Todos hemos escuchado alguna vez nuestra propia voz a través de un medio externo. De una grabadora, por ejemplo, y comprobado después que no nos gusta. Es más. se parece muy poco a la que estamos acostumbrado a oírnos cuando hablamos. Bien, pues imaginaos que viviéramos en un mundo en el que no hay espejos. Posiblemente soñaríamos con nuestro rostro y nos lo imaginaríamos como reflejo de lo que hay dentro de nosotros, igual que la voz. Pero, ¿Y si después, cuando tuviéramos cincuenta años, alguien nos pusiera por primera vez un espejo delante ¡¡Oh!! ¡Imaginaos el susto!!.. Veríamos un rostro completamente extraño. Y sabríamos con claridad lo que no somos capaces de comprender: ¡que no nos conocemos!!. Sería como si no fuésemos nosotros..
Joaquín

Pues qué gracia, no lo había pensado nunca jajaja
ResponderEliminar