Parece mentira, pero muchos de los peores actos no han sido cometidos por monstruos, sino por personas comunes que simplemente dejaron de tener una estrategia mental propia. Por ejemplo, personas que obedecieron órdenes, que siguieron a la multitud y que actuaron de manera salvaje sin pensar en las consecuencias. A esto le llamó Ana Arendt, la conocida filósofa, “la banalidad del mal”.La cuestión es que, el verdadero peligro no siempre está en la maldad extrema, sino en la falta de reflexión y responsabilidad de cada individuo. Pensar por uno mismo no es solo un derecho, es la forma más importante de libertad.. Hay que insistir en ello, y no seguir a ciegas a las masas enfervorizadas ni a lideres mesiánicos.. Aún estamos a tiempo. Sed vosotros mismos..Joaquin

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