Paseábamos por la calle principal de la ciudad. Tras un buen tiempo callados, de repente me pregunta:
—¿Te pasa algo, Joaquín?..
La miré sorprendido. Iba a replicarle, pero se me adelantó:
—Es que, conociéndote me extraña que pases tanto tiempo sin decir ni pío
—No me pasa nada. Tú te aburres y lo que quieres es palique, jajaja—le reproché riendo
También yo la conocía a ella, y de sobra sabía que hablaba por lo codos.. Quizás por eso, por su incapacidad de estar callada, me hizo una curiosa afirmación:
—Hablando de palique, ¿sabías que el debate es masculino y la conversación es femenina?. Vosotros los hombres nunca conversáis, simplemente discutís por llevaros el gato al agua.
Tras la gracieta soltó una carcajada. Resignado le respondí:
—No te falta razón, pero una buena conversación no consiste en decir cosas ingeniosas, sino en saber escuchar tonterías, y no lo digo por ti.
Se lo dije sonriendo, para que viera que era broma y no una indirecta. Nunca se sabe.
—Muy ingenioso. Más te vale que no lo digas por mi—dijo ella con el ceño fruncido y falsamente indignadilla
Llegamos al final de la calle. Era ya noche cerrada, pero las terrazas estaban atestadas de gente, incluso empezó a refrescar un poco, cosa que se agradecía dado el calor sofocante de aquella tarde. Dimos la vuelta y ya cerca del hotel, tras otro rato sin abrir las bocas, volví, ahora yo a tomar la iniciativa. Le endilgué una frase que llevaba un buen rato intentando recordar:
—Por cierto, cariño, dicen que, en el amor, lo de menos son los insultos; lo grave es cuando empiezan los bostezos, jajaja.
Ella sonrió, pero no dijo nada más. Llegamos al hotel, cerca del puerto. Antes de entrar la agarré por el talle y la besé en los labios. Íbamos a vivir nuestra segunda noche en la ciudad.
Después de cenar y ya en la cama, llegó a decirme que la calle Larios, de Málaga, la ciudad en la que estábamos, era de las más bonitas que había visto nunca. Yo iba ya a lo mío, al sexo, y apenas le hice caso. Esa segunda noche tardamos en dormirnos más que la primera, y no hubo bostezos, precisamente 😉😉😉
Joaquín

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