¡Qué escandalo, dios mío!! Toda Roma se revolucionó. La noticia del parto del Papa en plena calle corrió como un reguero de pólvora por la ciudad. La multitud congregada entorno al improvisado paritorio, alentados por algunos enemigos se fue soliviantando y empezaron a tirarle piedras. Todos querían participar en el linchamiento. El final fue espantoso, una decena de muertos lapidados, entre ellos su hijo recién llegado al mundo, y ella, el Papa (la Papisa Juana) que quedó irreconocible por las pedradas.
Pero retrocedamos unos años atrás...
Juana trabajaba de copista en un convento alemán. Un día visitó la abadía Lamberto, un cargo del Vaticano, que se enamoró de ella y la llevó consigo. Con Lamberto viajó por monasterios y conventos de varias ciudades europeas haciéndose pasar por chico, sus ropas anchas se lo permitían. Y recaló en Roma, y a través de Lamberto conoció al Papa León IV que, sorprendido por sus conocimientos administrativos la tomó a su servició como primer secretario. Nunca supo León IV que era ella era mujer.
—Me gustan tus conocimientos y delicadeza para con la gente—le dijo un día—quiero que me ayudes en mi labor
—Encantado, Su Santidad, estoy a su servicio—le contestó ella ruborizándose y temiendo ser descubierta.
A Lamberto no le gustó la idea, puesto que significaba separarse de ella, pero no tuvo más remedio que aceptar, ¡era el Papa!... Tres años ejerció su trabajo junto al pontífice con mucha dedicación y aprendizaje..
Y murió el León IV, e incomprensiblemente y sin que nadie conociera su sexo, salvo Lamberto, la propusieron como su sucesor. Quizás éste movió hilos. ¡¡El caso es que acabó siendo Papa!. Era el año 855 del señor.
Su paso por el Santo Pontificio fue breve pero intenso.. Dedicó sus mejores años y oficios a hacer lo mejor por los fieles, por la paz y por la concordia entre los hombres, pero le perdió el amor por Lamberto, quedó embarazada de él, y la gente se enteró, también sus enemigos..
Por cierto, sabed que la historia es real como la vida misma. Su nombre fue Juana, pero pontificó como Benedicto III. Ha pasado a la historia como la Papisa Juana. No obstante, los jerarcas eclesiásticos del Vaticano se niegan a incluirla en la larga lista de los Papas habidos en la historia.
Joaquín..

Así es, cuentan que bajo la silla gestatoria podía verse restos de menstruación
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