miércoles, 11 de enero de 2017

Querido padre...






         Esos tus cabellos blancos, bonitos,

ese hablar cansado, profundo

que me lee todo lo escrito

y me enseña tanto del mundo.

Esos pasos lentos de ahora

caminando siempre conmigo,

ya corrieron tanto en la vida.

Mi querido, mi viejo, mi amigo.

--Roberto Carlos--


Te fuiste sin alharacas, sin hacer ruido, casi sin molestar, pero dejaste un vacío tan grande que nunca fuimos capaces de llenar. Hoy, Día del Padre, quiero recordarte, como casi todos los días de mi vida y, aunque mis palabras suenen ya huecas y tardías, decirte que.. ¡¡Me hubiera gustado tanto poder hablar contigo!!.. Pero deseo recordarte de joven, en tu plenitud y no en tus últimos años, cuando la enfermedad causó estragos en tu cuerpo y en tu ánimo. 

Por eso quiero imaginarte fuerte y apuesto, como tú fuiste y a mi me contaron. ¡Ay, Dios!, esos recuerdos, caprichosos, me llevan de la mano y me aúpan a tus rodillas... y me hacen ser otra vez el niño más feliz del mundo..

Ya he cumplido mi sueño: alcanzar los años que tenías cuando me dejaste, y ahora, por fin, lo entiendo todo: tu cariño, tus desvelos, tus advertencias, tus consejos... Ya no me oyes, pero aún así quiero que sepas cuánto me duelen los abrazos que no pude darte, y cuánto te echo de menos y lo que daría por estar junto a ti, y pasear a tu lado y escuchar tus inquietudes... y que tú atendieras las mías. Te confesaría también, ahora que he vivido los años suficientes, mis momentos más tristes para llorar juntos, tú y yo. Y los menos malos, para reconfortar tu ánimo. Confidencias que jamás a nadie revelaré y que guardo sólo para ti...

Por cierto, papá, aquellas lágrimas que entonces te escatimé, brotan abundantes de mis ojos al recordarte, pero ya es muy tarde, demasiado tarde...

Joaquín

                                                                                     


     



No hay comentarios:

Publicar un comentario