jueves, 19 de mayo de 2022

Del portal de su casa salía un féretro, ella iba dentro

                                                                                      


Aquella mañana se pasó por el número 13 de la calle Santa Isabel. Del portal de su casa salía un féretro a hombros de unos familiares; ella iba dentro. Se llamaba Teresa y había sido su gran amor

Unos días antes de su muerte había ido a verla. Eran ya vísperas de su agonía. Pálida de muerta era su cara, pero seguía tan bella como siempre. Los cirios que alumbraban su rostro inerte parecían derramar lágrimas de cera ante su carita de virgen. Narciso, su marido, lloraba inconsolable en una esquina de la habitación.

Frente a su cama y mientras intentaba evitar sin éxito que el llanto inundaran sus ojos, recordó algunos pasajes de su vida junto a ella: Había conocido a Teresa en Almendralejo con apenas dieciséis años. Vivía con su padre viudo, un tipo arisco y amargado. Él cumplía los veinte y acababa de regresar al pueblo.. No tardó apenas nada en enamorarme de ella. Su cabeza de eterno adolescente bullía haciendo planes con Teresa, pero el padre impedía la relación. "Él no era el marido ideal que buscaba para su niña"— le dijo un día.

Huyeron a Madrid y a Portugal, y a París, y Londres.... Vivieron mil aventuras; los mejores años de sus vidas. Tuvieron una hija, Blanca le pusieron de nombre; hermosa era como su madre. Pero, un día ella le abandonó. Por su buen amigo, Narciso, le dejó. Llorando, le dijo un día:

Lo siento, José, te dejo.. Tu hija y yo no podemos soportar por más tiempo la inseguridad económica y social en la que nos arrastras. Estoy harta de viajes y de huidas, pero te quiero, siempre te querré..

Lloró como nadie jamás habrá llorado por una mujer, pero aún esperaba reconquistarla.. Por eso fue a verla cuando murió... Teresa lo fue todo para él.  Por cierto, no os lo he dicho, su nombre es José de Espronceda, poeta, escritor y político liberal. Murió joven, demasiado joven, a los 36 años. La clandestinidad, el trajín de la vida, y la muerte de Teresa contribuyeron al fatal desenlace.  Por si no lo sabéis, sus restos reposan en el Panteón de Hombres Ilustres de Madrid.

¿Dónde volaron ¡ay! aquellas horas..

De juventud, de amor y de ventura,

Regaladas de músicas sonoras,

Adornadas de luz y de hermosura?

Imágenes ce oro bullidoras.

Sus alas de carmín y nieve pura,

Al sol de mi esperanza desplegando,

Pasaban ¡ay! a mi alrededor cantando

--José de Espronceda--







      

2 comentarios:

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