Te morirás primero, pero no creas que me importa. Me pondré mi mejor traje, y con mis gafas de sol miraré el cielo, y andaré por las plazas como si fuera fiesta. Ya verás cuando te mueras y vayan nuestros amigos en el entierro.
¿Te imaginas, amor? Tú allí, muerta, tan solemne y tan quieta, y yo un bullir de rosas en los bancos del fondo, sin una sola lágrima, oculto por una pena que será solo mía, pensando en tus caricias y el júbilo perfecto de una siesta de sol que ya nunca llegará.
¿Te imaginas, amor? Allí a tus hijos y parientes, unos llorosos, otros sonrientes.. ¿De qué hablarán? Quizás de tus gestos, de tu preciosa figura, del inconstante deleite de tu sonrisa, del mar donde pasaste los momentos más felices.. Y llorarán los acólitos, las vírgenes de plomo, los ángeles de cera…
Y nunca nadie sabrá que he muerto contigo.
—EA—

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