Un día toqué fondo. Una serie de coincidentes circunstancias me afectaron negativamente. A punto ya de tirar la toalla, aquella última noche de insomnio reflexioné profundamente. A la mañana siguiente tomé una decisión. Sí, mirad:
Dejé de preocuparme por lo que pensaran de mí, y de discutir sobre temas irresolubles, y eliminé la manía de dejar de actuar por miedo y dejé de improvisar, y empecé a planificar cada día de mi vida...
Sí, lo que oís, a partir de aquel día eliminé la necesidad de tener a alguien que me acompañe en mis planes (cancelaba actividades por no contar con quién me acompañara), y empecé a moverme sólo por la vida como un lobo solitario, y a aprendí, ¡Uy, que si aprendí!, y dejé de buscar la motivación, y comencé a actuar sin ella (entendí que no hay que motivarse para actuar, sino actuar para motivarse), y dejé a un lado las personas tóxicas que tanto me estaban perjudicando.
Por cierto, ya no me marco grandes metas que nunca cumplí, sino pequeñas y alcanzables: ahora salgo, leo, bailo, escribo, paseo, miro, admiro, sonrío, perdono, saludo, jod.... bueno, esto menos.. 😉 Quizás os suene a ñoño todo esto, pero a mi me vale.
Joaquín

No hay comentarios:
Publicar un comentario