honduras, denominada así por el puerto de Honduras en Cáceres; El Salvador por tema religioso etc….En México, por supuesto, todo él está cuajado de nombres castellanos.. Pero de todo aun sorprende (y es algo de lo que teníamos que estar bien orgullosos) de la conservación intacta de los topónimos dados por nuestros antepasados a los distintos territorios y ciudades del coloso vecino del norte, los Estados Unidos.
Toda la mitad sur de ese gran país, que una vez perteneció a México, sigue conservando un sonoro nombre español. A nadie se le escapa que, Florida, Colorado, California, Arizona, Luisiana etc. en lo tocante a estados. O Los Ángeles, Sacramento, Albuquerque, S. Diego etc. en ciudades (ahora grades urbes), son de procedencia castellana. En cuanto a grandes accidentes geográficos o ríos como: Rojo, Grande, Nevada etc…todos estos bonitos y ostentosos nombres se lo deben a los conquistadores españoles (gran parte de ellos extremeños) que fueron los primeros en pisar esa tierra. Hubo algún que otro misionero, como el mallorquín Fray Junípero Serra, que tiene en su haber la fundación de San Francisco y otras muchas de las misiones que fueron germen de las actuales grandes ciudades californianas.
Evidentemente no podemos estar completamente orgullosos de toda la herencia dejada por nuestros antepasados en el Nuevo Continente. Sí, del idioma, que es un verdadero tesoro. Si no fuera por él habría ahora una babel idiomática allí. Cada país hablaría una lengua diferente con la consiguiente merma de entendimiento entre ellos. No obstante, otros legados no fueron tan beneficiosos para los indígenas, que de alguna manera occidentalizamos.
En religión impusimos el catolicismo a la fuerza y por lo tanto el posterior grado de desarrollo político y económico (tan relacionado a este credo) fue tan pésimo como en su Madre Patria. Otro gallo les hubiera cantado a los aztecas, incas o mapuches si en vez de españoles, los que vieron aparecer por las costas orientales del continente aquel doce de octubre de 1492, hubieran sido más altos, más rubios y con los ojos azules, es decir ingleses. Quizás a estas alturas del siglo XXI llevarían disfrutando muchos años de un mayor grado de libertad, democracia y progreso, tal y como lo llevan haciendo, por cierto, Canadá, Estados Unidos o Australia, todos países colonizados por los, hijos de la Gran Bretaña. También llamada por sus enemigos, la Pérfida Albión, es decir, ingleses.
Que conste que aun reconociendo nuestros fallos y los deplore, aquí y allá, donde pisamos tierra, lo hicieron nuestros antepasados y como tal hay que aceptarlo. Tampoco nosotros aquí fuimos los más listos de la clase, precisamente. Muchos historiadores hoy en día piensan que el descubrimiento y posterior colonización de América, nos trajo a la larga mas perjuicio que beneficio. Pero eso es largo de contar y no es el momento.
Aun así, lo mejor de todo es el idioma castellano y sus, casi ya seiscientos millones de hablantes. Eso nos hace importantes en el mundo a pesar de que en algún lugar de nuestro propio territorio renieguen de él. De alguna manera nuestra lengua es un salvoconducto que nos mantiene unidos. Imaginemos por un momento que solo se hablara en España, entonces hacía ya, me temo, muchos años que estaríamos troceados en pequeños reinos de taifas, como en la Edad Media. Y es que nadie es perfecto…Un país tampoco.
 Dicho queda…
                                      Joaquín Yerga
                                      


sábado, 24 de septiembre de 2016

Réquiem por un sentimiento




Patriotismo es cuando el amor por tu propio pueblo es lo primero; nacionalismo, cuando el odio por los demás es lo primero.
de Gaulle


¡Dónde está mi patria! ¡Dónde mi bandera! ¿Quien ha persuadido a mis compatriotas para que se avergüencen de ella?. Aunque advierto que son preguntas retóricas que lanzo al aire buscando complicidad con mis tesis más que respuestas… 
Y es que todo el mundo, excepto nosotros, tienen amor ilimitado por su país. Lo defienden  a capa y espada y suelen tener tendencias a creerse un poco mejor que sus vecinos en casi todos los aspectos medibles: humanos o paisajísticos., ésto pasa hasta en la Cochinchina. Pero nosotros aquí, curiosamente, debemos estar más evolucionados que el resto de la humanidad. Tanto es así que hemos superado fronteras y razas, porque nos creemos ciudadanos del mundo antes que españoles. Tal vez la humanidad algún día lejano llegue a ese grado de perfección y bonhomía, pero de momento no van por ahí los tiros.
Para ser sincero, en nuestro país hay excepciones en esto de las querencias patrias. Los españoles de ciertas regiones si tienen derecho de pernada  son patriotas, pero de su pequeño terruño. Y lo que es más triste, son aceptados y comprendidos por muchos del resto de España. Aludo como todos se imaginan a los catalanes, vascos o gallegos, ¡claro!
Y entonces ¿Qué he hecho yo para tener que resignarme a ser apátrida?.. ¿Por qué no puedo vanagloriarme de pertenecer a un país democrático, libre y moderno, de los mejores del mundo? ¡Que alguien me explique cómo hemos llegado a esto!. Que nadie se asuste, es como las preguntas anteriores, pura retórica, no espero respuestas, además creo conocerlas.
Alguna vez se estudiará en universidades de medio mundo, (como algo de lo que no hay que hacer bajo ningún concepto) este autoflagelo que nos han impuesto una minoría al resto. Mirarán y estudiarán con sorpresa e incredulidad cómo la mayoría de ciudadanos de un país están acomplejados de pertenecer a él o de airear sus símbolos y logros, aunque estos últimos sean numerosos.
Y ese país es, precisamente, la potencia económica número doce del mundo, de los más democráticos del planeta y con las leyes penales más garantistas. Un país, insisto, que es según revistas especializadas de los más deseados para vivir en él, con los habitantes más longevos, número uno en trasplantes y quinto en seguridad (con la que está cayendo) y que recibe más de setenta y cinco millones de turistas al año. Y nosotros avergonzados de pertenecer a él y contárselo al mundo.
Dirán algunos (del pensamiento dominante) que los verdaderos patriotas se ven pagando impuestos y no llevando los dineros ilegalmente a Suiza o Andorra… O también, que lo importante es evitar los desahucios y ayudar a los pobres; como si una cosa fuese consecuencia de la otra. Estas irregularidades las comenten en Francia, Inglaterra o en cualquier parte del mundo. Ningún país se escapa a que algunos mangantes perpetren esas fechorías. Se puede luchar contra esos males y además tener un rinconcito del corazón ocupado con el sentimiento de pertenencia a los tuyos, a un país.
Pero, aun voy más lejos en esto de sentirse huérfano de patria, percibo que me falta algo que sí tienen los demás. En mi vida, como en la de tantos, hay cabida para mi familia, mis hobbies, mis amigos, mis vicios, mi altruismo y tantas cosas más, pero además de todo esto necesito pertrecharme de orgullo patrio para competir con sentimiento y pasión con el resto de países del mundo, porque todos lo hacen.
¿Qué tengo que hacer cuando nos toque jugar con los franceses la final del campeonato del mundo de fútbol y canten ellos entusiasmados la Marsellesa?.  ¿Bajo la cabeza o miro al cielo distraído cuando toquen nuestro himno? ¿Cómo reacciono cuándo por diversas circunstancias compatriotas nuestros den la talla junto a soldados de otros países en defensa de la  libertad y la democracia en países necesitados de ello? ¿Omito ser español a pesar del orgullo que mostraren italianos o polacos, por ejemplo?
No tiene sentido nuestro piadoso comportamiento. No soy un tipo cruel y sin sentimientos que pasa olímpicamente de los que sufren en otras partes del mundo, ni mucho menos. Estos temas de solidaridad me preocupan razonablemente y procuro colaborar de vez en cuando con algunas organizaciones humanitarias, pero… ¡Por dios! ¡Hay otras cosas que hacer en la vida….! ¡No venimos a este mundo para sufrir constantemente de manera amarga! ¡No es el planeta un paño de lágrimas ni tampoco tengo que apechugar con la culpa de todo lo malo que ocurre en el mundo! Digo esto porque los españoles debemos ser los que más sufrimos los males ajenos. Y por eso nos elevamos moralmente por encima de los demás. Y nos declaramos ciudadanos del mundo en solidaridad con oprimidos, palestinos, saharauis, okupas, refugiados, inmigrantes etc. Cualquier cosa como excusa con tal de no sentirse orgullosamente español. Que me perdonen pero el buenismo era antaño asuntos de curas y oenegés. Y Ahora resulta que estamos obligados a serlos todos: gobiernos, autonomías, ayuntamientos etc… ¡En fin!..
A veces creo que tanta buena gente y que  tanto se esfuerzan por ayudar (al menos de palabra), son como los misioneros de antaño (casi todos españoles) que se iban a evangelizar el mundo, a salvar almas, mientras los ingleses se forraban. Ahora es lo mismo pero en ateo. Otras veces pienso que nuestra educación ultracatolica de tantos siglos nos hace ser así. Por una parte se nos infla la vena anticlerical y apaleamos curas. Y por la otra, el sentimiento misericordioso de ayudar a los demás pues tenemos una conciencia muy sensible, ahora le llaman solidaridad. No hay más que ver las redes sociales para quedar pasmado con la ingente cantidad de eslóganes, frases o deseos bondadosos y fraternales que exponemos constantemente… ¡Claro! que una cosa es predicar y otra dar trigo.
Uno de los grandes problemas que engendra el no tener patria a la que honrar es que surgen pequeñas patritas diminutas en donde la gente deriva sus sentimientos que no pueden hacerlo con un ente superior. Me explico, Al no ser progre sentirse orgullosamente español, salvo exponerte a ser llamado facha, los ciudadanos reverencian a su región de nacimiento y se cuadran ante su bandera. Aunque la población de dicha región quepa en un par de autobuses de dos plantas.
Perdónenme con la vehemencia que he expresado mi opinión al respecto; me habéis pillado en una tarde de debilidad manifiesta. Que nadie se sienta ofendido, ni aludido, faltaría más…. Todos los puntos de vista son igual de respetables, incluso el mío. jeje
                                                                             Joaquín Yerga
                                      


domingo, 18 de septiembre de 2016

Los puentes de Madison



                                                                                

Porque también somos lo que hemos perdido.

"No quiero necesitarte porque no puedo tenerte".. Hermosa frase esta con la que, Robert  Kincaid (Clint Eastwood) le partió el corazón a Francesca (Meryl Streep). Son diálogos de esa fantástica película que muchos conocemos y admiramos… Los puentes de Madison.
Recuerdo que cuando el libro cayó en mis manos, al poco de publicarse, ya imaginaba que sería muy leído, pues es de los que se ojean de un tirón. La trama de la novela en cuestión es una tremenda historia de amor otoñal. Aun así no puede ser más fresca y romántica, a pesar de la madurez de los protagonistas o tal vez por ello.
Del guion poco que decir, lo conocemos todos de pasada. Pero tal vez algunos detalles se os pase desapercibidos. Y para evitar que os vayáis de rositas aquí estoy yo para recordárselos.
La historia se desarrolla en el Medio-Oeste americano... Francesca, cuarentona ella pero de muy buen ver, se queda sola unos días en su casa de las afueras porque su marido y sus dos hijos se desplazan a una feria de ganado al vecino estado de Illinois.
Al poco aparece en escena Robert Kincaid, un fotógrafo bohemio que viaja al condado de Madison (allí vive ella) a fotografiar por orden de la revista National Geographic, unos viejos puentes de madera del siglo XIX, en riesgo de desaparecer.
Ambos se ven, se conocen y se enamoran; conciben en un corto espacio de tiempo de apenas un par de días una ardiente historia de amor. Francesca se descubre una pasión desconocida hasta entonces. Harto de recorrer el mundo, Robert cree haber encontrado el amor de su vida. 
Han sido dos días intensos de amor profundo. Algo nuevo ha surgido en sus corazones, Pero la familia de Francesca regresa y ella tiene que decidir. Un abismo de dudas se le abre. Debe elegir entre, el marasmo y la rutina de una vida monótona e inconsistente, o irse con Robert en pos de una aventura desconocida, quizás más insensata, pero apasionada.. Elige lo primero, y eso le costó el corazón..
Unas cuantas escenas de la peli ponen la piel de gallina al más duro espectador: aquella en la que Robert, dentro de su genuina furgoneta Pick up, espera la decisión final de Francesca, mientras fuera, en la calle, y ajeno al vibrante drama, cae un chaparrón de justicia, es conmovedora...
La película la iba a dirigir en un principio Sídney Pollack, el director de filmes tan estupendos como: Memorias de África, Sabrina, Tootsie, o Tal como éramos. El actor preferido de este director fue nuestro siempre admirado (sobre todo por las féminas) Robert Redford; por lo tanto él era el destinado a protagonizar el papel de Robert Kincaid si no se hubiesen rotos las negociaciones. Al final fue Clint Eastwood el designado, y él se llevo los honores.. y también los inmensos caudales que recaudó la película.
Sea como fuere la cosa creo que fue un acierto escoger a estos dos personajes para interpretar esta bonita película. Ambos estaban en la plenitud de sus vidas y carreras, y sin duda contribuyeron al éxito de ella. Los Puentes de Madison es uno de los pocos casos en los que la versión cinematográfica no desmerece para nada de la novela escrita. 
Por cierto, el libro lo trajeron a mi casa los del Circulo de Lectores, del que mi hermana era socia. Nunca le estaremos suficientemente agradecidos en Fuente de Cantos y en general todos los pueblos pequeños de España, a la estupenda labor para la divulgación de la lectura de aquella empresa (ya no existe) del grupo Planeta. 
En el patio de mi casa y repantingado en la tumbona al fresco de la tarde, aún me veo leyendo y suspirando por las imaginadas escenas de amor entre Francesca y Robert. Luego fueron otros libros y otras historias las que me ganaban el corazón. Entre ellas casi todos aquellos primeros Premios Planeta recién salidos al mercado y que el Circulo de Lectores me los hacía traer a casa..
Joaquín