martes, 2 de abril de 2024

La abuela que murió triste y sola

                                                                                     



A veces, lo más bello de la vida

no es lo más bello: es lo que más se ama.

Si después sopla el frío en esa llama,

lo más bello es aquello que se olvida...

--José Ángel Buesa--


Me llamo Antonia, tengo 85 años y moriré sola en la residencia. Para qué necesito yo, pues, que la vida se alargue, que vivamos más que antes..

Donde estoy (una habitación de 10 metros cuadrados) puedo mirar las fotos de mi familia y algunos recuerdos de casa que me he traído, y eso es todo. Tengo, eso sí, 3 hijos y 8 nietos. Uno viene a verme cada 15 días; algunos, cada tres o cuatro meses; otros, nunca.

Ya no tengo mi casa ni mis cosas queridas, pero sí quien me arregla la habitación, me hace la comida y la cama, me toma la tensión y me pesa. Ya no hago croquetas, ni huevos rellenos, ni rulos de carne picada, ni punto, ni crochet. Aún tengo, eso sí, pasatiempo para hacer sudoku que entretienen algo.

No sé cuánto me quedará de vida y debo acostumbrarme a está soledad. Voy a terapia ocupacional y ayudo en lo que puedo a quienes están peor que yo, aunque no quiero intimar demasiado. Por la avanzada edad que tienen desaparecen con frecuencia.

En fin, a veces me acuerdo de mi abuela, y me alegro por ella, porque murió feliz rodeada de sus hijos y nietos. Ya solo espero que las próximas generaciones vean que la familia se forma para tener un mañana (con los hijos) y devolver a nuestros padres el tiempo que nos regalaron al criarnos. "Cuidar de quien ya cuidó de nosotros, es la mayor de las honras.". 

P. D.  Antonia ya no está entre nosotros, se nos fue no hace mucho, sola como ella temía. 

Joaquín 







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