No fue elegida por mi la separación, sino involuntaria y fue aterradora. Su ausencia fue un vacío infinito, insufrible vacío imposible de explicar..
Quise pasar de puntillas sobre el olvido, disimulando con amigos y quedadas nocturnas ahogadas en alcohol, que no consiguieron llenarlo. Quise adornarlo con otras mujeres y otros amores, pero todos terminaban marchitándose. No obstante, lo más curioso es que no me di cuenta de que el olvido es una trampa, un mecanismo de autodefensa, la salida más fácil; el peor homenaje que me pude hacer a mi mismo, y no me lo merecía..
Sí, no debí forzar al olvido a quien una vez me amó y amé más que a nadie, mejor aprender a empezar de nuevo, sin angustia, intentar regresar ileso al mismo sitio de donde partí, y sin ella..
(escrito en mi diario, el 25 de enero de 1982. Tenía 21 años)








