El mensaje de una desconocida me lo encontré al abrir el Facebook en mi ordenador. Mediaba el mes de abril de aquel año aciago de 2020 y el Covid embestía con inusitada virulencia; los muertos, nuestros muertos, se contaban por cientos cada día...
En el preámbulo del mensaje, la desconocida se disculpaba por la intromisión en mi intimidad. Contactó conmigo por casualidad. Había leído una simpleza mía, de las que suelo publicar en las redes sociales, y le parecí una persona sensible, capaz de atender su sufrimiento. Había llorado lo que no esté escrito—me decía—había compartido su desesperación con sus familiares más próximos, pero necesitaba algo más, y en su amargura, esa noche se acordó de mi.
Hacía apenas unas horas que acababa de morir su padre—proseguía—no pudo estar junto a él en sus últimas horas (el protocolo sanitario se lo impedía). Y en su nota, escueta, me narraba cómo habían ocurrido los hechos y la impotencia que sintió por no poder hacer nada por él; ¡Necesitaba inexorablemente llorar y exteriorizar su desesperación!—me suplicaba
Es verdad que la tecnología había conseguido un milagro—me confesó también—aún pudo escuchar y ver a su padre convaleciente en sus últimos momentos a través de una vídeo-llamada que una enfermera, compasiva, le pudo hacer con el móvil; lo que hizo todavía más insufrible la agonía del instante.
Yo poco pude hacer. Le manifesté mi profundo pesar por su padre muerto, al que estaba muy unida, le cedí mi hombro aún en la distancia, para las veces que quisiera llorar, y le insuflé ánimo para los días venideros. Entiendo que nada hay en el mundo capaz de reconfortar un corazón roto de esa manera tan atroz
Por cierto, habían pasado ya casi cinco años de todo esto y no volví a tener noticias suyas. Supuse que a estas alturas habría serenado su alma dolorida. Sin embargo ayer (después de todo ese tiempo) me envió una nota al correo en la que me reitera las gracias por mis palabras de consuelo. También me dice que no las ha olvidado.
Me alegró el día, os lo juro.
Joaquín

❤️QUE BONITO DE VERDAD
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