De niño yo creía que el mundo era de los adultos ¡Buah, qué envidia, podían hacer el amor, fumar, beber a su antojo, ir a donde quisieran pero, sobre todo, aplastarnos con su poder indomable!. Ahora sé, por larga experiencia que, en realidad, no hay adultos, sólo niños envejecidos.
Son niños viejos, porque quieren lo que no tienen: el juguete de otro, tienen miedo de todo, obedecen siempre a alguien, no disponen de su existencia, lloran por cualquier cosa, pero no son valientes como lo fueron a los diez años. Y lloran, sí, pero lo hacen de noche, en silencio y a solas, y quizás sin lágrimas, que es peor..
En fin, algo de esto lo he leído por ahí, pero lo suscribo de rabo a cabo, no sé vosotros. Supongo que también..
Joaquín

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