jueves, 30 de octubre de 2025

A cuenta de las emociones

                                                                                       


                                                                 

Una mujer mendiga pide limosna a las puertas de una iglesia con un niño en brazos cubierto de harapos. Digo yo que la primera impresión de cualquiera de nosotros, con buenos sentimientos, es ayudarle y darle unas monedas. Eso sería compasión. Claro, que si sabemos que con nuestra generosidad promocionamos la mendicidad infantil, lo moral y razonable sería no darle nada ¿No os parece?..

Sí, porque si únicamente le ayudamos porque nos da lástima, no estaríamos haciendo lo correcto; no estaríamos haciendo una acción moral, simplemente un acto compasivo.. La moralidad no depende sólo de qué haces, sino por qué lo haces.. Esto que parece una tontería tiene su miga, no crean..

La moral no debe mezclarse con la emociones. Hay personas que sienten compasión y empatía, otras no. Hay personas que son malas y a las que les cuesta sentirse generosas, otras se desprenden fácilmente de su dinero para ayudar a los demás. En cualquier caso, ser bueno o malo debe ser algo propio de cada uno, pero cumplir con la moral y hacer lo correcto, eso, amigos, eso debemos hacerlo todos.. “El derecho es el conjunto de condiciones que permiten a la libertad de cada uno acomodarse a la libertad de todos”.

A ver si los españoles nos aplicamos el cuento, y sabéis a lo que me refiero.. 

Joaquín



domingo, 26 de octubre de 2025

Si no lo digo reviento

                                                                                        


¿En España dos bandos enfrentados uno a otro? ¡¡Venga ya!! Bueno, sí.. Conste que a algunos les interesa incidir en esto; debe favorecer sus intereses. Fijaos por qué sucede esto:

Las opiniones son como los ombligos, todo el mundo tiene uno. Pero eso no significa que tengamos que enseñarlo a todo el mundo. Para opinar hoy en día ni siquiera es necesario saber del tema. Podemos hacer alarde de nuestra ignorancia en 280 caracteres en cuestión de segundos, y aún habrá quien nos aplauda.

Nos aferramos a nuestras opiniones como lapas, no cambiamos. Sin embargo, lejos de hacernos fuertes, eso nos debilita. Y eso pasa porque tenemos el cerebro configurado para agarrarnos a ciertas verdades, y así nos va.

Esas opiniones (por personalizar) cimenta un pedazo de mi identidad. De hecho, mi mente solo recopila la información que me confirma. El resto, lo deshecha.

Resumiendo, me aferro a mis opiniones ¿y entonces, qué? Pues como no he entrenado a mi mente para cambiar de opinión, pasa a ser parte de la realidad. La realidad es que no he aprendido una de las lecciones de vida más importantes, “En la vida debemos estar lo suficientemente abiertos para cambiar de opinión”. 

En fin, algo de esto he leído por ahí.

Joaquín



sábado, 25 de octubre de 2025

Tú dame años, y luego llámame viejo

                                                                             


              

El amor romántico es juvenil y apunta a la idealización absoluta del amado o amada; casi todos hemos pasado por esto.. Por el contrario, el amor maduro nace de la aceptación de uno mismo y del otro, cada uno con sus imperfecciones..

El amor maduro debe ser la leche, y fiable, y eterno, porque si aceptas al otro con sus defectos y virtudes, sobre todo con sus defectos, eso lo hace inmortal, ya nada habrá que rompa la relación, salvo el hastío y la rutina, o los cuernos..

Por cierto, y por seguir ensalzando la madurez: Con la madurez se pasa de una felicidad materialista (feliz por lo que tengo) a una felicidad humanista (feliz por lo que soy) que tiene mucho que ver con la sencillez.. No sé quién lo dijo, pero estoy de acuerdo con ello..

Joaquín






viernes, 24 de octubre de 2025

Mi amigo, el inútil

                                                                                   


    

Dicen, los que entienden de esto, que es imposible ser feliz sin amigos, y que lo amigos representan el 60% de la felicidad, nada menos, pero que es imprescindible que los amigos lo sean de verdad..

¿Amigo de verdad? Es curioso, resulta que a los amigos de verdad también se les dice amigos inútiles.. O sea, que lo mejor que nos puede decir un colega es: “amigo, tú eres totalmente inútil para mi”. Conste que tiene sentido, es una amistad íntima en la que ninguna de las dos personas necesita al otro, y sin embargo se eligen para estar juntos.

Claro, que esta manera tan bonita de amistad también se aplica al amor, porque eso de: No te necesito, cariño, simplemente quiero estar contigo, te amo.. ¿Se puede decir algo más bonito?...  No obstante, eso de que no me necesiten me mosquea..😕😕😕 En fin..

Joaquín


domingo, 5 de octubre de 2025

¡Dios, cuánto sufrimiento!

                                                                                            


Mirad lo que os digo, y quizás sea una barbaridad, pero es lo que pienso: Que un cristiano, bien sea católico o protestante, se desviva por los pobres y afligidos del mundo, entra dentro de sus atribuciones como creyente; tened en cuenta que su religión alienta la bondad, condición indispensable si quieren ir al cielo cuando mueran... Es decir, se entendería que se solidarizaran con los palestinos, los saharauis, los ucranianos, los inmigrantes, los menas, los sin techo, los.... la iglesia lo hace...

Entiendo menos, no obstante, que gente de ciertas ideologías, ateos la mayoría de ellos, es decir, que cuando fallezcan tienen asumido que se volatizarán en la nada, (ni cielos ni leches) gasten tanta energía en los desvalidos, que no digo yo que se rasquen mucho el bolsillo ni se lleven un pobre a su casa, que no lo hacen, pero joder, que coñazo, parece que toda la vida se les va en ello, como si a los demás no nos importaran..

En fin, yo debo ser un egoísta de narices, pero, ¡lo siento!, el resto de los necesitados del mundo me preocupan, claro que si, pero me desvivo por lo cercano, que también hay necesidad.. En fin, para cuatro días que va a vivir uno y cuánto sufrimiento por lo ajeno lo de algunos...

Joaquín