En una ocasión, la chica con la que salía por aquel entonces me preguntó:
—Dime, Joaquín, si vamos a morir, sí o sí ¿Cuál es el sentido de la vida?
Supuse que me hizo la pregunta porque alguna vez habíamos hablado de filosofía; filosofía barata, claro.. Pero me afané en responderle lo que pude:
—Bueno, cariño, la vida no tiene por qué tener un propósito, solo tienes que sentirla y disfrutarla.
—Dame más motivos para vivir—reiteró ella irónica
—Querida—insistí—la muerte es lo que le da el valor a la vida, piénsalo así. En la historia del universo, que son miles de millones de años, tu periodo de vida es brevísimo, pero aún así, el hecho de estar aquí es una oportunidad. Jamás volverás a pisar la tierra, a oler el aroma de las flores, sentir el calor de un abrazo, la sensación de enamorarte, contemplar un paisaje, probar un helado, reírte con amigos. Todas esas sensaciones son la vida, eres el universo despertando.
—¡Joder, Joaquín, te has explayado a gusto! ¿Algo más? jajaja
—Jajaja, tú ríete---le advertí divertido—pero no le des más vueltas, vas a tener millones de años para experimentar el no existir, por lo tanto, disfruta el hecho de si existir, porque va a ser poco, muy poco tiempo.
—Dame un beso, anda, me has animado—me dijo, mimosa, acercando su boca a la mía
Joaquín

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